Archivo de la categoría: JERUSALEM JUDÍA Y ETERNA

Furia islámica en Jerusalem

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Por Julián Schvindlerman 

La noche del viernes pasado, dos abuelos estaban celebrando el shabat judío y el nacimiento de un nuevo nieto ese mismo día, en su hogar de Neve Tzuf, un pequeño asentamiento de Cisjordania, en compañía de otros familiares. La puerta estaba abierta a la espera de más invitados. Entró un extraño inesperado: Omar el Abed, un palestino de 19 años simpatizante de Hamás, armado con un gran cuchillo. Apuñaló fatalmente a Yosef Solomon (70 años) y a sus dos hijos, Jaya (46) y Elad (36), e hirió gravemente a su mujer, Tova (68), quien tuvo la trágica suerte de sobrevivir al ataque para ver a su esposo y a sus hijos muertos, en un charco de sangre. A Elad lo sobrevivieron su esposa y tres niños pequeños, quienes se salvaron al lograr encerrarse en una habitación. Los gritos desesperados de los presentes propiciaron que un vecino, soldado fuera de servicio, disparara al terrorista antes de que su carnicería continuara. El atacante fue atendido en un hospital israelí.

“Tengo 20 años y muchos sueños, pero no hay vida después de lo que he visto en Al Aqsa”, posteó El Abed en su perfil de Facebook antes de iniciar la masacre. ¿Y qué fue lo que había visto en la mezquita de Al Aqsa que tanto lo consternó? Las autoridades israelíes habían puesto detectores de metales en los accesos a la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado para el islam (y primer lugar sagrado del judaísmo, que lo denomina Monte del Templo). ¿Y por qué pusieron las autoridades israelíes esos detectores? Una semana antes, tres terroristas árabes de Israel contrabandearon armas a la mezquita de Al Aqsa y acribillaron a tiros por la espalda a dos policías israelíes en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Las víctimas resultaron no ser judías, sino drusas: Haiel Sitawe (30), que había sido padre hacía tres semanas, y Kamil Shnaán (22), que acababa de prometerse en matrimonio.

En rechazo a esa decisión de seguridad, motivada por un atentado sin precedentes con metralletas contrabandeadas por terroristas musulmanes a la tercera mezquita más importante del islam, el liderazgo palestino inflamó la calle con acusaciones de que Israel pretendía modificar el statu quo del lugar santo; cosa que el Gobierno israelí negó reiteradamente. Fatah llamó a un “día de furia”, la autoridad religiosa a cargo del lugar (Waqf), dependiente de Jordania y la Autoridad Palestina, instó a cerrar las mezquitas de Jerusalem el viernes y el muftí palestino llamó a todos los feligreses islámicos a que fuesen a protestar a la Explanada de las Mezquitas. Como era previsible, hubo enfrentamientos con la Policía israelí y muertos palestinos, entre ellos uno al que le estalló en las manos el cóctel molotov que estaba por arrojar contra las fuerzas de seguridad.

Dejando de lado el hecho de que en el acceso a la Gran Mezquita de la Meca hay detectores de metales, como también los hay a la entrada a la Tumba de los Patriarcas en Hebrón, en la propia Cisjordania –por no mencionar los que hay en cualquier aeropuerto, sala de conciertos e incluso en Disneylandia–, cabe preguntarse qué clase de cultura produce un sujeto como Omar el Abed, dispuesto a masacrar a toda una familia inocentemente reunida en una mesa hogareña. En Gaza comenzaron inmediatamente las celebraciones por la masacre de judíos. Mahmud Abás canceló toda cooperación con las fuerzas de seguridad israelíes. Próximamente, la familia de El Abed empezará a recibir dinero de la Autoridad Palestina, que –esto está determinado por ley– paga recompensas a los familiares de aquellos palestinos que hayan asesinado a israelíes. Cada año, la AP eroga alrededor de 300 millones de dólares de su presupuesto nacional para pagar salarios a terroristas palestinos presos en cárceles israelíes y a las familias de terroristas muertos u otros palestinos que hayan caído al luchar contra Israel. Es posible que, en el futuro, alguna plaza o calle o escuela sea nombrada en su honor, como ya tienen otros tantos infames palestinos que han matado a israelíes en el pasado.

Para contemplar: tres musulmanes profanan la mezquita de Al Aqsa al transformarla en un centro de operaciones de terror, matan por la espalda a dos policías israelíes drusos, la calle palestino-islámica estalla en furia colectiva cuando Israel, con entera justificación, instala detectores de metales para evitar una repetición de semejante atentado, y en reacción a todo ello un musulmán indignado apuñala salvajemente a una pareja de ancianos judíos y a sus hijos. Ya padecieron este tipo de violencia insensata y desproporcionada los editores daneses del Jyllands Posten, los periodistas franceses de Charlie Hebdo, el papa Benedicto XVI –tras su famoso discurso de Ratisbona– y Salman Rushdie tras escribir Los versos satánicos, por citar unos pocos casos. Quizás lo ocurrido sirva para validar algo que muchos venimos señalando desde hace tiempo: el terrorismo islamista que padece Israel no difiere del que padece el resto del mundo. O, parafraseando un viejo eslogan que buscaba concienciar sobre el sida hace unas décadas: el terrorismo no discrimina, no lo hagamos nosotros.

Fuente: Revista El Medio

Erdogan, obsesionado con Jerusalén

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Por Burak Bekdil

Hace menos de un año, Turquía e Israel acordaron poner fin a su alejamiento diplomático, que duraba ya seis años, y normalizaron oficialmente sus relaciones. Mandaron como embajadores a Kemal Okem para Israel y a Eitan Naeh para Turquía, dos destacados diplomáticos de carrera que desde entonces han estado esforzándose a fin de normalizar lo formalmente normalizado. Como algunos observadores –incluido este humilde corresponsal– advirtieron en 2016:

Erdogan ha accedido pragmáticamente a darse el apretón de manos con Israel, pero su hostilidad ideológica hacia el Estado judío y su romance ideológico con Hamás no han desaparecido; así que es posible que la ‘paz’ turco-israelí no sea fácil de sostener.  

En mayo, sólo medio año después de la normalización, Erdogan dio su palabra de que trabajaría con el pueblo palestino para impedir la “judaización de Jerusalén”. He aquí el Erdogan clásico. La promesa del presidente turco no era muy diferente de una llamada a la lucha para impedir la “catolización del Vaticano”.

Es de historia básica que el periodo preislámico de Jerusalén (3300-1000 aec) aparece en el libro del Génesis –los tiempos de Abraham, Isaac y Jacob–, cuando los antepasados de Erdogan eran, probablemente, cazadores en las estepas de Asia Central. Los años 1000-732 aec marcaron el periodo de los antiguos reinos de Israel y Judá. Dicho simplemente, la historia judía de Jerusalénse remonta a miles de años antes del nacimiento del islam.

Sin embargo, según Erdogan, hay una necesidad de “protegerse contra la judaización de Jerusalén”. En su discurso de mayo, Erdogan repitió una apelación previa a los musulmanes de todo el mundo a “visitar la mezquita de Al Aqsa”, ubicada en el Monte del Templo de Jerusalén. “Como comunidad musulmana, tenemos que visitar con frecuencia la mezquita de Al Aqsa”, dijo.“Cada día que Jerusalén está bajo ocupación es un insulto para nosotros”.

En 2016, 26.000 turcos (de una población de 80 millones) visitaron la mezquita de Al Aqsa.Erdogan dijo igualmente que quería a “cientos de miles de musulmanes” en ese lugar sagrado musulmán para “inundar Jerusalén [de musulmanes] y expulsar a los ocupantes”.

Durante su reconciliación con Israel, Ankara se comprometió a dejar de apoyar a Hamás; incluso expulsó a Saleh al Aruri, el oficial de más alto rango de dicha organización presente en suelo turco. Pero hubo informaciones que indicaban que en realidad Erdogan no estaba dispuesto a cumplir su parte del acuerdo. El periodista Yoav Zitun escribió en Ynet News:

La presencia de Hamás en Turquía se mantiene a pesar de la salida de Saleh al Aruri, que dirigió Hamás en Turquía antes de abandonar el país por exigencia de Israel durante las negociaciones de reconciliación.

Sus sucesores están reclutando a estudiantes palestinos para que estudien en países musulmanes en general y en Turquía en particular. Los estudiantes son después enviados al Líbano o a Siria para que reciban entrenamiento militar, y desde allí regresan a la Margen Occidental para perpetrar atentados contra Israel.

Zitun refería algunos casos inquietantes:

Por ejemplo, hace dos meses las IDF [Fuerzas de Defensa de Israel] y el Shin Bet [servicio de seguridad israelí] detuvieron a un palestino que había estado viviendo en el Chipre turco durante varios años. En agosto de 2015, Qazmar fue reclutado en Jordania por Hamás, recibió entrenamiento militar y realizó prácticas con explosivos. En una reunión con operativos de Hamás en Estambul el pasado enero, recibió instrucciones de reclutar terroristas en la Margen Occidental utilizando tarjetas de memoria encriptadas.

Otro caso muy conocido atañe a Mohamed Murtaya, que fue líder de una organización de ayuda humanitaria del Gobierno turco en Gaza. Según declaró el Shin Bet tras su arresto, se acusaba a Murtaya de transferir millones de dólares donados por Ankara a operativos de Hamás.

Que el dinero turco vaya a parar a individuos que se han comprometido a la aniquilación de Israel tiene que ver con la ideología, no con la ayuda humanitaria.

Mientras se presenta como el guardián internacional de la causa islamista, desde 2004 Turquía hainvertido millones de dólares en 63 proyectos diseñados para “defender y fortalecer el legado y el carácter musulmanes de Jerusalén”. El dinero se canaliza normalmente a través de un organismo gubernamental, la Agencia Turca de Cooperación y Desarrollo (TIKA). En su empeño de “defender y fortalecer el legado y el carácter musulmanes de Jerusalén”, Turquía se ha asociado con el jeque Raed Salah, líder de la Rama Norte del Movimiento Islámico en Israel, y con el jeque Akram Sabri, exmuftí de Jerusalén. Los dos se oponen al derecho de Israel de existir.

Como me preguntó delicadamente un amigo estadounidense: “¿No se supone que Turquía iba a invertir millones para ayudar a reconstruir Gaza?”. No lo parece, mientras esté la ideología de islamista de por medio.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

El ataque terrorista al Monte del Templo de Jerusalén

Por Ely Karmon

El viernes 14 de julio de 2017, a las 7 de la mañana, tres terroristas y ciudadanos árabes israelíes, dispararon a dos oficiales israelitas drusos de la policía fronteriza.

Los tres pistoleros árabe-israelíes, Muhammad Ahmed Muhammad Jabarin, de 29 años, Muhammad Hamad Abdel Latif Jabarin, de 19, y Muhammad Ahmed Mafdal Jabarin, de 19, llegaron a Jerusalén en autobús procedentes de su ciudad natal, Umm Al-Fahm. Entraron en el Monte del Templo de la Ciudad Vieja de Jerusalén, también llamado Al-Haram Al-Sharif por los musulmanes.

Los tres atacantes tuvieron un cómplice, que fue el que llevó las armas en una mochila y las dejó en la mezquita Al-Aqsa. El cómplice, también de origen árabe israelí, fue arrestado.

Dos de los atacantes salieron juntos de la mezquita mientras que el tercero salió solo con la bolsa llena de armas en la espalda. Los tres caminaron juntos por un callejón para cambiarse de ropa y regresar sin la bolsa, pero con las armas escondidas en sus cuerpos.

Los terroristas atacaron a los oficiales cuando salían del Monte del Templo y lograron huir a pesar de que otros policías trataron de perseguirlos. Los agentes abrieron fuego y dispararon a los terroristas hasta matarlos en la explanada de las inmediaciones del complejo religioso.

Ningún grupo se responsabilizó inmediatamente del ataque. Uno de los hombres armados, Mohamammed Hamed Jabreen, publicó una selfie, poco antes del ataque y frente a la Cúpula de la Roca, con el siguiente mensaje: “La sonrisa de mañana será más hermosa, si Dios quiere”.

Tensión en la Ciudad Vieja de Jerusalén (Reuters)

Tensión en la Ciudad Vieja de Jerusalén (Reuters)

Implicaciones

Los árabe-musulmanes utilizaron el recinto sagrado de la mezquita Al-Aqsa para preparar y organizar el ataque terrorista. Trataron de refugiarse en ese lugar después de matar a los policías y sabiendo que sería un incidente aún mayor si la policía entraba en el templo para intentar detenerlos. No veían ninguna restricción religiosa o moral para profanar ese espacio santo.

Se trataba de un ataque terrorista con consecuencias estratégicas:

– Provocar un incidente en la mezquita de Al-Aqsa con el fin de acabar con el frágil status quo e incitar al mundo árabe y musulmán a luchar contra Israel.

– Provocar tensiones entre la minoría árabe y el pueblo judío en Israel.

– Provocar tensiones entre los musulmanes árabes y las comunidades drusas en Israel.

Por razones de seguridad y por la posibilidad de que aparecieran otras armas, la Ciudad Vieja y el Monte del Templo fueron cerrados por la policía el pasado sábado 15 de julio. Fue la primera vez en 50 años que Israel limitaba el acceso en viernes, día santo del Islam. El 16 de julio de 2017, se volvió a abrir el complejo del Monte del Templo pero se instalaron detectores de metales para evitar que los visitantes introdujeran armas.

Los jefes del Waqf, que controlan y gestionan los edificios del lugar sagrado, incluida la Mezquita de Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, se opusieron a la instalación de detectores de metales y negaron la entrada al complejo a los palestinos. Hubo enfrentamientos entre los palestinos que acudieron a rezar a la mezquita y las fuerzas de seguridad israelíes, así que las oraciones multitudinarias se tuvieron que celebrar cerca.

Israel desplegó un amplio operativo de seguridad

Israel desplegó un amplio operativo de seguridad

El papel de la facción norteña del Movimiento Islámico en Israel

Umm al-Fahm, una gran ciudad árabe en el centro de Israel, está controlada políticamente por la facción norteña del Movimiento Islámico de Israel, considerada parte integral de la Hermandad Musulmana y del movimiento Hamas, encabezado por el jeque Raed Salah. Fue condenado en Israel por financiar a Hamas y por tener contacto con agentes de inteligencia iraníes. Cumplió una condena de dos años, entre 2003 y 2005. En 2010, cumplió otra sentencia de cinco meses por agredir a un agente de policía y dirigir una manifestación violenta. Raed Salah fue puesto en libertad en enero de 2017 tras estar nueve meses en prisión por incitar a la violencia.

Si bien el movimiento no se ha convertido en una organización terrorista de pleno derecho, sí que ha desempeñado un papel clave en el fomento de la violencia y estuvo detrás de los acontecimientos que condujeron al estallido de la segunda intifada.

En los años noventa, el Movimiento Islámico construyó, de forma ilegal, una enorme mezquita subterránea bajo Al-Aqsa (en los llamados Establos de Salomón). Esa edificación puso en peligro los cimientos del antiguo templo y destruyó todos los elementos arqueológicos históricos, cristianos y judíos del lugar. Desde entonces, esa organización está afirmando que Israel está tratando de destruir la mezquita Aqsa. Esa es la razón por la que la segunda intifada se llama Intifada de Aqsa.

El Movimiento Islámico incitó a los palestinos y a los árabes israelíes a la violencia. En octubre de 2000, como resultado, se produjeron varios enfrentamientos en la región de Wadi Ara, dentro de Israel. Los árabes israelíes plantaron cara a la policía y trece manifestantes murieron a tiros. En ese momento, el gobierno y la policía no sabían cómo lidiar con esa organización.

Israel prohibió la rama norte del Movimiento Islámico en noviembre de 2015. El gobierno explicó que el grupo había estado llevando a cabo una campaña de incitación engañosa con el mensaje de que “Al-Aqsa estaba en peligro” y culpando a Israel de dañar la mezquita Aqsa y violar el status quo de allí.

El jeque Salah culpó a Israel por el incidente del 14 de julio declarando que el gobierno del país “es responsable de todo el derramamiento de sangre” en el Monte del Templo, incluyendo la muerte de los pistoleros árabe-israelíes a los que llamó “mártires”.

Por el momento, la policía no ha dado a conocer si en la investigación de los tres terroristas han encontrado vínculos directos con el Movimiento Islámico de Israel.

Tensión en la Ciudad Vieja de Jerusalén (Reuters)

Tensión en la Ciudad Vieja de Jerusalén (Reuters)

Las reacciones árabes y palestinas

En un comunicado difundido después de una reunión de emergencia, el Alto Comité de Seguimiento de Ciudadanos Árabes de Israel calificó el ataque como “un acto individual de rechazo que no sirve al conflicto de las masas árabes para defender su presencia, sus derechos y sus lugares sagrados”. También señaló que la “ocupación” es responsable de cualquier derramamiento de sangre en la mezquita.

El presidente israelí, Reuven Rivlin, condenó a los líderes árabes israelíes por no pronunciarse en contra del ataque terrorista en el Monte del Templo y afirmaron que su silencio podría confirmar el encargo del tiroteo.

En un esfuerzo por calmar el ambiente, Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, telefoneó al primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu para condenar enérgicamente el ataque. También le pidió que reabriera el sitio sagrado. A su vez, Abbas pidió a Estados Unidos que “interviniera con urgencia” y obligara a Israel a retirar los detectores de metales.

Mahmoud Al-Batash, asesor de Mahmoud Abbas para asuntos religiosos y jefe de la Autoridad Palestina, manifestó en un sermón que ese tipo de situaciones amenazaban con encender una guerra religiosa y provocar una “explosión”. Reconoció que la mezquita Al-Aqsa debía estar abierta a los musulmanes y que la “ocupación” israelí era la razón principal de la inestabilidad y la falta de seguridad en Oriente Medio y en todo el mundo. Pero no condenó el ataque en sí. El movimiento Fatah expresó que la decisión israelí de cerrar el templo sagrado era peligroso e inaceptable.

Fatah, el movimiento de Mahmoud Abbas, retransmitió el famoso discurso del presidente de la Autoridad Palestina de 2014 en el que hacía un llamamiento a los ciudadanos de su territorio para defender Al-Aqsa “de cualquier manera”, incluso con actos de violencia y terrorismo. Fatah publicó fotografías de los terroristas asegurando que se trataban de “mártires”. La Autoridad Palestina pidió un “Día de Odio” y, al acercarse el fin de semana, pidió “ira por Al-Aqsa”.

Mahmoud Abbas (Reuters)

Mahmoud Abbas (Reuters)

El rey Abdallah de Jordania habló con el primer ministro israelí y condenó el ataque. Rechazó todas las formas de violencia en los lugares sagrados y pidió que se abriera el Monte del Templo. El ministro jordano de comunicaciones, Muhammad al Momani, reclamó al gobierno israelí que evitara tomar acciones que cambiaran la “situación histórica” y reabrieran las instalaciones a los fieles.

El parlamentario Atef Tarawneh se refirió a la “ocupación” de Israel en los lugares santos islámicos de Jerusalén junto a la “opresión” y la “tiranía”, al igual que hacían los “terroristas”. Una justificación más para la “resistencia continua” contra Israel.

Hamas emitió una serie de anuncios dando la bienvenida, elogiando el ataque y condenando a Israel por cerrar el Monte del Templo. Los acontecimientos fueron una buena oportunidad para la organización, que pudo fortalecer la incitación a continuar, intensificar la “intifada de Jerusalén” y provocar manifestaciones contra las políticas de Mahmoud Abbas en la Franja de Gaza. Ismail Haniyeh, jefe de la oficina política de Hamas, afirmó que Israel estaba tratando de ganar el control de la mezquita de Al-Aqsa y elogió a los “combatientes de la yihad en Jerusalén” por la lucha contra la ocupación y a los shaheeds que habían muerto durante el ataque.

El gobierno egipcio advirtió de las consecuencias de impedir las oraciones. Los miembros del parlamento egipcio dijeron, además, que la decisión de cerrar el Monte del Templo era un “acto de terrorismo”.

La conducta saudita es de sumo interés ya que Arabia Saudita custodia dos de las mezquitas sagradas, La Meca y Medina. La decisión de reabrir el templo a los fieles se produjo después de que el rey saudí Salman interviniera personalmente en el asunto e instando a Israel a que, a través de la Casa Blanca, terminara con la clausura del Monte del Templo.

Arabia Saudita sabe algo acerca de los musulmanes radicales que atacan los lugares sagrados islámicos. Hace unas semanas, el 23 de junio, la policía saudita frustró un ataque terrorista planificado contra la Gran Mezquita de La Meca, donde los musulmanes de todo el mundo se concentran para el final del mes sagrado del Ramadán. Seis visitantes extranjeros y cinco miembros de las fuerzas de seguridad de Arabia Saudí resultaron heridos tras el derrumbe de un edificio de tres pisos. Un atacante suicida se había parapetado para inmolarse minutos después.

En abril de 2016, al final del Ramadán, tres atacantes suicidas y dos miembros de las fuerzas de seguridad murieron en un ataque sin precedentes contra la mezquita y la tumba del profeta Mahoma en Medina, el segundo lugar más sagrado del Islam. Las autoridades detuvieron a 46 miembros de una célula responsable del ataque. Los sospechosos arrestados fueron 32 saudíes y 14 de diferentes nacionalidades árabes y extranjeras.

El secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Aboud Gheit, dijo en un comunicado que si Israel seguía “prohibiendo el rezo a los palestinos” solo “encendería el extremismo y aumentaría la tensión” en la región, pero no mencionó las causas del cierre temporal.

El secretario de prensa del presidente de Estados Unidos condenó el ataque que “tuvo lugar en la zona cero del conflicto palestino-israelí”. “No debe haber tolerancia cero para el terrorismo. Es incompatible con lograr la paz y debemos condenarla, derrotarla y erradicarla de la manera más fuerte”. El secretario de prensa de la Casa Blanca Sean Spicer dijo: “El ataque obligó al gobierno de Israel a cerrar temporalmente el Monte del Templo/Al-Haram Al-Sharif para llevar a cabo su investigación. Israel ha asegurado al mundo que no tiene ninguna intención de alterar la situación de este lugar sagrado, una decisión que Estados Unidos aplaude y da la bienvenida”.

La ONU y la UE también condenaron el ataque. “No puede haber justificación para tal crimen o cualquier acto de terror. La UE ofrece sus condolencias a las familias de las víctimas de los disparos”.

Benjamin Netanyahu (Getty)

Benjamin Netanyahu (Getty)

La reacción de Israel

La decisión táctica israelí de instalar detectores de metales en las puertas del Monte del Templo, por razones de seguridad obvias, fueron tomadas apresuradamente por el primer ministro Netanyahu, mientras estaba en una importante visita diplomática al extranjero y siguiendo el consejo de la policía israelí y su ministro de seguridad nacional Gilad Erdan. Se podían poner los primeros días después del ataque pero el servicio de seguridad, la inteligencia del ejército y los oficiales de defensa se opusieron a ello.

No solo se evaluó el hecho de posibles actos de violencia durante las oraciones de los viernes, pero era difícil controlar esa situación mientras una masa de más de 100,000 personas estaban presionando en las puertas del templo para entrar a orar.

En la reunión de gabinete del jueves por la noche, finalmente se decidió dejar los detectores en el lugar.

Los acontecimientos del viernes 21 de julio

Los líderes israelíes han dicho que los detectores de metales se utilizan en lugares sagrados musulmanes de todo el mundo, incluso en Medina y La Meca. Pero los palestinos consideran que “La Meca es completamente diferente” porque Arabia Saudita protege a los musulmanes mientras que la seguridad del Monte del Templo pretende “controlar” y cambiar el status quo de ese lugar.

Líderes musulmanes palestinos y políticos árabe-israelíes habían instado a los fieles a no entrar en el sitio del Monte del Templo hasta que Israel no hubiera eliminado los detectores de metales. Consideraban que esas medidas eran una invasión de los derechos musulmanes.

Los enfrentamientos generalizados entre los lanzadores de piedras palestinos y las tropas israelíes estallaron después de las oraciones del mediodía del viernes en Jerusalén y Cisjordania, al tiempo que miles de personas realizaban sus oraciones en la calle en vez del santuario. Tres palestinos murieron y varias docenas resultaron heridos por disparos, balas de goma y palizas.

Ese viernes, bajo la presión de su propio movimiento Fatah y de los palestinos, Mahmoud Abbas anunció que su gobierno “congelaría el contacto en todos los niveles” con Israel hasta que los detectores de metal recién instalados fueran retirados de la entrada de la mezquita Al-Aqsa.

Israel aseguró que los detectores de metales también se utilizan en lugares sagrados como Medina y la Meca

Israel aseguró que los detectores de metales también se utilizan en lugares sagrados como Medina y la Meca

Más tarde, en la noche, tres israelíes murieron y uno resultó gravemente herido por apuñalamiento en un ataque en la ciudad Cisjordania de Halamish, cuando un palestino entró en una casa privada. Hamas emitió una declaración de apoyo al ataque y pidió una “reacción necesaria” a los nuevos procedimientos de seguridad israelíes en el Monte del Templo. En un tweet, dijeron que esa medida era “heroica”.

El principal clérigo musulmán de Jerusalén dijo a los fieles que espera “muchas pruebas de voluntades” por parte de Israel.

Tras la continua incitación de la Autoridad Palestina, Hamas, de los líderes musulmanes árabe israelíes y el número de muertes de ambos bandos, que cada vez va creciendo, parece que las manifestaciones masivas violentas, la tensión y las amenazas a gran escala seguirán durante un tiempo. Incluso si los detectores de metal son retirados del Monte del Templo.

Hamas y los miembros más radicales de la comunidad árabe en Israel tratarán de aprovechar el “impulso” e intentarán otros ataques e incidentes terroristas para agraviar la situación y provocar una “tercera intifada violenta”.

Antisemitismo en el Monte del Templo

El periodista árabe Fred Marún denuncia que las protestas que están teniendo lugar en el Monte del Templo de Jerusalén por la instalación de unos detectores de metales tras el asesinato de dos policías israelíes a manos de tres terroristas palestinos tienen como motor fundamental elantisemitismo y la israelofobia.

Los detectores de metal se emplean en numerosos lugares del mundo, empezando por los aeropuertos, por supuesto, pero también en centros musulmanes de oración. Así que, ¿a qué viene tanto alboroto con el de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén?

(…)

La auténtica pero inconfesa objeción árabe (…) es que los ha impuesto Israel, el Estado judío. El hecho de que haya miembros de las fuerzas de seguridad israelíes que no son judíos no cambia la ecuación porque los consideran traidores y lacayos de los judíos.

(…)

Desgraciadamente, la mayoría de los árabes siguen viendo a Israel como el enemigo ‘yahudi’ que ha de ser derrotado a toda costa. Así pues, cuando Israel retrocede en una medida racional y razonable, estamos ante un acto de apaciguamiento de antisemitas. Apaciguamiento ante gente que te odia más allá de lo razonable y con la que el sentido común no funciona.

Eyal Ziser, de la Universidad de Tel Aviv, afirma que el presidente de la Autoridad Palestina está completamente desbordado y, por tanto, no está en disposición de resolver la crisis del Monte del Templo, por lo que insta a Israel a tomar las riendas, quizá de la mano de algún país árabe importante.

El liderazgo de Abás es insignificante. No es un hombre de declaraciones o acciones dramáticas. Lo cual supone una bendición y una maldición. No es un hombre de violencia o fanatismo, pero tampoco parece la persona capaz de llevar a los palestinos a un valeroso acuerdo de paz. Lo único que quiere es volver a casa sano y salvo.

El significado práctico de esto es que Israel tendrá que resolver la crisis presente por sí solo; o quizá con la ayuda de países árabes del vecindario, empezando por Jordania y Arabia Saudí. Abás no se opondrá al compromiso que se alcance, e incluso tratará de capitalizarlo mientras sigue manteniendo a raya a aquellos de sus adversarios que quieren moverle la silla.

Así de contundente se muestra el escritor Jack Engelhard, indignado por la matanza antisemita de Halamish, en la que un terrorista palestino asesinó a tres personas de la misma familia en la referida localidad samaritana.

Tienen que comprender que cualquier forma de ‘rabia’ tendrá un alto precio. Paso número uno: ilegalizar la Autoridad Palestina. Declararla organización terrorista por su flagrante, letal incitación [al terrorismo]. (La judeofobia que imparten en sus escuelas es prueba suficiente). Paso número dos: deportar a Mahmud Abás y a su banda de matones. Mandarlos a Jordania. A ver si el rey Abdalá tiene mejor suerte de la que tuvo su padre con Arafat y sus secuaces (…)

No debería ser misión de Israel domesticar a esos salvajes.

Al mismo tiempo, hay que (…) deportar [a los habitantes de la] localidad natal del asesino. ¿Suena fuerte? Debería ver usted la escena del crimen.

Fuente: Revista El Medio

Detectores de metal y mentiras palestinas

Unos 4.000 musulmanes palestinos oran a las puertas de la Ciudad Vieja de Jerusalén el 19 de julio de 2017, en protesta por la instalación de detectores de metal en el Monte del Templo. (Foto: Ilia Yefimovich/Getty Images).

por Bassam Tawil

La controversia que rodea a la decisión de las autoridades israelíes de colocar detectores de metales en los accesos al Monte del Templo evocan el famoso dicho árabe que dice: “Me pega y me hace llorar y luego viene y se me queja”. La inversión de la realidad es un lugar común entre los victimarios que pretenden ir de víctimas.

La decisión de instalar los detectores se produjo luego de que terroristas árabes asesinaran allí a dos oficiales israelíes de policía el pasado día 14. Los tres terroristas –árabes israelíes de la localidad de Um al Fahm– usaron un subfusil y cuchillos. Las armas fueron fácilmente introducidas en el Monte del Templo gracias a que los fieles musulmanes no deben pasar por detectores o someterse a registros corporales.

Increíblemente, desde entonces los palestinos están celebrando protestas a diario por las medidas israelíes de seguridad y demandando que los detectores en los accesos al Monte sean desmantelados. En el marco de las protestas, los líderes palestinos han urgido a los fieles musulmanes a no acceder al Monte y, en su lugar, rezar ante los accesos.

La Autoridad Palestina (AP), Jordania y otros países árabes e islámicos están acusando a Israel de violar el statu quo en el Monte del Templo por instalar los detectores de metales. Uno puede esperar en vano una condena contra los terroristas que asesinaron a los dos policías israelíes: fueron ellos quienes profanaron un lugar sagrado. Tampoco se escuchan condenas del propio asesinato de los policías, que pertenecían a la minoría drusa de Israel y que tenían por cometido preservar la ley y el orden en el Monte. Estaban allí para velar por la seguridad de los fieles musulmanes.

Todo lo contrario: numerosos árabes y palestinos han ensalzado el ataque terrorista como una “operación heroica” contra el “enemigo sionista”. Los tres terroristas, que fueron abatidos por policías israelíes en el curso del ataque, están siendo jaleados como “mártires” y “héroes” que sacrificaron sus vidas en defensa de la mezquita de Al Aqsa.

Lamentablemente, muchos árabes israelíes se han negado a condenar el ataque perpetrado contra tres de sus conciudadanos.

Los detectores de metales tienen un objetivo: impedir que los terroristas introduzcan clandestinamente armas en el Monte del Templo. Esto es, precisamente, lo que debería ser visto como una profanación de un lugar sagrado. Pero, en vez de respaldar los esfuerzos israelíes por impedir matanzas en ese lugar sagrado, los palestinos y otros árabes están culpando a Israel por tratar de proteger a todo el mundo –no sólo a los fieles musulmanes– con una serie de medidas básicas de seguridad.

Los gurús palestinos están tratando de desviar la atención del ataque terrorista haciendo que parezca que la crisis empezó cuando Israel instaló los controles de metales y no cuando fueron asesinados los dos oficiales de policía. Los palestinos y otros árabes están ahora clamando ante la comunidad internacional que Israel trata de alterar el statu quo del Monte del Templo por medio de esas medidas de seguridad. Asimismo, tratan de hacer como que Israel está impidiendo a los fieles musulmanes entrar y rezar en la mezquita de Al Aqsa.

Los hechos, sin embargo, cuentan una historia bien distinta.

En primer lugar: las medidas de seguridad, que incluyen la instalación de detectores de metales, no fueron una iniciativa israelí sino una respuesta necesaria a un ataque terrorista. El Gobierno israelí no tomó la decisión de instalar los detectores para alterar el statu quo o impedir rezar a los musulmanes.

En segundo lugar: fueron los palestinos los que tomaron la decisión de no acceder al Monte del Templo hasta que no se retiren los detectores. Los líderes palestinos y los funcionarios del Waqf(un fideicomiso religioso que gestiona el complejo del Monte) los que urgieron a los fieles musulmanes a no acceder al Monte y orar en las calles y plazas públicas en protesta por la instalación de los detectores. Los fieles musulmanes prefieren rezar en las calles y las plazas antes que entrar al Monte a través de los detectores. Pero ahora los palestinos y el Waqfmienten al mundo y dicen que los israelíes niegan a los musulmanes el acceso a sus lugares sagrados.

La maquinaria palestina de propaganda está funcionando a pleno rendimiento para generar la falsa impresión de que los detectores de metales son parte de un plan israelí para provocar una guerra religiosa con los musulmanes y destruir la mezquita de Al Aqsa. Sin embargo, parece que lo cierto es lo opuesto. La incitación de los funcionarios palestinos y del Waqf sugiere que son ellos los que quieren lanzar una guerra religiosa contra Israel y los judíos.

Esta incitación comenzó hace más de dos años, cuando los líderes palestinos y del Waqfempezaron a decir a su gente y al resto del mundo que Israel planea destruir la mezquita de Al Aqsa y que los judíos que visitan el Monte del Templo “profanan con sus sucios pies” un lugar sagrado del islam. El presidente de la AP, Mahmud Abás, fue el primero en difundir ese libelo de sangre, que desencadenó una oleada de apuñalamientos y atropellos contra israelíes que perdura hasta el día de hoy.

Los tres terroristas que perpetraron el ataque del pasado día 14 lo hicieron, precisamente, en concordancia con las instrucciones de Abás y otros líderes árabes y palestinos: es deber de los musulmanes defender de los judíos la mezquita de Al Aqsa. En este sentido, su ataque debería ser analizado en el contexto de la oleada terrorista contra Israel que empezó a finales de 2015 y que es conocida como Intifada de los Cuchillos.

Desde entonces, los palestinos han utilizado las visitas de judíos al Monte del Templo como excusa para el lanzamiento de ataques terroristas contra Israel. Los funcionarios palestinos y los medios de comunicación siguen describiendo esas visitas pacíficas como “violentas incursiones de bandas de colonos judíos en la mezquita de Al Aqsa”. La verdad, sin embargo, es que ni un solo judío ha puesto el pie en la mezquita. Las visitas están restringidas al complejo del Monte, algo que los turistas no musulmanes vienen haciendo desde 1968.

En realidad, son los propios palestinos los que profanan la santidad del Monte del Templo utilizándolo para lanzar violentos ataques contra judíos, a los que apedrean cuando rezan en el Muro Occidental. Lo hacen también al introducir en él ilegalmente armas de varios tipos para, por ejemplo, lanzar piedras y bombas incendiarias contra los visitantes judíos y los policías. El liderazgo palestino y los funcionarios del Waqf han alentado a los musulmanes a acosar e insultar a los visitantes judíos y a los policías.

El año pasado los palestinos abortaron un plan jordano para instalar docenas de cámaras de seguridad en el Monte del Templo. Se supone que las cámaras iban a refutar o confirmar las acusaciones palestinas de que Israel está planeando destruir la mezquita de Al Aqsa. Los jordanos se echaron para atrás por la intimidación palestina, que incluía la amenaza de destruir las cámaras. ¿Por qué se comportaron así? Los palestinos temían que sus actos de acoso y violencia, su acaparamiento de armas para atacar a visitantes judíos y policías, quedaran registrados.

Actualización: los palestinos están retorciendo la realidad una vez más, sólo que esta vez con los detectores de metal. Les preocupa que los detectores les impidan introducir cuchillos y armas de fuego clandestinamente en el Monte del Templo.

Uno se pregunta: si se va a la mezquita de Al Aqsa a rezar, ¿a qué preocuparse por unos detectores de metal? Miles de palestinos pasan todos los días por detectores de metal en su camino hacia Israel, y lo único que sucede es que van a trabajar. De la misma forma, los palestinos y los israelíes pasan todos los días por detectores de metal en centros comerciales e instituciones públicas como las oficinas de correos y los hospitales. ¿Dónde están las quejas?

La oposición palestina a los detectores en el Monte del Templo sólo quiere decir una cosa: que los palestinos están determinados a convertir un lugar sagrado en un depósito de armas y una plataforma para perpetrar ataques terroristas contra Israel. Si la mezquita fuera de hecho destruida en el proceso, ¿a quién se debería culpar? Puede incluso que ese sea su auténtico plan.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

Tensión en Jerusalén: hay dos muertos y más de 100 heridos en choques entre musulmanes y la Policía Israelí

Tras los atentados del viernes previo, el gobierno de Benjamin Netanyahu prohibió el ingreso de menores de 50 años y estableció detectores de metales. El gran muftí Muhammad Ahmad Hussein convocó un rezo de protesta en la entrada de la Explanada de las Mezquitas, que luego derivó en graves incidentes

Los incidentes se desataron luego de que algunos jóvenes comenzaron a arrojar piedras (Reuters)

Los incidentes se desataron luego de que algunos jóvenes comenzaron a arrojar piedras (Reuters)

A una semana del atentado en Monte del Templo, conocido Explanada de las Mezquitas para los musulmanes, en el que murieron dos policías, Israel se mantiene firme en su decisión de extremar las medidas de seguridad en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Por eso este viernes, día de rezo musulmán, colocó detectores de metales en los accesos e impidió el ingreso de hombres menores de 50 años.

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La respuesta del gran muftí Muhammad Ahmad Hussein fue pedirles a sus fieles que se acercaran lo más posible a la Explanada, aunque sin ingresar. Les dijo que realizaran las oraciones allí, en la puerta, como medida de protesta.

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Cientos de musulmanes le hicieron caso y se agolparon en las inmediaciones de la Ciudad Vieja para rezar. Pero, como era de esperar, se terminaron desatando violentos incidentes.

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Todo empezó cuando jóvenes arrojaron objetos a los oficiales que custodian los puntos de control. En respuesta, estos lanzaron gases lacrimógenos y dispararon con balas de goma para dispersarlos.

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“Aún no han terminado los disturbios. Hemos atendido a 11 víctimas en el hospital de campaña instalado, y otros cuatro heridos fueron enviados al hospital palestino de Makased, dos de ellos con pronóstico serio, uno por bala recubierta de caucho y el otro por granada”, dijo a EFE Mohamed Setiani, portavoz en Jerusalén del servicio de emergencias Media Luna Roja.

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Un palestino con heridas graves por el impacto de una lata de gas lacrimógeno que había sido trasladado al hospital de Makased, fue luego derivado al israelí de Hadasa. Además hay 29 personas atendidas por inhalación de gases y otras cuatro que sufrieron quemaduras. Muchos de los enfrentamientos se produjeron en los barrios de Aisariya y Abu Dis.

Disturbios en el Monte del Templo por parte de musulmanes a raíz de la nueva medida de los detectores de metales.

JERUSALÉN – Los manifestantes musulmanes participaron esta noche en enfrentamientos violentos contra las fuerzas de seguridad israelíes en la Ciudad Vieja de Jerusalén, cerca de una entrada principal al Monte del Templo, con informes de al menos 34 personas heridas, incluyendo 14 que requieren hospitalización.

Los enfrentamientos del martes por la noche marcaron el tercer día consecutivo en que los agitadores participaron en tácticas violentas, con los agitadores presuntamente lanzando cócteles Molotov y rocas a las fuerzas policiales israelíes junto a la Puerta de los Leones, un punto de acceso principal al Monte.

La policía israelí desplegó balas de goma y granadas de aturdimiento para dispersar a la multitud.

 

Los fieles musulmanes están supuestamente protestando contra la decisión del gobierno israelí de instalar detectores de metales en las entradas al Monte, el sitio más sagrado del judaísmo y un lugar sagrado para el Islam.  

Los líderes de la protesta, incluyendo altos funcionarios palestinos, afirman que los detectores de metales forman parte de una conspiración israelí para obstaculizar el culto musulmán en el Monte del Templo.   

Los activistas y funcionarios palestinos aparentemente no observaron que las nuevas medidas de seguridad de Israel se pusieron en marcha en respuesta directa al asesinato y ataque terrorista palestino en el Monte el viernes pasado en el que tres atacantes de alguna manera contrabandearon armas en el sitio. Los detectores de metal protegerán a todos los visitantes del Monte, incluyendo a los fieles musulmanes.  

Los activistas también ignoran que los detectores de metales han estado en su lugar durante años para que los fieles judíos y cristianos accedan al Muro Occidental.

La acusación de que Israel está obstaculizando el acceso de los musulmanes al Monte del Templo contradice los hechos sobre el terreno. Israel permite que el Waqf controlado por Jordania sirva como custodios del Monte del Templo y concede a los fieles musulmanes acceso al Monte veinticuatro horas al día, siete días a la semana, a excepción de raros casos de amenazas a la seguridad.

Los visitantes judíos y cristianos, sin embargo, están restringidos por el Waqf de visitar el Monte, excepto en pequeñas excursiones de alrededor de dos horas por día. El Waqf no permite a los no musulmanes orar en el Monte ni traer objetos sagrados al sitio; Mientras que la oración musulmana no tiene restricciones. Los representantes del Waqf supervisan de cerca a los visitantes no musulmanes que visitan el lugar y son conocidos por iniciar a quienes participan en la oración.

El Times de Israel informó sobre los enfrentamientos de esta noche:

Según la policía, después de las oraciones de la tarde en una puerta fuera del montaje del templo, un grupo de fieles musulmanes “comenzó a lanzar piedras y botellas a los agentes” que estaban estacionados en la ciudad vieja.

… La Media Luna Roja dijo que 34 personas resultaron heridas, incluyendo 14 personas que necesitan hospitalización. Una persona tuvo una grave lesión en el pecho, dijo un portavoz. La policía dijo que dos oficiales fueron ligeramente heridos en la lucha.

The Jerusalem Post reportó:

Los enfrentamientos comenzaron después de la oración de la tarde. Todavía no está claro qué provocó la violencia.

Uno de los presuntos heridos es el jeque Akram a-Sabri, ex-mufti de Jerusalén y predicador de al-Aksa.

Los violentos disturbios de esta noche podrían presagiar un esfuerzo orquestado mayor mañana. El Partido de Fatah del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, pidió un “Día de Rabia” mañana, utilizando los detectores de metales para incitar a Israel. Ayer, Breitbart Jerusalén informó que la página oficial de Fatah en Facebook publicó la llamada de Abbas en 2014 para una “guerra religiosa” en la mezquita de Al Aqsa.

Los palestinos tienen una historia de usar el Monte del Templo para alimentar la violencia contra Israel. Los disturbios estallaron en el Monte en octubre de 1990, inaugurando la Primera Intifada, y la Segunda Intifada comenzó en septiembre del 2000 después de que los palestinos usaron una visita al Monte del Templo por orden de Ariel Sharon como pretexto para lanzar una campaña terrorista orquestada para presionar por unas negociaciones dirigidas a crear un estado palestino.

Dos agentes de la policía fronteriza israelíes fueron asesinados y un tercero resultó herido el viernes cuando tres terroristas palestinos abrieron fuego contra las fuerzas de seguridad cerca de una entrada al Monte del Templo en la Puerta de los Leones y luego huyeron al complejo. Los asaltantes palestinos, que supuestamente llevaban dos rifles y una pistola, fueron perseguidos por las fuerzas israelíes y fueron acribillados mientras intentaban escapar hacia las mezquitas del Monte.

El ataque del viernes se produjo menos de dos semanas después de que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) aprobara una resolución anti-Israel declarando que la Ciudad Vieja de Jerusalén y sus antiguas murallas eran lugares “ocupados” en peligro.”

Y el ataque terrorista tuvo lugar una semana después de que la UNESCO aprobó otra resolución anti-Israel sobre la Tumba de los Patriarcas en Hebrón – considerado el segundo sitio más sagrado en el Judaísmo después del Monte del Templo – afirmando que la tumba es un patrimonio mundial “palestino” en peligro . 

Fuente: Breitbart