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Adiós, Abás, adiós

Mahmud Abás.

Por Eli Cohen

A Abás ya lo están retirando –y algunos hasta matando–. Su salud está bastante deteriorada, tiene 83 años, es un fumador empedernido y el mes pasado fue sometido a ciertas pruebas médicas en Baltimore justo después de haber comparecido en Naciones Unidas, lo que hizo saltar todas las alarmas… y arreciar la lucha por su sucesión.

Ciertamente, es un tema que nos preocupa y del que ya nos hemos hecho eco en el pasado. Las relaciones israelo-palestinas son tremendamente inestables, y un cambio dramático de liderazgo en la Palestina de Cisjordania puede desatar el caos y provocar una nueva intifada.

El ruido de sables en Al Fatah, el partido político que lidera Abás, una de las cabezas de latricefalia palestina, no se ha hecho esperar. El próximo 30 de abril el Consejo Nacional Palestino, cuerpo legislativo que no opera desde hace 10 años, se reunirá, técnicamente, para elegir a un nuevo Comité Ejecutivo, el máximo órgano palestino de decisión, compuesto de 18 miembros. Entre ellos se supone que está el sucesor de Abás.

Un liderazgo marchito

Abás está totalmente amortizado. En lo referente al proceso de paz, asunto clave y central para un presidente palestino, ha dicho que no quiere acabar su vida como un traidor aceptando el plan que vaya a presentar la Administración Trump. Así, ha afirmado que EEUU ha dejado de estar cualificado para ejercer de mediador y que va a seguir apostando por la internacionalización del conflicto, su estrategia estrella desde que sucedió a Yaser Arafat al frente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

La “intifada diplomática” –así la denominan los israelíes– consiste en llevar la lucha por la independencia a las organizaciones internacionales. La ONU, la Unesco, la FIFA, la Interpol, la Unión Europea, la Corte Penal Internacional o la Corte Internacional de Justicia han sido algunos de los escenarios en que Abás ha obtenido sonadas victorias… que no se han traducido en realidades sobre el terreno. Sigue habiendo dos Palestinas distintas, enfrentadas, que no gozan de independencia política.

Paralelamente, Abás ha potenciado la colaboración entre las fuerzas de seguridad palestinas e israelíes para desarbolar a Hamás en Cisjordania, y en su día apoyó la política de state-buildingde nuestro hombre en Ramala, Salam Fayad, decapitado políticamente en uno de los infructuosos procesos de unidad nacional entre Al Fatah y Hamás. Después de tantas décadas de sangre y terror, y con todos los matices que se quieran, esta doble línea de actuación supuso un salto cualitativo en lo que a las reivindicaciones palestinas se refiere. Se habían acabado los hombres bomba enviados por Arafat a hacerse estallar en cafeterías israelíes, y a cambio se impuso en Cisjordania una “calma tensa” –por utilizar la eterna coletilla de los corresponsales de prensa–.

Por otro lado, la colaboración entre las sociedades civiles israelí y palestina ha aumentado, y los palestinos están mejor que hace quince años. Y Abás, sostiene el general Michael Herzog enBicom, ha estado siempre en contra del terrorismo; no por imperativo moral, sino por pragmatismo: los palestinos pagaron un alto precio por la Segunda Intifada.  

Sin embargo, el liderazgo de Abás ha sido inoperante en casi todo lo demás.

Como apuntó nuestro director el año pasado, la ANP está cerca del colapso y el responsable principal es Abás. El también conocido como Abu Mazen no ha acabado con la corrupción endémica de la élite burocrática de la OLP y su gestión de las negociaciones con los israelíes ha sido, cuando menos, decepcionante. La estrategia de palo y zanahoria que ha llevado a cabo con Hamas, firmando la enésima reconciliación mientras presiona a la Franja con tremendos cortes de energía, no ha conseguido aplacar a los islamistas ni forzado a estos a reconocer a Israel y mostrar cierta voluntad de alcanzar la paz o, al menos, cierto grado de convivencia.

La batalla por la sucesión

De acuerdo con Yoni ben Menajem, dos candidatos se disputan el liderazgo de Al Fatah para cuando Abás, de forma natural o voluntaria, deje el cargo. Por un lado, Mahmud al Alul, hombre fuerte del aparato, ha sido designado suplente temporal de Abás en caso de que éste quede incapacitado para seguir desempeñando sus funciones antes de que se celebren las elecciones.Informa Grant Rumley que Abás ha espiado a Alul –también a otros aliados y a rivales– con ayuda de la CIA. Rumley opina que Alul es el que tiene más posibilidades de ser el siguiente rais. Por otro lado, el general Mayid Faraj, jefe de los Servicios Generales de Inteligencia, es el candidato preferido de Abás para la presidencia de la ANP, y también es, según Ben Menajem, bien visto por Estados Unidos e Israel.

Pero hay otros aspirantes, como el general Tawfik Tirawi, Marwán Barguti, Muhamad Shatiyeh y Naser al Kidwa, que se consideran sucesores de Abás. Amos Harel, de Haaretz, afirma que hay una decena de postulantes, y podrían formarse alianzas temporales entre algunos de ellos. En caso de que Abás muera o se retire, la batalla por la sucesión promete ser sangrienta, y provocar una desestabilización en Cisjordania que no interesa a ninguna de las partes, mucho menos a los palestinos.

Los que estamos a sueldo del Mosad, de la CIA, del lobby judío y de no sé cuántas organizaciones más, si pudiéramos elegir, lo tendríamos claro: Mohamed Dahlán.

Arafat hizo lo que hizo, fue lo que fue, pero a su sucesor lo dejó atado y bien atado. Abás no. Y esa falta de previsión puede costarle muy cara al pueblo palestino.

Tal como hemos apuntado, Mahmud Abás no quiere pasar a la Historia como un traidor, pero puede que lo haga como un gran incompetente.

Fuente: Revista El Medio

El primer ministro palestino sobrevive un intento de asesinato en Gaza

Una fuerte explosión se registró al paso del convoy del primer ministro de la Autoridad Palestina (AP) Rami Hamdallah, cuando visitaba la Franja de Gaza, provocando heridas leves a siete guardaespaldas que viajaban en la caravana.

Rami Hamdallah y el jefe de la Inteligencia General de la AP, Majed Faraj, que lo acompañaba, salieron ilesos del atentado.

El primer ministro palestino, Rami Hamdallah (Reuters)

Hamdallah y su delegación había arribado a Gaza para participar en la inauguración de una planta para el tratamiento de aguas. Ellos continuaron con su programa tras el ataque y Hamdallah apareció después de la explosión en la inauguración de la planta, condenando el atentado. “Esto no nos detendrá para continuar nuestra misión de lograr la unidad y terminar con la amarga división. Seguiremos viniendo a Gaza”. Luego, Hamdallah regresó a Ramallah.

El ministro de Asuntos Civiles de la AP, Hussein Al Sheikh, manifestó que Hamas, que controla Gaza con puño de hierro, es completamente responsable de este intento “criminal” de asesinato y advirtió que se trata de un desarrollo peligroso sin precedentes que tendría graves consecuencias para Hamas.

Los tres últimos vehículos del convoy de Hamdallah fueron dañados y sus ventanas estallaron. Uno de ellos tenía rastros de sangre en la puerta. Un video de la escena muestra una gran columna de humo que se eleva al cielo cerca del convoy.

Hamas condenó el ataque y dijo que fue perpetrado por grupos que buscan socavar su intento de reconciliación con la Autoridad Palestina.

Agentes revisan la zona de la explosión (Reuters)

Un oficial de seguridad de Hamas expresó que varios sospechosos fueron arrestados en relación con la explosión. El funcionario no dio detalles, pero dijo que Hamas está investigando las circunstancias y los motivos de la explosión.

Fuente: Aurora e Infobae

Informe: Egipto y Arabia Saudita dicen a Abbas que acepte el plan de paz de Trump

Los líderes de dos países árabes importantes han aconsejado al presidente palestino, Mahmoud Abbas, que acepte el acuerdo de paz que le ofrecerá EE. UU., dijeron dos asesores de Abbas al portal de noticias de internet i24News.

El príncipe heredero de la Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, y el presidente egipcio Abdel Fattah a Sisi le expusieron a Abbas que no tiene más remedio que ser pragmático, según esas fuentes. Le dijeron a Abbas que los árabes también deben reconocer las nuevas realidades y aceptar las demandas de Estados Unidos bajo el presidente Donald Trump.

Los líderes egipcios y sauditas le aconsejaron a Abbas que no fuera obstinado y no continúe desafiando a Israel y Estados Unidos. Le dijeron a Abbas que sería mejor aceptar el acuerdo de paz ahora, de lo contrario, lamentará no haberlo hecho en el futuro.

Abbas está actualmente bajo una enorme presión tanto en el frente exterior, de países árabes tales como Egipto y Arabia Saudita, como así también en el frente interno, de su propia base de apoyo que se opone ampliamente a las medidas propuestas por Trump.

La posición de Egipto y Arabia Saudita va en contra de la posición declarada de Abbas y muchos de sus funcionarios. “No tiene ningún valor un estado palestino sin Jerusalén como su capital”, manifestó Saeb Erekat, el principal negociador palestino, a la radio palestina en enero pasado.

Trump reconoció a Jerusalén como la capital de Israel en un discurso pronunciado en la Casa Blanca a principios de diciembre, y le dijo al primer ministro, Biniamín Netanyahu, que podría asistir en mayo a la inauguración de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén.

Líderes de países árabes moderados, tales como Emiratos Árabes Unidos y Jordania, coinciden con la dificultad de enfrentar a Trump y Netanyahu simultáneamente, según una fuente palestina.

El príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman y el Presidente al Sisi le aconsejaron a Abbas que tome lo que se le ofrezca, especialmente al ritmo de la construcción de asentamientos que Israel está realizando en Cisjordania (Judea y Samaria) y Jerusalén este. Le dijeron que en pocos años quizás no tenga nada que negociar.

Una fuente palestina interiorizada con la situación dijo que Abbas le ha dicho a varios líderes árabes, con los que se reunió recientemente, que le preocupa que los palestinos lo acusen de traición.

Diplomáticos de Egipto y Arabia Saudita estiman que Washington anunciará su plan para Oriente Medio en las próximas semanas.

Los líderes árabes le dijeron a Abbas que la decisión de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y el traslado de la embajada era para obtener más concesiones del primer ministro, Biniamín Netanyahu. Hasta el momento, el presidente Abbas no está convencido y cree que aún puede desafiar a la Administración estadounidense.

EEUU y el ‘juego de tronos’ palestino

El Juego de Tronos palestino está encendido.

El 'Juego de Tronos' palestino está en

Los problemas de liquidación de seguridad de la Casa Blanca en Medio Oriente, Jared Kushner, y la lucha legal del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pueden hacer furor entre los observadores de la región esta semana. Pero se está gestando una jugada de poder en Ramallah, alejada del ojo indiscreto de los medios de comunicación, y la ignoramos bajo nuestro propio riesgo.

Mientras la salud del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, de 83 años de edad, se deteriora, sus aspirantes a sucesores se disputan el puesto.

La semana pasada, Abbas pronunció un discurso ante la ONU con voz temblorosa. Su cara hinchada llevó a muchos a especular que el fumador pesado está muy medicado. Se registró en el Hospital Johns Hopkins de Maryland al día siguiente.

Funcionarios palestinos dijeron que Abbas se sometió a un “chequeo de rutina” no especificado, y que esta semana estaba nuevamente de pie en Ramallah.

Pero su regreso no dio lugar a una campaña de sigilo entre sus posibles herederos.

Los líderes árabes vecinos están comenzando a elegir sus caballos favoritos en la carrera para suceder a Abbas. Un funcionario palestino incluso me predijo la semana pasada que “esta vez no lo decidiremos nosotros, sino los líderes de los estados árabes”.

Uno de esos principales candidatos, el secretario general del partido Fatah, Jibril Rajoub, se lanzó al ataque contra los patrocinadores de su rival esta semana. “No es aceptable que Egipto apoye a Muhammad Dahlan”, dijo Rajoub a la BBC en una rara emisión pública de su rivalidad.

Esa rivalidad comenzó cuando Yasser Arafat, que gobernó la política palestina hasta su muerte en 2004, convirtió a Rajoub en el principal funcionario de seguridad en Cisjordania, mientras que Dahlan tenía esa cartera en Gaza.

Después de que Hamas tomó el poder en Gaza, Dahlan se mudó a Dubai, donde formó poderosos partidarios financieros. Las principales potencias sunitas (Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania, Egipto) ahora respaldan a Dahlan, mientras que Rajoub busca ayuda de Qatar.

Otros contendientes principales incluyen al actual jefe de inteligencia de Abbas, Majid Faraj, que está bien conectado en Jerusalén y Washington; y el ex embajador palestino de la ONU Nasser al Kidwa, que sería favorecido por algunos europeos occidentales y que, como sobrino de Arafat, se considera realeza palestina.

También es posible que los tres títulos de Abbas, el jefe de Fatah, el presidente de la Autoridad Palestina y el presidente de la OLP, se dividan entre tres contendientes, que no son propiedad de una persona, como lo son ahora.

O, como los israelíes temen más, en lugar de una línea clara de sucesión, un baño de sangre palestino determinará el ganador.

Abbas nunca nombró un sucesor. Sí, recientemente coronó a un vicepresidente de Fatah. Pero el hombre, Mahmoud al-Alul, es casi desconocido fuera de Ramallah y, por lo tanto, es un candidato débil: como en gran parte del mundo árabe, los aspirantes a líderes palestinos deben contar con el respaldo de hombres armados. Los apparatchiks grises están en clara desventaja.

Lo que nos lleva a Hamas, el gobernante indiscutido de Gaza. De acuerdo con la constitución palestina, una vez que el actual presidente ya no puede funcionar, el presidente del consejo legislativo se convierte en líder interino. Ese puesto lo ocupa un político de Hamas, Aziz Duwaik. Y, como los 12 años de Abbas como presidente después de haber sido elegido para cuatro espectáculos, los temporales pueden durar para siempre.

Así que Hamas, una organización terrorista designada por los EE. UU., Puede terminar asumiendo la política de Cisjordania, enterrando cualquier esperanza de mejores relaciones israelo-palestinas.

Washington, hasta ahora, ha sido en su mayoría madre, pero si Estados Unidos quiere seguir siendo relevante en el Medio Oriente, debe trazar algunas líneas rojas y aclarar nuestros intereses: evitar una sangrienta batalla por la sucesión; asegurarse de que Hamas se mantenga fuera del poder; garantizar que el próximo líder continúe la coordinación de seguridad con nuestros aliados Jordania, Egipto y, lo más importante, Israel.

Sin embargo, arrojar el peso de Estados Unidos detrás de un candidato palestino no está exento de riesgos. Dahlan, por ejemplo, ahora les dice a todos los que van a escuchar que Estados Unidos lo odia, sabiendo que aumenta el apoyo popular entre los palestinos.

Jonathan Schanzer, el observador palestino de la Fundación para la Defensa de las Democracias, dice que “tenemos que prestar atención”, asegurándonos de que todos los que respaldamos tengan respaldo popular, pero también cuidemos de nuestros intereses principales.

Lograr eso sería un buen truco, quizás más allá de la capacidad de la administración actual o cualquiera. Pero no aclarar nuestras preferencias será peligroso, para nosotros y nuestros aliados.

Fuente: New York Post

¿Un Estado palestino? ¿Qué podría salir mal?

Por Martin Sherman 

“Las historias para no dormir del Likud son bien conocidas. Después de todo, también dijeron que lloverían cohetes desde Gaza. Desde hace un año, Gaza está en gran parte gobernada por la Autoridad Palestina. No ha habido un solo cohete. Ni lo habrá”. (Isaac Rabín, entrevista de radio, 24 de julio de 1995).

En la historia de la política internacional ha habido numerosas ideas que resultaron ser miopes y estúpidas. Pero pocas –o ninguna– más que la de imponer la estadidad a los árabes palestinos, mal concebida y condenada al fracaso. Lo peor de esta majadería que ha devenido fiasco fatal es que era algo no sólo completamente predecible, sino insistentemente predicho.

Lo más desconcertante –perverso, en realidad– es el hecho de que un Estado palestino acabaría muy seguramente representando la mera antítesis de los valores invocados por parte delestablishment de la izquierda progresista para su fundación.

Cleptocracia corrupta o teocracia tiránica

Al fin y al cabo, hay pocos motivos para pensar que fuera otra cosa que una tiranía de una mayoría musulmana, misógina y homófoba y un bastión de grupos terroristas islamistas caracterizado por la discriminación contra las mujeres y las niñas, la persecución a los homosexuales y los disidentes políticos y la supresión de las confesiones no musulmanas. De hecho, sus devotos de la izquierda progresista nunca han aportado un solo argumento remotamente convincente en contrario. Tampoco lo ha hecho el precedente empírico sentado desde que los nefastos Acuerdos de Oslo de 1993 iniciaran el proceso de espolear al autogobierno a unos árabes palestinos no preparados para ello.

Desde el triunfante retorno de Yaser Arafat a Gaza, en julio de 1994, y a pesar de la cuantiosa ayuda financiera, el apoyo internacional casi unánime y una serie de Gobiernos israelíes cuya maleable indulgencia para con las constantes tropelías palestinas ha superado los límites de la razón y el sentido común, los árabes palestinos no han sido capaces de crear nada remotamente parecido a una sociedad sostenible y productiva. En realidad, lo único que han logrado producir es una cleptocracia corrupta (Fatah) y una teocracia tiránica (Hamás).

Por lo tanto, después de un cuarto de siglo, y a pesar de las enormes ventajas de que ha disfrutado –que demostrablemente aventajan por mucho a las que cualquier otro movimiento de liberación nacional haya tenido a su disposición–, los líderes arabo-palestinos no han estado a la altura. Lo único que han brindado a su pueblo es una entidad insostenible y dividida, con un sistema de gobierno disfuncional, apenas capaz de celebrar siquiera unas elecciones municipales; y una economía raquítica, socavada por la corrupción y el enchufismo, con un sector privado minúsculo y un sector público abotargado, manifiestamente insostenible sin la generosidad de su supuesto opresor, Israel.

La más grave acusación contra la fórmula de los dos Estados

Gaza, donde el engañoso experimento de los dos Estados echó a andar en 1994, desatando un arrebato de optimismo delirante, se ha convertido en su más grave prueba de cargo, tanto para los judíos como para los árabes.

Sobre los árabes de Gaza, asediados por las aguas residuales, se cierne el fantasma del desastre humanitario: el 90% del suministro de agua no es apto para el consumo, sólo hay energía eléctrica durante unas pocas horas al día, y la estratosférica tasa de paro está en algún punto entre el 40 y el 60%. No es de extrañar que una reciente encuesta revelara que sólo el 6% de los gazatíes tienen una percepción positiva de las condiciones predominantes en el enclave, mientras que casi el 80% las considera malas o muy malas.

Para los judíos de Israel, desde que el control de Gaza pasara a manos arabo-palestinas, la Franja es un vivero para el terrorismo y el origen de numerosos ataques letales.

La evacuación unilateral de Israel de 2005, con la demolición de prósperos asentamientos judíos y la eliminación de cualquier vestigio de toda presencia judía –que incluyó la exhumación de tumbas y el traslado de cementerios por temor a que las hordas arabo-palestinas los profanasen–, no logró atemperar el fervor judeófobo de los gazatíes. De forma significativa, la única presencia judía que dejó Israel fueron dos docenas de sinagogas, que fueron inmediata y totalmentearrasadas por frenéticas turbas árabes.

Tremenda mejora de las capacidades terroristas

Además, si hubo alguna esperanza de que la salida de Israel de Gaza sirviera de acicate para que los líderes arabo-palestinos dejaran de concentrarse en la actividad terrorista y lo hicieran en la de poner en pie un Estado, se disipó enseguida.

De hecho, sucedió todo lo contrario. Aprovechándose de la ausencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), las organizaciones terroristas arabo-palestinas de Gaza se dieron febrilmente a la tarea de mejorar sus capacidades para infligir daños a Israel y a los israelíes. Cuando Israel se retiró de la Franja, los cohetes de que disponían las organizaciones terroristas palestinas tenían un alcance de apenas 5 kms y podían portar una carga explosiva de alrededor de 5 kg; hoy tienen un vasto arsenal de misiles, algunos de los cuales tienen un alcance superior a los 100 kms y cabezas explosivas de 100 kg. Es decir, sus capacidades se han multiplicado por diez.

Asimismo, han desarrollado nuevas capacidades apenas concebibles en 2005, como una fuerza naval para atacar a Israel desde el mar. Pero se podría decir que el desarrollo más amenazador es la excavación de una vasta red de túneles, algunos de los cuales llegan hasta Israel, para facilitar incursiones que tengan por objeto matar o secuestrar a ciudadanos o soldados israelíes.

Los incesantes ataques terroristas procedentes de Gaza forzaron a Israel a llevar a cabo tres operaciones militares a gran escala (2008, 2012 y 2014) para tener algo parecido a la calma en su frontera sur, y una cuarta ronda parece cada vez más inevitable, dado que se siguen lanzando cohetes contra centros civiles israelíes.

Campañas costosas y un número considerable de víctimas

Esas campañas causaron no pocas víctimas israelíes: casi cien muertos y bastante más de mil heridos. Los palestinos sufrieron pérdidas mucho mayores, entre otras razones por la táctica de Hamás de usar civiles como escudos humanos.

Además, dichas campañas costaron a la economía israelí miles de millones de dólares –en gasto militar y civil directo, así como en producción perdida–, mientras millones de israelíes se vieron atrapados en refugios durante semanas y los centros de las ciudades y pueblos del país estuvieron sometidos a un bombardeo constante (v. aquíaquí y aquí).

A esto hay que añadir el enorme coste de proteger a la población civil de los ataques continuos en periodo de entreguerras con, por ejemplo, estructuras reforzadas en viviendas, edificios públicos, centros educativos y guarderías.

Por supuesto, Israel se ha visto también obligado a invertir enormes cantidades de dinero en encontrar una respuesta eficaz a la amenaza que representan los cohetes, misiles y túneles de los terroristas. Lo primero dio como fruto la muy eficaz Cúpula de Hierro, que en general ha mantenido a la población civil a salvo de los ataques aéreos interceptando proyectiles normalmente muy baratos y toscos con otros muy caros y sofisticados. Los túneles han resultado ser un problema más difícil, e Israel ha destinado ingentes recursos a buscar una solución. Los éxitos recientes en el descubrimiento y destrucción de algunos de esos túneles sugieren que se han logrado avances importantes.

Además de estos esfuerzos tecnológicos, Israel ha emprendido la construcción de una barrera física antitúneles a lo largo de toda la frontera con Gaza –que se extiende a lo largo de más de 50 kilómetros–, a la que el jefe del Estado Mayor de las IDF, general Gadi Eizenkot, se ha referido como “el proyecto de mayor envergadura” de los emprendidos por el Ejército israelí. Esta barrera gigante, que según las informaciones prevé penetrar en el mar, constará de un muro que se elevará seis metros sobre el suelo y de una barrera de cemento subterránea, repleta de sensores avanzados, que alcanzará profundidades de 40 metros.     

Una Gaza gigante mirando desde arriba a Tel Aviv

Teniendo en cuenta el rotundo fracaso de la empresa de conferir la autodeterminación a los árabes palestinos –y el enorme coste que ha supuesto–, parece completamente incomprensible ya no que se insista en lo mismo, sino que crezcan las demandas en tal sentido.

A pesar de la demostrada incapacidad de los árabes palestinos para afrontar con éxito los retos de la autodeterminación –incluso a la minúscula escala de Gaza–, la presión por ampliar el experimento al territorio de Judea-Samaria persiste, contra el sentido común y la honestidad intelectual.

Quizá la mejor ilustración de la magnitud de este condenado disparate sea el tamaño, coste y complejidad de la citada barrera antitúneles.

Si las IDF evacuasen Judea-Samaria, hay pocos motivos para pensar que ese territorio no fuese a seguir el mismo camino que Gaza para acabar degenerando en una tiránica teocracia islámica. Quienes abogan por la evacuación no han proporcionado –ni podrían hacerlo– garantía convincente alguna de que no será así. Desde luego, ese resultado no se puede considerar completamente implausible, de ahí que la planificación estratégica de Israel deba tenerlo en cuenta como una posibilidad con la que perfectamente podría tener que lidiar.

Por consiguiente, si la evacuación israelí de Gaza obligó a construir una barrera de miles de millones de shékels para proteger el sur del país, escasamente poblado y en su mayor parte rural, sin duda la evacuación de Judea-Samaria obligaría a construir una barrera similar para proteger zonas densamente pobladas y en gran medida urbanas.

Habría, sin embargo, varias diferencias importantes. Porque, a diferencia de Gaza, que tiene una frontera de 50 kilómetros con Israel, cualquier posible entidad arabo-palestina en Judea-Samaria tendría una frontera de hasta 500 kilómetros (puede que más). Además, a diferencia de Gaza, que no tiene superioridad topográfica sobre los territorios que la rodean, las colinas calcáreas de Samaria dominan prácticamente todos los grandes aeródromos de Israel (civiles y militares), sus principales puertos y bases navales, sus infraestructuras vitales (centrales de producción y distribución de luz y agua, redes de comunicaciones y transporte), sus centros de mando civil y militar y el 80% de su población y de su actividad comercial.

En estas condiciones, la desmilitarización [de la entidad palestina] es prácticamente irrelevante, como demuestra la supuestamente desmilitarizada Gaza. Porque incluso sin una fuerza aérea, naval y acorazada convencionales, unos rebeldes con un adiestramiento elemental y armas improvisadas podrían perturbar completamente la vida socioeconómica de Israel, con o sin la complicidad del régimen de turno, que, dada su naturaleza despótica, se dedicaría muy poco al bienestar del ciudadano medio.

Ante a esta sombría perspectiva, cualquier Gobierno israelí tendría que resignarse a la recurrente paralización de la economía, la acumulación de víctimas civiles y la disrupción de la vida cotidiana, o responder constantemente con represalias a gran escala, con los consecuentes daños colaterales entre la población árabe palestina no beligerante y la condena internacional por el presunto uso de una “fuerza desproporcionada”.

¿Qué podría salir mal?

No sólo la desmilitarización [del Estado palestino] es en gran medida irrelevante. También lo es la supuesta sinceridad de cualquier posible socio para la paz palestino. Porque, sea cual sea el acuerdo alcanzado, no se puede asegurar su perdurabilidad.

Aun en el improbable caso de que apareciera un líder palestino con la autoridad y la honestidad necesarias para cerrar un acuerdo vinculante con Israel, sería sin duda apartado del poder –por los votos o por las botas–, como demuestra claramente el precedente de Gaza. Todas las peligrosas concesiones que se le harían habida cuenta de su sinceridad las asumiría un sucesor mucho más hostil, cuyo credo político se basaría seguramente en renegar de las concesiones hechas a la “insidiosa entidad sionista”.

Así las cosas, en función de los precedentes y los análisis políticos serenos, existen todos los motivos para pensar –y muy pocos para no hacerlo– que cualquier Estado palestino creado en cualquier área evacuada por Israel degeneraría rápidamente en una Megagaza que miraría desde arriba al Gran Tel Aviv, con todos los peligros asociados que acarrearía.

Así que, a la pregunta de qué podría salir mal, habría que responder: “Básicamente, todo”.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

La paz necesita más tiempo

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Por Eli Cohen 

Allá por 2012, el exministro de Defensa de Israel Moshé Boogie Yaalón me dijo que la paz entre israelíes y palestinos no tiene por qué ser instantánea; que, a pesar de que vivamos en una época en la que se exige la satisfacción casi automática de casi cualquier necesidad, una paz tan complicada debería llevar algo más de tiempo y precisar más paciencia. 

Este tipo de razonamiento es visto por algunos críticos como una excusa para la perpetuación de un estado de cosas que favorece a Israel y perjudica a los palestinos. Pero, ciertamente, considerando todos los intentos y todas las fórmulas que se han probado desde el año 1991, quizá,como ya hemos comentado, la paz requiera otros enfoques y otros tiempos. Eso es lo que planteó ante el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso de los EEUU el analista del Washington Institute for Near East Policy Gaiz al Omari el pasado 14 de febrero. Omari señaló que, ante el nuevo plan de paz que la Administración Trump va a proponer –tenía que haber salido a principios de año, según el calendario de la propia Casa Blanca–, sería más conveniente no proponer altos objetivos y, en su lugar, preparar las condiciones para una negociación fructífera.

Omari es claro, y tiene razón: es mejor crear unas condiciones sólidas para las negociaciones que fijar objetivos ambiciosos y arriesgarse; hay demasiado en juego. Un nuevo plan de paz que primero genere esperanzas y luego fracase y desemboque en más violencia sería mucho peor que la situación actual. La Administración Trump ha estado en modo escucha este último año, y aunque ciertos medios filtraron posibles detalles de su plan, no hay nada oficial aún.

Las propuestas de Omari (aliviar la ocupación militar en Cisjordania, canalizar la ayuda humanitaria a Gaza a través de la Autoridad Nacional Palestina, seguir apoyando y formando a las fuerzas de seguridad palestinas y mejorar la gobernanza de la propia ANP) tienen todo el sentido, y más aún teniendo en cuenta la posición de los dos principales actores de este drama: Mahmud Abás y Bibi Netanyahu.

En este sentido, la decisión de Trump sobre Jerusalén –no definió el status final de la ciudad y resaltó una obviedad, que ni los propios palestinos niegan: Jerusalén Occidental será parte de Israel– ha provocado la ira en la ANP. En teoría, el presidente Abás ha cortado las conversaciones con los EEUU en lo relativo al proceso de paz, pero ha sido sólo postureo. El otro día, en su comparecencia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Abás fue duro con Israel, como se esperaba, y pidió aplicar el plan saudí del año 2002, que es una base real y asumible sobre la que negociar una paz posible y duradera. Pero Abás está poco legitimado para hacer concesiones. Un 77% de los palestinos opina que la ANP es corrupta y el rais sólo tiene un rating de aprobación del 31%. Hamás aprovechará cualquier pestañeo de Abás para incendiar Cisjordania, y, ante la falta de un sucesor claro, el vacío de poder en la ANP puede resultar la peor de las pesadillas, tanto para los palestinos como para los israelíes.

Tampoco Netanyahu tiene mucho margen: lidera una coalición de Gobierno muy inmovilista, con poca intención de hacer concesiones a los palestinos en un acuerdo de paz, y los escándalos de corrupción le atosigan.

Realmente, ambos líderes parecen más cómodos con la coyuntura actual que con un escenario en donde tengan que sentarse a negociar.

Ni EEUU, ni Israel ni la ANP quieren otra vez un escenario parecido al de la Segunda Intifada; no obstante, las condiciones sobre el terreno para relanzar el proceso de paz son insuficientes. Otras medidas, además de las propuestas por Omari, podrían ser las siguientes: continuar la colaboración entre israelíes y palestinos en proyectos públicos y privados; atajar la corrupción en la ANP para que disminuya la desafección creciente de los ciudadanos palestinos hacia sus instituciones; reconocimiento de Israel y abandono pleno de todo intento de destruirlo por parte de Hamas; permitir el acceso económico de los palestinos al Área C de Cisjordania, o ceder más control en el Área B a la ANP.

No sabemos aún qué contiene el plan de paz que va a proponer la Administración Trump, que, de acuerdo con su enfoque regional, puede ser exitoso; sin embargo, quizá la paz no dependa exclusivamente de grandes planes y de conferencias internacionales al efecto, sino de pasos cotidianos y valientes –y, como me dijo Boogie, de más tiempo– para que ambas partes se comprometan a una paz duradera y justa.

Fuente: Revista El Medio

VÍDEO: La televisión palestina enseña a los niños a idolatrar a los terroristas

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Un nuevo programa para niños en la televisión palestina llamado “De mi país” glorifica al asesino de más de 100 israelíes, entre otros, que incitan al terrorismo.

El programa presenta a una joven que alaba a varios “héroes culturales” palestinos.

Entre estos “héroes” están los terroristas que han perpetuado atroces actos de asesinato contra israelíes.

Tómese un momento para ver esta exhibición espantosa, que tanto dice de la educación de los niños palestinos, cuyos padres y maestros intentan lavarles el cerebro para convertirse en la próxima generación de terroristas y asesinos.

Unidos con Israel