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Empezó el juicio contra el último guardia nazi del campo de Stutthof, donde mataban prisioneros con una inyección de gasolina en el corazón

Johann Rehbogen es juzgado en una corte de menores en Alemania, porque no había cumplido 21 años cuando custodió el centro de exterminio en Polonia

Los mataban con una inyección de gasolina en el corazón, o en las cámaras de gas, o ejecutándolos de un disparo, o lanzándolos desnudos a la nieve hasta que se congelaran.

Desde junio de 1942 hasta septiembre de 1944 Johann Rehbogen fue guardia allí, en el campo de concentración de Stutthof, cerca de la ciudad portuaria de Gdansk, en Polonia.  Hoy tiene 94 años, y en la ciudad alemana de Muenster acaba de empezar el juicio contra él por complicidad en los crímenes del nazismo.

No hay evidencias que lo vinculen personalmente a los 60 mil asesinatos, pero su condición de guardia de las SS lo convierte en cómplice de cientos de ellos, dijo el fiscal Andreas Brendel en la primera sesión del proceso.

Rehbogen les aseguró a los investigadores que él trabajaba allí, pero no sabía lo que estaba pasando.

Andreas Brendel, el fiscal del caso

Andreas Brendel, el fiscal del caso

“Como guardia él tuvo que estar necesariamente informado de esos crímenes”, declaró el fiscal Brendel.  “Y el campo de concentración no es tan grande como para que no pudiera darse una vuelta y ver claramente desde una torre lo que estaba pasando allí”.

Los crematorios del campo de concentración de Stutthof, cerca de Gdansk, en Polonia

Los crematorios del campo de concentración de Stutthof, cerca de Gdansk, en Polonia

El Centro Wiesenthal localizó 17 sobrevivientes de Stutthof para que participaran como testigos del caso, 15 de ellos residentes en Israel, uno en Estados Unidos y otro en Suiza, informa el diario israelí Haaretz.  Ninguno recuerda personalmente a Rehbogen, pero van a declarar cómo funcionaba el campo de concentración.  Familiares de algunos de los muertos en Stutthof también serán testigos.

Considerando que Rehbogen tenía menos de 21 años cuando fue guardia de las SS, se le procesa en una corte juvenil.  Y también por otras consideraciones, en este caso su edad actual y su estado de salud, el juicio se limita a no más de dos horas al día, y a un máximo de dos días a la semana que tampoco pueden ser consecutivos.  Esa es la razón por la cual se espera que dure por lo menos hasta enero.

Johann Rehbogen en la corte de la ciudad alemana de Munster

Johann Rehbogen en la corte de la ciudad alemana de Munster

Su abogado, Andreas Tinkl, dijo que el acusado hará una declaración durante las audiencias, pero no especificó lo que dirá ni tampoco cuándo. Rehbogen vive en la localidad de Borken, próxima a Munster y aún más cerca de la frontera con Holanda.

A pesar de su edad, es importante que Rehbogen sea procesado, enfatiza el Centro Wiesenthal.

La entrada del campo de concentración de Stutthof

La entrada del campo de concentración de Stutthof

“El paso del tiempo no minimiza la culpa de los perpetradores del Holocausto, y la edad no debe ofrecer protección a quienes cometieron crímenes tan atroces”, dijo el principal cazador de nazis de la institución, Efraim Zuroff.

De acuerdo con Zuroff, una mujer que estuvo internada en los dos campos de concentración aseguró que los guardias de Stutthof eran más crueles que los de Auschwitz.

Hoy Stutthof es un museo en memoria de las víctimas del nazismo

Hoy Stutthof es un museo en memoria de las víctimas del nazismo

Cuando los investigadores le preguntaron al acusado por qué los detenidos estaban tan delgados, dijo que la comida era muy escasa para todos, incluso para los soldados, hasta el punto de que cabían dos en un mismo uniforme.

El primer caso de alguien que no hubiera cometido directamente crímenes en campos de concentración, pero fuera juzgado con éxito y hallado culpable en 2011 de complicidad en la muerte de casi 29 mil personas en el campo de concentración de Sobibor, también en Polonia, fue el ucraniano John Demjanjuk, otro guardia que vivía en Ohio y trabajó en la industria automotriz.  En 1988 había sido condenado a muerte en Israel, pero falleció en un asilo de ancianos de Alemania a los 92 años después que lo deportaran de Estados Unidos.

John Demjanjuk

John Demjanjuk

Si Rehbogen es declarado culpable, enfrenta una condena de hasta 15 años de prisión.

Fuente: Infobae

Su tía fue la anfitriona de una fiesta nazi en la que mataron a 180 judíos y él escribió un libro sobre la masacre

Sacha Batthyany, periodista y autor de “La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia” en su visita a Buenos Aires, invitado por el festival Basado en Hechos Reales. Los pormenores de la fatídica noche en Austria y la dificultad para inmiscuirse en los pasillos de su historia familiar

Margit Batthyány-Thyssen recibe un trofeo de manos de un jerarca nazi en la Hípica de Viena en 1942

Por 

Sacha Batthyany ya estuvo aquí, en Buenos Aires, aunque le resulta inevitable sentirse extranjero. Lo es, sus rasgos lo rectifican: ojos pequeños, mirada clara, nariz fina y pelo lacio. Su apariencia es ineludiblemente europea.

Ahora, en el hall del primer piso del hotel Esplendor, desparramado sobre un sillón de tres cuerpos, habla de su libro: La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia(Seix Barral, 2017). Mientras trata de decodificar las sensaciones que afloraron cuando decidió meterse en uno de los episodios más tristes y trágicos del nazismo, mira por el ventanal que da a la calle San Martín, se despeina con la mano izquierda sobre la nuca y esboza reflexiones. La palabra para definir su viaje literario no es exactamente el de divertido.

Este sociólogo y periodista nacido en Suiza en 1973 —que hoy está en Argentina invitado por el festival Basado en Hechos Reales— descubrió, un día como cualquier otro, que algo en su familia estaba mal. Hace algunos años que se reveló la historia de su tía, Margit Batthyány-Thyssen, dueña del palacio austríaco donde una noche de fiesta mataron a 180 judíos. En su recuerdos de la infancia, Tía Margit —así le dice— es “alta, con un torso robusto sobre piernas delgadas. Cuando habla saca en los intervalos entre las frases la punta de la lengua, como hacen los lagartos. Yo me siento lo más lejos posible de ella”.

¿Alguien podría dormir sabiendo que una de sus tía fue parte victimaria del Holocausto? Emprendió, entonces, una investigación que lo llevó a hablar con toda su familia en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, Buenos Aires, donde vivió hasta hace muy poco su tía, quien se refugió aquí durante la Segunda Guerra Mundial.

“Fue una matanza de ciento ochenta judíos lo que me acercó a mi familia”, escribe Batthyany.

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

“La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia” de Sacha Batthyany

“La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia” de Sacha Batthyany

Cuando el planeta comenzaba a girar más rápido; cuando la tecnología conectaba países, pueblos, personas; cuando las ciudades se subían al pedestal de la Revolución Industrial; cuando la democracia era un sueño que empezaba a cumplirse; cuando la Humanidad creyó que la razón era la mejor forma de crecer… entonces, llegó lo peor.

La historia es conocida: desde las entrañas de lo popular, un movimiento utilizó los prejuicios, los miedos y las inseguridades de una sociedad aturdida y devastada por los desastres de la Primera Guerra Mundial para volverse un imperio construido a base de muerte. El nazismo rompió todas las posibilidades de la imaginación.

El Holocausto, la noche más negra de la historia de la Humanidad, causó once millones de muertes entre judíos, gitanos y otros grupos étnicos, sociales e ideológicos. Nadie creyó que podía suceder algo así. Era impensado. Pero pasó. Y nos pasó a todos.

El castillo de Rechnitz donde ocurrió la matanza

El castillo de Rechnitz donde ocurrió la matanza

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

La noche del 24 de marzo de 1945 no fue una noche más. En Rechnitz, un pequeño pueblo de Austria al límite con Hungría, tranquilo y casi despoblado, hubo una fiesta. Fue en el palacio de la condesa Margit Batthyány-Thyssen, hermana mayor del Barón Thyssen y esposa del conde húngaro Ivan Batthyany. Eran alrededor de cuarenta personas: dirigentes nazis, miembros de la Gestapo, de las SS, de las Juventudes Hitlerianas y jefes de la policía local. Comenzaron a beber a las nueve de la noche y lo hicieron hasta entrada la madrugada. Bebieron y bebieron —la culpa nunca es del alcohol— hasta que alguien que se le ocurrió una idea.

El Ejército Rojo de la Unión Soviética se acercaba. Por eso los jerarcas nazis estaban allí, para frenar ese avance levantando un muro. Desde octubre del año pasado lo venían construyendo. Todos trabajadores judíos esclavizados, sacados de los campos de concentración y puestos a trabajar allí todo el día. Era una línea de defensa enorme que iba desde Polonia, pasaba por Eslovaquia y Hungría, y terminaba en la ciudad italiana de Trieste.

A las ocho de la noche, cuando la fiesta no había empezado, los oficiales obligan a 200 judíos a construir un pozo en forma de L: era su tumba. Estaban débiles y desnutridos, habían contraído tifus y decidieron que había que eliminarlos. ¿Cómo? En medio de la fiesta, el suboficial mayor SS Franz Podezin le encarga a Hildegard Stadler, directora de la Liga de Muchachas Alemanas de la localidad, que agrupe a varios invitados para una nueva tarea. Son las once de la noche. El armero Karl Muhr reparte fusiles y se suben a tres coches que esperan en el patio con el motor en marcha. Algunos tienen tantas ganas de participar que deciden ir a pie.

Desnudan a sus prisioneros frente a la sanja y los matan a todos. No a todos, dejan algunos vivos con palas para sepultarlos, que luego sí, al día siguiente, morirán. Pero esa noche, realizada la matanza, los envalentonados nazis que acaban de cometer lo que se conoce como la Matanza de Rechnitz vuelven al palacio. Ahora son las tres de la mañana y no se irán hasta entrada la madrugada. Siguen de fiesta. Beben y brindan por la impunidad.

Sacha Batthynay (Foyo: Lihue Althabe)

Sacha Batthynay (Foyo: Lihue Althabe)

En su idioma original, el alemán, La matanza de Rechnitz se titula ¿Qué tiene ésto que ver conmigo? Hay un momento en que Batthyany se da cuenta que debe soltar esa imparcialidad histórica para formar parte de la narración, para hacerse personaje, para meterse de lleno en la trama. “No quería escribir un libro histórico, que sólo se situase en el pasado. Quería escribir un libro que llegara hasta el hoy, y en el hoy estaba yo”, le dice a Infobae Cultura.

“De todo el material documental que junté, gente en Buenos Aires, gente en Austria, gente en Rusia, gente en Hungría, todo terminó convergiendo en mí. Yo estaba en el centro. No lo tenía tan claro, y en un momento lo vi. Y entendí, entonces, que eso sería un libro y que no sería puramente periodístico, porque en el centro estaba yo”, agrega.

Entonces con lo que se encuentra el lector que abre sus páginas no es un frío y lejano relato sino un inquietante zigzagueo entre el momento de la masacre y el de la investigación, cuando el autor dialoga con todas las fuentes posibles, cuando reproduce los diarios íntimos de sus tías, cuando conversa con su padre, con su psicoanalista. Incluso hay partes en que se permite la imaginación: “Tenés datos sueltos, sabés que unas personas estuvieron en el mismo lugar, en un día determinado, y bueno… luego te encargás de hacer lo tuyo. Esas partes en que recreé eventos las disfruté mucho”.

Cuando estaba escribiendo la historia, su abuela muere. Batthyany no tenía mucha relación con ella, pero sí su padre. Al morir, ella le pide a su hijo que queme todas las memorias que había escrito. No lo cumplió, por el contrario, cayeron en manos del autor. Así empezó a hacerse de un material valiosísimo en toda esta historia: textos escritos al calor de la época.

“Los diarios no eran parte de los documentos que tenía al principio —cuenta—, me cayeron del cielo. Cuando los tuve en mis manos, además de poder ver cómo alguien escribe en tiempo real su vida, pude observar los paralelos, que no se dan siempre, pero sí en varias partes. Puntos de contacto entre estas mujeres —se refiere a su abuela Agnes y a su tía abuela Margit— que se conocieron, que en un momento casi se cruzan en los diarios y, bueno, no ocurre. Todo eso me parece muy intrigante. Tener todo ese material me resultó crucial y muy interesante”.

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

—¿Cuánto cambió tu percepción sobre la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto desde este libro?

—Antes de empezar, cuando ni siquiera tenía este proyecto, mi comprensión sobre la Segunda Guerra Mundial era la compresión de un libro de texto histórico. Una compresión más bien lejana. Era todo en teoría. Pero cuando empecé a escribir y a trabajar en ésto el proceso se volvió más íntimo, me tocó de otra manera, y eso hizo que lo comprendiera de otra manera también. Me hice periodista porque me gusta entender las cosas. Y para realmente entenderla tenés que estar ahí. Lo de Brasil me tiene sorprendido. ¿Cómo fue que ganó Bolsonaro? Una cosa es leer los diarios o en teoría saber qué está pasando, y otra es cuando vas y mirás: tenés una comprensión distinta de las cosas, más profunda.

—Hablás de refugiados en una época en que ese término no se usaba. Queda clara tu intención de poner en relación el pasado con el presente. En ese sentido, ¿cómo ves las tendencias xenófobas que se dan en Europa?

—Últimamente he trabajado mucho en artículos sobre temas como la inmigración, los refugiados. En abril fueron las elecciones en Hungría donde ganó de nuevo Viktor Orbán. Mi padre ahora vive allí, volvió. Y fui a cubrir las elecciones. Uno de los artículos que escribí fue un diálogo con mi padre, porque quería entender por qué la gente lo votaba masivamente. Mi padre fue inmigrante, vivió mucho tiempo en Suiza, luego volvió. Ahora, con este hombre, Hungría está blindada. ¿Viste las noticias? No recibe a los refugiados, un sentimiento antimusulmán muy grande, que también ocurre en Austria y en cierta medida también en Alemania, y que estos populistas de derecha saben que la carta que juegan es el miedo a los musulmanes. Es el mismo discurso de siempre: los consideran diferentes, que son terroristas y ese tipo de cosas. Ellos juegan esas cartas porque la gente tiene miedo de perder los privilegios que han tenido siempre: el de ser blancos, cristianos y hombres. Y de pronto eso empieza a moverse bajo sus pies y estos gobernantes lo saben y esa es la carta que juegan.”

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

Cuando le preguntó a su padre si sabía que Margit había estado en aquella noche, le dijo que sí. Lo sabía, como todos en su familia, pero nunca preguntó demasiado, nunca hurgó hasta saber cuán implicada estaba con la matanza. Quería creer que no, como le sucede a muchas familias que las tragedias les tocan cerca. Pero prefirió callar: el peor antídoto para la memoria: el olvido. Es por eso que el autor escribe en el libro: “El silencio se ha prolongado hasta hoy”, escribió.

Los Thyssen son una dinastía destacada, fueron una de las más poderosas de la industria europea. El Barón Thyssen, hermano de Margit fallecido en 2002 en España, fue un destacado mecenas, coleccionista de arte —dueño de una de las colecciones más importantes del siglo XX— y magnate de un emporio multinacional con más de 200 empresas.

“Intenté contactar a esa rama familiar para el libro, para seguir investigando, pero no recibí respuesta. No me siento relacionado con ellos. No es un parentesco directo, es más bien un parentesco político. Y aunque lo hubiera, no siento particularmente una relación. Cuando intenté contactarme con fines investigativos no lo conseguí”, cuenta el autor.

Sacha Batthyany y su padre en un viaje a Siberia, siguiendo las pistas de su abuelo, que estuvo 10 años en el gulag

Sacha Batthyany y su padre en un viaje a Siberia, siguiendo las pistas de su abuelo, que estuvo 10 años en el gulag

—¿Creés que podría volver a ocurrir algo como lo que se sucedió en Rechnitz?

—Las matanzas no han dejado de ocurrir aquí y allá. Por supuesto no en la escala de la Segunda Guerra Mundial. No sé si puede volver a ocurrir algo así. Espero que no. Espero que seamos capaces de aprender del pasado. A veces me han preguntado en entrevistas por qué necesitamos otro libro sobre el Holocausto o sobre la Segunda Guerra. ¿Uno más? U otra película, por ejemplo. Incluso miembros de mi familia me han llegado a preguntar si escribí el libro para ganar guita. Aparte de decirle que no hay demasiado dinero en la industria editorial, sí me parece importante que esta historia se siga contando. No dejar de cortarla nunca. Se supone que como humanos, mientras más nos contemos estas historias, menos nos vamos a olvidar, y así quizás evitemos que vuela a pasar.

—¿Es una novela que se puede leer cómo la búsqueda de tu identidad?
—Sí, definitivamente.

—La última pregunta que te hago: ¿has podido encontrar algún tipo de humanidad en Tía Margit?
—No pudo sentir nada que me guste o admire de ella. Pero me dí cuenta que era muy humana. Tenía una cualidad muy humana: que no te importen los demás, por ejemplo. O mirar hacia otro lado cuando alguien la está pasando mal. Eso es muy humano. Podría decir que mi tía es un monstruo, pero llamarla monstruo es demasiado simple, porque hace que te crees unas imágenes en tu cabeza cuando en realidad era humana.

Sacha Batthynay (Foto: Lihue Althabe)

Sacha Batthynay (Foto: Lihue Althabe)

 Testigos asesinados y culpables exiliados fue lo que le siguió a la masacre. Por años todo quedó impune por falta de pruebas. Margit Batthyany-Thyssen se refugió en Suiza con sus caballos purasangre hasta que, en 1989, murió. Nunca dijo nada sobre aquello. Se llevó a la tumba todas las imágenes que sus ojos vieron. Todo había quedado sepultado en el más absoluto olvido. Sacha Batthyany trajo todo de regreso.

“Si lo que sucedió, lo que cuento en el libro, una cosa tan grande y tan violenta, ocurriera otra vez en cualquier sitio, creo que no seríamos distintos como fueron mi tía, mi padre, mi abuelo, los verdugos, las víctimas. No sé si con el paso de los años nuestra generación ha mejorado y, ante una situación así, reaccionaría distinto. Ojalá que sí”, concluye el autor suizo.

¿Para qué sirve la memoria? El futuro sólo es posible si batallamos contra los fantasmas del pasado. “No hay que olvidar que esto es una guerra sin fin”, escribió Primo Levi. No hay que dejar de batallar.

Fuente: Infobae

Reveladas las simpatías nazis de la Autoridad Palestina.

Los adolescentes de la AP saben que Hitler era un héroe digno de ser admirado y emulado, un alto funcionario de Fatah dice que Hitler “no era moralmente corrupto”.

Los líderes de la Autoridad Palestina (AP) y Fatah albergan simpatías nazis, informó el Palestinian Media Watch (PMW).

La admiración de los “palestinos” hacia Hitler es una parte de la negación y distorsión del Holocausto judío.

En una entrevista televisiva en enero del 2016 con Ma’an , el alto funcionario del Comité Central Fatah Fatah, Tawfik Tirawi, dijo que “Hitler no era moralmente corrupto. Era atrevido”.

Su entrevistador árabe respondió: “¿Es esa la manera de hablar? Yo digo: tomemos un té y tomemos un descanso. Sería una pena que lo encarcelen debido a esta entrevista. Tomaremos té y tomaremos un descanso. deja a Hitler “.

Además de las 31 escuelas de la AP nombradas después de ser escuelas de terroristas, la Autoridad Palestina también nombró tres escuelas después de ser colaboradores nazis: una escuela fue un resultado que lleva el nombre del colaborador nazi y criminal de guerra Amin Al-Husseini y otros dos nombres del colaborador nazi Hassan Salameh.

Amin Al-Husseini era el Gran Mufti de Jerusalén en el momento del Mandato Británico. Durante la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Berlín, donde colaboró ​​con los nazis y fue un asociado de Hitler. Al-Husseini era responsable de una división musulmana de las SS que asesinó a miles de serbios y croatas y estaba en la lista de Yugoslavia de criminales de guerra nazis mas buscados. Cuando los nazis ofrecieron liberar a 5.000 niños judíos, Al-Husseini luchó contra su liberación, lo que provocó que 5.000 niños fueran enviados a las cámaras de gas.

Hassan Salameh fue un líder de pandillas árabes en la región de Lod y Jaffa en las décadas de 1930 y 1940. Era un seguidor leal de Amin Al-Husseini. En 1941, Salameh fue reclutado para ser un agente nazi, y en 1944, fue enviado a una misión por los nazis en el Mandato Británico de Palestina, con el objetivo de iniciar una revuelta árabe contra los británicos y envenenar las fuentes de agua de Tel Aviv. La trama fue descubierta y frustrada por los británicos. En 1947, Al-Husseini nombró a Salameh comandante adjunto del ejército “Holy Jihad” que combatió a Israel en la Guerra de Independencia de 1948.

Adoptando el mensaje de la AP, al menos dos escuelas han publicado fotos de Hitler acompañadas con el texto, informó PMW. Una de las fotos dice: “Hitler dijo: ‘Pude haber aniquilado a todos los judíos del mundo, pero dejé algunos para que supieras por qué los aniquilé'”. Uno de ellos sigue estando accesible hoy en Facebook.

La simpatía de la AP con Amin Al-Husseini no se limita al Ministerio de Educación de la AP. Una publicación de junio del 2016 en la página de Facebook de las Fuerzas de Seguridad Nacional de la Autoridad Palestina, fue similarmente glorificado, con las palabras, “Muhammad Amin Al-Husseini – ‘Un derecho que se exige no se perderá’. Si hay un ejemplo práctico de este dicho, es Muhammad Amin Al-Husseini. Este hombre vivió la causa palestina hasta su último aliento. Después de su muerte, uno de los líderes de Israel dijo: ‘Israel debía ser creado 10 o 15 años después del comienzo del proyecto, pero Amin Al-Husseini lo llevó por décadas “.

La rama libanesa del Movimiento Fatah del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, argumentó en un artículo que las verdaderas víctimas de Hitler eran los “palestinos” y que el ex ministro británico de Asuntos Exteriores, Arthur Balfour, era él mismo un antisemita.

“La diferencia entre [Adolf] Hitler y Balfour en este campo fue que Balfour tenía colonias, entre ellas Palestina, y envió allí a los judíos para deshacerse de ellos. Hitler no tenía colonias y, por lo tanto, se deshizo de ellas. a través del exterminio. Sin embargo, las verdaderas víctimas tanto de Balfour como de Hitler fueron los palestinos y los árabes, y seguimos pagando el precio después de 100 años “, dijo Falestinona. la Comisión de Información y Cultura del partido Fatah del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, en el Líbano, escribió en su sitio web.

Además, Zayzafuna , una revista para niños financiada por la Autoridad Palestina, aceptó para su publicación una presentación de una niña de décimo grado que presentó a Hitler, no solo como una figura positiva, sino admirable porque mató a judíos para beneficiar a toda la humanidad.

La sumisión de la niña describe su sueño en el que conoció a cuatro personajes históricos heroicos y conversa con cada uno de ellos. Tres de ellos eran famosos musulmanes, entre ellos un ganador del Premio Nobel y un erudito de matemáticas, y el cuarto era Hitler.

“¿Tú eres el que mató a los judíos?” le dijo a Hitler en su sueño.

Hitler respondió: “Sí, Los maté para que todos supieran que son una nación que propaga la destrucción en todo el mundo. Y lo que les pido es que sean resilientes y pacientes con respecto al sufrimiento que Palestina está experimentando en sus manos. “

Concluyó su ensayo escribiendo: “Le dije [a Hitler]: ‘Gracias por el consejo'”. [ Zayzafuna , febrero del 2011]

Fuente: Arutz Sheva

Israel no olvida el nombre de los judíos asesinados en el Holocausto

Nikki Haley durante su visita a la Sala de los Nombres de Yad Vashem Foto: Embajada de EE.UU. en Tel Aviv Wikimedia CC BY.20

Israel conmemoró el Día del Holocausto con dos minutos de silencio y la lectura de los nombres y apellidos de algunos de los seis millones de judíos asesinados por los nazis, con el fin de honrar su memoria y de recordarle al mundo que no se trata “de números, sino de personas”.

A las 10.00 se activaron las alarmas antiaéreas que resonaron por todo el país durante los dos minutos de silencio, mientras los peatones interrumpían su marcha en señal de respeto.

Los coches que en ese momento circulaban por las calles, e incluso por el medio de abarrotadas autopistas, se detuvieron y muchos de sus ocupantes abandonaron los vehículos y permanecieron en pie en señal de respeto.

El principal acto conmemorativo tuvo lugar en Yad Vashem (Museo del Holocausto) de Jerusalén, donde el presidente de la Knéset (Parlamento), Yuli Edelstein y el primer ministro, Biniamín Netanyahu, depositaron una ofrenda floral.

No les acompañó el presidente, Reuvén Rivlin, que esta llegó a Polonia, acompañado de una delegación de fuerzas de seguridad nacionales, para encabezar la denominada “Marcha de los Vivos”, que cada año discurre entre los campos de concentración de Auschwitz y de Birkenau, donde los nazis asesinaron a más de un millón de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

En el museo fueron depositadas alrededor de un centenar de coronas en la denominada Plaza del Gueto de Varsovia, procedentes en su mayoría de fundaciones y Asociaciones de Amigos del Yad Vashem de países tan diversos como México, España, Bulgaria o Serbia.

“El 96% de los judíos de Tesalónica fueron exterminados durante el Holocausto”, dice Mazal Kapetas, descendiente de judíos sefardíes que emigraron a Israel en 1931, poco antes de colocar una de las coronas de flores en nombre de los sobrevivientes de origen griego que permanecen en el país.

El acto conmemorativo culminó con la lectura de los nombres de antepasados judíos que no sobrevivieron a la Shoá (término hebreo para referirse al Holocausto), y en cuyo recuerdo sus familiares dejaron rosas blancas y amarillas sobre los nombres de campos de concentración grabados en el suelo del Memorial del Recuerdo.

“Estoy aquí para recordar los nombres de mi abuelo y de mi abuela, que nunca tuve la oportunidad de conocer, asesinados por los nazis en una ciudad de Ucrania y enterrados en una fosa común”, explica la israelí Nira Rokaj.

“Eran personas con amigos, con familia, con vecinos. Personas. Nunca podré verles como meros números”, medita mientras aguarda su momento para honrar a sus antepasados perdidos: “vengo casi cada año, es lo único que puedo hacer y lo único que me conecta con ellos”.

Israel marca este día siempre una semana antes de su independencia, de acuerdo con el calendario hebreo, y en él conmemora el levantamiento del gueto de Varsovia, la rebelión judía contra los nazis de la Polonia ocupada de 1943, que intentó impedir el traslado de la población que quedaba al campo de exterminio de Treblinka.

Aquel levantamiento jugó un papel importante en la subsiguiente identidad judía e israelí, que a partir de entonces desarrolló el principio de que nunca más los judíos se mostrarían indefensos ante una amenaza de aniquilación.

“Durante el Holocausto éramos impotentes, no teníamos voz, pero hoy somos un Estado fuerte”, afirmó Netanyahu en el discurso de apertura de esta conmemoración, en el que recordó los peligros actuales de un Estado que próximamente celebrará el 70 aniversario de su fundación.

En el resto del mundo el Día en Memoria de las Víctimas del Holocausto es el 27 de enero, cuando también se rinde homenaje al medio millón de gitanos y a los miles de homosexuales, entre otras minorías y grupos como niños, discapacitados o enfermos, que fueron asesinados durante este genocidio.

Hasta el fin de la jornada instituciones públicas, bases militares y colegios albergarán eventos y conmemoraciones por todo el país, incluidas charlas durante las que algunos de los 200.000 sobrevivientes que todavía quedan en Israel narrarán sus vivencias para mantener la historia viva. 

Fuente: Aurora

Israel observa dos minutos de silencio por los seis millones de judíos asesinados por los nazis

Los israelíes paralizaron totalmente su actividad durante dos minutos mientras sonaron las alarmas antiaéreas en todo el país, para rememorar y honrar a los seis millones de judíos muertos por el nazismo en el Día de Recuerdo del Holocausto.

“Cuando llega este día y suenan las sirenas se me pone la piel de gallina”, dijo Yaakov Hazón, segundos después de que la sirena se apagase y la céntrica calle de Yafo (Jaffa) recobrase su normal agitación.

“Y en esos minutos solo puedo pensar en aquel genocidio masivo y en toda esa gente que no llegó a conocer Israel”, lamentó Hazón.

A las diez de la mañana, Israel se detuvo: los autobuses y coches se pararon en calles y autopistas, algunos conductores permanecieron dentro de los vehículos y otros salieron en actitud recogida.

Algunos peatones se emocionaron, otros rezaron y muchos filmaron con sus teléfonos.

Décadas después de la liberación de los campos de exterminio nazis, el Día de Recuerdo del Holocausto se señala con solemnidad en Israel; la tarde previa, comercios, restaurantes y tiendas se cierran y durante 24 horas la televisión y la radio retransmiten programas relacionados con la Shoá (Holocausto en hebreo).

La fecha se conmemora en la misma fecha en la que tuvo lugar el levantamiento del gueto de Varsovia, la rebelión judía malograda contra los nazis de la Polonia ocupada de 1943 para impedir el traslado de lo que quedaba de la población al campo de exterminio de Treblinka.

Aquel levantamiento jugó un papel importante en la subsiguiente identidad judía e israelí, que desarrolló entonces el principio de que nunca más los judíos quedarían indefensos frente a la aniquilación.

A lo largo del día habrá ceremonias por todo el país, en escuelas, instituciones públicas y bases militares.

La mayoría de colegios incluyen en sus actos la presencia de alguno de los 200.000 sobrevivientes que aún quedan en Israel y que les relatan su historia. 

Fuente: Aurora

Murió Oskar Gröning, el “contable” de Auschwitz

El encargado de buscar entre los bolsillos de las víctimas los campos de concentración falleció a los 96 años.

Oskar Gröning fue condenado a cuatro años de prisión en 2015. EFE

El ‘contable de Auschwitz’, el alemán Oskar Gröning, murió a los 96 años, anunció este lunes el diario regional Hannoversche Allgemeine Zeitung.

Gröning llegó a Auschwitz como miembro de las SS, a los 21. Su trabajo allí entre 1942 y 1944 le valió una condena a cuatro años de prisión que estaba pagando desde 2015: Recogía el dinero del equipaje de los judíos. Separaba zlotys polacos, dracmas griegos, francos franceses, florines holandeses, liras italianas. A continuación, envió las monedas y los billetes robados a la sede de las SS en Berlín. 

Gröning fue condenado en 2015 por su complicidad en el asesinato de 300.000 judíos

“Llegó un nuevo vagón. Me tocó el turno en la rampa y mi trabajo consistía en vigilar el equipaje. A los judíos, ya los habían sacado antes. En el suelo sólo quedaban los restos sucios. De repente, se escucharon los gritos de un bebé. Estaba en la rampa, envuelto en harapos. La madre lo dejó atrás, quizás, porque sabía que a las mujeres con bebés, las enviaban directamente a las cámaras de gas. Vi como un miembro de las SS cogió al bebé por las piernas. Le molestaron sus chillidos. Entonces, lanzó al bebé con la cabeza contra las barras de hierro de un camión, hasta que se calló”, recordó Oscar Gröning su primer día de trabajo en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en 1942, en una entrevista al diario Der Spiegel.

Oskar Gröning sirvió en Auschwitz entre 1942 y 1944

Al final de su temporada en los campos de concentación, Gröning fue trasladado al frente de combate. y solo siete décadas después, le acusaron de haber contribuido que el régimen alemán obtuviera ventajas económicos y de haber sido cómplice de la muerte de más de 300.000 personas.

Oskar Gröning fueuno de los mil millones de personas que formaban parte de la enorme máquina de matanza: el holocausto. Muchos de ellos nunca fueron juzgados, algunos recibieron unas condenas leves o fueron absuletos y siguien viviendo en la sociedad alemana hasta hoy en día.

En los últimos años el proceso judicial contra Gröning fue interrumpido varias veces por su estado de salud

De los más de seis mil empleados de Auschwitz, unos ochocientos fueron condenados, la mayoría de ellos en tribunales polacos. En Alemania, sólo unas cinquenta personas que realizaron labores en Auschwitz recibieron condenas.

Gröning es uno de ellos. Durante el juicio en 2015, reconoció su falta de moral y pidió disculpas. Cuando se dió a conocer la sentencia: 4 años de prisión, se presentó un recurso por su edad y no cumplió la condena. Dos años después, el 29 de noviembre 2017, un comunicado de la corte de Celle declaró que “En base a la opinión de los expertos, el tribunal estima que el condenado es apto para cumplir su pena a pesar de su avanzada edad”, de acuerdo con AFP.

¿Por qué tardaron tanto en denunciar a Oskar Gröning?

Hace 40 años, la justicia alemana ya sabía quién era Oskar Gröning. No era un nombre desconocido. En 1977 en Fráncfort, pesquisaron el pasado oscuro del miembro de SS y 61 otros, pero 8 años más tarde el fiscal dejó las investigaciones. La justificación escrita por qué se cerró el acta falta hasta hoy en día, según Der Tagesspiegel.

Pero la razón, por que Oskar Gröning no fue juzgado antes, es por unos nuevos reglamentos judiciales que entraron en vigor en 2011. A partir de este año, la justicia ya no necesitaba pruebas de que existió una participación directa en las matanzas en los campos de concentración. Esta enmienda permitió a juzgar a cualquier persona que servía en los campos, desde los cocineros hasta el personal médico.

¿Por qué los trabajadores de Auschwitz-Birkenau fueron juzgados distintos?

Otro factor, que influyó en la tardanza del caso Gröning, fue porque la justicia alemana diferenció entre campos de exterminación y concentración. Esta distinción hizo que los trabajadores de Auschwitz fueron juzgados diferentes, que los de Sobibor, Treblinka y Chelmno. Estos últimos fueron clasificados como campos de exterminación, e independientemente del trabajo que uno ejercía, se hacía partícipe de la aniquilación sistemática de judíos, según el diario alemán die Zeit.

Mientras que Auschwitz-Birkenau fue clasificado como campo de exterminación y concentración. Esto implicaba que, hasta el año 2011, para los jueces no era suficiente que uno ejercía funciones organizativas y administrativas dentro del campo para hacerse culpable. En lugar de eso, se requería pruebas de la labor individual de cada uno de los acosados para poner en evidencia la relacion directa con la matanza.

“Auschwitz fue un lugar donde no no debía haber participado”, fue el comentario de abogado Cornelius Nestler, y argumentó en 2015 que “El señor Gröning participó, y por haber sido cómplice, será condenado. Muy tarde, pero no demasiado tarde”.

Fuente: El Espectador

Iglesias cristianas de Austria reconocen su complicidad con el nazismo

Hitler anuncia el Anchluss en Viena Foto: Bundesarchiv Bild 183-1987-0922-500 Wikimedia CC BY-SA 3.0 de ADN-ZB/Archiv Einmarsch der faschistischen deutschen Wehrmacht in Österreich und Annexion des Landes im März 1938. Ansprache Adolf Hitlers am 15. März 1938 auf dem Helden-Platz in Wien. 35143-38

Las iglesias cristianas de Austria han reconocido su parte de responsabilidad en los acontecimientos que llevaron a la anexión (“anchsluss”) de Austria por el Tercer Reich hace 80 años, e incluso su complicidad con la política nazi.

En una declaración, la presidencia del Consejo Ecuménico de Austria (ÖRKÖ) admite que “algunas iglesias no solo festejaron la anexión, sino que apoyaron también de lleno la política nacionalsocialista, sea el antisemitismo, sea la extinción de vidas consideradas sin valor”.

“Hoy (ese pasado) nos parece una traición al Evangelio que nos llena de vergüenza”, añade la declaración, emitida con motivo de cumplirse el próximo lunes 80 años del “Anschluss”, la anexión de Austria a la Alemania, iniciada en la noche del 11 al 12 de marzo de 1938.

Hitler cruza la frontera con Austria en marzo de 1938 Foto de autor desconocido del album de la colección privada de H.Blair Howell Wikimedia CC BY-SA 4.0

La resistencia al régimen nazi que imperó en los siete años siguientes fue “solo esporádica” en las iglesias, que deben reconocer su “culpa y fracaso por haber sido cómplices o haber mirado hacia otro lado”, prosigue la nota, publicada por Kathpress, la agencia de la Iglesia católica en Austria.

Tras recordar que “muchos austríacos fueron culpables”, la presidencia del Consejo Ecuménico resalta que “el espíritu maligno que allanó el suelo al régimen nazi también estaba presente en las iglesias cristianas”.

Finalmente, afirma que la “lección” aprendida de este “amargo reconocimiento” es que hoy hay que hacer todo lo necesario para “inmunizar a los seres humanos contra los eslóganes de falsos profetas” y hacer de Austria un “hogar para los perseguidos”.

Judíos obligados a limpiar las consignas pro-independentistas del pavimento inmediatamente después del Anschluss Foto: Dominio Público Wikimedia

Los primeros que sintieron la violencia nazi fueron los ciudadanos judíos, unos 200.000 solo en Viena, pero también se vieron perseguidos los gitanos, los minusválidos y los homosexuales, así como los socialdemócratas, comunistas, sindicalistas y numerosos intelectuales y artistas.

La mayoría de los judíos austríacos lograron emigrar pero unos 65.000 acabaron deportados y asesinados en diferentes campos de exterminio nazis.

Los actos dedicados a la memoria del capítulo más oscuro de la historia de Austria resultan este año especialmente delicados por la reciente subida al poder del ultraderechista Partido Liberal (FPÖ), pues algunos de sus militantes y dirigentes tienen problemas a la hora de distanciarse de forma clara del pasado nazi.

El FPÖ es aliado del democristiano Partido Popular (ÖVP), del canciller federal, Sebastian Kurz, y ambas formaciones conquistaron votos con un mensaje de rechazo a los refugiados y la inmigración. 

Fuente: Aurora