Archivo de la categoría: MEDIO ORIENTE

Trump rompe el molde diplomático

Barack Obama y Donald Trump.

Por Noah Rothman 

Tal vez no haya nada que una clase mundial de diplomáticos calcificados aprecie más que la sutileza y los matices. La gira de Donald Trump por las tres principales capitales religiosas del mundo ha sido lo menos sutil y matizada que quepa imaginar. Para muchos diplomáticos veteranos, este ingenuo esfuerzo de la Administración por forjar la paz es muy peligroso, posiblemente más de lo que piense la propia Administración. Puede. O puede también que el presidente y su equipo estén prescindiendo de una convención osificada en un campo que necesitaba desesperadamente ideas frescas. Completado el primer tramo de la gira teológica mundial de Trump, no es imposible que algo nuevo esté tomando forma.

En Arabia Saudí, Donald Trump hizo la danza de la espada, tocó una inquietante esfera luminosa y pronunció, en el corazón del mundo islámico, un discurso sobre el terrorismo islámicocuidadosamente adaptado que fue razonablemente bien recibido. Además, se reunió con los líderes de Egipto, Kuwait, Qatar y Bahréin, entre otros destacados actores regionales.

Ahora bien, lo que hizo Trump en el reino saudí es menos interesante que la acogida que le brindaron los saudíes.

A su llegada, Trump recibió una bienvenida majestuosa. El rey Salman soportó a pie de pista los 38º de temperatura que marcaba el termómetro para recibirlo personalmente. Una banda de música tocó ante los dos líderes mientras unos cañones lanzaban salvas y siete aviones saudíes dejaban una estela roja, blanca y azul por sobre sus cabezas. El presidente y el rey se subieron a la limusina presidencial y juntos acudieron a una extravagante ceremonia en la corte saudí, donde se prodigaron atenciones incluso a los ayudantes del presidente.

El deliberado contraste que supone esta recepción con la de la visita de Barack Obama en 2014 fue muy marcado. A la llegada de Obama, el rey Salman envió sólo a un sobrino lejano, el gobernador de Riad, para que recibiera al líder del mundo libre. La Casa Blanca de Obama hizo lo que pudo por salvar la cara, pero el desaire fue una clara señal de las tensiones que rodeaban el acuerdo nuclear con Irán, la carnicería siria –aún en curso– y la antipatía explícita de Obama hacia el Reino como país que no merece una alianza con Estados Unidos.

Desde Arabia Saudí, Trump viajó directamente a Israel –todo un vuelco en las convenciones al uso–, donde también fue recibido cálidamente. El primer ministro Netanyahu y su mujer recibieron al presidente y a la primera dama en el Aeropuerto Internacional Ben Gurión de Tel Aviv. Aprovechando sus declaraciones junto a Trump para lanzar un reproche velado a Obama, Netanyahu dijo: “Apreciamos la reafirmación del liderazgo norteamericano en Oriente Medio”.

Obama llegó a la presidencia con el objetivo de crear un nuevo equilibrio de poderes en la región que permitiera a Estados Unidos retirarse de allí con seguridad. La manifiesta creencia del expresidente de que la alianza de EEUU con Israel “erosiona nuestra credibilidad ante los países árabes”, unida a su desconfianza hacia países árabes suníes como Arabia Saudí y Egipto, le dejó pocas vías para conseguir ese objetivo. Hay una ironía cósmica en que el ensimismamiento de Obama haya abierto una dinámica radicalmente nueva y peligrosa en Oriente Medio. En términos conceptuales, la estrategia que está siguiendo Trump en Oriente Medio diverge sensiblemente de la de sus predecesores. Así, está abandonando la idea de que no puede haber una solución a la hostilidad del mundo árabe hacia Israel sin crear primero un Estado palestino.

Ya en febrero, fuentes de la Administración empezaron a proveer detalles a la prensa sobre la propuesta de una alianza militar suní para contrarrestar el extremismo islamista y la emergencia de Irán. Esa alianza incluiría a países con relaciones no congeladas con Israel, como Egipto y Jordania, y a países, como Arabia Saudí y los Emiratos, que no reconocen el Estado judío. Según unas explosivas y recientes informaciones, la perspectiva de una relajación radical en las tensiones entre Israel y el mundo árabe es real.

Como explicó en su momento Evelyn C. Gordon, a cambio de tecnología e información israelíes, un alivio en el bloqueo sobre Gaza y el cese de la construcción en algunos asentamientos, la alianza suní “establecería vínculos de telecomunicación directa con Israel, permitiría a los aviones israelíes sobrevolar [esos] países, levantaría ciertas restricciones comerciales y quizá concedería visados a atletas y empresarios israelíes”. Y todo esto sucedería sin que cambiara prácticamente la realidad palestina. Aun sin la seguridad de conseguir algún progreso hacia la paz en la región, ese paso no se puede desandar.

Donald Trump no es el primer presidente americano que se beneficia de una gran cordialidad sólo por no ser su predecesor. En lo que respecta a Oriente Medio, las crisis y el caos tienen la costumbre de hundir incluso los planes mejor trazados. La proyección de poder de Irán sobre lugares como Irák, el Yemen y Siria ha creado nuevas vías de cooperación entre poderes adversarios con un enemigo común en Teherán. Si Trump puede traducir esta nueva realidad en un logro tangible (y ese si es enorme), tendrá un poderoso argumento para defender su presidencia y un segundo mandato.

El presidente Trump ha desatado la cólera de los críticos, sobre todo en materia de política exterior. Es el diplomático “menos diplomático del mundo”, y ha adoptado una “diplomacia patosa” antiliberal y estratégicamente inepta. De hecho, su “rechazo de la diplomacia tradicional en pro de su propio y distintivo estilo brusco ha incurrido en costes sin ninguna contrapartida beneficiosa visible”. En su artículo “Is This the End of the Free World”, Abe Greenwald demostró que Trump tiene la terrible y lamentablemente conocida costumbre de alejar a los aliados naturales de Estados Unidos. Es un rasgo desagradable de una visión del mundo distorsionada, y podría resultar en la pérdida continuada de fe aliada en la visión y autoridad de Estados Unidos. Por ahora, sin embargo, no sólo es que Oriente Medio esté obviamente encantado por que haya acabado la era Obama, sino que ha dado a Donald Trump la oportunidad de un verdadero triunfo diplomático. Una presidencia auténticamente exitosa en Oriente Medio podría empezar con el abandono de un manual diplomático gastadísimo y muy pesado.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

Trump y el apoyo de los cristianos a Israel

Pulsera de apoyo a Israel.

Trump y el apoyo de los cristianos a Israel

El presidente estadounidense ha tenido varios gestos importantes en su visita a Jerusalén, que Ronn Torossian expone en esta colaboración para Israel National News.

Las visitas [de Trump al Santo Sepulcro y al Muro de las Lamentaciones] trazaron una imagen de herencia mutua e historia compartida entre cristianos y judíos, y sirvieron para acercar a los cristianos americanos al Estado judío. Cristianos y judíos no solo comparten una herencia, también un futuro en el que ambas creencias están amenazadas.

Los cristianos son asesinados en Egipto e Irak. En Europa, los judíos sufren ataques, y en la antigua Unión Soviética siguen atrapados por el antisemitismo endémico y la discriminación.

(…)

Con gestos como la visita de Trump a esos lugares sagrados, los lazos entre cristianos y judíos se harán más fuertes y profundos. Esa es una buena política para Trump y también para el futuro de Israel y del pueblo judío.

El analista de Israel Hayom Shlomo Cesana resume en este artículo las principales ideas que el presidente estadounidense ha dado a conocer, junto al primer ministro israelí, en relación con los problemas actuales de Oriente Medio.

En primer lugar, Trump dijo que no permitiría a Irán desarrollar armas nucleares y llamó al acuerdo nuclear de 2015 pergeñado por su predecesor, Barack Obama, un terrible error.

(…)

Trump también aludió en la misma frase a Hezbolá, Hamás, el Estado Islámico e Irán como terroristas o elementos patrocinadores del terrorismo. Antes de visitar Israel, Trump visitó Arabia Saudí, y allí (…) estaba en su agenda [forjar] una alianza suní contra Irán y los extremistas chiíes.

En el segundo asunto importante –las negociaciones con los palestinos–, la oficina del primer ministro [israelí] está igualmente satisfecha.

Trump parece haber adoptado el nuevo plan de Netanyahu para una solución regional que podría llevar a un acuerdo global bajo los auspicios de los Estados árabes moderados.

(…)

Las próximas semanas dirán si Trump es capaz de lograr lo imposible o si nada ha cambiado en Oriente Medio.

El analista turco Murat Yetkin hace referencia en este artículo al plan entregado por las autoridades europeas a Erdogan para que acometa reformas sustanciales, así como al incidente protagonizado por los guardaespaldas del presidente turco en Washington.

El plan de 12 meses que los líderes europeos han entregado a Erdogan, y que ahora será examinado por el Gobierno turco, contiene probablemente no solo los pasos que la UE ha de dar para cumplir el acuerdo migratorio (como flexibilizar las visas y la apertura de nuevos capítulos en el proceso de adhesión), también los que ha de dar Turquía, especialmente en el ámbito de los derechos y las libertades [de los individuos]. (…)

¿Qué ocurrirá si ese plan anual fracasa? Nadie puede saberlo ahora, pero al menos tenemos un año de esperanza para mejorar la situación de los derechos y libertades en Turquía, junto con los lazos con la UE.

(…)

La tensión subió cuando el Comité de Asuntos Exteriores del Capitolio aprobó una resolución no vinculante condenando la violencia de las fuerzas de seguridad turcas en el incidente del 25 de mayo [cuando agredieron a manifestantes a las puertas de la embajada turca en Washington], el mismo día en que la OTAN se reunía en Bruselas (…).

(…) La acumulación de tales problemas no ayuda a mejorar a Turquía, tampoco su imagen exterior o sus relaciones con el mundo occidental, al que quiere pertenecer. La política exterior turca, ahora en manos de Erdogan, tiene que hacer una revisión y adoptar nuevas medidas para responder apropiadamente al injusto tratamiento de la nación turca en el exterior debido a estas crisis.

Fuente: Revista El Medio

¿Conseguirá Trump crear un nuevo Oriente Medio?

Donald Trump atril 940x525

Por Eli Cohen 

Trump tiene planes para Oriente Medio y parece que los está llevando a cabo. Para su gira regional, eligió los destinos cuidadosamente con un objetivo claro: afianzar el entendimiento entre los países suníes (Egipto, Jordania y los países del Golfo encabezados por Arabia Saudí) e Israel para combatir al terrorismo islámico, especialmente al ISIS, contener la expansión de la influencia iraní y lograr un acuerdo definitivo y de alcance regional para que, de una vez por todas, israelíes y palestinos firmen una paz estable.

De Riad a Belén, pasando por Jerusalén

La primera parada de la gira, Riad, fue el escenario perfecto para que Trump desplegara su narrativa para el nuevo Oriente Medio que quiere forjar. Trump destacó que la lucha contra el terrorismo yihadista es “una lucha del bien contra el mal”, y dijo ante los saudíes que no iba a dar lecciones (enfoque aislacionista y westfaliano ante las violaciones de derechos humanos y la falta de libertades en la monarquía saudí, es decir, política exterior America First) sino a buscar aliados.

Satisfecho por el recibimiento saudí, Trump se dirigió posteriormente a Israel. En la rueda de prensa conjunta entre Trump y Netanyahu, celebrada en Jerusalén, el premier israelí dijo: “Por primera vez en mi vida veo una verdadera esperanza de cambio”. No sabemos el alcance del famoso “acuerdo definitivo” que propugna el inquilino de la Casa Blanca, ni los detalles del mismo (the devil is in the details); pero Netanyahu se muestra extraordinariamente optimista. Además, para más alegría de Bibi, Trump también ha sido el primer presidente norteamericano en ejercicio en visitar el Muro de las Lamentaciones, ubicado en Jerusalén Este, territorio reclamado por los palestinos como su futura capital.

Por su parte, Mahmud Abás, el presidente palestino, ha entablado, aparentemente, una buena relación con Trump. Sin embargo, en su encuentro en Belén el norteamericano le dio un tirón de orejas al manifestar que la paz no llega a sitios donde el terror es recompensado, en clara referencia a los salarios que la Autoridad Nacional Palestina paga a los terroristas palestinos y a sus familias. En la ciudad de la Natividad, Trump declaró que un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos sería el principio de una paz regional más amplia. En su último discurso antes de partir, aseguró a los israelíes que “los palestinos están preparados para alcanzar la paz”.

¿Una estrategia posible?

El plan de la Administración Trump parece simple y lógico: los países suníes aceptan a Israel –Egipto y Jordania ya lo hacen– y son los garantes y patrones de un acuerdo con los palestinos. A cambio, EEUU no se inmiscuye en sus asuntos internos, les procura ayuda militar y económica e intensifica su apoyo a estos países para derrotar al ISIS y contener a Irán.

La estrategia de Trump es una reordenación de las alianzas en Oriente Medio, según Aaron David Miller, uno de los mayores expertos en el conflicto entre israelíes y palestinos, es coherente, pero –apunta el analista– eso no significa que vaya a funcionar.

No es tan fácil que se establezca un entendimiento fluido entre Israel y los países del Golfo, pese a la colaboración y los negocios soterrados de los últimos años, sobre todo en lo referente a contener a un Irán cada vez más crecido, empoderado e influyente. Tampoco es tan fácil que todos los países del Golfo se vuelquen incondicionalmente en la lucha contra el Estado Islámico –muchos lo ven como un contrapeso a Irán–, y sus fuerzas militares no son precisamente efectivas –la campaña en el Yemen contra los rebeldes huzis ha sido un desastre–. Israel puede proporcionar inteligencia y cierta ayuda, pero está lejos de expandir su colaboración a otros niveles más altos e intensos.

Enfrente tienen a un bloque que parece más fuerte, cohesionado y exitoso: el formado por Irán, el Irak chií, Siria y Hezbolá, con el respaldo ruso.

A pesar de ello, si se logra un entendimiento basado en el mutuo reconocimiento y en la cooperación regional, giraría en torno a la independencia política plena de los palestinos. Los países suníes pueden presionar a los palestinos para que acepten las condiciones sugeridas por Trump, pero hasta un determinado límite, más aún cuando Egipto y Jordania, principalmente, desempeñarían el papel de garantes. El acuerdo definitivo iría precedido de uno interino, por el cual Israel restringiría la construcción en los asentamientos, llevaría a cabo ciertas cesiones de territorio a la Autoridad Palestina en Cisjordania y aumentaría los incentivos económicos a los palestinos. Sin embargo, estos avances no significarán nada si el liderazgo palestino no está dispuesto a cumplir con la aburrida tarea de administrar un país; recordemos lo que Bill Clinton dijo el año pasado: ”Me dejé la piel para que los palestinos tuvieran un Estado y aun así lo rechazaron”.

No obstante, además de las cuestiones perennes del conflicto, como Jerusalén Este, los refugiados palestinos o el control del valle del Jordán, todavía quedan muchas incógnitas; la primera de ellas es Gaza y el papel de Hamás, aislado ahora de la Hermandad Musulmana pero fiel cliente de los iraníes.

El cambio viene desde dentro

Sea o no fructífera la estrategia trumpista para Oriente Medio, tiene razón el presidente norteamericano: el cambio debe originarse desde dentro. Así, en su despedida hizo un llamamiento –en el que no ahorró en elogios hacia la gesta del pueblo judío durante los últimos dos mil años y su renacimiento en el Estado de Israel– a cristianos, musulmanes y judíos a crear un mundo mejor y destacó el compromiso que ha obtenido del rey Salman para ello.

No queda más remedio que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Y eso, en la era Trump, ya es garantía de sorpresas.

Fuente: Revista El Medio

¿Por qué está desapareciendo el cristianismo en Oriente Medio?

cruz-de-sangre2

El pasado 9 de abril, el Estado Islámico perpetró dos atentados suicidas contra sendas iglesias coptas en Alejandría y Tanta, al norte de Egipto. Los ataques terroristas simultáneos dejaron 45 muertos y más de un centenar de heridos. Es la última carnicería -hasta el momento- perpetrada por el yihadismo contra la minoría copta de Egipto, que a pesar de su peso demográfico (el 10% de la población) sufre las discriminaciones habituales en los países de mayoría musulmana.

Los propios cristianos coptos protestan habitualmente contra el tratamiento injusto que reciben de las autoridades, en un país en el que su documento nacional de identidad los caracteriza como no musulmanes. Las agresiones de sus vecinos islamistas suelen quedar impunes, les está vedado el acceso a la mayoría de puestos de la Administración y las leyes religiosas hacen virtualmente imposible no ya construir nuevas iglesias, sino simplemente restaurar las ya existentes.

La discriminación pone en riesgo la propia vida de los cristianos en Egipto, como en el caso del atentado de la iglesia de la ciudad de Tanta. La corresponsal del Wall Street Journal en la región, María Abi Habib, desvela en este artículo que una semana antes del atentado mortal, los agentes de la seguridad privada que la custodian descubrieron una bomba, por lo que solicitaron al Gobierno la instalación de un detector de metales. Las autoridades rechazaron las pretensiones de la parroquia, que pocos días después saltaba por los aires a causa del atentado suicida organizado por el Estado Islámico.

La persecución cristiana en Oriente Medio por parte del yihadismo y el desprecio, cuando no la discriminación activa, de las autoridades civiles, está llevando a la minoría cristiana a abandonar en masa Oriente Medio. Según un informe del Centro para el Estudio de la Cristiandad Global, la cifra de cristianos en la región no deja de descender y en el último siglo ha pasado de constituir el 13,6% de la población total de Oriente Medio al 4,2% en 2010. Las previsiones para 2025 son aún más pesimistas, al descender todavía más hasta el 3%.

No hay ningún país musulmán que los cristianos no estén abandonando en mayor o menor medida. La mayor catástrofe, sin embargo, tiene lugar en Irak, país en el que en poco más de una década la minoría cristiana ha pasado de dos millones hasta los actuales 250.000. Tras la liberación de Mosul por parte del Ejército iraquí, los habitantes musulmanes de la segunda ciudad iraquí volvieron a sus casas. No así los cristianos. Por primera vez en dos mil años, Mosul no cuenta con presencia de una comunidad cristiana.

El éxodo de los cristianos se pone de relieve con su mayor presencia en los países que reciben esta emigración. En 1971, los coptos egipcios tenían dos iglesias en Estados Unidos. Hoy existen 252. Por primera vez, los cristianos árabes que viven fuera de Oriente Medio son más que los que todavía permanecen allí: hay 20 millones en el exterior, por 15 millones que todavía residen en dicha zona. Este es el drama al que se enfrentan las minorías cristianas (coptos, greco-ortodoxos, siríacos, melquitas, caldeos, maronitas y armenios), en unas tierras en las que surgió la fe cristiana, pero hoy suponen una amenaza directa para todos los que el islamismo radical ha señalado como enemigos a abatir.

Fuente: Revista El Medio

La cultura árabe tiene que rendir cuentas

mujer-musulmana

Por Hiam Nawas

James Clapper, director de la Inteligencia Nacional, dijo hace poco que Estados Unidos no puede “arreglar” Oriente Medio. Clapper dio en el clavo. Los problemas fundamentales de la región no son políticos, sino culturales, y por lo tanto Estados Unidos y su fuerza militar son incapaces de resolverlos.

La cultura importa porque es la base del comportamiento y la manera de organizarse de cualquier sociedad. El caos que se vive en Oriente Medio tiene muchas raíces, pero algunas de las más profundas tienen que ver con la cultura y la identidad árabes, que carecen de empatía interna y externa, favorecen el autoritarismo en detrimento de la autonomía y optan por soluciones de suma cero. Salvo que los árabes adopten una mirada autocrítica sobre sus valores, la violencia no cesará en Oriente Medio.

A la hora de establecer los principios de una cultura o conjunto de culturas es fundamental analizar su sentido de la moral, para determinar sus ideales de conducta. El código moral árabe prefiere la venganza al acuerdo, los hombres a las mujeres, y los grupos a los individuos. La identidad colectiva árabe se basa en el tribalismo, se somete a una autoridad paternalista, a un sentido del honor vinculado a la virginidad de las mujeres y a una santificación arcaica de las costumbres y tradiciones. Hay una glorificación del pasado junto con una negativa a asumir responsabilidades por el presente y una esperanza de que el futuro sea milagrosamente mejor.

Esto no significa que cada árabe sea individualmente un calco de su cultura. Al contrario: cuando se interactúa con miembros medios de las sociedades árabes se observa un comportamiento generalmente decente, generoso y tolerante. La cultura árabe tampoco carece de numerosos elementos positivos. Sin embargo, estos aspectos positivos no han evolucionado hacia un sistema de creencias sociopolíticas progresista. La cultura colectiva no celebra necesariamente la libertad política, la autonomía del individuo o el respeto a las mujeres.

El mundo árabe contemporáneo suele carecer de sentido crítico autorreflexivo y autónomo. Las conversaciones con marroquíes, egipcios, tunecinos, jordanos y árabes del Golfo revelan constantemente un relato general victimista y de culpabilización del otro, lo cual se manifiesta de manera harto notable en un sinfín de teorías conspirativas, como la sospecha de que el ISIS es un invento de Estados Unidos e Israel creado para destruir a la región, o que la Primavera Árabe fue un complot occidental para entregarla a los islamistas.

Este tipo de razonamiento revela una aversión muy arraigada a la rendición de cuentas y a la responsabilidad, y vuelve superficiales gestos como la condena del terrorismo contra cristianos, yazidíes, judíos y chiíes. Entre tanto, el mundo exterior –Irán, Israel, Estados Unidos, el colonialismo, o los árabes que no viven de acuerdo al verdadero islam– se ha convertido en el hombre del saco de cualquier fracaso social doméstico. Esta tendencia ha dado lugar a la ironía definitiva: se culpa constantemente de los problemas árabes a las fuerzas externas, de las que se espera que los resuelvan.

Esta observación no exime a las potencias occidentales. El continuo apoyo de Occidente a los dictadores árabes ha contribuido sin duda a la perpetuación de prioridades anticuadas y déficits democráticos. No obstante, recalcar constantemente los fiascos regionales de Occidente para evitar el autoanálisis y la reforma es intelectualmente deshonesto. El tribalismo y el desdén por la autonomía individual no pueden ser caracterizados –y excusados– como un subproducto del colonialismo y de las intervenciones occidentales.

Se mire como se mire, las estadísticas de los países árabes muestran su debilidad cuando se comparan con las del resto del mundo, como documentan empíricamente varios informes del PNUD sobre el desarrollo árabe. Así, un informe de 2002 subrayaba la ausencia en el mundo árabe de tres elementos reconocidos como esenciales por la comunidad internacional: libertad, conocimiento y autonomía de la mujer. Se puede y se debe culpar a los Gobiernos y regímenes árabes por estos déficits, pero esto sólo aborda la mitad del problema.

La libertad individual no es una piedra angular de la cultura árabe, se refuerza el aprendizaje como un proceso de transmisión y no de cuestionamiento y con frecuencia las mujeres no son consideradas ciudadanas de pleno derecho, sea cual sea su estatus legal. Una anécdota a modo de ejemplo: cuando la mujer de un conocido árabe con estudios intentó concertar una cita para una cesárea, el hospital pidió el visto bueno de su esposo. Según el Informe Global sobre Brecha de Género de 2015, las pruebas estadísticas indican que, de los 15 países con la tasa más baja de participación de la mujer en el mercado laboral, 13 están en Oriente Medio. El documento explica además que sólo el 18 % de las mujeres árabes en edad de trabajar tienen empleo, y que en 2015 la tasa de desempleo entre las jóvenes en los Estados árabes era de casi el 44 %, frente al 22,9% de los jóvenes.

Se podría discutir sobre el papel que las diferentes variedades del islam han desempeñado en la formación de dichos valores, o los vanos intentos del islam por acabar con el tribalismo y el etnocentrismo. Sea como fuere, la mezcla de tribalismo y religión ha sido letal, y el caos en la región es un ejemplo de ello. Ahora, la obsesión árabe con Israel se ha extendido a la obsesión con Irán, junto con una clamorosa amnesia moral acerca de la catastrófica situación de los refugiados sirios. No escasean los recursos económicos en Oriente Medio, pero ciertos Estados árabes gastan miles de millones de dólares en armas mientras siguen sin estar dispuestos a permitir el acceso de refugiados sirios a sus territorios, depositando una carga aún mayor sobre los propios refugiados y los países que ya están acogiendo a millones de ellos. Los árabes saludan la coalición en Yemen encabezada por los saudíes, pero no hacen ningún esfuerzo por reconstruir el país o por acomodar a los yemeníes desplazados.

Hoy, los medios, los políticos y los ciudadanos comunes árabes están muy ocupados condenando a Irán y a los chiíes por la destrucción de la región. La perniciosa conducta de Irán es contraproducente, pero pretender que la intervención iraní en los asuntos árabes es la fuente de todos los males en la región es una falacia. Los observadores informados dirían que la agitación política se ha estado fraguando durante décadas, impulsada por una brutal combinación de un liderazgo autoritario, progreso social limitado y pésimo historial económico. Ya es hora de que los intelectuales árabes analicen seriamente las circunstancias políticas, sociales y económicas que han dado lugar a este estado de cosas, a fin de lograr auténticos avances.

© Versión original (inglés): Fikra Forum
© Versión en español: Revista El Medio

¿ DONDE ESTAS ALLAH ? ¿ POR QUE NO ESTAS AQUI CON TUS HIJOS ?

 

 

MIRA COMO ESTOS POBRES HIJOS DE PUTA SE MUEREN POR TI

ESE PARAISO BURDEL TUYO ESTA LLENO DE 72 PUTAS VIRGENES PARA CADA UNO DE ELLOS INVITANOS UN DIA PARA FORNICAR CON ALGUNAS JA JA JA JA JA JA

Experiencia Rusa contra terror islamico musulman parte 2

 

 

Si la invasion que esta planificada y programada para destruir el modo de vida en Europa no se combate con todo el poder militar del que se dispone en pocos años este horror sangre y muerte estara en cada calle y esquina de las ciudades Europeas.

Sera tarde cuando las cabezas y la muerte dominen Europa mientras los malditos traidores de la politica ya se hayan ido a vivir tranquilamente dentro de Arabia Saudita y otros paises que regalan miles de millones para colonizar y ocupar el continente Europeo y fundar su gran Califato donde la sharia y la adoracion al maldito IDOLO FALSO ALLAH dure toda la vida , segun ellos , los Europeos que han luchado siglos de guerras se arrodillaran facilmente para que las hordas terroristas musulmanas se quedan todo.

A ISRAEL LE CONVIENE UNA EUROPA LIBRE Y NO UNA EURABIZTAN ISLAMICA