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Desclasificaron documentos reveladores de la cacería del Mosad a Josef Mengele, el “Ángel de la Muerte de Auschwitz”

El periódico Yedioth Ahronoth adelantó detalles de un informe que registra los planes, estrategias, fracasos y el hallazgo final de la agencia de inteligencia de Israel. Durante casi 40 años trataron de capturar al doctor y asesino nazi que usaba a sus prisioneros para realizar experimentos médicos

Josef Mengele

Josef Mengele

Nuevos documentos clasificados recolectados en un secreto “Archivo Meltzer” revelan algunos de los métodos que utilizó el Mosad, la agencia de inteligencia de Israel, en sus esfuerzos por capturar al célebre doctor nazi Josef Mengele, el “Ángel de la Muerte de Auschwitz”.

El periodista Ronen Bergman de Yedioth Ahronoth, el periódico con mayor circulación en lengua hebrea publicado en Israel, publicó el adelanto de una exposición completa del archivo, que será desvelado el viernes por el medio israelí.

Según el diario, el archivo contiene reportajes, mapas y fotografías inéditas que han permanecido encubiertos en los archivos del Mosad desde la década del cincuenta y cuentan las varias formas en las cuales los cazadores nazis intentaron capturar al “Ángel de la Muerte” a través de su único hijo, Rolf.

Mengele fue nombrado jefe médico del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en 1943.

Allí, no solo fue responsable de seleccionar a los recién llegados y dividirlos entre aquellos aptos para trabajar y aquellos más adecuados para la cámara de gas, sino que también utilizó a los prisioneros para realizar horribles experimentos médicos, especializándose en gemelos.

El médico nazi salió de Auschwitz el 17 de enero de 1945, justo antes de que el Ejército Rojo liberara el campamento. Luego de la guerra, escapó a Sudamérica.

Tras la captura de Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores del Holocausto, en Buenos Aires en mayo de 1960, la agencia de inteligencia emitió una orden de captura o el asesinato de Mengele, según reportó Yedioth Ahronoth.

El Bloque 10 de Auschwitz, donde Josef Mengele realizaba sus experimentos médicos

El Bloque 10 de Auschwitz, donde Josef Mengele realizaba sus experimentos médicos

Persiguiendo al monstruo

De acuerdo con los documentos del Archivo Meltzer, agentes del Mosad estuvieron extremadamente cerca de lograr su objetivo en 1962, cuando el agente Zvi Aharoni y sus colaboradores viajaron a San Pablo, en Brasil, y encontraron a un hombre que encajaba con la descripción de Mengele.

Yedioth Ahronoth citó un telegrama enviado a la sede central del Mosad donde informaban el hallazgo de “un hombre que respondía a la descripción de Mengele en forma, altura, edad y vestimenta”.

No obstante, la logística de la captura, las limitaciones presupuestarias y una deteriorada relación con Egipto disuadieron al director del servicio de espionaje exterior del Mosad, Iser Har’el, de llevar a cabo la operación.

A Josef Mengele se le atribuyen diferentes experimentos en Sudamérica

A Josef Mengele se le atribuyen diferentes experimentos en Sudamérica

El plan Rolf

El periódico también detalló una misión de 1983 que contemplaba usar a Rolf, que por entonces vivía en Berlín Occidental, para llegar a su padre.

La agencia sabía que ambos compartían el mismo cumpleaños, el 16 de marzo, y esperaban que se comunicasen por teléfono para felicitarse ese día. Entonces, el Departamento de Comunicación de Mosad pinchó el teléfono de Rolf mientras que un auxiliar de la agencia apodado “La Hada” robaba y fotografiaba el correo de su buzón antes de devolverlo. Agentes de inteligencia irrumpieron varias veces en su casa para fotografiar documentos.

El plan era simular que un “estrecho colaborador” de su padre lo llamara luego de su cumpleaños para comunicarle que Josef se encontraba gravemente enfermo y que tenía que visitarlo de inmediato.

La esperanza era que Rolf, a quien apodaban “el débil”, llamara a alguien, comprara un pasaje de avión, o saliera de su casa para que entonces se lo pudiera seguir.

Sin embargo, la llamada nunca se concretó porque luego surgió que el “ángel de la muerte” estaba muerto desde hacía cuatro años.

En otra ocasión, la agencia intentó que Rolf se interesara por una mujer encubierta que fuera “atractiva, inteligente y capaz de desempeñar el papel de secretaria privada”, pero el plan tampoco dio resultados.

El doctor Muniz muestra la calavera de Josef Mengele en la Universidad de San Pablo el 7 de diciembre de 2016 (AP)

El doctor Muniz muestra la calavera de Josef Mengele en la Universidad de San Pablo el 7 de diciembre de 2016 (AP)

El célebre doctor nazi murió ahogado en 1979 mientras nadaba en la costa brasilera. Fue enterrado bajo un nombre falso en San Pablo y su tumba no fue encontrada hasta 1985, cuando su identidad fue confirmada tras un análisis de ADN y el testimonio de su hijo.

Sus restos fueron almacenados en un instituto forense por casi 30 años. Su familia nunca reclamó los huesos, que fueron donados este año para la investigación científica

Infobae

Un juicio contra un médico nazi que ayudó a matar a 3.700 judíos en Auschwitz deberá ser suspendido, dicen los fiscales alemanes porque no está “apto” para el proceso

……………………………Hubert Zafke había enfrentado 3.681 cargos de ser un accesorio para asesinar

Los fiscales alemanes han pedido que el caso de un médico nazi de 96 años que ayudó a matar a miles de judíos en Auschwitz sea anulado porque se considera que por motivos de salud no es apto para el juicio. (¿Osea que lo mandamos para su casa bien tranquilo mientras que las muertes y torturas que sufrieron miles de judíos quedará impune?)

Hubert Zafke había enfrentado 3.681 cargos de ser un subalterno de Hitler que ayudó a asesinar a miles de judíos en un campo de concentración en la Polonia ocupada por los nazis.

Las preocupaciones por su salud mental y física llevaron a repetidos aplazamientos del juicio, que comenzó en febrero del 2016 en la ciudad de Neubrandenburg, al noreste del lago.

La decisión de los fiscales el jueves efectivamente pone fin a los procedimientos contra uno de los últimos ​​acusados ​​de crímenes en Auschwitz. 

Un portavoz de la corte dijo que los jueces mayores aprobarían la moción ‘en el corto plazo’.

Stefan Urbanek, portavoz de la fiscalía regional, dijo en un comunicado que las evaluaciones médicas realizadas en marzo y julio de este año habían encontrado a Zafke incapacitado para someterse a un juicio.

“Los expertos llegaron a esta conclusión después de haber diagnosticado su demencia en octubre del 2015, lo que llevó a una determinación de que Zafke sólo podría someterse a juicio sobre una base limitada”, dijo Urbanek.

“Ahora la demencia ha llegado a una severidad tal, que el acusado ya no puede evaluar sus intereses razonablemente, dentro y fuera de la sala del tribunal, o seguir coherentemente o dar testimonio”.

Urbanek dijo que los fiscales fueron requeridos por la ley después de recibir esta evaluación médica independiente para presentar una moción para desestimar el caso.

Thomas Walther, abogado de dos co-acusantes, hijos de una mujer asesinada en Auschwitz, criticó el manejo del caso por parte del estado, pero reconoció que la moción del fiscal para poner fin al juicio “cumplía con el estado de derecho”.

Las acciones contra Zafke, hijo de un campesino que se unió a la fuerza de policía de élite del partido nazi a los 19 años, ya habían sido suspendidas el pasado octubre tras las quejas de que los jueces estaban sesgados.

Former SS medic Hubert Zafke (left), 95, accused of aiding in 3,681 murders in Auschwitz in 1944, sits next to his lawyers Peter-Michael Diestel (centre) and Hannes Barck as he arrives for his trial on September 12, 2016 at the court in Neubrandenburg, northeastern Germany
 

El ex médico SS Hubert Zafke (a la izquierda), 95 años, acusado de participar en 3.681 asesinatos en Auschwitz en 1944, se sienta junto a sus abogados Peter-Michael Diestel (centro) y Hannes Barck mientras él llegaba a su juicio el 12 de septiembre del 2016 en el Tribunal en Neubrandenburg, noreste de Alemania

Side profile of Hubert Zafke with the Nazi SS logo emblazoned on his collar after he was arrested
 

Perfil lateral de Hubert Zafke con el logo de los SS nazis con la blasonada en el cuello después de que fue arrestado

Hubert Zafke, 95, is wheeled out of court after yet another postponement in his trial
 

Hubert Zafke, de 95 años, es retirado fuera de la corte después de otro aplazamiento en su juicio

Los cargos contra Zafke se centraron en un período de un mes en 1944 cuando 14 trenes que transportaban prisioneros -incluyendo a la periodista judía, Anne Frank, llegaron a Auschwitz-Birkenau.

Frank, que llegó a Auschwitz con sus padres y su hermana, fue trasladada posteriormente a otro campo, Bergen-Belsen, donde murió en marzo de 1945, dos meses antes de que los nazis fueran derrotados.

Después de la Segunda Guerra Mundial, un tribunal polaco en 1948 condenó a Zafke a una pena de cuatro años de prisión desde la que fue puesto en libertad en 1951.

Pero durante su primer interrogatorio por parte de los fiscales alemanes en 2014, negó haber trabajado en Auschwitz.

En declaraciones posteriores, reconoció su presencia, pero dijo que desconocía las cámaras de gas y los crematorios en el campo de la muerte hasta después del final de la guerra.

El Comité Internacional de Auschwitz, que representa a los supervivientes del Holocausto, había agredido previamente el manejo que Alemania le ha dado al caso, diciendo que el tribunal se precipitó “entre la ignorancia descuidada y el desinterés completo” en una resolución.

Unos 1.1 millones de personas, la mayoría judíos europeos, perecieron entre 1940 y 1945 en Auschwitz antes de ser liberada por las fuerzas soviéticas.

Zafke is now unlikely to ever be brought to justice for the horrific crimes committed during World War Two
 

 Ahora es poco probable que Zafke sea llevado ante la justicia por los horribles crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial

Más de 70 años después de que el enjuiciamiento de los mejores nazis comenzó en Nuremberg, Alemania ha estado corriendo contra el tiempo para probar los últimos engranajes de la máquina asesina del Tercer Reich.

Zafke fue el cuarto ex trabajador del campo de concentración en la última serie de juicios, después de John Demjanjuk en 2011, Oskar Groening en 2015 y Reinhold Hanning el año pasado, todos condenados por complicidad en el asesinato en masa.

Todos fueron juzgados con un nuevo estándar de evidencia: que era suficiente para ser procesado por trabajar en un campo de la muerte, incluso sin la prueba de un vínculo con muertes específicas.

Esos casos fueron aclamados por proporcionar un grado de catarsis a los supervivientes de edad avanzada, aunque no arrojen mucha luz sobre el Holocausto.

Fuente: Daily Mail Online

 

“Para muchos palestinos y musulmanes, Hitler es un héroe”

sandra-solomon

Por Leandro Fleischer 

Sandra Solomon nació en Ramala (territorios palestinos) hace 39 años; su difunto tío, Saher Habash, fue una de los dirigentes de Al Fatah –la organización que hoy gobierna en Cisjordania– y de la Segunda Intifada, en la que se llevaron a cabo infinidad de ataques terroristas en territorio israelí. Esta valiente mujer también ha vivido en Arabia Saudí y Jordania. Sandra, que solía odiar a los “infieles” y festejar cuando morían asesinados a manos de extremistas islámicos, logró dejar atrás todo ese adoctrinamiento para convertirse en una dura crítica de la violencia y la intolerancia que le fueron inculcadas desde niña. Fue durante ese proceso de “desintoxicación” que se cambió de nombre, abandonó el islam para convertirse al cristianismo y escapó a Canadá, donde vive actualmente.

–¿Cómo fue tu educación?

Tuve una educación principalmente islámica. Solía leer el Corán casi todos los días, para memorizarlo y aprender los significados de los distintos versos. También estudié la vida de Mahoma, los hadices, la historia del islam, la sharía, etc.

–¿Os enseñaban a odiar?

Por supuesto. El odio está bien arraigado en los textos islámicos. Diría que el Corán es la literatura del odio y Mahoma, el líder de todos los terroristas. Según estas enseñanzas, a todos los infieles, es decir a todos aquellos que no son musulmanes y no aceptan la sharía, debemos odiarlos, y tenemos que llevar a cabo una yihad (guerra santa) contra ellos hasta que se sometan al islam. En mi caso, como palestina, el odio hacia los judíos y el Estado de Israel era el doble de fuerte. El antisemitismo que nos enseñaban está en la raíz del Corán y de las enseñanzas de Mahoma. Según los hadices, se debía conquistar a y librar un genocidio contra los judíos de Medina. Esto me llevó a crecer odiando a los infieles, pero especialmente a los judíos.

–¿El odio inculcado era el mismo en los territorios palestinos, Jordania y Arabia Saudita?

Claro, porque a fin de cuentas está todo en las enseñanzas del Corán y Mahoma. Tanto en Arabia Saudita, donde residí desde los 9 años hasta el secundario, como en Jordania, donde pasé otra parte de mi vida, viví en comunidades palestinas donde nos enseñaban el islam en profundidad y festejábamos los ataques terroristas contra los judíos. En la escuela debíamos repetir que el islam era nuestra religión, Mahoma nuestro profeta, el Corán nuestra Constitución, la Yihad nuestro camino y morir por Alá, nuestro deseo más preciado. Crecíamos como yihadistas, nos decían que debíamos combatir a los infieles y liberar la mezquita Al Aqsa de los “apestosos judíos”. Sí, era así como te lo digo; nos enseñaban que nosotros éramos los limpios, y los judíos y los cristianos los apestosos.

–En una entrevista dijiste que en tu juventud también te enseñaron a alabar a Hitler…

Sí, alabábamos a Hitler y veíamos al Holocausto como un hecho positivo de la Historia. Incluso me enseñaron que el error de ese genocida fue haber dejado algunos judíos vivos, y que nosotros sufríamos por eso. Por lo tanto, debíamos exterminar a los judíos de la faz de la tierra. Para muchos palestinos y musulmanes en general, Hitler es un héroe.

–¿El odio se te inculcaba en sólo la escuela o también en casa?

En mi casa me hacían ver documentales que justificaban el Holocausto, por ejemplo. Y me explicaban que había que exterminar a los judíos no solo en Israel, sino en todo el mundo. Hay un hadiz de Mahoma que expresa: “El Día del Juicio Final no llegará hasta que los musulmanes se enfrenten a los judíos y los maten a todos. Entonces, los judíos se esconderán detrás de las rocas y de los árboles, y las rocas y los árboles gritarán: ‘¡Oh, musulmán, hay un judío escondido detrás de mí! ¡Ven y mátalo!’”. No es un conflicto por territorio, sino por un claro odio contra los judíos.

–¿Cómo pudiste librarte de semejante adoctrinamiento?

Cuando estaba en el secundario me gustaba la psicología, y si bien no la estudiábamos mucho, solía ir a la biblioteca por mi cuenta para leer más al respecto. Entonces comencé a analizar el Corán y la sharía, viviendo en un lugar [Arabia Saudita] donde, como mujer, se me imponía vestir con hiyab o nicab, no podía siquiera salir de mi casa sin la compañía de un hombre, no se permitía opinar libremente, etc. Fue cuando comencé a analizar todo en profundidad, lo que me llevó a rebelarme, ya que no quería ese tipo de vida para mí. Me empecé a dar cuenta de que el islam no es una religión, sino una ideología política cuyo objetivo es conquistar y dominar. Está adornado con algunas prácticas religiosas, pero su verdadera cara es la de la violencia y el terror. Tuve que pasar por un divorcio muy complicado, debido a que en los países islámicos es muy difícil conseguirlo. Luego pude escaparme a Canadá, donde recibí todos los papeles necesarios para residir allí. Recuerdo que me persiguieron mucho, me echaron de varios colegios y mi hermano quiso asesinarme. A la edad de 10 años fui testigo de cómo degollaban a una persona en la plaza donde suelen ejecutar este tipo de castigos en Arabia Saudita.

–¿Tienes relación con tu familia?

No. Mi familia me rechaza, incluso públicamente. De hecho, lo hicieron en los medios de comunicación. No sé nada de ellos ni ellos saben nada de mí.

–Has dicho que el conflicto palestino-israelí no es territorial, sino que está basado en el odio a los judíos. No obstante, muchos en Occidente opinan que es debido a la “ocupación israelí”. ¿Qué les dirías?

Les diría que estudien el Corán y vean lo que este libro dice sobre los judíos. También les diría que lean sobre la vida de Mahoma, lo que decía sobre los judíos y lo que les hacía. Que lean lo que les pasó a los judíos de Jaibar. Hoy, los palestinos cantan “Jaibar, Jaibar, oh judíos, el ejército de Mahoma volverá”, porque están librando la misma guerra que empezó Mahoma cientos de años atrás contra los judíos, porque rechazaron creer en él. Por este motivo, el profeta del islam perpetró un genocidio contra ellos.

Les diría además que tienen que estudiar los verdaderos hechos históricos de ese territorio. No se pueden negar los 3.000 años de conexión del pueblo judío con la Tierra de Israel ni las persecuciones que sufrieron. Han estado en Judea por miles de años. Y ahora vienen los musulmanes a reclamar todo, a decir que la mezquita de Al Aqsa les pertenece. Es una locura total. Yo no voy a seguir a un psicópata que afirme que Mahoma subió al cielo en un burro para negar toda la verdadera historia de ese lugar. Hay pruebas arqueológicas que demuestran que la presencia judía es muy anterior a la islámica.

Les recomendaría, además, que estudien acerca de las conquistas de los musulmanes. La mayoría quiere que regrese el califato, e imponerlo en todo el mundo. Durante el último imperio islámico no había ninguna mención a Palestina, y Jerusalén no era para nada importante.

El islam no tiene nada que ver con la paz, solo buscaron y buscan conquistar por la fuerza. No solo les pasa con los judíos, lo han hecho también con los cristianos en el norte de África, Europa, el Líbano, etc. No se puede negar todo esto.

Quien quiera saber la verdad, hoy tiene todos los medios para conocerla. Pero hay mucha gente corrompida que tiene objetivos ocultos, como la ONU y la Unesco, que ya perdieron toda legitimidad.

Por eso debemos decir la verdad y proteger a los judíos de otro Holocausto: el islámico.

–¿Está Europa en riesgo de ser islamizada?

Desde ya. No solo Europa. El Gobierno de Canadá dio la espalda a la gente y está cediendo ante la sharía. La islamización del Viejo Continente se está produciendo muy rápidamente. Los Gobiernos han traicionado a la gente, han abierto las fronteras totalmente para dar la bienvenida a los invasores. Sí, esto no es inmigración, es invasión. No veo mucha esperanza en Europa, a menos que la gente se dé cuenta y actúe en consecuencia. Si no hacen nada, sus hijos pagarán el precio.

Fuente: Revista El Medio

¿Sabías que Adolf Hitler era realmente un admirador del islam?

Dijo que si Charles Martel no hubiera vencido la invasión musulmana de Europa en 732 dC, Alemania se habría convertido en un país islámico.

Tal vez, si hubiera estado vivo hoy, Hitler hubiera tenido una opinión diferente sobre los musulmanes.

Simone Veil, la voz de las mujeres que sobrevivió al Horror

Ni el campo de exterminio de Auschwitz consiguió apagar la voz firme de Simone Weil, fallecida a los 89 años tras haber convertido su vida en un testimonio de lucha por los derechos de la mujer y por la dignidad del ser humano.

La biografía de la francesa Weil está llena de jalones que recuerdan su carácter de pionera.

En Francia gozó de una reputación moral a la altura de muy pocas figuras públicas, como evocaron hoy personalidades como el actual presidente, Emmanuel Macron, o el jefe de Estado que confió en ella para legalizar el aborto, Valéry Giscard d’Estaing.

Esa trayectoria singular tiene sus raíces en Niza, en la Costa Azul francesa, donde Weil nació como Simone Jacob en 1927 y donde pasó una infancia feliz en el seno de una familia judía.

La llegada del régimen filonazi de Vichy, en 1940, acaba de forma abrupta con el trabajo como arquitecto de su padre y supone el comienzo de las penalidades para la familia, que será arrestada cuatro años más tarde.

Su padre, su madre y su hermano no sobrevivirán a los campos nazis. Ella logra mantenerse durante un año con vida en Auschwitz-Birkenau y en Bergen-Belsen, gracias, en parte, a haber mentido sobre su edad al decir que tenía 18 años (los menores eran directamente derivados a las cámaras de gas).

Tras la Liberación de los aliados, regresa a Francia para estudiar en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), donde conoce a su futuro marido, Antoine Veil, con quien se casa en 1946 y con quien tendrá tres hijos.

Tras ingresar en la carrera judicial, donde llega a ser secretaria general del Consejo Superior de la Magistratura, sus ideas próximas al gaullismo y a la derecha liberal moderada le acercan a la política, aunque su nombramiento como ministra de Salud en 1974 pilla por sorpresa a muchos.

Giscard d’Estaing pone en sus manos la defensa de la polémica norma que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo, bautizada para siempre con su nombre, la “ley Veil”.

Simone Veil Foto: Roland Godefroy Wikimedia CC BY 3.0
Simone Veil Foto: Roland Godefroy Wikimedia CC BY 3.0

La ministra pronuncia un histórico discurso ante la Asamblea Nacional en el que lleva a la tribuna la voz de cientos de miles de mujeres que cada año “se ven obligadas a mutilar sus cuerpos” para abortar, lo que le vale los insultos y amenazas desde su propia bancada.

En 1979, marcará un nuevo hito en el avance de las mujeres al convertirse en la primera presidenta del Parlamento Europeo, además en la primera ocasión en que éste es elegido por sufragio universal.

Firme defensora de la causa europeísta -y distinguida por ello con el Premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional en 2005-, permanece en la Eurocámara hasta 1993, cuando el primer ministro Édouard Balladour la recupera para el Gobierno como ministra de Asuntos Sociales y Sanidad.

Tras su salida del Ejecutivo, Veil pasa a ser miembro del Consejo Constitucional desde 1998 a 2007, año en que -fuera ya del órgano judicial- defiende con fervor la candidatura presidencial de su amigo Nicolas Sarkozy.

En paralelo, preside la Fundación para la Memoria de la Shoah, desde donde mantiene vivo el recuerdo del Holocausto.

Veil es reconocida también en el mundo de las letras, sobre todo tras su obra autobiográfica “Una vida”, que le abre las puertas de la prestigiosa Academia Francesa, donde se convierte en una “Inmortal” (como se llama a los académicos) en 2010. 

Aurora

Alemania: Burger King en la mira por utilizar el campo de exterminio nazi de Dachau para promover la venta de sus empanadas de carne incinerada.

“Mal gusto” sería una especie de eufemismo. La administración del museo del campo de concentración de Dachau en Alemania, ha llevado a Burger King ante una corte, después de que la rama local de la cadena de comidas rápidas se negó a detener la entrega de volantes en el sitio. Al parecer, el gerente de la sucursal había ignorado las repetidas peticiones para que dejara de repartir dichos volantes.

Auschwitz, el campo de exterminio que imitó el Infierno en la Tierra

Según el comandante ruso que liberó a los prisioneros, “muchos no soportaron la comida y murieron, porque sus estómagos estaban paralizados”. A 72 años de su fin, todavía nos estremecemos

Un cartel de “¡Alto, pare!” en el campo de exterminio de Auschwitz

Un cartel de “¡Alto, pare!” en el campo de exterminio de Auschwitz

“Después de Auschwitz, escribir poesía es un acto de barbarie”
(Theodor Adorno, filósofo alemán, 1903-1969)

El 27 de enero de 1945, Anatoly Shapiro, el primer oficial del Ejército soviético que entró en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, dijo: “Había tal hedor que era imposible estar ahí por más de cinco minutos. Mis soldados no podían soportarlo… ¡me rogaban que los dejara ir! ¡Pero teníamos una misión que cumplir!”.

Ya desde sus primeros, incendiarios y delirantes discursos en las cervecerías de Münich, el insignificante cabo austríaco Adolf Hitler, dueño de un oscuro pasado de fracasos –ni siquiera llegó a ser un mediocre pintor–, como todos los tiranos, fabricó un enemigo diabólico y autor de todas las desdichas del pueblo alemán: los judíos.

 

En realidad, esas desdichas nada tenían que ver con el pueblo de Moisés: fueron consecuencia directa del belicismo y la ambición que empujaron a Alemania –y a su derrota con el bloque aliado– a la Primera Guerra Mundial.

 
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Desde entonces, Hitler imaginó una Alemania reinvindicada y triunfante a manos de la que consideraba a la raza aria como superior por sobre todas, y descendiente directa de remotos y dudosos héroes y dioses exaltados por la música de Richard Wagner. Que si bien murió mucho antes (1883), fue un confeso antijudío.

(Aclaración importante. El odio desplegado contra los judíos es llamado, erróneamente, “antisemitismo”. Hay muchos pueblos semíticos de religión no judía. Es decir: lo que la mayoría llama, ampliamente, “antisemitismo”, es lisa, llana y trágicamente “antijudaísmo”).

La alucinante, casi increíble historia de Auschwitz y el centenar de campos de exterminio (“de concentración” es un desvío, un subterfugio canalla) sembrados en media Europa empezó –oficialmente– el 31 de julio de 1941, cuando Reinhard Heydrich, comandante de la Oficina Central de Seguridad del Reich (me asquea escribir esos títulos con mayúscula…), recibió la orden de Herman Göring –un cerdo atiborrado de manjares y alcohol- de “poner en marcha la solución final de la cuestión judía”.

Que quede claro.

Porque todavía hay imbéciles y canallas cegados por el sueño nazi.
La solución final no fue otra cosa que el exterminio total, absoluto y definitivo del milenario pueblo judío.

Más allá del crimen –el mayor contra un pueblo y una religión en tiempos modernos–, causa repugnancia la tradicional eficacia alemana para la organización del Mal.

En sentido contrario, la búsqueda del Bien, habría sido una maquinaria venerable…

Volvamos al 27 de enero de 1945.
Y a las palabras del oficial Shapiro.

“Entramos en la mañana de ese día. Vimos algunas personas vestidas con harapos. No parecían seres humanos: lucían terribles, eran puro hueso… Como comandante, les dije a los sobrevivientes que éramos del Ejército soviético, y que quedaban libres del dominio alemán.
Pero ellos no reaccionaron. No podían mover la cabeza o decir una palabra. Aquellas personas, además de su aspecto esquelético, no tenían zapatos. Sus pies estaban envueltos envueltos en ropa vieja. Era enero, y la nieve rodeaba el lugar… No sé cómo pudieron sobrevivir.”

Shapiro, ucraniano, tenía entonces 32 años y una larga guerra en su mochila.
Liberó a los 500 prisioneros que quedaban vivos.
Murió en el 2005.
Pero pocos meses antes, en una entrevista con el New York Daily News, describió una vez más el horror de aquel día.

“No teníamos la menor idea de la existencia de ese campo. Mi comandante no nos había dicho nada sobre ese asunto. Cuando nos acercamos a las barracas de las mujeres, descubrimos algo espantoso. Muchas yacían sin vida en el suelo, desnudas, porque la ropa se la habían robado los sobrevivientes. Alrededor había mucha sangre y excremento humanos, y el olor era imposible de soportar… En la última barraca había dos chicos que lograron sobrevivir, y cuando nos vieron comenzaron a gritar: ‘¡No somos judíos!, ¡no somos judíos!’.
Creyeron que íbamos a llevarlos a la cámara de gas… Estaban asustados porque pensaron que los íbamos a llevar a la cámara de gas… Pero para algunos, la ayuda fue mortal… Apenas llegamos, montamos algunas cocinas de campaña y preparamos algunas comidas livianas. ¡Pero varios murieron después del primer bocado! porque sus estómagos estaban paralizados… Nos enfurecimos. Mis soldados querían matar a todos los alemanes…
Unos días antes de la liberación de Auschwitz, los nazis que dirigían el campo reunieron a todos los prisioneros que pudieron –¡unos diez mil!–, y los obligaron a marchar, hambrientos y desnudos, hacia otros campos instalados en el oeste. Pero todos murieron…
Nunca olvidaré que, al inspeccionar las instalaciones del campo, descubrí hornos crematorios y máquinas de exterminio…, mientras las cenizas de los cuerpos eran agitadas y llevadas por el viento.”

Shapiro recibió todos los honores militares del Ejército Rojo, y después del final de la Unión Soviética fue declarado “Héroe de Ucrania”, en 2006, por el presidente Víctor Yushchenko.

En 1992 emigró a Nueva York.
Murió allí en el 2005.
Está enterrado en el cementerio judío de Beth Moses, Long Island.

Pero, ¿qué fue realmente Auschwitz, además del Infierno en la Tierra?
O uno de ellos…
Un diabólico complejo de varios edificios instalados en los territorios polacos ocupados por las tropas nazis desde el primer día de 1939, comienzo de la mayor tragedia del siglo XX: el Holocausto. En hebreo, la Shoá.
Eran Auschwitz I (la cabecera), Auschwitz II–Birkenau, Auschwitz III–Monowitz… y 45 campos-satélite más.
Durante los casi seis años de guerra, esos mataderos humanos de Oswiecim, 43 kilómetros al oeste de Cracovia –la patria chica del papa Juan Pablo II–, recibieron más de 1.300.000 almas.
El 90 por ciento, judíos.
Muertos: más de 1.100.000.
En la puerta de entrada de Auschwitz I se leía “Arbeit macht frei” (“El trabajo libera”).
Brutal sarcasmo. Muchos de los judíos muertos –la mayoría– cruzaron esa puerta y leyeron ese lema, convencidos de que iban a trabajar…
Cualquiera que visite alguno de los museos del Holocausto –en Buenos Aires, Montevideo 919, Capital–puede comprobarlo.
Entre los miles de objetos que dan testimonio del horror están los instrumentos de trabajo de quienes suponían que iban allí para ejercer su oficio: navajas y brochas de barberos, herramientas de carpinteros, zapateros, plomeros, y costureros de mujeres…
En 1979, la Unesco declaró a Auschwitz Patrimonio de la Humanidad como lugar-símbolo del Holocausto.

¡Seis millones de judíos masacrados en decenas de campos de exterminio!

Pero las grandes cifras, por demasiado grandes, se diluyen…

Prefiero dos testimonios estremecedores.

 

Auschwitz es en la actualidad un museo del horror nazi

Auschwitz es en la actualidad un museo del horror nazi

El primero es de León Grzmot, polaco, argentino naturalizado, que todavía lleva en su brazo derecho los números 171984 tatuados en azul: la canallesca marca que los nazis imponían a los prisioneros como si fueran ganado…

“Un soldado alemán tenía en su bota a un niño muy pequeño y su madre, desesperada le besó la bota para que lo liberara, pero él la apartó de un golpe y aplastó la cabeza del niño contra el suelo… Allí todo era barro, frío y pestilencia. Nos dejaron a la intemperie. Eramos cientos, tal vez miles, amontonados como fardos. Los soldados cavaron una fosa: nuestro baño. Pero estaba lejos y éramos tantos que para llegar hasta allí nos pisábamos unos a otros, y la mayoría acababa por hacer sus deposiciones donde podía. Los excrementos de unos caían sobre las cabezas y los cuerpos de otros… Era una macabra y repugnante sinfonía de horror… Para entonces, los más viejos, los más débiles y los más chicos eran rematados a palos, tiros y bayonetazos. Por eso los padres, cuando veían entrar a los soldados a la barraca, escondían a sus hijos detrás de las pilas de botas. Pero era inútil. Los soldados perforaban las botas con su bayoneta, como en un trágico juego de ruleta, y sabíamos que un chico acababa de morir porque las botas se teñían de sangre…”

Janka, su mujer, también tatuada, me dijo: “Yo hablo menos que León. Pero todavía tengo la marca del látigo… Mi historia se reduce a un zueco de madera: lo único que teníamos mis compañeras y yo. Mi pie era chico, y lo metí en el zueco, desesperada por el frío… Después, y por mucho tiempo, en ese zueco comimos, bebimos, y –usted disculpe– hasta hicimos nuestras necesidades…”

Lo contó mientras León recordaba, sin duda, el bayonetazo de un soldado nazi que se clavó en el cuerpo de su madre y lo dejó huérfano…

Evocar la barbarie de Auschwitz (y de todos los campos) es rememorar cada paso de “La solución final”, y de su alma mater: Adolf Eichman, que la dibujó con la precisión de un arquitecto, se refugió en la Argentina después del derrumbe del Tercer Reich, y fue raptado por un comando israelí, juzgado, condenado, y murió en la horca.

Necesito un final.
Lo encuentro.
Y es perfecto.

Liberados todos los campos, Simon Wiesenthal –¡que sobrevivió a once!- se encontró a la orilla de un río con un oficial nazi de apellido Merz.

Hablaron, aunque Simon con recelo (“Todavía podía matarme”, recordó). Merz le preguntó:
–Imagine que llegue a América (se refería a los Estados Unidos), y le preguntaran cómo era la vida en los campos de concentración. ¿Qué les diría?
Wiesenthal vaciló. Aunque compartían no sólo la charla, sino unas papas, tuvo miedo de que su respuesta fuera su final. “Por mucho menos mataban”, pensó.
Pero se arriesgó:
–Les diría… la verdad, Herr Merz.
–¿La verdad? Humm… ¿Sabe qué pasaría?
–No tengo idea.
–No le creerían, Wiesenthal. ¡Lo tomarían por loco, y lo encerrarían en un manicomio!
–Pero… ¿por qué, Herr Merz?
–Porque nadie que no haya estado allí podría creer lo que sucedió. ¡Nadie!

Así termina uno de los mayores y más terribles testimonios del libro de memorias de Simon Wiesenthal (1908-2005): “Los asesinos están entre nosotros”.

Perdón por la autorreferencia: tengo en mi biblioteca la primera edición en francés de ese libro, dedicada por él.
Que algo sabía de mis investigaciones sobre nazis fugitivos y protegidos en Chile, Bolivia, Brasil, la Argentina.

En cuanto a los juicios de Nuremberg contra los criminales nazis, los jueces de los países aliados y vencedores fueron demasiado magnánimos.

Ni uno solo debió escapar de la horca.

Pero, contra viento y marea, contra tortura, sangre, exterminio en las cámaras de gas, muerte, y cuanto horror haya sido concebido por hombres que se creían superhombres y apenas eran brutales títeres de un asesino loco que se creyó el Mesías del Tercer Reich por mil años, los juzgaron con la ley en la mano.
Como lo exigen la democracia, la letra y el espíritu de las leyes de los países libres y civilizados.

¡Qué bien nos hubiera venido en estas playas entre 1976 y 1983!

En menos palabras.
La ley no dispara en la sombra.
La ley no mata por la espalda.