LA POLÉMICA.

EN CONTRA DEL TERRORISMO ISLÁMICO

Fanáticos del Celtic escocés apoyaron el terrorismo islámico “palestino” en pleno estadio

Que alguien le pregunte a estos estúpidos, ¿Cual es la religión, o mas bien doctrina satánica que practican los supuestos “Palestinos”?

El terrorismo islámico es uno solo, así venga de Al Qaeda, Boko Haram, ISIS, Hamas, Hezbolla, etc etc. Todos siguen los mismos lineamientos que les dejó su falso profeta Mohamed en ese libro de mierda al que llaman Corán

El club escocés se enfrentó al Hapoel Beer Sheva en un partido de clasificación para la Liga de Campeones

El público del Celtic agitó banderas de Palestina (Reuters)

Según el comunicado de la UEFA, el Celtic fue acusado de desplegar “banderas ilícitas”, en el partido de ida de la ronda previa de laLiga de Campeones.

El ente regulador del fútbol europeo juzgará el caso. La probable sanciónque recaiga sobre la institución podría ser económica.

La Green Brigade es el histórico grupo de ultras que dominan las gradas del Celtic Park. Horas antes del partido, los hinchas se reunieron a metros del estadio y repartieron las banderas para agitarlas durante el partido contra el equipo israelí, Hapoel Beer Sheva.

Los seguidores del conjunto escocés siempre mostraron su apoyo a lospueblos oprimidos. En este caso, el objetivo fue denunciar “el sistema de tortura y apartheid que practica el estado de Israel contra el pueblo palestino.

La UEFA, rector del fútbol europeo, podrá tomar la decisión de multar al club por violar el artículo 16-2 del reglamento, el cual impide “el uso de gestos, palabras, objetos u otros medios para transmitir un mensaje no apropiado en un acontecimiento deportivo, especialmente mensajes que son políticos, ideológicos, religiosos, ofensivos o de una naturaleza provocadora”

Algo similar ocurrió con los fanáticos del Barcelona, en la final de la Liga de Campeones de 2015. En ese partido expusieron banderas catalanas, además de entonar estrofas independentistas.

Un grupo de ultras escoceses repartió banderas antes del partido (Reuters)
Un grupo de ultras escoceses repartió banderas antes del partido (Reuters)

Anteriormente, la UEFA multó al club escocés por esta misma conducta durante un partido contra el  KR Reikiavik, de Islandia.

Mañana se disputará, en Israel, el partido de vuelta, y el ganador formará parte de la fase de grupos del torneo más importante de Europa. El primer partido acabó con la victoria del Celtic por 5-2.

Un fanático del Celtic presenció el encuentro de Liga de Campeones (Reuters)
Un fanático del Celtic presenció el encuentro de Liga de Campeones (Reuters)

Los árabes deben pasar página con Israel (y 2)

Anuar Sadat y Menájem Béguin, en el congreso de EEUU (18 SEP 78).

Por Fred Marún

Resolver la cuestión palestina

Para que se resuelva con éxito la cuestión palestina, debemos entender algunos asuntos fundamentales sobre los que Israel no se puede comprometer. El mundo árabe, y especialmente los palestinos, demuestra no entender casi nada de los asuntos fundamentales que hacen que la opinión pública israelí no tenga demasiada fe en las negociaciones de paz. Como publicó elJerusalem Post, “la mayoría de los israelíes (el 67,7%) no cree que las negociaciones vayan a traer la paz en los próximos años, y menos de un tercio (el 29,1%) cree que jamás se logrará dicho resultado”.

La capacidad de Israel para seguir siendo un Estado judío y un refugio para los judíos de todo el mundo es su necesidad existencial más básica. Sin ella, Israel sería sólo un nombre. Por este motivo, el primer ministro Netanyahu declaró sin ambages que no había “margen de maniobra” en la demanda palestina del derecho al retorno de los descendientes de los refugiados palestinos. Tal vez no sea razonable esperar que países relativamente pequeños y débiles como el Líbano, Siria y Jordania absorban a todos los refugiados que viven allí, pero los países ricos del Golfo tienen capacidad para ayudar. Si Europa puede absorber a millones de refugiados musulmanes, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros?

Una segunda necesidad existencial de Israel es que necesita fronteras defendibles, como explica un detallado estudio. Israel ha estado defendiendo su propia existencia contra ataques árabes durante siete décadas. Ha sido atacado por todas partes mediante todos los métodos imaginables, desde misiles a suicidas con cinturones explosivos y túneles. Para Israel, las líneas de armisticio previas a 1967 no son defendibles, como explicó ya en 1977 el entonces primer ministro Rabin, ampliamente considerado un moderado a favor de la paz.

Un tercer punto fundamental es el acceso judío a los lugares sagrados, empezando por el más importante, la Ciudad Vieja de Jerusalén Este. Los judíos no ven su triunfo en Jerusalén Este en la guerra de 1967 como una conquista, sino como la liberación y la reunificación de su hogar histórico desde los tiempos del rey David, alrededor del año 1000 aec. Aunque los Gobiernos israelíes, tanto en 2000 como en 2008, ofrecieron ceder el control de parte de Jerusalén, no debemos dar por supuesta la probabilidad de que se produzca una oferta similar en el futuro. En junio de este año, el primer ministro Netanyahu prometió: “La idea de una ciudad dividida, separada y herida es una idea a la que jamás volveremos”. Otros asuntos, como las fronteras, la compensación por los refugiados, la retirada de algunos asentamientos y el grado de soberanía palestina, parecen ser negociables. Netanyahu declaró posteriormente: “Israel quiere la paz. Yo quiero la paz. Quiero renovar el proceso diplomático para alcanzar la paz”.

Pero nosotros, los árabes, debemos entender que esto sólo será posible dentro de los límites de esas tres cuestiones fundamentales.

La iniciativa para la paz de la Liga Árabe

La Liga Árabe apoyó una iniciativa por la paz en 2002, y de nuevo en 2007, pero esta iniciativa falló tanto en su contenido como en su forma.

La iniciativa exigía que Israel se retirara a las líneas de armisticio previas a 1967. Ya no es que Israel considere indefendibles esas fronteras: es que en los cincuenta años transcurridos desde entonces ha construido grandes bloques de asentamientos en la Margen Occidental. Los árabes habíamos expulsado anteriormente a los judíos nativos de esas tierras, y es poco realista esperar que Israel acceda a volver a victimizar a sus propios ciudadanos judíos.

La iniciativa declara que los Estados árabes rechazan “todas las formas de repatriación de los palestinos que entren en conflicto con las circunstancias especiales de los países árabes de acogida”, lo que implica que Israel y el nuevo Estado palestino serían los responsables de absorber a los descendientes de todos los refugiados palestinos. Para el nuevo Estado palestino sería una enorme carga, que se sumaría a la propia empresa de construir ese nuevo Estado, ya que esto supone que su población pasaría de 6 millones a 9 millones. Esto dejaría a Israel como único receptor de los refugiados, cosa que no sucederá.

Tampoco es realista la referencia causal de la iniciativa a la “creación de un Estado palestino independiente y soberano”. En las actuales condiciones es muy probable que condujera a un Estado dominado por Hamás y violentamente hostil hacia Israel. La Autoridad Palestina debe transformarse en una entidad pacífica y estable para considerarla capaz de gobernar un Estado.

El mayor problema de la iniciativa por la paz de la Liga Árabe, sin embargo, es la forma en que se planteó. Se le arrojó a Israel como un hecho consumado, sin discusión. La Liga ni siquiera respondió a la petición del entonces primer ministro israelí, Ariel Sharón, de acudir a la cumbre que la propia Liga celebró en 2002. Más recientemente, Netanyahu propuso una aproximación para lograr que funcionara la iniciativa por la paz, pero el secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, la rechazó de pleno. No es así como se construyen las relaciones armoniosas entre los países, especialmente tras décadas de animosidad árabe hacia Israel.

No había ninguna necesidad de redactar ese documento. Lo único que tenía que hacer la Liga Árabe era declarar que los Estados árabes estaban abiertos a hacer la paz con Israel, aceptar la petición de Sharón de acudir a su cumbre y enviar después una delegación a Israel como muestra de buena voluntad. Ese gesto no comprometía a nada, pero sí demostraba que la Liga Árabe se lo tomaba en serio. Es así como el presidente egipcio Anuar el Sadat enfocó la paz egipcia con Israel.

Sadat, en sus propias palabras

Deberíamos inspirarnos en y seguir el ejemplo de Sadat, un líder árabe que dio audaces pasos hacia la paz y logró un acuerdo que incluso el Gobierno de los Hermanos Musulmanes se vio obligado a respetar, 35 años más tarde.

Sadat sabía que dar esos pasos hacia la paz requería algo más que escribir documentos y hablar desde la lejanía, y por eso fue a Israel a exponer su punto de vista. Dijo en la Knéset israelí:

Hay momentos en la vida de los países y los pueblos en que a quienes se destacan por su sabiduría y clarividencia les corresponde ignorar el pasado, con todas sus complejidades y el peso de la memoria, con un firme impulso hacia nuevos horizontes.

Sadat demostró que había comprendido parte de las cuestiones fundamentales sobre Israel cuando dijo:

¿Qué significa la paz para Israel? Significa que Israel viva en la región con sus vecinos árabes con seguridad y protección.

Sadat supo entender el beneficio de la paz para todos los pueblos de Oriente Medio, incluido el árabe, y que los líderes tenían el deber de convertir la paz en una realidad.Dijo:

Se lo debemos a esta generación y a las futuras: no escatimaremos esfuerzos en pos de la paz. (…) La paz y la prosperidad en nuestra región están estrechamente vinculadas e interrelacionadas.

Una nueva etapa

El mundo árabe tiene un pésimo historial en materia de derechos humanos, está inmerso en guerras intestinas y mantiene una absurda hostilidad hacia Israel, un vecino que nos lleva mucha ventaja científica y económica, y del que nos podríamos beneficiar enormemente.

Debemos responsabilizarnos de nuestros actos pasados hacia Israel, y debemos hacer los cambios necesarios para pasar página. Como dijo Sadat:

Debemos superar todas las formas de fanatismo y autoengaño, y las teorías anticuadas sobre nuestra superioridad.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

Los árabes deben pasar página con Israel (1)

Tel-Aviv-Yafo-Israel

Por Fred Marún 

Hay muchas cosas que podemos hacer para mejorar nuestra relación con Israel –si queremos–, y hay buenos motivos para pensar que iría en favor de nuestros intereses, a corto y largo plazo. El cambio más crucial es de enfoque. Si cambiáramos el chip, empezaríamos a recomponer los pilares de la relación y habría una buena base para el respeto y la confianza mutuos, sin los cuales cualquier solución seguiría siendo frágil.

Entender Israel

Debemos ver el verdadero Israel, y no la monstruosidad que nos han metido en el cerebro. Nos da tanto miedo llamar a Israel por su verdadero nombre que la denominamos “entidad sionista”.Su nombre es Israel. Como se ha escrito en Haaretz, “Israel viene siendo el nombre de un grupo étnico del Levante desde hace por lo menos 3.200 años”.

El discurso canónico árabe dice que Israel es que es un producto del colonialismo occidental.Este lenguaje también ha sido adoptado por muchos otros, que sostienen que “el colonialismo de los asentamientos empezó con la Nakba (…) en 1948”, lo que implica que todo Israel es una colonia. Esta afirmación no es cierta, y ninguna relación sana se podrá construir si una de las partes sigue repitiendo mentiras sobre la otra.

Israel es el Estado-nación del pueblo judío, un pueblo con una larga y compleja historia en esa tierra. Los intentos de asesinar y exiliar a los judíos han sido variados a lo largo de los siglos, por parte de asirios, babilonios, romanos y cruzados, entre otros. Estos son hechos históricos.

En 1973, la entonces primera ministra de Israel, Golda Meir, dijo: “Los judíos tenemos un arma secreta en nuestra lucha con los árabes: no tenemos a dónde ir”. No importa lo mucho que presionen los árabes a los judíos para que se marchen: no van a irse a ningún sitio. De hecho, esa presión sólo refuerza su determinación. Israel es su hogar.

Debemos mirar a Israel no como una presencia extranjera, que no lo es, sino como un componente único y relevante de Oriente Medio que enriquece la región.

No es nuestro enemigo

Tenemos que dejar de llamar a Israel nuestro enemigo. Decidimos convertir a Israel en nuestro enemigo cuando, en vez de aceptar la existencia de un minúsculo Estado judío entre nosotros, lo atacamos.

Israel (incluidos los territorios anexionados de los Altos del Golán y Jerusalén Este) supone sólo el 19% del Mandato Británico de Palestina (que incluía Jordania), sobre el cual los británicos prometieron en 1924 construir un “hogar nacional judío”. Israel es tan pequeño que tendría que ser duplicado 595 veces para poder cubrir todo el mundo árabe.

Hemos tomado decisiones contraproducentes en nuestra relación con Israel a partir de la creencia de que es nuestro enemigo y de que sólo podemos tratar con él mediante la fuerza, pero el diminuto Estado de Israel no es una amenaza para el mundo árabe.

Cada año, los palestinos celebran manifestaciones, a menudo violentas, para conmemorar laNakba (“catástrofe”), que es como los árabes llaman a sus pérdidas en la guerra de 1948-1949. Van con llaves, que simbolizan las llaves de las casas de las que huyeron sus antepasados en esa guerra. Esta conmemoración, como buena parte del relato árabe sobre Israel, es una visión unilateral que demoniza a Israel y absuelve a los árabes de toda responsabilidad por empezar y continuar un conflicto que dio lugar a décadas de violencia y de desplazamientos de árabes y judíos.

Esta falsa narrativa no deja mucho espacio para la paz con Israel. ¿Cómo podrían aceptar la paz los árabes, si se les nutre constantemente con el relato falso de que todo es culpa de Israel, cuando, en realidad, no todo es culpa únicamente de Israel?

Admitir los errores nunca es fácil, pero si no lo hacemos estaremos tejiendo un relato artificioso contradictorio con los hechos históricos. Para construir un futuro positivo es necesario aceptar que el pasado es el pasado y que no se puede recuperar.

A pesar del Holocausto, Alemania es hoy uno de los amigos más cercanos de Israel, pero esto sólo ha sido posible porque Alemania admitió su colapso moral. Aunque nuestra negativa a aceptar a Israel no sea moralmente equivalente al Holocausto, es innegablemente un colapso moral, y pasar página nos permitiría establecer unas relaciones constructivas con Israel.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

 

‘El infierno en Tierra Santa’, o las lacras del periodismo panfletario

Banderas de Palestina e Israel.

Por Eli Cohen 

Francisco Medina es el director adjunto del diario digital El Plural, que se define como progresista, y que siempre ha tenido una línea marcadamente hostil hacia Israel. En 2008 fue nombrado director de informativos de Radio Nacional de España y anteriormente ejerció de corresponsal de guerra en varios conflictos, entre ellos el que tanto nos ocupa, el que enfrenta a israelíes y palestinos. A su paso por la zona, escribió El infierno en Tierra Santa. Crónica de una paz imposible, un libro que puede servir para muchas cosas, pero no para comprender lo que sucede en Israel y en Palestina.

La obra se publicó en el verano de 2002, en plena Segunda Intifada. Por aquel entonces, no fue el único texto que quiso explicar los orígenes y las razones del conflicto. Pero, viniendo de un corresponsal que había presenciado sobre el terreno lo que sucedía, este libro, casi panfleto, adquirió cierta relevancia.

Es un cuasi panfleto por varias y evidentes razones.

En primer lugar, Medina comienza contando los orígenes históricos del conflicto, relata reuniones, atentados, declaraciones, expulsiones, etc., y no aporta ni una sola nota a pie de página, ni una sola referencia bibliográfica. Ni una. Algo insólito en un libro que intenta estructurar antecedentes para explicar un problema. Ni una sola fuente que sostenga su relato. Y lo peor de todo es que esta carencia no sólo está en la parte histórica. Así, Medina a veces hace alusión a estudios, artículos, declaraciones, pero los localiza con fecha y emisor, y poco más. Las apreciaciones subjetivas, como “los judíos aceptaron a regañadientes la decisión de la ONU de aprobar el Plan de Partición”,  “la Administración Reagan, presionada por el todopoderoso lobby judío estadounidense” o “esos jóvenes colonos, indudablemente seguidores de Goldstein”, se presentan sin ninguna declaración de ningún líder de la época o sin ninguna noticia de algún periódico, sin el testimonio de una fuente contrastada y seria. Esta falta deontológica es también una primera declaración de intenciones: tenemos que fiarnos de lo que nos dice y punto.

En segundo lugar, Medina intenta sacar de la ecuación uno de los elementos centrales del conflicto: el fanatismo religioso. El otrora corresponsal dice que el conflicto es por tierra y no por religión. Hamás tiene meta la destrucción de Israel (artículos 6 y 11 de su Carta Fundacional), como un pilar de su objetivo de extender la yihad global. Los palestinos ya atacaban a judíos antes de que hubiera Estado de Israel, y desde 1949 hasta 1967, cuando Gaza estaba bajo dominio egipcio y Cisjordania bajo administración jordana, los fedayines palestinos también atacaban a Israel. La tierra es una excusa.

En este sentido, hablando y entrevistando a familiares de los kamikazes que se inmolaban en las calles israelíes aquellos negros días, Medina insiste en su idea y se acoge a la más abyecta de las intoxicaciones: que los suicidas son la respuesta de la desesperación del pueblo palestino. Nada, ni siquiera el drama de los palestinos, justifica que una persona decida colocarse un chaleco bomba, lleno de tornillos y metrallas para causar todo el daño posible, y asesinar a civiles inocentes. Este mantra ha hecho mucho daño no sólo a la imagen general del conflicto, también a la causa palestina.

En el lado israelí, tampoco es la tierra el único factor. Los colonos que desafían incluso al Ejército israelí para establecer outposts ilegales tienen una concepción bíblica de Israel, no les importa Eilat o Tel Aviv, les importa Shiló y Hebrón por su significado religioso.

La religión no es suficiente para explicar el conflicto, es cierto. No obstante, el integrismo religioso, mezclado con el odio, es la razón por la cual los dirigentes de Hamás consiguieron convencer a jóvenes palestinos para que murieran matando.

En tercer lugar, el lenguaje de Medina es, cuanto menos, sesgado. El autor tiene problemas para distinguir entre judío, hebreo, israelí y sionista, mientras que todos los árabes musulmanes son palestinos sin derecho a réplica. En lugar de hablar de Israel, Medina lo llama, hasta la saciedad, “Estado sionista”. Israel alberga desde su fundación ciertos debates sobre su definición. “Estado judío y democrático” es una máxima que ha roto Gobiernos. Sin embargo, llamar a Israel “Estado sionista” es como llamar a España “Estado derechista” porque gobierna el Partido Popular, o a Grecia “Estado izquierdista” porque gobierna Syriza. El sionismo es un movimiento político que abogaba por la creación de un Estado para los judíos, pero una democracia, aunque le duela a Medina, alberga varias ideologías, como podemos ver en la Knéset, en la que hay representados muchos partidos políticos que no son sionistas (los partidos jaredíes y los partidos árabes). La intención del autor, como puede extraerse de su narrativa histórica, donde obvia y oculta hechos a conciencia, cuando no los aminora concienzudamente –sólo utiliza una frase para hablar de la expulsión de casi un millón de judíos de los países árabes, y además no da ninguna cifra, como si fuera una nadería–, es demonizar el movimiento sionista y la misma fundación de Israel.

En conclusión, el libro sí es clarificador en un aspecto: los prejuicios pueden, efectivamente, condicionar la labor de un corresponsal.

Francisco Medina, El infierno en Tierra Santa, Espasa, Madrid (España), 2002, 264 páginas.

Fuente: Revista El Medio

Ni paz ni territorios

Banderas de Palestina e Israel.

Por Jesús M. Pérez

El pasado día 24 Anwar M. Eshki, general retirado del Ejército saudí y director del Middle East Center for Strategic and Legal Studies, con sede en Yeda, se reunió en Jerusalén con autoridades del Gobierno israelí. Eshki se entrevistó con el director general del Ministerio de Asuntos Exteriores, Dore Gold. La entrevista tuvo lugar en el hotel Rey David debido a su carácter informal. Además, Eshki se reunió con el general Yoav Mordejai, coordinador de las Actividades Gubernamentales en los Territorios.

Eshki encabezaba una delegación de hombres de negocios y académicos saudíes que viajaron a Israel para relanzar la Iniciativa de Paz Árabe, un plan presentado por Arabia Saudita en marzo de 2002 en Beirut, en plena Segunda Intifada, y que consiste en que los países musulmanes, del Magreb al Sudeste Asiático, ofrezcan reconocimiento diplomático a Israel a cambio de que este establezca sus fronteras en las líneas del armisticio de 1949, conocidas como “fronteras de 1967”.

El contenido de la Iniciativa de Paz Árabe ha evolucionado en el tiempo. Por ejemplo, ahora contempla el canje de territorios, una medida que aparecía en el plan Olmert de 2008. Aquel plan israelí proponía la consolidación dentro de las fronteras del país de localidades que albergaban al 75% de la población israelí de Cisjordania a cambio de entregar al futuro Estado palestino territorios israelíes equivalentes en superficie, tanto localidades israelíes de mayoría árabe como tierras de cultivo.

Otros detalles de la Iniciativa de Paz Árabe, como la división de Jerusalén o el retorno de refugiados palestinos y sus descendientes a territorio israelí, son considerados como no negociables por Israel. Sin embargo, los promotores de la iniciativa se han mostrado dispuestos a buscar alternativas, y la postura de Israel también ha variado, del pleno rechazo en el momento de su lanzamiento a una valoración positiva de que exista un acercamiento de los países árabes.

Si la Iniciativa de Paz Árabe, o el proceso de negociación en torno a ella, desembocara en un reconocimiento diplomático por parte de los países musulmanes que no lo han hecho sólo se formalizarían unas relaciones que, en el caso de Egipto y las monarquías árabes, son fluidas en el actual contexto geopolítico del Gran Oriente Medio (véase “Jordania y el ‘espléndido aislamiento’ de Israel”). Egipto y Jordania comparten con Israel la preocupación por la expansión del yihadismo en la región, mientras que los países del Consejo de Cooperación del Golfo tienen en Irán, al igual que Israel, a su principal enemigo.

En mi opinión, el principal problema de la Iniciativa de Paz Árabe es que trata de reeditar el espíritu de los Acuerdos de Camp David de 1979, unas grandes negociaciones entre Estados, cuando el mundo ha cambiado. En aquel entonces, la principal amenaza existencial de Israel eran los ejércitos convencionales de Egipto y Siria en el contexto de la Guerra Fría. Israel hizo la paz con Egipto renunciando a la profundidad estratégica que le proporcionaba la Península del Sinaí, que quedó desmilitarizada y monitorizada por una fuerza internacional de observadores militares.

Hoy, la principal amenaza a la paz en las fronteras de Israel son los ataques terroristas y los ataques con cohetes de grupos islamistas como Hezbolá y Hamás. La existencia de Hezbolá como grupo armado es un reflejo de la debilidad del Líbano como Estado y la falta de voluntad de la comunidad internacional de hacer efectiva la Resolución 1701, aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2006, que establece el desarme de todos los grupos armados del Líbano y que al sur del río Litani no debe haber más fuerza armada que el Ejército libanés y los cascos azules de la Unifil.

La Resolución 1701 establece también que no debe haber fuerza militar extranjera en el país sin consentimiento del Gobierno libanés. Este último mandato hace referencia, obviamente –en el contexto de la guerra del verano de 2006–, a Israel, que tuvo lugar seis años después de laretirada israelí del sur del Líbano (2000). Sobra decir que aquella retirada unilateral, en la que Israel renunció al territorio de la Franja de Seguridad, no trajo la paz.

Israel llevó a cabo otra retirada unilateral en el año 2005, con la Desconexión de Gaza. En un mundo ideal, los líderes palestinos habrían aprovechado tal ocasión histórica para dejar atrás medio siglo de conflicto  y volcarse en el desarrollo económico y social de la Franja. Pero con Israel fuera de la ecuación, las dos principales facciones palestinas se lanzaron a un conflicto fratricida que concluyó con el control de facto de Gaza por parte de Hamás y la suspensión de la democracia palestina. Hoy, Mahmud Abás es presidente de la Autoridad Palestina como Alberto Fujimori lo fue de Perú después del autogolpe de 1992. Desde 2005 no hay elecciones presidenciales y desde 2006 no hay elecciones parlamentarias.

Hamás se niega a cumplir los tres principios del Cuarteto internacional apoyados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su Resolución 1850, de 2008: no reconoce el Estado de Israel, no asume los acuerdos firmados por la Autoridad Palestina y no ha renunciado a la violencia como instrumento político, siguiendo los principios de su Carta Fundacional, que establece como objetivo la destrucción de Israel.

La experiencia histórica de dos retiradas unilaterales que no trajeron la paz está muy marcada en la opinión pública israelí. Cuando allí se debate entregar territorios a cambio de paz, se plantea inmediatamente la pregunta de a quién y se señala la falta de interlocutores para la paz. Ni Hamás ni Hezbolá abogan por la coexistencia pacífica. La Autoridad Palestina es un actor débil (véase “Palestina como Estado fallido”) que no ejerce el monopolio de la violencia legítima en sus dominios y no tiene el control de Gaza, en mano de grupos yihadistas. A lo mejor en Occidente habría que preguntarse a qué actores del conflicto hay que presionar con boicots y sanciones para conseguir que avance la paz.

Revelaron imágenes de la muerte de un soldado israelí por fuego amigo durante un ataque de un terrorista islámico “palestino”

Eliav Gelman, de 30 años, recibió un disparo de un compañero que trató de evitar que un terrorista lo apuñalase

El capitán de la Fuerza Aérea estaba en un control militar en los asentamientos de Gush Etzion, en Cisjordania, cuando un hombre se empezó a acercar caminando por la calle. En determinado momento, uno de sus compañeros le ordenó que se detuviera. Entonces se desató la tragedia.

El episodio ocurrió el 24 de febrero pasado, pero las imágenes se conocieron recién esta semana. Muestran el exacto momento de la muerte de Eliav Gelman, padre de dos hijos, de dos y cinco años.

El atacante era Mamduh Amro, un maestro palestino de 26 años. Al escuchar el grito del soldado, empezó a correr a toda velocidad, esquivando las balas. Sacó un cuchillo y se abalanzó sobre Gelman.

Uno de sus compañeros quiso evitar que lo apuñalara y disparó. Lamentablemente, la bala no alcanzó al terrorista sino a su capitán.

Una segunda ronda de disparos hizo caer a Amro, que fue luego reducido fácilmente. Gelman fue trasladado a un hospital, pero no sobrevivió. Murió dos horas después del ataque.

Israel continúa combatiendo al terrorismo islámico con determinación: Tropas israelíes usaron misiles y cohetes contra el terrorista atrincherado en una vivienda

El terrorista que asesinó al rabino Michael “Miki” Mark, fue abatido en una redada del Ejército de Defensa de Israel (Tzáhal) en la zona de Hebrón, Cisjordania (Judea y Samaria).

Mohammed Jabarah al Fakih, de 29 años, integrante del grupo terrorista islámico Hamás, y oriundo de la localidad de Dura, se atrincheró en una casa de la aldea Surif, al norte de Hebrón, ignorando los llamados de la fuerza especial “Duvdevan” del Ejército y de la unidad de contraterrorismo “Yamam” de la Policía, para que se entregue.

Tras un tiroteo, las tropas dispararon un misil antitanque y cinco cohetes, fabricados por la empresa Rafael, contra la vivienda provocando un importante daño a su infraestructura que colapsó parcialmente. Luego, las fuerzas usaron una topadora que comenzó a demoler la estructura; mientras el terrorista y otros se escondían dentro de la misma. Poco antes del amanecer, las fuerzas encontraron entre los escombros el cuerpo del terrorista. También incautaron armas que estaban en poder de al Fakih, incluyendo un rifle ametralladora Kalachnikov y una granada de mano casera.

Las tropas de la Brigada Kfir, que suministraron apoyo al cerco, se enfrentaron violentos disturbios organizados por los habitantes de la aldea que sofocaron usando métodos para dispersar manifestaciones.

El suministro de electricidad fue cortado durante la noche; mientras se escuchaban disparos y explosiones, indicaron fuentes palestinas.

No se registraron heridos entre las tropas israelíes.

En el pasado, al Fakih estuvo preso por planear ataques junto con otros individuos; cuando era miembro de la Jihad Islámica. En la cárcel, se pasó a las filas del ala militar de Hamás, la Brigada Izz ad Din al Qassam.

El rabino Michael Mark, cuyo coche fue acribillado en una carretera el pasado 1 de julio cuando regresaba a su casa, era director del seminario rabínico del asentamiento de Otniel y primo del director del servicio secreto Mossad, Yosi Cohen.

“Después de un mes de persecución, las fuerzas de seguridad han arrestado a tres terroristas y abatido a uno, responsables del ataque en la carretera 60 que asesinó al rabino Mark”, indicó el portavoz militar.

Mark y su mujer, Java –que resultó gravemente herida en el ataque- tenían diez hijos, dos de los cuales también estaban en el vehículo en el momento del ataque: Padya, de quince años, que resultó con heridas leves y Tehila, de trece años, que sufrió heridas de moderadas a graves.

Tras el ataque, el Ejército envió cientos de soldados a la zona, en el marco de un operativo en el que el servicio secreto Shabak arrestó al primero de los sospechosos.

Otros tres terroristas involucrados en el ataque contra Mark fueron detenidos recientemente, entre ellos varios miembros de la familia de al Fakih.

Entre ellos, Mohammed Majid Amira, de 38 años, oriundo de Dura, que es miembro de las fuerzas de seguridad palestina, confesó haber servido como chofer durante el ataque; mientras que al Fakih fue uno de los tiradores que dispararon contra el automóvil de la familia de Mark.
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