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¿Escuchan alguna vez a los palestinos los defensores de los palestinos?

Por Mitchell Bard 

Si prestan atención a los defensores y simpatizantes de los palestinos que viven fuera de Oriente Medio, podrían pensar que lo que interesa sobre todo a los palestinos de la Margen Occidental y la Franja de Gaza son los asentamientos, los boicots, la “ocupación”, atacar a Israel y alcanzar una solución de dos Estados. Habría que preguntarse si estos activistas hablan alguna vez con los palestinos que viven en los territorios, porque cuando los encuestadores les preguntan se ve claramente que sus opiniones son bien distintas.

El Palestinian Center for Policy and Survey Research (PSR) hizo su encuesta más reciente este mes, y encontró que “a una abrumadora mayoría de la opinión pública palestina le preocupa el futuro de las libertades en Palestina”. Tanto Mahmud Abás en la Margen Occidental como Hamásen Gaza niegan a los palestinos sus derechos civiles básicos: libertad de expresión, libertad de culto, libertad de prensa y libertad de reunión. Los derechos de la mujer son prácticamente inexistentes, y hay tolerancia cero hacia los palestinos LGBTQ.

Como ya he escrito, quienes dicen estar profundamente preocupados por el bienestar de los palestinos jamás se alzan en defensa de los derechos de los palestinos cuando son vulnerados por la Autoridad Palestina (AP) ni critican el régimen autoritario de Abás. ¿Cuándo fue la última vez que el American-Arab Anti-Discrimination Committee, el Arab American Institute, Students for Justice in Palestine, Jewish Voice for Peace, CAIR o cualquier otra organización propalestina condenó los abusos? Sólo les sale la voz si encuentran alguna forma de culpar a los judíos, porque prefieren hacer propaganda contra Israel antes que ayudar a los palestinos.

Mientras que sus defensores en el extranjero disfrutan de libertad para expresarse –pero no lo hacen–, en los territorios los periodistas y activistas palestinos son sistemáticamente detenidos. Más del 80% de los encuestados dijo que la AP no tiene derecho a detener a activistas como Isa Amro, detenido y –según se ha reportado– golpeado por criticar que la AP haya arrestado al periodista palestino Aymán al Qawasami. Sin embargo, la mayoría de los palestinos admite que tiene miedo a criticar a la AP.

Preguntada por cuál considera que es el problema más grave al que se enfrenta su sociedad, la opinión pública palestina cita la pobreza y el paro y el alcance de la corrupción en las instituciones  como sus dos primeras preocupaciones. Sólo el 23% se decantó por la persistencia de la ocupación y la actividad en los asentamientos. ¿Cuándo fue la última vez que oyó a un activista propalestino hablar de pobreza y corrupción?

A pesar de que Abás amenaza periódicamente con disolver la AP en respuesta a las acciones israelíes, como si esto supusiese algún tipo de castigo para Israel, el 50% de los palestinos desean que lo haga porque consideran a la AP “una carga para el pueblo palestino”. Nada menos que un 67% de la opinión pública quiere que Abás dimita (el 80% entre los gazatíes), y el 65% no está satisfecho con su desempeño como presidente.

Oímos mucho hablar a los detractores de Israel del bloqueo de Gaza, precipitado por los ataques terroristas de Hamás, pero los gazatíes están cada vez más molestos con Abás. Según la encuesta, “los gazatíes están tomando distancias insólitas respecto a Fatah y los líderes palestinos”, por las sanciones que Abás impuso a la Franja en un intento de presionar a su población para que se pusiera en contra de Hamás.

Dado el estado en que se encuentra la AP, no sorprende que el 43% de los gazatíes y el 22% de los palestinos en la Margen Occidental digan que quieren emigrar a otros lugares. Nótese, también, que jamás se escucha a los palestinos o a sus defensores pedir a la gente que se vaya a vivir a los territorios de la AP para construir el Estado o luchar por la independencia; este es uno de los muchos contrastes con el compromiso del pueblo judío con su patria.

Los defensores de los palestinos que tienden a ser hostiles a las conversaciones de paz y lasolución de los dos Estados están más en sintonía con la población palestina en los territorios. Casi tres cuartas partes de la opinión pública palestina no cree que la Administración Trump se tome en serio la consecución de un acuerdo de paz, y el 55% está en contra de aceptar una invitación de la Administración a reanudar las negociaciones con Israel. Una exigua mayoría (52 a 47%) apoya la solución de los dos Estados; el 31% está a favor de un solo Estado.

Una novedad positiva en la encuesta es el aumento del apoyo a la resistencia no violenta (aún sólo un 26%), que los encuestadores atribuyen a que se consiguió obligar a Israel a retirar los detectores de metal en el acceso al Monte del Templo. Sin embargo, la encuesta también reveló que el apoyo a la violencia había aumentado, y que el 35% de la opinión pública cree que la violencia es el medio más eficaz para lograr la independencia. Más ominosamente, el 45% está a favor de una vuelta a la intifada armada a falta de negociaciones de paz.

Un resultado interesante es que los palestinos parecen haber desarrollado una visión más realista de la importancia de su causa para el mundo árabe. Aunque algunos defensores propalestinos (y arabistas) perpetúan el mito de que la cuestión palestina es fundamental para la estabilidad de Oriente Medio, el 77% de los palestinos cree que “el mundo árabe está demasiado preocupado por sus propios asuntos, los conflictos internos, el conflicto con Irán, y que Palestina ya no es la principal cuestión o causa para los árabes”.

A veces se acusa a los defensores de Israel de apoyar ciegamente al Gobierno israelí, cuando en realidad no faltan las críticas israelíes a los líderes y las políticas del Estado judío. No se puede decir lo mismo de nuestros amigos propalestinos.

La indignación y la moral selectivas los defensores de los palestinos queda patente en su silencio ante el maltrato que reciben los palestinos de sus propios líderes. Esta obsesión hipócrita con los pecados reales e imaginados de Israel subraya su falta de sinceridad, y revela que a la mayoría les importa menos el bienestar de los palestinos que la demonización, si no la destrucción, de Israel.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

Trump toma un nuevo rumbo en el proceso de paz

Middle East Peace

Por Evelyn Gordon 

La intervención del presidente Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU recibió una considerable atención por lo que dijo. No menos interesante, sin embargo, es lo que no dijo. El discurso no incluyó mención alguna a los palestinos, a su conflicto con Israel o al proceso de paz que el propio Trump está tratando de reavivar.

No es la primera vez, pero no es lo habitual. La mayoría de los presidentes estadounidenses han incluido la cuestión israelo-palestina en sus discursos anuales en la ONU. Y resulta especialmente chocante en el caso de un presidente que ha declarado repetidas veces que la paz israelo-palestina es uno de los principales objetivos de su política exterior.

Pero la omisión es perfectamente coherente con el enfoque de Trump sobre el proceso de paz hasta la fecha, que difiere notablemente del de todos sus predecesores en un aspecto fundamental: él parece estar tratando de presionar de verdad a los palestinos, en vez de sólo a Israel.

Veamos, por ejemplo, la constante negativa de su Administración a decir que el objetivo del proceso de paz es una solución de dos Estados. Ya que los esfuerzos en tal sentido han fracasado constantemente desde hace ya 25 años, tiene evidente sentido que quien quiera de verdad resolver el conflicto valore si ésta es realmente la opción más factible. Y aun en el caso de que la Administración, como parece probable, crea verdaderamente en la solución de los dos Estados, negarse a comprometerse públicamente con ella sirve a un propósito importante.

Insistir en que el objetivo final es un Estado palestino representa una gran concesión a los palestinos, algo que por desgracia se ha olvidado durante el último cuarto de siglo. Después de todo, a lo largo de los 45 primeros años de existencia de Israel, hubo un acuerdo casi unánime entre los israelíes de que un Estado palestino pondría en peligro su país. Ni siquiera el Acuerdo de Oslo de 1993 incluyó una mención a la estadidad palestina, y el hombre que lo firmó, el primer ministro Isaac Rabin, aseveró en su último discurso ante la Knéset en 1995 que él concebía “una entidad palestina (…) que es menos que un Estado”.

Hasta la fecha, esta importante concesión a los palestinos nunca se ha acompañado de la correspondiente concesión palestina a Israel. Aunque los palestinos insisten en un Estado-nación palestino, siguen negándose a aceptar un Estado-nación israelí a su lado. En su lugar, exigen que millones de descendientes de refugiados palestinos puedan ser reubicados en Israel, lo que lo convertiría en un Estado binacional.

Esa gran concesión a los palestinos tampoco se ha acompañado de la correspondiente concesión internacional a Israel. La Unión Europea, por ejemplo, hace varias demandas muy específicas a Israel para que acepte un Estado palestino basado en las líneas de 1967 y que Jerusalén sea la capital de los dos Estados. Pero la UE nunca ha exigido a los palestinos que acepten un Estado judío o que abandonen su idea de reubicar a millones de palestinos en Israel. En vez de eso, se limita a pedir una “solución justa, equitativa, acordada y realista” –que no especifica– al problema de los refugiados palestinos, lo que los palestinos –que consideran que inundar Israel con millones de palestinos es la única solución justa– pueden interpretar fácilmente como un apoyo a su postura.

En resumen: hasta que llegó Trump, los palestinos se estaban llevando esta importante concesión gratis. Ahora, al negarse a declarar que su objetivo es una solución de dos Estados, lo que Trump ha dicho a los palestinos, por primera vez en la historia del proceso de paz, es, básicamente, que toda concesión que se hubiesen embolsado antes es reversible, salvo que firmen efectivamente un acuerdo. En otras palabras: por primera vez en la historia del proceso de paz se les ha dicho a los palestinos que sí tienen algo que perder con su intransigencia. Y que si quieren que se reanude el compromiso de Estados Unidos con un Estado palestino, tendrán que dar algo a cambio.

Lo mismo ocurre con la negativa de Trump a siquiera mencionar a los palestinos en su discurso en la ONU. Cuando el exsecretario de Estado John Kerry insistió en que el conflicto palestino-israelí es el problema de política exterior más importante del mundo (un mensaje que repiten por costumbre los diplomáticos europeos), dio a los palestinos una enorme fuerza negociadora. Como siempre han sido la parte más intransigente, el camino más fácil que puede seguir cualquier mediador es simplemente el de dar apoyo a más y más demandas palestinas sin exigirles la menor concesión sustancial, y después tratar de presionar a Israel para que ceda. Por lo tanto, si los líderes internacionales están desesperados por resolver el conflicto, tenderán naturalmente a tomar el camino más fácil, con la esperanza de producir logros rápidos, que es, de hecho, lo que ha estado pasando durante las dos últimas dos décadas. El resultado es que los palestinos han sacado la conclusión de que pueden seguir consiguiendo más cosas si siguen diciendo que no.

En su discurso ante la ONU, Trump lanzó el mensaje contrario: hay muchos problemas importantes de política exterior, por ejemplo Corea del Norte e Irán, y la cuestión palestina es tan trivial en comparación que no merece siquiera una mención. En otras palabras: aunque a Trump le gustaría lograr un acuerdo de paz, no es necesario para los intereses estadounidenses. Y, por lo tanto, sólo merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en él si tanto los palestinos como los israelíes estánverdaderamente preparados para el acuerdo, lo que significa que los palestinos tendrán que estar preparados para hacer por fin algunas concesiones.

Hay sobrados motivos para ser escépticos respecto a que vaya a funcionar el enfoque de Trump; basándome en la evidencia acumulada en el último cuarto de siglo, considero mucho más probable que los palestinos simplemente no estén interesados en firmar un acuerdo, no importa en qué términos. No obstante, hay una teoría alternativa plausible. Tal vez los palestinos siguen diciendo que no porque les ha resultado muy efectivo para asegurarse más concesiones. Y si es ese el caso, entonces revertir este perverso juego de incentivos diciéndoles que pueden perder con su intransigencia, en vez de ganar, sí podría resultar eficaz de veras.

Triunfe o fracase, Trump merece que se le reconozca su intento de probar algo nuevo. En vista del fracaso de sus predecesores para lograr la paz, sólo un burócrata del Departamento de Estado podría pensar que hacer lo mismo una y otra vez podría dar alguna vez resultados distintos.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

Los judíos y los árabes no deben darse mutuamente por perdidos

Por Yaniv Sagee 

Los recientes sucesos en el Monte del Templo y otros lugares han provocado enormes tensiones entre los judíos y los árabes de Israel. No es de extrañar, y lo más fácil es que los judíos y los palestinos dejen de confiar los unos en los otros. Por desgracia, también es la opción más peligrosa para los que vivimos aquí. Si siguiésemos ciegamente las voces del miedo y el odio procedentes de las dos nacionalidades que comparten esta tierra, nuestras vidas se convertirían en un infierno. Sería la pesadilla social hecha realidad.

Los que provocan el conflicto diciendo a los judíos que los árabes son nuestros enemigos, que nos desean lo peor y aprovechan cualquier oportunidad para hacernos daño, no conocen la realidad. Incitan y mienten. La realidad es que el 85% de los ciudadanos árabes de Israel aspiran a ser israelíes en una sociedad compartida e igualitaria con la mayoría judía.

Los que incitan a los árabes diciéndoles que los judíos son unos racistas privilegiados que quieren la segregación y seguir con la discriminación contra la minoría árabe también están mintiendo. La realidad es que la inmensa mayoría de los judíos de Israel quieren la democracia, y que Israel sea un país que dé el mismo valor a todas las vidas humanas.

La división entre israelíes y palestinos se alimenta del miedo al otro, y no del deseo de preservar privilegios y conceptos racistas. Es verdad que hay judíos que son así, pero son una parte residual de la extrema derecha y no corresponden al núcleo de la sociedad judía. El interés común de la inmensa mayoría de los ciudadanos de Israel es una vida compartida, que es lo único que puede lograr la seguridad que ansía la sociedad judía y la igualdad que ansía la sociedad árabe. Los que se someten a esos sentimientos de miedo y odio están actuando contra los intereses y la verdadera voluntad de la abrumadora mayoría de los ciudadanos israelíes.

Tras los últimos acontecimientos, algunos judíos y árabes me han preguntado cómo podrían actuar ambas partes en estos momentos de enormes tensiones de seguridad, miedo y odio mutuo.

En el corto plazo, hay que hacer dos cosas.

La primera es aislar a los extremistas de las dos sociedades –la judía y la árabe– y no permitirles usar el miedo para promover su proyecto de odio. La segunda es justamente aumentar la fricción entre las dos nacionalidades: mediante encuentros y discursos, actos públicos conjuntos, el deporte, la cultura y el ocio en espacios públicos como centros comerciales y parques; donde podamos seguir demostrándonos mutuamente nuestra capacidad para vivir en una sociedad común y manejar nuestras diferencias.  

En el largo plazo, tenemos que cambiar nuestra forma de actuar como país, a través de la educación para la coexistencia, la participación de la minoría en el aparato de gobierno, la asignación equitativa de la tierra y los recursos, el aprendizaje de la lengua nacional del otro y la creación de redes comunales y asociativas.

Normalmente empiezo las reuniones con judíos y árabes con una famosa cita de Albert Einstein: “Abre los ojos, abre tu corazón y las manos, y evita el veneno que tus antepasados sorbieron de la Historia con tanta avidez. Entonces toda la tierra será tu patria, y todo tu trabajo y tu esfuerzo se extenderán”. Esto me parece mejor idea que todos los detectores de metal del mundo.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

Trump dice: “Creo que tenemos una buena oportunidad, quizás la mejor oportunidad para lograr la paz entre los israelíes y palestinos”

El presidente Donald Trump  está persiguiendo el “trato más duro de todos” – la paz en Oriente Medio – y dice que está derramando su corazón y su alma en la obtención de éllo.

“Es un tema complejo, siempre ha sido considerado el más difícil de todos, la paz entre Israel y los palestinos, el más duro de todos, pero creo que tenemos una muy, muy buena oportunidad, y ciertamente voy a dedicar todo, dentro de mi corazón y dentro de mi alma para conseguir que ese trato quede hecho “, le dijo a Mahmoud Abbas de Palestina .

Trump dijo a Abbas cuando se sentaron el miércoles para otra ronda de discusiones que cree que la paz se puede lograr en toda la región.

“Creo que tenemos un buen tiro, quizás el mejor disparo de todos los tiempos”, evaluó Trump.

El presidente Donald Trump dice que está dando las conversaciones de paz en Oriente Medio.  "Siempre ha sido considerado el más difícil de todos ... pero creo que tenemos una oportunidad muy, muy buena", dijo el miércoles a Mahmoud Abbas de Palestina
 

El presidente Donald Trump dice que está acelerando las conversaciones de paz en Oriente Medio. “Siempre ha sido considerado el más difícil de todos … pero creo que tenemos una oportunidad muy, muy buena”, dijo el miércoles a Mahmoud Abbas de Palestina

El presidente de Estados Unidos dijo el lunes que cree que su administración será la que finalmente facilitará la paz entre Israel, Palestina y sus vecinos. 

Al comienzo de una reunión bilateral con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el lunes por la tarde, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Trump dijo que “le está dando una oportunidad absoluta”.

-Pienso que hay muchas posibilidades de que eso suceda -puntualizó Trump.

Netanyahu afirmó que discutirían “la manera en que podemos aprovechar la oportunidad para la paz”, no sólo entre Israel  y Palestina, sino entre Israel y las naciones árabes de la región.

Después de la reunión, Brian Hook, un funcionario del Departamento de Estado, dijo a periodistas en las Naciones Unidas que Trump ‘está profundamente comprometido a lograr un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos’.

“Él y su equipo han continuado las deliberaciones con los líderes de ambas partes sobre las posibles medidas para llegar a un acuerdo de paz global. Su equipo recientemente mantuvo múltiples reuniones con líderes en la región, y obviamente hay mucho trabajo por hacer, pero las discusiones siguen siendo serias y constructivas “, dijo Hook.

Abbas dijo el miércoles que las repetidas reuniones de Trump con él son la prueba de que está comprometido a facilitar un trato.

“Esto atestigua la seriedad de Su Excelencia, Señor Presidente, para lograr el acuerdo del siglo en el Medio Oriente durante este año o en los próximos meses, si Dios quiere”, dijo Abbas a través de un intérprete.

“Y estamos muy seguros de que usted, señor Presidente, está decidido a alcanzar la paz real en el Oriente Medio. Y esto nos da la seguridad y la confianza de que estamos al borde de una paz real entre los palestinos y los israelíes “, agregó Abbas.

Trump dijo el lunes que cree que hay una "buena oportunidad" para que su gobierno pueda facilitar un acuerdo de paz en el Medio Oriente
 

Trump dijo el lunes que cree que hay una “buena oportunidad” para que su gobierno pueda facilitar un acuerdo de paz en el Medio Oriente

Trump hizo la declaración durante una reunión bilateral con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas
 

Trump hizo la declaración durante una reunión bilateral con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas

El presidente palestino Mahmoud Abbas dijo el miércoles que las repetidas reuniones de Trump con él son la prueba de que está comprometido a facilitar un acuerdo
 

El presidente palestino Mahmoud Abbas dijo el miércoles que las repetidas reuniones de Trump con él son la prueba de que está comprometido a facilitar un acuerdo

Representantes de la Casa Blanca se han reunido con él más de 20 veces desde que Trump asumió el cargo para discutir un acuerdo, reveló Abbas.

“Y estoy muy agradecido por estos esfuerzos, y ustedes encontrarán la mayor seriedad de nuestra parte para lograr la paz, porque la paz sirve a nuestros intereses y los intereses del pueblo israelí”, dijo. (No se por qué no te creo)

Abbas señaló que el año nuevo islámico comienza en los talones de Rosh Hashaná esta semana.

“Esta es una coincidencia muy dulce y podemos celebrar el año nuevo juntos en un período de 24 horas, y si esto es una indicación a cualquier cosa significa que podemos coexistir pacíficamente juntos”, determinó.

Trump le dijo que era “un sentimiento muy grande”.

“Y tengo que decir, desde que soy un niño, he estado escuchando sobre la paz en el Medio Oriente”, dijo el ex magnate inmobiliario. Y durante tantos años he estado escuchando acerca de la paz entre Israel y los palestinos. 

“Y estamos en una coyuntura muy importante – hay un pequeño período de tiempo – y vamos a ver qué podemos hacer. No puede haber promesas, obviamente. Tantas personas han hablado de ello, y nunca ha sucedido nada “, admitió.

 Pero estamos peleando muy duro. Estamos tratando muy duro. Nos estamos llevando bien juntos. Veremos si podemos hacerlo. Y si lo hacemos, sería un gran y gran legado para todos, para todos “. 

Trump dijo el lunes, durante su reunión con Netanyahu, ‘Estamos trabajando en una posibilidad absoluta. Creo que hay una buena posibilidad de que eso pueda suceder. La mayoría de la gente diría que no hay ninguna posibilidad. En realidad creo que con la capacidad de Bibi y la franqueza del otro lado, realmente creo que tenemos una oportunidad.

“Creo que a Israel le gustaría verlo, y creo que a los palestinos les gustaría verlo. Y puedo decirles que la Administración Trump querría verlo “, dijo.

Un multimillonario que fue una vez un importante empresario internacional, Trump dijo que las partes en un acuerdo prospectivo están “trabajando muy duro” en un acuerdo.

‘Veremos que pasa. Históricamente la gente dice que no puede suceder. Yo digo que puede suceder “, dijo.

Trump ha estado enviando a su yerno, Jared Kushner, y un enviado, Jason Greenblatt, a Oriente Medio durante meses en busca de un acuerdo. Kushner y Netanyahu tienen una relación de larga data, al igual que Trump y el político israelí.

Como Netanyahu, Kushner y su familia son judíos. Ivanka, la hija mayor del presidente, se convirtió a la religión cuando se casó con él. Tanto Jared como Ivanka son asesores principales en la Casa Blanca del presidente. 

Netanyahu ha estado por visitar a Trump una vez en la Casa Blanca en Washington DC, Trump hizo una parada en Israel en mayo durante su primer viaje al extranjero.

En declaraciones a Trump el lunes en su reunión durante la convocatoria anual de los estados miembros de las Naciones Unidas, Netanyahu dijo: “La alianza entre Estados Unidos e Israel nunca ha sido más fuerte, nunca ha sido más profunda. Puedo decir esto de manera que la gente lo ve y en formas que no lo ven.

Trump se reunió hoy con Abbas durante una pausa de las actividades de la ONU en Nueva York.

Durante su última reunión, en Belén, cuando Trump hizo su swing en Medio Oriente, el presidente de Estados Unidos dijo que estaba “comprometido a tratar de lograr un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos”.

“Tengo la intención de hacer todo lo posible para ayudarles a lograr ese objetivo”, dijo en ese momento.

Trump le dijo a Abbas a principios de mes, durante las observaciones de lado a lado en la sala Roosevelt de la Casa Blanca, que le gustaría ser mediador o árbitro de un acuerdo.

“Pero cualquier acuerdo no puede ser impuesto por los Estados Unidos, o por cualquier otra nación”, dijo. “Los palestinos y los israelíes deben trabajar juntos para llegar a un acuerdo que permita a ambos pueblos vivir y prosperar en paz”.

Ofreciendo sus servicios como facilitador, Trump afirmó: “Vamos a hacer esto”.

La paz entre los territorios rivales no fue el único tema en la agenda durante las reuniones de Trump esta semana con los líderes de Oriente Medio. También discutieron el acuerdo nuclear que la administración anterior firmó con Irán.

“Espero discutir con ustedes cómo podemos tratar juntos lo que usted llama con razón es el terrible acuerdo nuclear con Irán y cómo revertir la creciente agresión de Irán en la región, especialmente en Siria”, dijo Netanyahu a Trump a principios de semana.

El presidente iraní, Hassan Rouhani, dijo a CNN el lunes que Estados Unidos pagará un ‘alto costo’ si Estados Unidos rompe el trato, como él ha dicho repetidamente que le gustaría.

Rouhani dijo a CNN en Nueva York: “Salir de ese acuerdo tendría un alto costo para los Estados Unidos de América, y no creo que los estadounidenses estén dispuestos a pagar un costo tan alto por algo que les será inútil”.

Trump se mostró tímido cuando los reporteros le preguntaron al respecto cuando fueron arrancados de su charla con Netanyahu después de los comentarios de apertura de los líderes.

Pronto lo verás. lo Verás muy pronto -dijo Trump.

Para el miércoles, Trump estaba diciendo que había decidido un curso de acción. 

Tres veces le dijo a los periodistas en la sala hoy para la primera parte de su reunión con Abbas: “He decidido”.

Lo que él decidió, sin embargo, no lo diría. ‘Yo se los haré saber. Se los haré saber “, dijo a la prensa. 

Fuente: Daily Mail Online

Guerra palestina contra el arte

Por Basam Tawil 

La intimidación palestina vuelve por sus fueros. Sus últimas víctimas son unos artistas palestinos que están padeciendo una campaña de intimidación que tiene por objetivo obligarlos a boicotear un festival de arte bajo el pretexto de que promueve la “normalización” con Israel. Les han advertido de que quien participe en el Mekudeshet, que forma parte de la Temporada Cultural de Jerusalén, será expulsado de la Sindicato General de Artistas Palestinos.

El festival, que se está celebrando en Jerusalén desde el 23 de agosto y que finalizará el próximo día 15, pretende “adoptar una mirada alternativa y más abierta a la realidad”, según se lee en su web.

Tratamos de sustituir las ideas fijas y predeterminadas por una aproximación menos categórica y más multifacética a exactamente la misma realidad. Tratamos de elevar nuestra mirada, disolver los límites, generar empatía y abrir nuestros corazones y mentes. Tratamos de recordar, siempre, que Jerusalén nos conquista, nos libera y nos permite unirnos en torno a un amor común por ella.

El festival es un acontecimiento puramente cultural y artístico pensado para quienes desean expresar su amor por Jerusalén. Los organizadores, que no pertenecen a ningún partido político, no pretenden hacer ninguna declaración respecto al estatus de la ciudad:

Para nosotros, Jerusalén es un estado de conciencia. Tratamos constantemente de estar en contacto con su alma y santidad, lidiar con sus dificultades y necesidades y restañar su herida profunda y abierta. Todas nuestras creaciones artísticas provienen de Jerusalén.

Estas acogedoras palabras no han logrado, obviamente, impresionar a los palestinos, que han lanzado una vil campaña contra el festival y proferido amenazas contra sus participantes palestinos. La campaña es otra muestra del creciente extremismo palestino y de su rechazo a cualquier forma de cooperación y coexistencia con Israel.

Lo que es particularmente inquietante es que la Autoridad Palestina (AP), respaldada y financiada por EEUU y la UE, está participando activamente en la campaña. Sería más fácil de entender que Hamás o la Yihad Islámica estuviesen en contra del certamen, pero la oposición de la AP manda a los palestinos el inconfundible mensaje de sus líderes en Ramala: Israel es inaceptable, lisa y llanamente.

La indignación palestina con el festival y con la participación de palestinos en el mismo pone de manifiesto, desde un nuevo ángulo, la profunda falsedad de las declaraciones del presidente de la AP, Mahmud Abás, de que se educa a los palestinos en una cultura de paz. He aquí un festival que no promueve otra cosa que la cultura y la paz y la AP, una vez más, predica justo lo contrario.

El ministro palestino de Cultura ha urdido una excusa ridícula para justificar su oposición al festival. Su Ministerio alega que la Temporada Cultural de Jerusalén no está inscrita oficialmente en la Autoridad Palestina. Asimismo, asegura que la organización no se coordinó con ella, y que se enteró de su celebración por los medios. Sea como fuere, el propio departamento palestino reveló cuál era el meollo de la cuestión: “El Ministerio se opone a cualquier actividad cuyo objetivo sea promover la normalización de la ocupación israelí”, según una fuente del mismo.

El Sindicato General de Artistas Palestinos, que es una rama de la OLP del presidente Abás, es la punta de lanza en la campaña contra el Mekudeshet y sus participantes palestinos. La central llamó a todos los artistas palestinos a boicotear el festival bajo el pretexto de que promueve la “normalización” y “sirve a los intereses israelíes”. Musa Hafez, presidente del sindicato, advirtióde que cualquier palestino que participase en el Mekudeshet sería expulsado de la organización y que las medidas punitivas también se aplicarían a los ciudadanos árabes de Israel que tomaran parte del mismo.

Entre las tácticas intimidatorias utilizadas para persuadir a los palestinos de que no participasen en el Mekudeshet se cuenta la publicación en webs palestinas de los nombres de los artistas señalados.

La Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel se unió a la campaña de intimidación. Uno de sus líderes, Zeid Shuaibi, dijo que se había puesto en contacto con algunos de los participantes palestinos para persuadirles de que boicotearan el “festival pro normalización” y se lamentó de que su organización no hubiese recibido respuesta alguna de los artistas. “El festival tiene el propósito de distorsionar la realidad y dar la imagen de que los israelíes y los palestinos viven juntos en una sola ciudad”, alegó Shuaibi. “Esto es un intento de utilizar a los artistas palestinos como hoja de parra para adornar la imagen de Israel ante el mundo”.

¿Cómo experimentaron los artistas este bombardeo de llamadas telefónicas y mensajes amenazantes por parte de activistas antiisraelíes? “Persuasión” es la palabra que utiliza Shuaibi para describir su presión sobre los artistas. Esa persuasión es pura intimidación. Pregúntenles a los artistas, ellos les dirán.

Uno de ellos, que habló con la condición de mantener el anonimato, explicó: “Es muy desagradable recibir una llamada de esta gente a altas horas de la noche. Da miedo cuando te dicen que te denunciarán por traidor si vas a cantar a un festival con judíos”. Y afirmó que lacampaña de intimidación afectaba a algunos miembros de su familia. “También han estado llamando y enviando mensajes a mis padres, tíos y primos pidiéndoles que me presionaran para boicotear el festival”.

Como era de esperar, los boicoteadores recurrieron a las redes sociales para protestar contra la participación palestina en el festival. En Twitter y Facebook, condenaron el certamen diciendo que era un acto de “normalización” con Israel. “La normalización es un crimen” fue uno de los lemas utilizados por los activistas palestinos en las redes sociales.

La música y la cultura se usan en todo el mundo para promover la coexistencia y la paz entre los pueblos. Sin embargo, los palestinos parecen aproximarse al arte de forma muy distinta. En lugar de asimilar los acontecimientos culturales que se esfuerzan por reducir la distancia entre la gente, consideran el arte una amenaza mortal para su ideología y sus valores.

Los palestinos desbaratan habitualmente encuentros orientados a la paz entre los israelíes y los palestinos, pero esta campaña, que apunta contra israelíes y palestinos que expresan su amor por Jerusalén, lleva el fanatismo a un nuevo nivel. Si el palestino común y sus líderes hablan de crimen y traición al hablar de un festival en el que intervienen palestinos e israelíes, ¿qué esperanza hay de que cualquier líder palestino pueda alguna vez firmar un acuerdo de paz con Israel?

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

Levantemos la bandera palestina

Bandera palestina

Por Leandro Fleischer 

Ha concluido la histórica visita a la Argentina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Como era de esperarse, diversas agrupaciones de izquierda salieron a manifestarse en su contra, y no podían faltar las banderas palestinas. Pero ¿a qué exactamente se están oponiendo, y qué están defendiendo al hacerlo?

¿Quieren levantar la bandera palestina? Yo la levanto con ustedes. Pidamos que ambos Gobiernos palestinos dejen de aterrorizar a su pueblo. Exijamos que los gays puedan vivir allí en libertad como lo hacen los que residen en los territorios del “enemigo sionista”, donde los homosexuales viven sin miedo e incluso participan en una de las marchas del Orgullo más importantes del planeta.

Vamos, agitemos esa bandera palestina bien arriba para que el BDS (Boicot, Desinversiones, Sanciones), un movimiento más preocupado por los boicots que por la paz, cese en su intención de cerrar empresas del Estado judío donde trabajan israelíes y palestinos, para que estos últimos puedan darles vidas dignas a sus familias sin la necesidad de inmolarse a fin de recibir dinero de Fatah o Hamás.

Sí, elevemos las banderas palestinas, que se vean. Hagamos oír nuestras voces para que los palestinos puedan opinar libremente sin ser tachados de “colaboradores del enemigo sionista”ni ser encarcelados o asesinados por sus líderes por opinar diferente.

¡Dale! Dame una bandera palestina, que la voy a hacer flamear sin cesar. Reclamemos que se deje de adoctrinar a los niños en el odio contra los “infieles”, para que el sueño de esos chicos sea estudiar o trabajar, no morir matando a otros para acceder a ese paraíso al que ningún dirigente palestino de ninguno de los dos bandos (que se odian entre sí) está dispuesto a ir.

Vení, vayamos juntos y alcemos la bandera palestina para que las calles y los parques ya no lleven nombres de terroristas suicidas, que estos no sean los ejemplos de los niños palestinos.

Envolveme en esa bandera palestina para que se deje de destruir y se empiece a construir. Para que de ahora en más se aspire a que haya premios Nobel (los serios, no los de la paz) y no más yihadistas.

Sostengamos esa bandera palestina y repudiemos a aquellos que no ocultan su interés en arrojar a los judíos al mar. Fomentemos esa convivencia que tanto nos gusta. No nos detengamos hasta que haya, como en Israel, gente de todas las etnias, religiones y culturas en todos los ámbitos de la sociedad palestina.

Es hora de querer una Palestina libre en serio; libre de terrorismo, libre de la opresión de su propio liderazgo, libre de gente que usa a los palestinos para promover sus oscuros intereses políticos. Levantemos la bandera de una Palestina libre y próspera para que los palestinos ya no sean víctimas eternas y puedan tomar las riendas de su propio destino y hacerse responsables de sus actos.

Si realmente quieren ser libres, tienen que librarse de la opresión interna. Yo apoyaré esa causa palestina, la única por la que vale la pena luchar.

Fuente: Revista El Medio

Presidente Obama: no destruya en su última hora el proceso de paz

por Alan M. Dershowitz
4 de Noviembre de 2016

La Administración Obama está lanzando potentes señales de que después de las elecciones presidenciales podría tratar de dar un golpe de mano para la resolución del conflicto israelo-palestino en Naciones Unidas. A pesar de las reiteradas invitaciones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, a reunirse sin condiciones, la situación sigue en punto muerto. Algunos culpan a la falta de voluntad palestina para reconocer a Israel como el Estado-nación del pueblo judío y para hacer concesiones en el denominado derecho al retorno. Otros –incluida la actual Administración de EEUU– cargan la mayor parte de la culpa sobre los hombros del Gobierno Netanyahu por seguir construyendo en la Margen Occidental, con la reciente aprobación de entre 98 y 300 nuevas viviendas en Shiloh. Sean cuales sean los motivos –y son complejos y poliédricos–, el presidente Obama debería resistir cualquier tentación de cambiar, en sus últimas semanas en el cargo, una antigua política estadounidense: que sólo unas negociaciones directas entre las partes lograrán una paz duradera.

En concreto, Obama debería vetar la resolución que se prevé presente Francia en el Consejo de Seguridad para poner en marcha una conferencia de paz internacional bajo los auspicios de la ONU. En líneas generales, es probable que la resolución francesa pida:

Fronteras basadas en las líneas de 1967 con un intercambio acordado de tierras equivalentes; acuerdos en materia de seguridad que preserven la soberanía del Estado palestino y garanticen la seguridad de Israel; una solución negociada, justa y equitativa para el problema de los refugiados; un acuerdo para que Jerusalén sea la capital de ambos Estados.

Estas directrices podrían parecer razonables. De hecho, se parecen llamativamente a las ofertas rechazadas por los líderes palestinos en 2000 y 2001 y presentadas por el primer ministro israelí Ehud Barak y el presidente de EEUU Bill Clinton –y en 2008 por el primer ministro israelí Ehud Olmert–. La ONU, sin embargo, se ha descalificado para desempeñar cualquier función constructiva en el proceso de paz. Sus recientes intentos de intervenir en el conflicto han dado lugar a una serie de desastres sin paliativos. El denominado Informe Goldstone, cuyo cometido era investigar las acusaciones de crímenes de guerra que se habrían cometido durante la intervención israelí en Gaza en 2009, era tan sumamente tendencioso contra Israel que el propio Richard Goldstone tuvo que retractarse de algunas de sus conclusiones principales en 2011.

Desde entonces, la ONU no ha hecho nada para asegurar a Israel que puede ser un foro imparcial para las negociaciones. Sólo en el último año, ha tomado a Israel como blanco de sus críticas en temas como los derechos a la salud y –para mayor ridículo– los derechos de la mujer, sin mencionar siquiera a regímenes cuyo historial en estas cuestiones es francamente abominable. Sólo en el último año, la Asamblea General de la ONU ha adoptado al menos veinte resoluciones diferentes con Israel en el centro de sus críticas. Más recientemente, la Unesco intentó borrar milenios de historia judía en relación con el Monte del Templo de Jerusalén. Así las cosas, EEUU no debería confiar en que Israel reciba la debida atención en cualquier conferencia de paz que esté patrocinada por la ONU.

Como dijo Netanyahu en su último discurso ante la Asamblea General: “El camino a la paz pasa por Jerusalén y por Ramala, no por Nueva York”. Es decir, que el único camino para avanzar en el proceso de paz israelo-palestino son las negociaciones bilaterales entre las partes. Netanyahu y Abás deben sentarse y llegar a un acuerdo para asumir dolorosos pero necesarios compromisos con el objetivo de crear un Estado palestino y a la vez atender las preocupaciones de Israel sobre seguridad, así como las realidades sobre el terreno. Resoluciones como la propuesta por los franceses minan dichos esfuerzos alentando a los palestinos a creer que las negociaciones directas –y los sacrificios mutuos que podrían conllevar– son innecesarias, y que pueden lograr un Estado contando únicamente con las resoluciones de la ONU. También harían más difícil, si no imposible, que la Autoridad Palestina aceptase algo menos de lo que ya le ha dado la ONU, lo que a su vez garantizaría el fracaso de cualquier negociación realista.

Es por esta y otras razones por lo que EEUU ha mantenido durante mucho tiempo la política de vetar –o frustrar– los intentos de la ONU de interferir en el proceso de paz incluso cuando se estanca. El presidente Obama dijo en 2013:

Queremos ver un Estado palestino independiente, viable y contiguo [a Israel] que sea la patria del pueblo palestino. La única manera de lograr ese objetivo es mediante las negociaciones directas entre los propios israelíes y palestinos.

Hillary Clinton también ha expresado en anteriores ocasiones su apoyo a unas negociaciones bilaterales, y en su campaña ha dicho que “no se puede imponer una solución a este conflicto desde fuera”. También lo ha dicho Donald Trump.

Sin embargo, al parecer, varios funcionarios y exfuncionarios de Obama han aconsejado al presidente que apoye, o que al menos no vete, la resolución francesa, así como una iniciativa unilateral palestina para que la ONU declare ilegales los asentamientos israelíes. Sería un error –antidemocrático, por lo demás– que Obama revirtiera unilateralmente décadas de política exterior estadounidense en su fase de pato cojo. Después de todo, su Administración vetó en 2011 una propuesta palestina unilateral, casi idéntica, que exigía que Israel interrumpiera “inmediata y completamente todas las actividades de asentamiento en territorio palestino ocupado, incluido Jerusalén Este”. Asimismo, Obama ha presionado varias veces a Francia y a otros países europeos para que no presentaran ninguna propuesta relacionada con el conflicto israelo-palestino, en la idea de que tales iniciativas desincentivan las negociaciones bilaterales. Esta es seguramente la visión de la mayoría del Senado, que tiene su propia autoridad constitucional para participar en las grandes decisiones sobre política exterior. De hecho, 88 senadores firmaron una carta abierta a Obama en la que pidieron al presidente que vetara cualquier resolución del Consejo de Seguridad sobre el conflicto israelo-palestino.

El periodo comprendido entre las elecciones y la toma de posesión del nuevo inquilino de la Casa Blanca es el único momento en que el presidente puede actuar sin los controles y contrapesos de la democracia estadounidense. Obama no debería hacer nada que pueda atar las manos de su sucesor.

El presidente de EEUU, Barack Obama, se dirige a la 71ª Asamblea General de la ONU, el 20 de septiembre de 2016. (Imagen: Naciones Unidas).

El presidente de EEUU, Barack Obama, se dirige a la 71ª Asamblea General de la ONU, el 20 de septiembre de 2016. (Imagen: Naciones Unidas).

Obama tiene que entender que no podrá lograr una paz duradera en los meses que le quedan de presidencia: hay una multitud de cuestiones complejas y conflictivas –en especial el estatus de Jerusalén, los derechos de los denominados refugiados palestinos y la situación en Gaza– que deben ser abordadas en profundidad a fin de que se logre una paz duradera. Sin duda, nuestro próximo presidente tendrá que adentrarse otra vez en el proceso de paz israelo-palestino. La nueva Administración deberá, con el acuerdo del Senado, disponer de plena flexibilidad para hacer lo que considere apropiado. No debería verse bloqueada por unos parámetros heredados de un presidente desesperado por asegurar una victoria política en el corto plazo que a la larga dificultaría aún más que se logre una solución al conflicto.

Si Obama considera que debe involucrarse para intentar romper el bloqueo antes de dejar el cargo, debería proponer que el actual Gobierno israelí ofrezca propuestas similares a las ofrecidas en 2000, 2001 y 2008, y que esta vez los líderes palestinos las acepten en negociaciones cara a cara. Pero no debería emprender acciones (o dejar de emprenderlas) que puedan invitar a la ONU a implicarse en el proceso de paz; una implicación que aseguraría el fracaso de cualquier intento de un futuro presidente para promover una paz negociada.

Deberíamos escuchar las opiniones de los dos candidatos sobre si EEUU debería apoyar o vetar una resolución del Consejo de Seguridad que les pueda atar las manos en caso de que resulten elegidos. Aún no es demasiado tarde para impedir que Obama destruya cualquier perspectiva realista de paz.

Alan M. Dershowitz: Abogado, profesor de la Escuela de Derecho de Harvard y escritor. Autor de numerosos artículos, ensayos, entre ellos “The Case for Israel” (2005), y obras de ficción (“The Trials of Zion,” 2010).