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Bandas de jóvenes musulmanes provocan disturbios en barrio de mayoría judía en Gran Bretaña.

PWS   (h / t Christine D)  Gran Bretaña vuelve de nuevo a la normalidad. Por segunda noche consecutiva bandas de jóvenes musulmanes se trasladaron a un barrio que reúne a la mayor comunidad judía de Londres con cuchillos, bates de béisbol y machetes para golpear y aterrorizar a inocentes Judíos en su propio vecindario. Al menos una persona fue apuñalada durante una pelea masiva en Stamford Hill, en el cual decenas de jóvenes violentos se enfrentaron con el uso de bates, cuchillos y machetes, según reportes de tiempos de la Unión Europea .

La policía antidisturbios fue enviada para detener la “violencia con machetes y espadas tras el ilegal desorden” en Stamford Hill, cerca de Lynmouth Road, NE Shomrim Londres.

Los Medios sociales informan de que a la escena llegaron alrededor de 30 jóvenes portando una variedad de armas, desde cuchillos hasta bates de béisbol, que se enfrentaron entre sí y provocaron actos de vandalismo contra vehículos en el vecindario.

Fuente: PWS

La conexión palestina con los nazis

Por Wolfgang G. Schwanitz 

En abril, la Biblioteca Nacional de Israel publicó en su blog un artículo sobre el telegrama perdido de Heinrich Himmler al gran muftí de Jerusalén, Haj Amín al Huseini. Frente a lo que se suele afirmar, que la Alemania nazi no apoyaba la independencia árabe y la erradicación del incipiente Estado judío, yo sostengo que sí lo hizo.

En el 26º aniversario de la Declaración Balfour, Himmler expresó sus mejores deseos ante el “mitin de protesta” que iba a celebrar el muftí en Berlín. El acto se utilizó para condenar la Declaración Balfour y rechazar el establecimiento de un Estado judío. Por supuesto, ese apoyo público a Huseini habría sido imposible sin el consentimiento de Adolf Hitler. De hecho, Hitler y el muftí habían fraguado un pacto genocida contra los judíos en 1941.

El telegrama de Himmler decía lo siguiente:

Al gran muftí Amín al Huseini:

El Movimiento Nacionalsocialista del Gran Reich alemán ha enarbolado desde su advenimiento la bandera de la lucha contra la judería mundial. Por tanto, siempre ha observado atentamente la lucha de los árabes amantes de la libertad, sobre todo en Palestina, contra los intrusos judíos. El reconocimiento de este enemigo y la lucha conjunta contra él son la sólida base de la alianza natural entre la Gran Alemania Nacionalsocialista y los musulmanes amantes de la libertad del mundo entero. Con este espíritu, le transmito, en el aniversario de la ignominiosa Declaración Balfour, mis más afectuosos saludos y deseos para la materialización  exitosa de su lucha hasta la certera victoria final.

Heinrich Himmler, Reichsfuhrer-SS.

Himmler envió el cable el 2 de noviembre de 1943. En él, confirmaba a Huseini la simpatía oficial del movimiento nazi hacia los árabes amantes de la libertad, sobre todo en Palestina, contra la judería mundial. En realidad, siempre hubo reciprocidad, porque Oriente Medio también moldeó a los jóvenes nazis. Muchos de ellos combatieron allí como oficiales en el bando otomano, y fueron después comandantes en la Segunda Guerra Mundial.

Además, Himmler señaló a los judíos como el enemigo conjunto de los pueblos alemán y árabe; llamaba a los judíos, precisamente, “enemigos comunes”.

El mitin de protesta se celebró ante el Ministerio de la Luftwaffe de Herman Göring. Esto significa que Huseini tenía buenas conexiones con los tres jerarcas nazis de mayor rango. ¿Por qué Göring? En febrero de 1943, el muftí invirtió 920.000 dólares en acciones de siete grandes empresas alemanas. Con el consentimiento de Hitler, Göring gestionó los fondos como fideicomisario. Si Berlín hubiese ganado la guerra, Huseini habría sido el rico líder de un Gran Imperio Árabe respaldado por los nazis.

Aquel día, el muftí no fue el único invitado árabe en la oficina del jefe de la Luftwaffe, cerca de la Puerta de Brandeburgo. Escuchando su discurso se encontraba Alí al Gailani, expremier de Irak, que había encabezado un fallido golpe antibritánico en su país. A mediados de 1941, Gailani y el muftí habían lanzado el pogromo de Al Farhud, en el propio Irak, como “modelo de trato a los judíos”. Hitler apoyó la iniciativa, y la utilizó como distracción para su subsiguiente guerra contra Rusia.  

Himmler decía en el cable que la “lucha conjunta contra los intrusos judíos” se basaba en la alianza natural de la Gran Alemania con las regiones islámicas. Asimismo, trataba a Huseini comoel líder palestino, árabe y musulmán. El jerarca nazi encontraba similitudes entre el nacionalsocialismo alemán y el nacionalislamismo palestino, que por su parte contradecía una teoría sobre el islamismo, de 1917, que abogaba por el establecimiento de una sola, globalHermandad Musulmana.

En sus tratos con la Alemania nazi, Huseini ya había obtenido lo que quería: un programa radiofónico que apoyaba la independencia árabe, el freno nazi a la inmigración judía a Oriente Medio y una carta secreta, de 1942, en la que Berlín, Roma, Gailani y él mismo acordaban laliquidación de los judíos de Palestina. Pero entonces el muftí quiso el reconocimiento público de la “alianza natural” entre el nazismo y el islamismo. Desde 1937, había hecho llegar cuatro borradores clave de dicho texto a los nazis. El séptimo párrafo siempre decía lo mismo: es ilegal el establecimiento de un hogar nacional judío. Incluso cuando, en mayo de 1943, las potencias del Eje habían sido expulsadas de Oriente Medio, el muftí les instó a destruir a los judíos de Palestina.

El muftí se reunió con Himmler el 4 de julio de 1943, en el cuartel de campaña de este último. Pasaron el día con hombres de las SS, todos ellos cazajudíos notorios. Dos años antes, los judíos locales habían sido asesinados por comandos de las SS. Huseini saludó después su reunión con Himmler diciendo que había sido una base sólida de confianza mutua.

En ese día de verano, Himmler le dijo al muftí que Alemania ya había matado a tres millones de judíos. También le confió otros altos secretos, como la investigación nuclear alemana. Himmler le contó al muftí que, en tres años, Berlín tendría un arma nuclear que le aseguraría la “victoria definitiva”. La expresión “victoria definitiva” fue cambiada en el cable de Himmler por “victoria final cierta”, lo que tal vez delataba una suerte de incertidumbre.

Un año antes, las potencias del Eje habían ascendido a Huseini, no a Gailani, como líder del futuro Gran Imperio Árabe. A cambio, el muftí informó enseguida a Berlín del desembarco de los Aliados en el norte de África. Pero Hitler no se lo creyó. Muchos de los planes del muftí quedaron en suspenso, como sus intentos de bombardear una concentración sionista con motivo de Día Balfour en Jerusalén (1943). Los nazis no tenían aviones disponibles y rechazaron participar.

En 1943, mientras los nazis abandonaban Oriente Medio y se replegaban a Europa, el muftí envió a sesenta hombres para que se entrenaran como paracaidistas en la escuela de sabotaje de las SS de La Haya. Los llamaba su “núcleo bélico” para la guerra contra los judíos en Palestina. Visitó a los comandos holandeses en agosto. A cambio, Himmler recompensó al muftí con el telegrama anti Balfour, que se repartió a todos los asistentes a aquel mitin, junto con el discurso del propio muftí.

Al final, el muftí puso todos los huevos en el cesto racista de Hitler; y, con él, perdió.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

Wonder Woman, la antítesis de la tradicional damisela en apuros

Gal Gadot Foto: Facebook

En la primera gran película que protagoniza la superheroína Wonder Woman, un largometraje que ha arrasado en la taquilla estadounidense, la imagen de la damisela en apuros que históricamente ha inundado la gran pantalla se convierte en un recuerdo muy lejano.

“Muchas veces, cuando vamos al cine, las mujeres son las damiselas en apuros, con el corazón roto, o a la espera de ser rescatadas por un hombre, pero esa no es la vida real”, explicó la actriz israelí Gal Gadot, protagonista de Wonder Woman.

“Estoy contenta de que finalmente tengamos este personaje femenino fuerte que no sólo es súper poderosa, sino amorosa y con un corazón enorme”, agregó la actriz sobre la película, que se estrena en España.

Gal Gadot Foto: Facebook
Gal Gadot Foto: Facebook

La cinta, la más reciente gran producción del mundo del cómic, llega a los cines de la mano de Warner Bros para contar la historia de cómo Wonder Woman llegó a ser Wonder Woman tras la transformación de Diana Prince, una joven e idealista amazonas de la remota isla de Themyscira.
El filme, dirigido por Patty Jenkins y con un papel destacado de la admirada Robin Wright y del apuesto Chris Pine, ha recaudado ya más de 570 millones de dólares a nivel global, además de haberse ganado buenas críticas.

“Lo que me encanta de estas películas en su potencial para imaginar una versión de uno mismo a la que se aspira, enfrentándonos a las dificultades de ser un héroe y aprendiendo a (…) ser mejor”, dijo Jenkins sobre las razones que la llevaron a dirigir el filme.

Gal Gadot Foto: Facebook
Gal Gadot Foto: Facebook

“Es importante enseñar a la próxima generación a pensar por ti mismo y ser fuerte, además de tener una mente fuerte”, aseveró.

En el caso de Wright, las cualidades de Wonder Woman, cuya misión en la cinta gira en torno a la búsqueda de un mundo en el que domine el amor y la justicia, fue el factor determinante para decidirse a formar parte del largometraje.

“Lo que Wonder Woman simboliza es la razón por la que quería hacer la película”, afirmó Wright, que interpreta a Antiope, la tía guerrera y decidida que entrena y estimula a Diana Prince para acabar convirtiéndose en la superheroína.

“Su objetivo -añade- es devolverle la igualdad y la justicia a la raza humana. La película es sobre eso y no sobre el castigo o la venganza o el odio” que suelen verse en otros largometrajes del mismo género.

Gal Gadot Foto: Facebook
Gal Gadot Foto: Facebook

Sin embargo, la primera gran película protagonizada por una superheroína, que llega 75 años después de aparición del personaje de Wonder Woman, no ha estado exenta de polémicas, y ha sido blanco de un buen número de comentarios negativos, muchos de ellos sobre la indumentaria y el aspecto del personaje central.

Dicen que el atuendo de Gadot, formado por una ajustada coraza en la mitad superior y una escueta falda que deja al descubierto buena parte de sus muslos, destaca demasiado el aspecto sensual de una superheroína que representa al género femenino en un mundo, el de los cómics, dominado por personajes masculinos.

Su directora se defiende subrayando el hecho de que los superhéroes, como Supermán, Batman y Capitán América, también se caracterizan por ser especímenes ejemplares, varones atractivos y fuertes, por lo que Wonder Woman no es distinta en ese sentido.

“Todos están idealizados, los hombres igual que las mujeres, esa eso es lo que son los superhéroes. Juzgar sólo a Wonder Woman con esos estándares y no a los personajes masculinos es lo que es sexista para mí”, explicó Jenkins.

Gadot también descarta esta idea, y opina que las mujeres pueden “ser inteligentes y fuertes y a la misma vez sexy y atractivas”.

“No veo ningún conflicto con eso”, zanjó.

Gadot interpretó por primera vez el personaje de Wonder Woman, también conocido como Diana Prince, en un rol secundario de la película “Batman v Superman: Dawn of Justice” (2016) y también aparecerá en “Justice League”, que aterrizará en los cines en noviembre de 2017. 

Aurora

La identidad judía de la nueva “Mujer Maravilla” genera debate

Por Sarah Pulliam Bailey

El estreno de La Mujer Maravilla ha generado todo tipo de controversias sobre el tema de género, pero también ha revivido polémicas sobre la identidad judía. La israelí Gal Gadot se ha convertido en una estrella en su país y en una sensación a nivel mundial.

Antes del estreno de la película, el Líbano la prohibió porque, como la mayoría de los ciudadanos israelíes, Gadot sirvió un período obligatorio de dos años en la Fuerza de Defensa como entrenadora de combate. (Jordania también está considerando prohibir la película.)

 

En 2014 Gadot expresó en Facebook su apoyo a las acciones del ejército israelí en Gaza con una imagen de ella y su hija y escribió “Shabbat Shalom”, el saludo común durante el Shabat.

Gadot, cuyo abuelo es un sobreviviente de Auschwitz, se crió en Rosh Haayin, en Israel, y fue Miss Israel a los 18 años. En una entrevista con la cadena ABC, Gadot dijo en broma que haber estado embarazada como Mujer Maravilla (filmó unas escenas embarazada de cinco meses) le resultó más difícil que servir en el ejército.

El papel de Gadot en la película, que en su estreno recaudó USD 103,3 millones en EE.UU. y USD 228,3 millones en todo el mundo, también ha generado un debate. En una nota publicada en comicbook.com, Matthew Mueller argumentó que Gal Gadot es la primera protagonista de color en el género de superhéroes.

“Gal Gadot no es realmente caucásica, es israelí”, escribió Mueller. Parecer blanco no significa ser blanco, escribe Mueller, y cita una columna del Times de Israel: “Concebir a los judíos como ‘blancos’ o simplemente como una religión’, como muchos de nuestros detractores suelen hacer, ayuda a perpetuar una cultura de antisemitismo en la izquierda antirracista”.

La Mujer Maravilla en la versión que encarna Gal Gadot.

La Mujer Maravilla en la versión que encarna Gal Gadot.

El debate acerca de si los judíos son o no blancos resurgió durante la campaña electoral estadounidense del año pasado y ahora ha resucitado tras el estreno de La Mujer Maravilla.

Históricamente existe toda una gama de subgrupos judíos, incluyendo los ashkenazíes, sefaradíes, mizrajíes, etíopes y más.

“Entonces, ¿Gal Gadot es blanca?” pregunta Joel Finkelstein en The Forward, un semanario judío. “¿Es norafricana de Medio Oriente, israelí y judía y europea y blanca? ¿Es estas seis cosas o qué es? ¿Quién decide si los judíos son blancos, y qué fuerzas guían esas decisiones? La ambigüedad de la etnia judía sirve como un arma perversa en manos hostiles a la identidad judía”.

Mark Tseng-Putterman, quien es asiático-americano y judío, dijo que el argumento de que por defecto todos los judíos son gente de color no guarda relación con la cuestión de la raza en los Estados Unidos, donde se configuró como una consecuencia de la esclavitud y el genocidio.

“En el contexto de las instituciones estadounidenses que producen raza (es decir esclavitud y genocidio), los judíos europeos estaban firmemente ubicados como blancos y podían beneficiarse sistemáticamente de estas instituciones”, dijo.

Argumentar que los judíos son una “raza” y una raza no blanca, dijo, amenaza con ignorar la diversidad racial dentro de la comunidad judía. “Aquellos que hacen afirmaciones acerca de la genética judía tampoco comprenden que la ‘raza’ no es una categoría biológica, sino una categoría construida socialmente por instituciones políticas y legales”, dijo Tseng-Putterman.

Cuando los judíos europeos comenzaron a inmigrar a los Estados Unidos, se les consideraba legalmente blancos, aunque se les prohibía participar en la vida pública. Con el tiempo se asimilaron, pero la pregunta sobre la raza es complicada.

“Los judíos piensan las cuestiones de raza en sus propias vidas con una increíble diversidad”, escribió Emma Green para la revista The Atlantic a finales del año pasado. “Hay muchos tipos diferentes de judíos: ortodoxos, seculares, de reforma, judíos de nacimiento, judíos por elección, judíos por conversión, algunos judíos que no son particularmente religiosos pueden identificarse como blancos, pero otros pueden sentir que su judaísmo está específicamente vinculado a su herencia étnica”.

La identidad de Gadot ha sido destacada en la prensa judía, incluido The Jewish Journal, que examinó la esencia judía de su carácter.

“No es sólo un triunfo para las mujeres que sea una mujer quien salve el mundo, es un triunfo para los judíos”, escribió Danielle Berrin. Aunque la película está ambientada durante la Primera Guerra Mundial, Berrin destacó los orígenes del personaje en la lucha contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Luchar contra Hitler, escribió Berrin, está en el ADN del personaje.

Gadot desafía algunos de los estereotipos de las mujeres, sobre todo porque muchas mujeres judías son retratadas en el cine como poco atractivas o como personajes excéntricos, dijo Emily Shire, redactora de Bustle.

“[La Mujer Maravilla] es un hito del cine para la mujer por muchas razones, y esto lo lleva a otro nivel”, dijo Shire. “Hay muchos judíos que han hecho historia como productores de cine y amantes del cine, pero ¿quién ha aparecido en la pantalla?”, dijo.

Antisemitismo e israelofobia. Un experimento

antisemitismo

Por Jesús M. Pérez 

Antisemitismo es una de esas palabras que se han convertido en un campo de batalla precisamente porque los antisemitas pretenden vaciarla de contenido. Y es especialmente polémica cuando se emplea en los debates sobe el Estado de Israel, con acusaciones de que se usa a la ligera, por un lado, y de que existe un sesgo antijudío cuando se critica a ese país, por el otro.

El término semita fue usado por primera vez en la segunda mitad del siglo XVIII por un historiador alemán. Literalmente, los pueblos semitas eran aquellos descendientes de Sem, el segundo hijo de Noé. El término se emplea actualmente para referirse a un conjunto de lenguas nacidas en Oriente Medio y emparentadas entre ellas, como el árabe y el hebreo. Así que una primera respuesta habitual de las personas acusadas de antisemitas es aducir, normalmente en tono jocoso, que semitas también son los árabes y que por tanto no son antisemitas, porque no sienten ningún rechazo por los árabes. El diseñador gráfico Andrés Diplotti lo explicó perfectamente en una tira ilustrada en 2011.

La excusa etimológica es en realidad bastante tonta. El término antisemita se ha usado de forma generalizada exclusivamente para referirse al pueblo judío. El diccionario de la Real Academia Española lo deja bien claro. Antisemita es aquel que es “enemigo de los judíos, de su cultura o de su influencia”. Y la experiencia histórica tampoco deja lugar a dudas. Existieron entre los siglos XIX y XX organizaciones con el nombre de Liga Antisemita en países como España, Francia y Alemania.

El antisemitismo podría parecer entonces una cosa antigua, a caballo entre los siglos XIX y XX, propia de la rígida sociedad conservadora europea de entonces o incluso producto de las circunstancias excepcionales de la Alemania nazi. Pero curiosamente el discurso antisemita se ha ido adaptando a los tiempos para mantener la idea de un poder judío oculto en la sombra que manipula y conduce los grandes acontecimientos internacionales. Así, donde se hablaba antes de la banca judía como causante de la crisis económica de 1873, ahora la izquierda antisemita habla del papel de los fondos de inversión judíos en la gran crisis financiera mundial de 2008. Y donde antes se hablaba del comunismo como una amenazante fuerza política creada por los judíos, hoy la derecha antisemita habla de los judíos moviendo los hilos en Hollywood y los medios de comunicación para normalizar valores y conductas que socavan la civilización occidental.

Unos y otros, antisemitas de derecha e izquierda, coinciden en señalar como personaje mefistofélico por antonomasia al judío George Soros, multimillonario y filántropo cuyo apoyo a fuerzas políticas opositoras en Europa del Este ayudó a ganar elecciones en antiguos países comunistas que se realinearon geopolíticamente con Occidente. Y eso es algo que precisamente no le perdonan esa izquierda y esa derecha que han visto en Vladímir Putin un baluarte contra el “imperialismo otánico”, una reserva espiritual ante la degeneración y la decadencia moral de Occidente.

Pero si hay un terreno donde el término antisemitismo es motivo de batallas dialécticas es, ya digo, Israel. Para unos, la acusación de antisemita se ha convertido en un botón del pánico empleado injustamente para contestar a críticas legítimas dirigidas exclusivamente a las acciones y declaraciones del gobierno, los políticos, las personalidades o los ciudadanos del país. A priori suena plausible. Cualquier país, sus autoridades y sus ciudadanos pueden ser sometidos a crítica. Pero quien sigue la actualidad de Israel y presta atención a su seguimiento en los medios de comunicación no puede dejar de sentir que algo raro pasa. Y creo que para tener un diálogo honesto sobre Israel, que es un país que tiene, como todos, sus fallos, debemos descartar antes de nada la presencia de sesgos que enturbien el debate. Porque entonces tendríamos claro que nadie ataca a Israel porque le tenga una especial inquina a ese país, y que nadie usa la acusación de antisemitismo como un comodín para salir al paso de críticas legítimas.

Si fuéramos a abordar la existencia de sesgos en el tratamiento de Israel, deberíamos acudir a las ciencias sociales. Un sociólogo propondría utilizar técnicas de investigación social como encuestas de opinión y grupos de discusión. Por ejemplo, la gente a veces no es sincera. Y la elección de una respuesta entre varias no nos permite saber la amplia variedad de argumentos con los que la gente sostiene una opinión. Para eso se usan los grupos de discusión, donde se selecciona y reúne a un grupo de personas para que expresen sus ideas sobre un tema.

El gran problema de las ciencias sociales es que se aproximan a la realidad a través de técnicas que extrapolan los resultados de investigaciones sobre muestras porque no podemos hacer experimentos en condiciones controladas con la sociedad al completo. Pero sí podemos usar la imaginación para proponer cómo podría ser el experimento definitivo sobre la existencia de sesgos contra Israel.

La realización de mi experimento requiere un ejercicio de imaginación. Tenemos que imaginar que existe un conflicto armado en Oriente Medio. Tendría que ser un país cercano a Israel y en el que hubiera población civil palestina que sufriera las consecuencias de la guerra para hacer una comparación seria. Se me ocurre Siria, por ejemplo. Entonces, en esa situación imaginaria compararíamos el tratamiento de la prensa y la reacción de la opinión pública. Tomaríamos medidas cuantitativas, como el número de hashtags solidarios, y usaríamos técnicas cualitativas de las ciencias sociales, como el análisis del discurso, con declaraciones de periodistas, artistas e intelectuales mostrando su tajante rechazo al sufrimiento de los palestinos en campamentos de refugiados sirios.

Este tipo de análisis podría sufrir sesgos. Por ejemplo, que estuviera actuando un prejuicio no sólo antiisraelí sino propalestino. Es algo que podemos intuir viendo el tratamiento en la prensa de la Autoridad Palestina. Mahmud Abás prolongó su mandato y lleva años sin convocar elecciones, como hizo Alberto Fujimori en Perú. Pero es raro o casi imposible encontrar un medio español que use la expresión “régimen palestino”, mientras que es fácil encontrar artículos donde se hace referencia al “régimen de Fujimori”.

Entonces, para evitar otro tipo de sesgos, tendríamos que establecer un grupo de control. Para realizar nuestro experimento de forma científica tendríamos que imaginar un tercer conflicto armado en Oriente Medio en el que no intervenieran ni palestinos ni israelíes. Tendría que ser un país alejado de Israel para evitar cualquier influencia del conflicto palestino-israelí. Y en ese conflicto armado tendrían que darse casos de población civil sufriendo. Propongo Yemen. Y ante esa imaginaria guerra de Yemen estudiaríamos el tratamiento en los medios de comunicación y el impacto en la opinión pública de los padecimientos de la población civil.

Y entonces, con nuestro estudio comparado del tratamiento del conflicto palestino-israelí con otros conflictos de Oriente Medio, yo he puesto los ejemplos de Siria y Yemen, veríamos si existe un doble rasero o no en el tratamiento de la prensa, o si las respuesta emocionales de la opinión pública son equiparables o no. Claro está, como dije antes, en ciencias sociales no podemos hacer experimentos actuando sobre países enteros. Y lo tendremos que dejar aquí como un mero ejercicio de diseño experimental. Nos quedaremos con la duda de la existencia de un sesgo que afecta al tratamiento de Israel. O no…

Fuente: Revista El Medio