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Cuando todo el mundo parece tener lo que decir de Jerusalem, es la propia ciudad quien habla ahora.

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Créditos de las imagenes: youtube.

Cuando todo el mundo parece tener lo que decir de Jerusalem, es la propia ciudad quien habla ahora, Un misterioso sello antiguo fue desenterrado cerca del muro de los lamentos.

El sello de arcilla que data de 2.700 años de antigüedad fue descubierto cerca de la plaza del Muro de los Lamentos en la Ciudad Vieja de Jerusalem, cinco años después de que comenzó la excavación en el sitio.

El objeto en si puede haber pertenecido alguna vez al gobernador de la ciudad.

Arqueólogos israelíes revelaron que el antiguo artefacto fue descubierto, y que el sello estaba inscrito con una antigua escritura hebrea donde se leía: “perteneciente al gobernador de la ciudad”.

Los arqueólogos presentaron el antiguo artefacto al actual alcalde de Jerusalem, Nir Barkat. “Es muy abrumador recibir saludos desde el Primer Templo de Jerusalén”, dijo Barkat en un comunicado de prensa.

Los gobernadores de la ciudad antigua se mencionan en la Biblia dos veces, refiriéndose a que Josué sostuvo la posición del gobernador durante el reinado del rey Ezequías y de Masiahu en la posición durante los días de Josías.

“Es compatible con la interpretación bíblica de la existencia de un gobernador de la ciudad en Jerusalén hace 2.700 años”, según un comunicado de la Autoridad de Antigüedades de Israel, citando a la arqueologa Shlomit Weksler-Bdolah.

“El sello se adjuntó a un transporte importante y sirvió como una especie de logo, que se envió en nombre del gobernador de la ciudad”, dijo Weksler-Bdolah.

Ser gobernador era la posición local más alta en Jerusalem en ese momento. El sello en forma de moneda muestra a dos hombres de pie, uno frente al otro.

Ambos llevan prendas a rayas hasta la rodilla.

“Es muy importante porque demuestra que no solo está en la Biblia, sino que realmente había un gobernador de Jerusalem alrededor del último período del primer templo”, dijo Weksler-Bdolah.

“Estuvimos aquí durante cinco años cavando lentamente”, dijo Weksler-Bdolah. Después de que se descubrió la pequeña pieza de arcilla, se convirtió en uno de los siete sellos encontrados en el sitio.

Otro artefacto antiguo fue encontrado en Jerusalén en 2015 en un vertedero, y podría haber sido el sello del rey Hezekiah, informó CNN. Otro sello, de unos 2.500 años de antigüedad, fue desenterrado en Jerusalem al año siguiente. Ese sello podría haber pertenecido a una mujer.

El último anuncio del descubrimiento antiguo llegó casi un mes después de que el presidente Donald Trump anunciara que reconocería formalmente a Jerusalem como la capital de Israel, un movimiento que rompió con varias décadas de política exterior en los Estados Unidos.

FUENTE: latamIsrael

¿Nos estamos dejando arrebatar el Monte del Templo?

La foto icónica tomada en el Muro Occidental poco después de su liberación en 1967. Foto: David Rubinger / GPO.

Por Martin Sherman

“Es de extrema importancia que se encuentre una solución a la presente crisis antes del viernes de esta semana (…) Los peligros sobre el terreno aumentarán si pasamos otro ciclo de viernes de oración sin una solución (…) Lo que pasa en Jerusalén tiene el potencial de acarrear costes catastróficos (…) mucho más allá de los muros de la Ciudad Vieja, mucho más allá de Israel y Palestina y mucho más allá del propio Oriente Medio” (Nikolai Mladenov, coordinador especial de Naciones Unidas para el Proceso de Paz en Oriente Medio, 24 de enero de 2017).

“Cuando cedemos ante las preocupaciones de los árabes (y de los musulmanes yihadistas) por las cuestiones de honor, dando marcha atrás en cualquier cosa que digan que les ofende, nos creemos que nuestra generosidad y contención conseguirán de algún modo que los extremistas se comporten de forma más racional. En vez de eso, acabamos tapándonos la boca y por ende siendo partícipes de sus actitudes más beligerantes, honrándolas y confirmándolas. Y no hay nada de generoso, racional o progresista en eso” (Richard Landes, ‘Tablet Magazine’, 24 de junio de 2014).

Los sangrientos acontecimientos de las últimas semanas son un desafío a la fe y a la razón. Una serie de ataques no provocados de árabes contra israelíes generó, inexplicable, inconcebible y exasperantemente, una ola de críticas internacionales a… ¿las respuestas defensivas de Israel?

La lamentable reticencia de Israel

Naturalmente, en un mundo donde la equidad y la razón dominaran la gestión de los asuntos internacionales, Israel habría obtenido por doquier solidaridad y apoyo, o, como mínimo, una comprensión tácita de su actitud. Al fin y al cabo, las medidas de seguridad adoptadas por Israel tras el ataque letal contra sus agentes de seguridad en el complejo del Monte del Templo no fueron extremas ni excesivas. Al contrario: fueron enteramente razonables, apropiadas e incluso se podría pensar que inevitables.

¿Qué puede ser más natural que aumentar las medidas de seguridad tras un mortífero ataque terrorista?

Pero, desgraciadamente, la reacción internacional estuvo muy lejos de lo que cabría esperar en un mundo imaginario de equidad y racionalidad. En el mundo real, ocurrió todo lo contrario. Se cargó a Israel con la responsabilidad de desactivar la supuesta situación explosiva generada por la amenaza de agresión de sus enemigos.  

No menos lamentable, sin embargo, fue la humillante respuesta de Israel a las absurdas recriminaciones, que sólo ayudó a avivar las llamas del despropósito. En vez de repudiar firme y resueltamente las ridículas acusaciones en su contra, Israel se empeñó en hacer de adulto responsable reconociendo que, en efecto, debe asumir la carga de prevenir cualquier violencia que los árabes/musulmanes puedan decidir instigar.

Una invitación a la extorsión

Por supuesto, esto implica paradójica y perversamente que quien es objeto de una agresión tiene la culpa de cualquier cosa que le suceda, mientras se exime a los agresores de toda responsabilidad por cualquier fechoría que les dé por perpetrar.

Como era de prever, esta conducta ostensiblemente madura y moderada de Israel ha tenido escaso reconocimiento. En vez de recibir cálidos aplausos, ha sido rotundamente condenado. En vez de serle reconocida su altura de miras, se percibió que admitía tácitamente su culpa. Después de todo, si uno cree que las medidas que ha tomado son justas y adecuadas, ¿por qué reniega de ellas? Visto desde esta perspectiva, dar marcha atrás sólo se puede interpretar como la admisión de un acto indebido.

Así que, al claudicar ante las amenazas de violencia, el Gobierno israelí ha extendido una inequívoca invitación a la comisión de más extorsiones, porque ha transmitido un inconfundible mensaje de debilidad, a sus amigos y también a sus enemigos. O es incapaz de gestionar las amenazas de violencia musulmana o no está dispuesto a afrontar las consecuencias de la ensayada ira musulmana. Pero, sea por falta de habilidad o por falta de voluntad, no hay muchas diferencias en la conclusión que inevitablemente se extraerá: no se puede hacer nada para prevenir nuevas amenazas que busquen concesiones de mayor alcance.

Lo confieso: estaba equivocado

Como judío no observante cuya relación con el Todopoderoso ha sido tensa, por decirlo suavemente, siempre he sido escéptico cuando mis allegados más devotos afirmaban que el Monte del Templo es fundamental para el mantenimiento de la soberanía judía. Aunque estaba en contra de cualquier concesión territorial de Israel, incluido el Monte del Templo, sostenía que la lucha por el control judío del lugar era más incidental que central.

Yo creía –y en muchos sentidos lo sigo haciendo– que, a fin de dar un mayor empaque a lascondiciones para que Israel perdure como el Estado-nación de los judíos, ha de subrayarse la crucial importancia estratégica de todo el territorio que se extiende a lo largo de la Línea Verde anterior a 1967, y el grave riesgo que correría Israel si llevara a cabo cualquier retirada significativa. En consecuencia, me parecía que no había necesidad de considerar aparte el Monte del Templo, ya que era obvio que se incluiría en el territorio que Israel necesita preservar. De hecho, pensaba que quizá era mejor no dar importancia al control del Monte, a fin de que no se rechazaran los debates estratégicos racionales con el pretexto de que estuvieran viciados por el “fanatismo religioso”.  

¡Pues resulta que me equivocaba!

Aunque sigo pensando que, si quiere seguir siendo viable como el Estado-nación de los judíos, Israel no puede aceptar rendir su soberanía sobre Judea y Samaria, hoy soy más receptivo a la idea de que el control del Monte del Templo es la clave para mantener la soberanía judía. Por imperativos de orden no estratégico sino psicológico-político; no porque los fanáticos judíos piensen así, sino porque también piensan así los fanáticos musulmanes.

Nada ayudará más a que los musulmanes sigan creyendo que pueden erradicar la presencia judía de todo el territorio de Israel, o al menos erradicar la soberanía judía sobre él, que impugnar con éxito el control judío sobre el lugar más sagrado de los judíos. A ojos de los musulmanes, si pueden arrebatar a los judíos el control sobre el Monte del Templo, también podrán arrebatárselo en cualquier otra parte del territorio.

Para ellos, si los judíos están dispuestos a renunciar al control del Monte del Templo para evitar un estallido de rabia musulmana, estarán igual de dispuestos a renunciar al control de Haifa y Tiberias. Si se percibe que los judíos no están dispuestos a plantar cara por su lugar más sacrosanto, en el corazón de su capital, ¿por qué iban a estar dispuestos a seguir plantando cara en cualquier otro lugar, menos sacrosanto, siempre que surja un pretexto para el conflicto?

“Si no puedo traer mi pistola, no tiene sentido rezar…”

La insufrible insensatez de la oposición al refuerzo israelí de las medidas de seguridad y la flagrante hipocresía de los grandes medios al cubrir el asunto quedaron expuestos de manera muy gráfica en un contundente video de Daniel Pomerantz, de Honest Reporting. En él, Pomerantz expresa su perplejidad por la reacción de los musulmanes a la instalación de detectores de metal después de que tres terroristas árabes salieran de la mezquita de Al Aqsa y dispararan y mataran a dos policías israelíes con armas automáticas que habían introducido clandestinamente en el recinto.

“No entiendo muy bien el sentido de negarse a pasar por un detector de metales”, comenta Pomerantz, añadiendo mordaz y acertadamente: “Es como decir: ‘Bueno, si no puedo traer mi pistola, no tiene ningún sentido rezar’”.

Pomerantz refuta hábilmente las denuncias musulmanas de que los detectores de metal son un intento de los israelíes de cambiar el statu quo del complejo señalando que el statu quo ya había sido transgredido por los terroristas. Con los detectores de metal se pretendía volver alstatu quo ante, abunda Pomerantz, a fin de que Al Aqsa volviera a ser un lugar de culto y no una armería.

Pero, por supuesto, esto le dio igual a los instigadores de la agitación árabe. Para ellos, cualquier medida –no importa lo apropiada o esencial que sea para unas exigencias legítimas de seguridad– era simplemente una oportunidad para desafiar la soberanía judía.

El apaciguamiento nunca sacia, sólo abre el apetito

En un reciente artículo de opinión, instructivamente titulado “El problema de los detectores de metales es que son judíos”, Fred Marún, árabe residente en Canadá, resumió sucintamente el motivo de fondo de la resistencia árabe a las medidas de seguridad israelíes:

Tristemente, la mayoría de los árabes siguen viendo a Israel como el enemigo ‘yehudi’ que debe ser derrotado a cualquier precio. Por lo tanto, cuando Israel recula y no acomete un cambio que es racional y razonable, hay apaciguamiento. El apaciguamiento, con gente que te odia más allá de lo concebible, no funciona.

Tiene razón. Como la Historia ha demostrado tantas veces, el apaciguamiento nunca sacia el apetito del agresor. Sólo lo estimula, y cada gesto aplacador eleva las expectativas de nuevas y más sustanciosas concesiones.

Una opinión parecida expresó el ministro de Educación israelí, Naftalí Bennett.

Desde luego, he tenido y sigo teniendo algunas discrepancias políticas importantes con Bennett, pero sus declaraciones de estas últimas semanas han sido muy oportunas. “Israel ha salido de esta crisis considerablemente debilitado”, se lamentó. “En lugar de fortalecer nuestra soberanía en Jerusalén, hemos enviado un mensaje de que nuestra soberanía puede ser impugnada, no sólo en el Monte del Templo, también en otras partes”.

“La decisión de retirar los magnetómetros [los detectores de metal] fue sin duda una decisión equivocada”, dijo también. “Israel ha salido de todo este asunto más débil (…) Cada vez que Israel cede ante la presión estratégica, se perjudica en el largo plazo. Perjudica nuestra capacidad para impedir ataques”. “Preveo un aumento de la violencia en las próximas semanas. Vivimos en el barrio más duro del mundo. Cuando huelen la debilidad, se vienen arriba”, advirtió con tono funesto.

Bennett instó a Benjamín Netanyahu a que rescindiera todos los programas diseñados para mejorar las condiciones de los palestinos e iniciara un plan tajante para combatir el terrorismo:

El primer ministro debe dar instrucciones al ministro de Defensa para que quite de la mesa los planes de promoción de los palestinos a base de zanahorias y los sustituya por planes de operaciones que pongan fin al terrorismo.

Jerusalén

Está por ver con qué firmeza y eficacia insistirá Bennett en la aplicación de su rotunda prescripción, a pesar de que hay un amplio apoyo popular a la aplicación de medidas más duras.  

Israel Hayom, que normalmente defiende a Netanyahu, publicó una devastadora condena de la actuación del primer ministro bajo el título de “La debacle de los detectores de metal: la endeble respuesta de Netanyahu”. En ella, el corresponsal político Mati Tuchfeld citaba una encuesta del Canal 2, realizada tras la retirada de los detectores, según la cual el 77% de los ciudadanos israelíes consideraba que el Gobierno se había doblegado ante la presión, mientras que el 67% opinaba que Netanyahu no había gestionado bien la situación. Además, el 68% pensaba que la decisión inicial de instalar los detectores había sido acertada.

Todo esto parece indicar que el normalmente ultrainteligente Netanyahu está gravemente desconectado de su base política, que parece exigirle una actitud mucho más vigorosa ante el creciente desafío a la soberanía judía.

El islam y la soberanía israelí

Tal vez la amenaza más grave de todas las que puedan surgir tras la falta de resolución judía sea la perspectiva de una insurrección y una revuelta de los ciudadanos árabes de Israel. Fue una amenaza claramente visible en la noche del 26 de julio en la ciudad israelí de Um al Fahm, donde miles de personas asistieron al funeral por los tres terroristas que asesinaron a los dos policías en el Monte del Templo. Al parecer, los asistentes alabaron a los asesinos como shahids (mártires) de Al Aqsa, prometieron seguir sus pasos e izaron retadoramente la bandera palestina.

Sin duda, esta amenaza se materializará a no ser que los árabes se convenzan de que los judíos no van a tolerar ningún desafío –dentro o fuera de sus fronteras– a su soberanía nacional y a su independencia política.

Lo que ahora se pide no es la vuelta a la contención reticente, sino el despliegue de unadeterminación implacable. Salvo que los judíos transmitan un mensaje inequívoco de que cualquier desafío a su soberanía será respondido con una abrumadora fuerza letal, acabarán siendo inevitablemente víctimas de la insurrección violenta de sus adversarios árabes.

Permítanme acabar con unas palabras del doctor Mordejai Kedar, renombrado experto en islam y exfuncionario de los servicios de inteligencia de las IDF:

La única forma de que el islam pueda convivir con la soberanía israelí pasa por que reconozca que Israel es fuerte e invencible, y que cualquier intento de doblegarlo se saldará indudablemente con la derrota (…) La posibilidad de una paz definitiva con los judíos al estilo europeo no existe en Oriente Medio, lo que significa que sólo la fuerza y la voluntad de usarla darán a Israel una paz temporal que durará para siempre, si Israel es invencible para siempre, claro.

Amén.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

El presidente turco Recep Erdogan radicaliza su discurso islamista y envía a los musulmanes a “proteger Jerusalén”

“Todos los que tengan la oportunidad deben ir a la mezquita de Al-Aqsa, es el momento en que se necesita que vayan todos allí, no importa de qué país ni de qué lugar geográfico, y si es necesario, debe quedarse”, declaró el mandatario

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, instó esta semana a todos los musulmanes del mundo a viajar y proteger Jerusalén después de que estallara la violencia por los detectores de metales que Israel instaló y más tarde retiró de un lugar sagrado y sensible de la ciudad.

El diario saudita basado en Londres As Sharq al Awsat se preguntó si este es una llamado a la yihad por parte de Erdogan, quien había dicho: “Desde aquí hago un llamado a todos los musulmanes del mundo para que vayan a Jerusalén”.

“Todos los que tengan la oportunidad deben ir a la mezquita de Al-Aqsa, es el momento en que se necesita que vayan todos allí, no importa de qué país ni de qué lugar geográfico, todo musulmán debe acudir a proteger Jerusalén y si es necesario, debe quedarse”, declaró el presidente turco el pasado jueves.

Según el diario turco Hurriyet, también dijo que “es necesario que Israel padezca más sufrimiento por la disputa que ha ocasionado en torno Al-Aqsa”. “Los musulmanes no podemos dejar pasar esta crisis generada por la ocupación israelí sobre nuestros lugares sagrados y los hermanos palestinos”, sostuvo el primer mandatario.

(Reuters)

(Reuters)

El ministro de relaciones exteriores saudita Adel Ahmed Al-Jubeir efectuó una breve declaración al respecto en la que llamó la atención a los países árabes al indicar que tanto el reino como otras cancillerías árabes manifiestan preocupación por estas declaraciones  que incitan al desorden en un momento en que el mundo árabe debe buscar equilibrios fundamentales, por lo que no es propio que el presidente Erdogan continúe con su propaganda sobre Israel, algo que se ha ido agravando con la última crisis de Al-Aqsa.

Aunque los detectores y las medidas de seguridad electrónicas fueron quitadas, Al-Jubeir señaló, en lo que se considera una declaración sin precedentes en un funcionario saudita, que Israel los instaló después de que tres árabes-israelíes radicales dispararon y mataron a dos policías israelíes drusos (también árabes) fuera del complejo del Monte del Noble Santuario el pasado 14 de julio.

El ministro saudita indicó que “el ataque ha sido uno de los más serios en la zona durante los últimos años”, manifestando que el reino defiende y protege todos y cada uno de los lugares sagrados musulmanes pero que también lucha contra el terrorismo cualquiera sea su manifestación.

Para algunos asesores del presidente Trump, Erdogan esté mostrado cada vez más signos de agresión supremacista islámica en Oriente Medio, y en algunos casos esas conductas se extienden incluso hacia Europa.

En abril, el presidente turco declaró la existencia de un enfrentamiento entre “la cruz y la media luna” por una ley que estableció la prohibición del velo en los lugares de trabajo dentro de la Unión Europea. Seguidores de Erdogan también han estado ocupando iglesias en Turquía y pidieron al gobierno que las declare propiedad estatal; el presidente prometió llevar esa inquietud al parlamento al tiempo que dijo a sus adherentes que “Europa esta enferma” y pagará por humillar y oprimir a los turcos.

REUTERS/Murad Sezer

REUTERS/Murad Sezer

A pesar del caos resultante de la inmigración musulmana en Alemania, en otro de sus actos supremacistas Erdogan reprendió abiertamente a Angela Merkel por permitir que en su país se utilice la expresión “terrorismo islámico” al considerar que “entristece y humilla a los musulmanes”.

Su última declaración, haciendo un llamado a todos los musulmanes del mundo a desplazarse a Jerusalén, rodear la mezquita de Al-Aqsa y proteger los sitios sagrados musulmanes, ha sido una de las más duras de los últimos tiempos para muchos analistas árabes, ya que apuntó a un sitio de los más sensibles del conflicto palestino-israelí.

Israel instaló detectores de metales en las entradas del sitio sagrado, luego del ataque del 14 de julio donde dos oficiales de policía israelíes fueron asesinados a manos de tres terroristas palestinos que luego fueron abatidos por fuerzas de seguridad, pero al promediar la semana quitó todas esas medidas de seguridad por decisión gubernamental en lo que muchos ven como un intento de colocar paños fríos a la escalada del conflicto que se disparó a niveles críticos con el asesinato de los dos efectivos policiales.

Los palestinos vieron las medidas de seguridad de Israel como una ampliación y un mayor control sobre el sitio, lo cual hizo que los enfrentamientos mortales se profundizaran por más de una semana de protestas con víctimas mortales de ambos lados.

Sin embargo, el presidente turco redobló su apuesta discursiva sosteniendo que: “Israel está tratando de tomar la mezquita de manos musulmanas con el pretexto de luchar contra el terrorismo”. “No hay otra explicación ni aceptaremos ninguna excusa ante los hechos que hemos observado” dijo luego Erdogan en el parlamento en un discurso ante los legisladores del Partido Justicia y Desarrollo AKP (por sus siglas en idioma turco).

Israel volvió a prohibir el acceso de hombres menores de 50 años a la Explanada de las Mezquitas

Tras los fuertes enfrentamientos en Jerusalén Este que dejaron cinco muertos y decenas de heridos, las autoridades decidieron retomar las medidas de seguridad ante las amenazas de disturbios

La policía israelí custodia los alrededores de la mezquita Al Aqsa ante las amenazas de seguridad. (Reuters)

La policía israelí custodia los alrededores de la mezquita Al Aqsa ante las amenazas de seguridad. (Reuters)

La policía israelí anunció que prohibió el acceso de los hombres menores de 50 años a las plegarias del viernes en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, tras la escalada de tensiones de los días pasados.

“Se realizó una evaluación de la seguridad y hay indicaciones de que hoy habrá disturbios y manifestaciones”, señaló la policía en un comunicado. “Sólo los hombres mayores de 50 y las mujeres de cualquier edad serán autorizados”, agregó. “Se limitará el acceso a ciertas calles en torno a la Ciudad Vieja y se están tomando todas las medidas de seguridad necesarias para prevenir y responder a cualquier estallido de violencia”.

La zona incluye a la mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca.

El jueves, los palestinos pusieron fin al boicot del sitio sagrado que habían iniciado en protesta por nuevas medidas de seguridad impuestas por Israel.

Nuevos enfrentamientos estallaron el jueves por la tarde entre las fuerzas de seguridad israelíes y los palestinos en la Explanada de las Mezquitas.

La policía israelí vigila las calles de la ciudad vieja en Jerusalén. (REUTERS/Amir Cohen)

La policía israelí vigila las calles de la ciudad vieja en Jerusalén. (REUTERS/Amir Cohen)

Los musulmanes habían accedido por primera vez en casi dos semanas a la explanada después de que las autoridades israelíes hubieran retirado unas controvertidas medidas de seguridad, decretadas tras un ataque en el que murieron dos policías israelíes el 14 de julio.

Tras la instalación de los arcos de seguridad, el 16 de julio, los musulmanes rechazaron entrar al complejo y decidieron rezar en las calles adyacentes como forma de protesta.

Durante días, se produjeron fuertes enfrentamientos en Jerusalén Este y en Cisjordania ocupada, que dejaron cinco muertos y decenas de heridos.

Además, tres israelíes fueron asesinados por un palestino en una colonia hebrea en Cisjordania ocupada.

Israel justificó el nuevo dispositivo alegando que los atacantes del 14 de julio habían escondido sus armas en la explanada, pero los palestinos interpretaron la medida como un movimiento de Israel para incrementar su control sobre el sitio.

Tras las presiones ejercidas por la comunidad internacional, Israel retiró el martes los detectores de metales, que fueron sustituidos por cámaras de seguridad, desmontadas, asimismo, este jueves.

Furia islámica en Jerusalem

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Por Julián Schvindlerman 

La noche del viernes pasado, dos abuelos estaban celebrando el shabat judío y el nacimiento de un nuevo nieto ese mismo día, en su hogar de Neve Tzuf, un pequeño asentamiento de Cisjordania, en compañía de otros familiares. La puerta estaba abierta a la espera de más invitados. Entró un extraño inesperado: Omar el Abed, un palestino de 19 años simpatizante de Hamás, armado con un gran cuchillo. Apuñaló fatalmente a Yosef Solomon (70 años) y a sus dos hijos, Jaya (46) y Elad (36), e hirió gravemente a su mujer, Tova (68), quien tuvo la trágica suerte de sobrevivir al ataque para ver a su esposo y a sus hijos muertos, en un charco de sangre. A Elad lo sobrevivieron su esposa y tres niños pequeños, quienes se salvaron al lograr encerrarse en una habitación. Los gritos desesperados de los presentes propiciaron que un vecino, soldado fuera de servicio, disparara al terrorista antes de que su carnicería continuara. El atacante fue atendido en un hospital israelí.

“Tengo 20 años y muchos sueños, pero no hay vida después de lo que he visto en Al Aqsa”, posteó El Abed en su perfil de Facebook antes de iniciar la masacre. ¿Y qué fue lo que había visto en la mezquita de Al Aqsa que tanto lo consternó? Las autoridades israelíes habían puesto detectores de metales en los accesos a la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado para el islam (y primer lugar sagrado del judaísmo, que lo denomina Monte del Templo). ¿Y por qué pusieron las autoridades israelíes esos detectores? Una semana antes, tres terroristas árabes de Israel contrabandearon armas a la mezquita de Al Aqsa y acribillaron a tiros por la espalda a dos policías israelíes en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Las víctimas resultaron no ser judías, sino drusas: Haiel Sitawe (30), que había sido padre hacía tres semanas, y Kamil Shnaán (22), que acababa de prometerse en matrimonio.

En rechazo a esa decisión de seguridad, motivada por un atentado sin precedentes con metralletas contrabandeadas por terroristas musulmanes a la tercera mezquita más importante del islam, el liderazgo palestino inflamó la calle con acusaciones de que Israel pretendía modificar el statu quo del lugar santo; cosa que el Gobierno israelí negó reiteradamente. Fatah llamó a un “día de furia”, la autoridad religiosa a cargo del lugar (Waqf), dependiente de Jordania y la Autoridad Palestina, instó a cerrar las mezquitas de Jerusalem el viernes y el muftí palestino llamó a todos los feligreses islámicos a que fuesen a protestar a la Explanada de las Mezquitas. Como era previsible, hubo enfrentamientos con la Policía israelí y muertos palestinos, entre ellos uno al que le estalló en las manos el cóctel molotov que estaba por arrojar contra las fuerzas de seguridad.

Dejando de lado el hecho de que en el acceso a la Gran Mezquita de la Meca hay detectores de metales, como también los hay a la entrada a la Tumba de los Patriarcas en Hebrón, en la propia Cisjordania –por no mencionar los que hay en cualquier aeropuerto, sala de conciertos e incluso en Disneylandia–, cabe preguntarse qué clase de cultura produce un sujeto como Omar el Abed, dispuesto a masacrar a toda una familia inocentemente reunida en una mesa hogareña. En Gaza comenzaron inmediatamente las celebraciones por la masacre de judíos. Mahmud Abás canceló toda cooperación con las fuerzas de seguridad israelíes. Próximamente, la familia de El Abed empezará a recibir dinero de la Autoridad Palestina, que –esto está determinado por ley– paga recompensas a los familiares de aquellos palestinos que hayan asesinado a israelíes. Cada año, la AP eroga alrededor de 300 millones de dólares de su presupuesto nacional para pagar salarios a terroristas palestinos presos en cárceles israelíes y a las familias de terroristas muertos u otros palestinos que hayan caído al luchar contra Israel. Es posible que, en el futuro, alguna plaza o calle o escuela sea nombrada en su honor, como ya tienen otros tantos infames palestinos que han matado a israelíes en el pasado.

Para contemplar: tres musulmanes profanan la mezquita de Al Aqsa al transformarla en un centro de operaciones de terror, matan por la espalda a dos policías israelíes drusos, la calle palestino-islámica estalla en furia colectiva cuando Israel, con entera justificación, instala detectores de metales para evitar una repetición de semejante atentado, y en reacción a todo ello un musulmán indignado apuñala salvajemente a una pareja de ancianos judíos y a sus hijos. Ya padecieron este tipo de violencia insensata y desproporcionada los editores daneses del Jyllands Posten, los periodistas franceses de Charlie Hebdo, el papa Benedicto XVI –tras su famoso discurso de Ratisbona– y Salman Rushdie tras escribir Los versos satánicos, por citar unos pocos casos. Quizás lo ocurrido sirva para validar algo que muchos venimos señalando desde hace tiempo: el terrorismo islamista que padece Israel no difiere del que padece el resto del mundo. O, parafraseando un viejo eslogan que buscaba concienciar sobre el sida hace unas décadas: el terrorismo no discrimina, no lo hagamos nosotros.

Fuente: Revista El Medio

Erdogan, obsesionado con Jerusalén

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Por Burak Bekdil

Hace menos de un año, Turquía e Israel acordaron poner fin a su alejamiento diplomático, que duraba ya seis años, y normalizaron oficialmente sus relaciones. Mandaron como embajadores a Kemal Okem para Israel y a Eitan Naeh para Turquía, dos destacados diplomáticos de carrera que desde entonces han estado esforzándose a fin de normalizar lo formalmente normalizado. Como algunos observadores –incluido este humilde corresponsal– advirtieron en 2016:

Erdogan ha accedido pragmáticamente a darse el apretón de manos con Israel, pero su hostilidad ideológica hacia el Estado judío y su romance ideológico con Hamás no han desaparecido; así que es posible que la ‘paz’ turco-israelí no sea fácil de sostener.  

En mayo, sólo medio año después de la normalización, Erdogan dio su palabra de que trabajaría con el pueblo palestino para impedir la “judaización de Jerusalén”. He aquí el Erdogan clásico. La promesa del presidente turco no era muy diferente de una llamada a la lucha para impedir la “catolización del Vaticano”.

Es de historia básica que el periodo preislámico de Jerusalén (3300-1000 aec) aparece en el libro del Génesis –los tiempos de Abraham, Isaac y Jacob–, cuando los antepasados de Erdogan eran, probablemente, cazadores en las estepas de Asia Central. Los años 1000-732 aec marcaron el periodo de los antiguos reinos de Israel y Judá. Dicho simplemente, la historia judía de Jerusalénse remonta a miles de años antes del nacimiento del islam.

Sin embargo, según Erdogan, hay una necesidad de “protegerse contra la judaización de Jerusalén”. En su discurso de mayo, Erdogan repitió una apelación previa a los musulmanes de todo el mundo a “visitar la mezquita de Al Aqsa”, ubicada en el Monte del Templo de Jerusalén. “Como comunidad musulmana, tenemos que visitar con frecuencia la mezquita de Al Aqsa”, dijo.“Cada día que Jerusalén está bajo ocupación es un insulto para nosotros”.

En 2016, 26.000 turcos (de una población de 80 millones) visitaron la mezquita de Al Aqsa.Erdogan dijo igualmente que quería a “cientos de miles de musulmanes” en ese lugar sagrado musulmán para “inundar Jerusalén [de musulmanes] y expulsar a los ocupantes”.

Durante su reconciliación con Israel, Ankara se comprometió a dejar de apoyar a Hamás; incluso expulsó a Saleh al Aruri, el oficial de más alto rango de dicha organización presente en suelo turco. Pero hubo informaciones que indicaban que en realidad Erdogan no estaba dispuesto a cumplir su parte del acuerdo. El periodista Yoav Zitun escribió en Ynet News:

La presencia de Hamás en Turquía se mantiene a pesar de la salida de Saleh al Aruri, que dirigió Hamás en Turquía antes de abandonar el país por exigencia de Israel durante las negociaciones de reconciliación.

Sus sucesores están reclutando a estudiantes palestinos para que estudien en países musulmanes en general y en Turquía en particular. Los estudiantes son después enviados al Líbano o a Siria para que reciban entrenamiento militar, y desde allí regresan a la Margen Occidental para perpetrar atentados contra Israel.

Zitun refería algunos casos inquietantes:

Por ejemplo, hace dos meses las IDF [Fuerzas de Defensa de Israel] y el Shin Bet [servicio de seguridad israelí] detuvieron a un palestino que había estado viviendo en el Chipre turco durante varios años. En agosto de 2015, Qazmar fue reclutado en Jordania por Hamás, recibió entrenamiento militar y realizó prácticas con explosivos. En una reunión con operativos de Hamás en Estambul el pasado enero, recibió instrucciones de reclutar terroristas en la Margen Occidental utilizando tarjetas de memoria encriptadas.

Otro caso muy conocido atañe a Mohamed Murtaya, que fue líder de una organización de ayuda humanitaria del Gobierno turco en Gaza. Según declaró el Shin Bet tras su arresto, se acusaba a Murtaya de transferir millones de dólares donados por Ankara a operativos de Hamás.

Que el dinero turco vaya a parar a individuos que se han comprometido a la aniquilación de Israel tiene que ver con la ideología, no con la ayuda humanitaria.

Mientras se presenta como el guardián internacional de la causa islamista, desde 2004 Turquía hainvertido millones de dólares en 63 proyectos diseñados para “defender y fortalecer el legado y el carácter musulmanes de Jerusalén”. El dinero se canaliza normalmente a través de un organismo gubernamental, la Agencia Turca de Cooperación y Desarrollo (TIKA). En su empeño de “defender y fortalecer el legado y el carácter musulmanes de Jerusalén”, Turquía se ha asociado con el jeque Raed Salah, líder de la Rama Norte del Movimiento Islámico en Israel, y con el jeque Akram Sabri, exmuftí de Jerusalén. Los dos se oponen al derecho de Israel de existir.

Como me preguntó delicadamente un amigo estadounidense: “¿No se supone que Turquía iba a invertir millones para ayudar a reconstruir Gaza?”. No lo parece, mientras esté la ideología de islamista de por medio.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio