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Nueve desafíos para Israel

Bandera de Israel.

Por Isi Leibler 

Desde la creación del Estado, no se había encontrado el país en una posición tan ventajosa. Aunque un auténtico acuerdo de paz con los palestinos sigue siendo un milagro lejano y la amenaza iraní está siempre presente, Israel ha emergido como superpotencia regional, tanto en lo militar como en lo económico. Y ahora por fin Estados Unidos parece dispuesto a ejercer su fuerza para neutralizar el flagrante sesgo antiisraelí de la comunidad internacional.

Pero aún nos seguimos enfrentando a importantes desafíos:

1. Debemos cultivar nuestra relación con la Administración Trump mostrando paciencia y cooperando con sus esfuerzos por alcanzar un acuerdo de paz con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Si, como es probable, Abás sigue negándose a hacer concesión significativa alguna, el presidente Donald Trump puede que llegue a un entendimiento con nosotros en los asuntos relacionados con los asentamientos, permitiendo la anexión formal de los grandes bloques y allanando el camino para que se cumpla su promesa electoral de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén.

2. El pueblo israelí debe presionar por un Gobierno de más amplio espectro. No hay razón para que el Yesh Atid de Yair Lapid esté en la oposición, cuando sus políticas son casi idénticas a las del primer ministro, Benjamín Netanyahu. Lapid podría asimismo ser un excelente ministro de Exteriores.

Una coalición más amplia neutralizaría los argumentos de quienes afirman que Netanyahu dirige el Ejecutivo más ultraderechista de la historia de Israel, y mostraría que las políticas gubernamentales cuentan con el respaldo de la gran mayoría de la nación. Con un amplio acuerdo del electorado, el Gobierno estaría en una posición de fuerza, e incluso en ausencia de un Estado palestino sería por fin capaz de determinar nuestras futuras fronteras.

3. Habría que preparar un sucesor para Netanyahu. Existe un consenso, sin duda entre los que le admiran pero también entre los que le aborrecen, de que actualmente es el líder más capacitado para manejarse con éxito ante los complejos retos diplomáticos que enfrenta el Estado judío. A pesar de la agitación doméstica, la Historia le otorgará una respetada fama de líder inteligente que se mantuvo firme bajo enormes presiones externas. Pero es responsabilidad tanto de Netanyahu como nuestra la preparación de un sucesor, y no dejar que sea una rudimentaria votación política lo que determine quién será nuestro futuro líder.

4. Debemos evitar una Kulturkampf sobre la cuestión religiosa, y la estricta interpretación de la Halajá que hacen las actuales instancias rabínicas del Estado. Muchos de estos problemas surgen de la extorsión que imponen los líderes políticos jaredíes, que tienen en sus manos el equilibrio de poder en el Gobierno. Ya se ha producido un cambio apreciable en una sustanciosa parte de los jaredíes, que ahora trabajan y algunos incluso sirven como voluntarios en unidades específicas del Ejército. Las áreas que requieren atención urgente son las relacionadas con conversión y el matrimonio.

5. El Gobierno debería introducir leyes más duras contra quienes participen en actividades sediciosas y promuevan nuestra destrucción. En particular, se debe hacer frente a los partidos árabes. Son antisionistas y buscan generar antagonismo en las relaciones entre el Estado de Israel y el 20% de su población que es árabe.

Al mismo tiempo, muchos ciudadanos árabes están orgullosos de considerarse israelíes leales, y reconocen que disfrutan de muchas más libertades y derechos –y de un mayor nivel de vida– que los ciudadanos de cualquier país árabe. Pero siguen estando en desventaja social y económica frente a los israelíes judíos, y el Gobierno debe hacer todo lo posible por reducir esta brecha.

6. Debemos crear mejores condiciones para los israelíes que viven cerca o por debajo del umbral de la pobreza, y eliminar obstáculos burocráticos para reducir el precio del suelo, lo que permitiría a más israelíes poseer su propia vivienda.

7. La política de Netanyahu de acercarse a otros países, que ya ha generado importantes dividendos, debe consolidarse.

Esto se ha visto enormemente reforzado por el sólido apoyo de Trump a Israel, especialmente en la ONU. La reciente resolución de la Unesco refleja importantes defecciones de varios países europeos y no musulmanes que habían respaldado anteriormente indignantes resoluciones antiisraelíes en la ONU.

Israel ha establecido saludables lazos diplomáticos o fortalecido sus relaciones con grandes potencias como la India, China, Rusia, Japón, el Reino Unido y una serie de países asiáticos, africanos y sudamericanos. Hará falta seguir alentando a muchos de esos países para que expresen abiertamente su amistad con Israel, pero se han logrado avances radicales.

8. Ahora hay una gran oportunidad para colaborar con algunos de los líderes pragmáticos del mundo árabe suní, y con Arabia Saudí y los países del Golfo que están dispuestos a cooperar de forma encubierta y a aliarse con Israel contra los chiíes iraníes que buscan ejercer la hegemonía en toda la región.

Nuestras alianzas con Egipto y Jordania también son de una inmensa importancia.

Sin embargo, no debemos hacernos ilusiones. El antisemitismo está tan profundamente enraizado en la religión y la cultura de esos países que no debemos caer en la tentación de considerarlos aliados convencionales. También existe la preocupación de que el rey de Jordania, Abdulá, quiera apaciguar a los palestinos y refugiados ferozmente antiisraelíes, y el constante temor a que el propio Abdulá o el egipcio Abdel Fatah el Sisi sean asesinados, lo que crearía grandes turbulencias en la región. Deberíamos maximizar todo lo posible nuestra cooperación con estos países árabes, y buscar una amistad de fondo a fin de iniciar un proceso de superación del odio.

9. Aunque las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) son admiradas en todo el mundo por sus logros, no debemos caer en la complacencia. Es sólo nuestra superior fuerza militar lo que en última instancia refrena a nuestros enemigos. Aunque eso suponga sacrificar otros planes económicos importantes, debemos seguir protegiendo la magnífica potencia de las IDF y nuestras industrias militares.

Los bárbaros que están a nuestras puertas –con Irán, una demencial teocracia islámica chií, a la cabeza– siguen obsesionados con nuestra destrucción. En cualquier momento podrían enfrentarse a nosotros el siervo de Irán, Hezbolá, o su aliado, Hamás. Debemos estar preparados para usar todo nuestro poderío si nos vemos abocados a otro conflicto.

Estos son algunos de los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente Israel. Parecen tremendos, pero vistos en el contexto de lo que hemos afrontado en los últimos setenta años, nunca hemos sido tan autosuficientes y poderosos como hoy. Por tanto, estamos en una posición óptima para defendernos, si hiciera falta.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

¿Conseguirá Trump crear un nuevo Oriente Medio?

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Por Eli Cohen 

Trump tiene planes para Oriente Medio y parece que los está llevando a cabo. Para su gira regional, eligió los destinos cuidadosamente con un objetivo claro: afianzar el entendimiento entre los países suníes (Egipto, Jordania y los países del Golfo encabezados por Arabia Saudí) e Israel para combatir al terrorismo islámico, especialmente al ISIS, contener la expansión de la influencia iraní y lograr un acuerdo definitivo y de alcance regional para que, de una vez por todas, israelíes y palestinos firmen una paz estable.

De Riad a Belén, pasando por Jerusalén

La primera parada de la gira, Riad, fue el escenario perfecto para que Trump desplegara su narrativa para el nuevo Oriente Medio que quiere forjar. Trump destacó que la lucha contra el terrorismo yihadista es “una lucha del bien contra el mal”, y dijo ante los saudíes que no iba a dar lecciones (enfoque aislacionista y westfaliano ante las violaciones de derechos humanos y la falta de libertades en la monarquía saudí, es decir, política exterior America First) sino a buscar aliados.

Satisfecho por el recibimiento saudí, Trump se dirigió posteriormente a Israel. En la rueda de prensa conjunta entre Trump y Netanyahu, celebrada en Jerusalén, el premier israelí dijo: “Por primera vez en mi vida veo una verdadera esperanza de cambio”. No sabemos el alcance del famoso “acuerdo definitivo” que propugna el inquilino de la Casa Blanca, ni los detalles del mismo (the devil is in the details); pero Netanyahu se muestra extraordinariamente optimista. Además, para más alegría de Bibi, Trump también ha sido el primer presidente norteamericano en ejercicio en visitar el Muro de las Lamentaciones, ubicado en Jerusalén Este, territorio reclamado por los palestinos como su futura capital.

Por su parte, Mahmud Abás, el presidente palestino, ha entablado, aparentemente, una buena relación con Trump. Sin embargo, en su encuentro en Belén el norteamericano le dio un tirón de orejas al manifestar que la paz no llega a sitios donde el terror es recompensado, en clara referencia a los salarios que la Autoridad Nacional Palestina paga a los terroristas palestinos y a sus familias. En la ciudad de la Natividad, Trump declaró que un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos sería el principio de una paz regional más amplia. En su último discurso antes de partir, aseguró a los israelíes que “los palestinos están preparados para alcanzar la paz”.

¿Una estrategia posible?

El plan de la Administración Trump parece simple y lógico: los países suníes aceptan a Israel –Egipto y Jordania ya lo hacen– y son los garantes y patrones de un acuerdo con los palestinos. A cambio, EEUU no se inmiscuye en sus asuntos internos, les procura ayuda militar y económica e intensifica su apoyo a estos países para derrotar al ISIS y contener a Irán.

La estrategia de Trump es una reordenación de las alianzas en Oriente Medio, según Aaron David Miller, uno de los mayores expertos en el conflicto entre israelíes y palestinos, es coherente, pero –apunta el analista– eso no significa que vaya a funcionar.

No es tan fácil que se establezca un entendimiento fluido entre Israel y los países del Golfo, pese a la colaboración y los negocios soterrados de los últimos años, sobre todo en lo referente a contener a un Irán cada vez más crecido, empoderado e influyente. Tampoco es tan fácil que todos los países del Golfo se vuelquen incondicionalmente en la lucha contra el Estado Islámico –muchos lo ven como un contrapeso a Irán–, y sus fuerzas militares no son precisamente efectivas –la campaña en el Yemen contra los rebeldes huzis ha sido un desastre–. Israel puede proporcionar inteligencia y cierta ayuda, pero está lejos de expandir su colaboración a otros niveles más altos e intensos.

Enfrente tienen a un bloque que parece más fuerte, cohesionado y exitoso: el formado por Irán, el Irak chií, Siria y Hezbolá, con el respaldo ruso.

A pesar de ello, si se logra un entendimiento basado en el mutuo reconocimiento y en la cooperación regional, giraría en torno a la independencia política plena de los palestinos. Los países suníes pueden presionar a los palestinos para que acepten las condiciones sugeridas por Trump, pero hasta un determinado límite, más aún cuando Egipto y Jordania, principalmente, desempeñarían el papel de garantes. El acuerdo definitivo iría precedido de uno interino, por el cual Israel restringiría la construcción en los asentamientos, llevaría a cabo ciertas cesiones de territorio a la Autoridad Palestina en Cisjordania y aumentaría los incentivos económicos a los palestinos. Sin embargo, estos avances no significarán nada si el liderazgo palestino no está dispuesto a cumplir con la aburrida tarea de administrar un país; recordemos lo que Bill Clinton dijo el año pasado: ”Me dejé la piel para que los palestinos tuvieran un Estado y aun así lo rechazaron”.

No obstante, además de las cuestiones perennes del conflicto, como Jerusalén Este, los refugiados palestinos o el control del valle del Jordán, todavía quedan muchas incógnitas; la primera de ellas es Gaza y el papel de Hamás, aislado ahora de la Hermandad Musulmana pero fiel cliente de los iraníes.

El cambio viene desde dentro

Sea o no fructífera la estrategia trumpista para Oriente Medio, tiene razón el presidente norteamericano: el cambio debe originarse desde dentro. Así, en su despedida hizo un llamamiento –en el que no ahorró en elogios hacia la gesta del pueblo judío durante los últimos dos mil años y su renacimiento en el Estado de Israel– a cristianos, musulmanes y judíos a crear un mundo mejor y destacó el compromiso que ha obtenido del rey Salman para ello.

No queda más remedio que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Y eso, en la era Trump, ya es garantía de sorpresas.

Fuente: Revista El Medio

El ‘incidente Altalena’ y el monopolio de la violencia legítima

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Por Jesús M. Pérez 

El día 21 de junio de 1948 tuvo lugar uno de los hechos fundamentales de la fundación del Estado de Israel. Aquella madrugada, el buque Altalena había fondeado frente a la ciudad de Tel Aviv tras un viaje de semanas que arrancó en Marsella. El Altalena pertenecía a la organización judía Irgún. Se trataba de un antiguo buque estadounidense de asalto anfibio que había participado en el Desembarco de Normandía y luego fue vendido como excedente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Con el apoyo del Gobierno francés, el Irgún embarcó en el Altalenaarmamento, que incluía desde 10 blindados Vickers-Armstrongs hasta varios millones de balas, junto con más 930 voluntarios.

La intención de los líderes del Irgún era que el buque llegara justo el día de la proclamación de la independencia de Israel. Pero las negociaciones sobre el destino de la carga y los pasajeros retrasaron el viaje. Cuando el Altalena llegó a las costas del nuevo país, habían transcurrido ya semanas de guerra del propio Israel contra los ejércitos de Egipto, el Líbano, Siria, Iraq y Transjordania. El Gobierno de Israel aceptó que el Irgún entregara un 20% de la carga a su batallón Jerusalén y que los voluntarios formaran parte del recién nacido Ejército israelí, pero dentro de unidades que mantendrían su identidad como parte del Irgún.

Durante el Mandato Británico, la población judía había formado varios grupos armados, con diferentes afiliaciones políticas. Pero también había desarrollado instituciones que en el momento de la independencia se convirtieron en la maquinaria del Estado de Israel. Así, el poder ejecutivo de la Agencia Judía se transformó en el Gobierno provisional de Israel y la organización Haganá (“Defensa”) se transformó el 26 de mayo de 1948 en las Fuerzas de Defensa de Israel.

A media tarde del día 20 de junio, el Altalena fondeó frente a las costa de Kfar Vitkín para desembarcar pasajeros y la mayor parte de la carga, antes de poner rumbo a Tel Aviv. El Irgún había actuado por su cuenta, sin coordinación con las Fuerzas de Defensa de Israel. Precisamente ese día el Gobierno del país tuvo reunión. El dilema era claro. Se podía pasar por alto lo que había hecho el Irgún y seguir permitiendo libertad de acción a los grupos armados o había que tomar medidas, incluso aunque condujeran al enfrentamiento entre israelíes.

Israel existía como país independiente desde hacía poco más de un mes y podía verse abocado a una batalla fratricida en medio de una conflagración con varios países que el entonces secretario general de la Liga Árabe había proclamado, un año atrás, que sería una “guerra de exterminio”de la que se hablaría como de las “masacres mongolas”. El objetivo del Gobierno israelí era que desaparecieran las organizaciones armadas vinculadas a formaciones políticas para formar un sola fuerza armada, inspirada en la británica, con una cadena de mando única y jerárquica.

El 21 de junio, a las cuatro de la tarde, el primer ministro Ben Gurión ordenó atacar el Altalena. A bordo del buque se encontraba Menájem Beguín, uno de los líderes del Irgún. En la costa, dirigiendo las tropas gubernamentales, Isaac Rabin. Ambos serían, décadas más tarde, primer ministro de Israel. Hubo soldados que se negaron a cumplir las órdenes. Otros dudaron. Posiblemente nunca se sepa la secuencia exacta de los acontecimientos, pero hubo un intercambio de fuego entre buques de la Armada israelí, las fuerzas en tierra y los miembros del Irgún a bordo del Altalena, que terminó izando la bandera blanca y consumido por las llamas. El incidente se saldó con varios muertos en cada bando. Después del incidente del Altalena, miembros del Irgún pasaron por la cárcel y uno a uno los grupos armados judíos de Israel se disolvieron para integrarse en las Fuerzas de Defensa de Israel.

***

Para entender la importancia de aquella jornada frente a las playas de Tel Aviv debemos remontarnos al “invierno revolucionario de 1919”, en palabras de Marianne Weber. A ella debemos la importante labor de recopilación y edición de los trabajos de su marido, Max Weber, uno de los padres de la sociología. En enero de 1919, Max Weber impartió una una conferencia ante la Asociación Libre de Estudiantes de Múnich. El texto fue publicado meses más tarde bajo el título La política como vocación. En ella encontramos la definición más célebre del concepto de Estado dentro de las Ciencias Sociales. Afirma Max Weber (v. El científico y el político, Alianza, Madrid, 2005, p. 84):

Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el ‘territorio’ es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la ‘violencia física legítima’.

El monopolio de la violencia legítima es la característica fundamental del Estado. Y aunque ciertamente Max Weber afirma “que “[e]l Estado es la única fuente del derecho a la violencia”, en su definición del Estado no se refiere a la legitimidad jurídica sino a la política. Es decir, un Estado se caracteriza no porque sea la única entidad en un territorio que promulga leyes sobre el uso de la violencia, sino por ser la única capaz de ejercer la violencia en un territorio con la aceptación de sus habitantes. Según Max Weber, el Estado, “[p]ara subsistir, necesita, por tanto que los dominados acaten la autoridad que pretenden tener quienes en ese momento dominan”.

La herida del incidente Altalena quedó abierta durante décadas y hay numerosas referencias en artículos de opinión actuales. En aquella hora crucial, el Estado de Israel prevaleció no sólo porque tenía mayores medios para ejercer la fuerza que los grupos armados, sino porque líderes como Menájem Beguín entendieron que para que el país sobreviviera tenían que dar un paso atrás. No hubo represalias armadas por parte de miembros del Irgún contra el Gobierno. Nadie se echó al monte entonces ni tras el fin de la guerra.

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El incidente Altalena ayuda a entender uno de los muchos obstáculos para la paz en el conflicto palestino-israelí. En 2005, Israel decidió evacuar a toda su población de la Franja de Gaza. Por primera vez, Israel se retiraba en aquella zona hasta las líneas del armisticio de 1949. El desalojo tuvo que realizarse en muchos casos por la fuerza. Militares y policías israelíes actuaron con petos y gorras azules con la bandera del país, como una forma de recordar que representaban la autoridad del Estado. Un año después, la Franja vivió un enfrentamiento armado entre la Autoridad Palestina, en manos del partido nacionalista secular Fatah, y los islamistas de Hamás. Estos últimos tomaron el poder, pero no detentan el monopolio de la violencia. Conviven allí varios grupos armados palestinos, algunos formados por islamistas aún más radicales que los de Hamás. ¿Llegará algún día el incidente Altalena palestino?

Fuente: Revista El Medio

¿Un Estado palestino o una tiranía islamista?

Cuando al novelista palestino Abad Yahiya publicó su cuarto libro, Crimen en Ramala, la Policía de la Autoridad Palestina requisó todos los ejemplares porque “amenazaba la moral”. El editor fue arrestado y se emitió una orden de detención contra el propio Yahiya. (Imagen: Wikimedia Commons).

por : Giulio Meotti

Tanto Naciones Unidas y la Unión Europea como los grandes medios de comunicación dan la impresión de que el principal obstáculo para la coexistencia en Oriente Medio es que vivan judíos en Judea y Samaria. Pero ¿han observado realmente estos conocidos observadores lo que está ocurriendo en las áreas donde gobierna la Autoridad Palestina, que dos tercios de los países del mundo quieren convertir en otro Estado árabe-islámico?

Hace poco, uno de los novelistas palestinos más brillantes, Abad Yahiya, vio cómo su cuarto libro, Crimen en Ramala, era confiscado por la Policía palestina en la Margen Occidental. La orden provino del fiscal general palestino, Ahmed Barak, que sentenció que el libro era “una amenaza contra la moral”. El editor de fue arrestado y se emitió una orden judicial de detener a Yahiya.

La novela gira en torno al asesinato de una joven palestina en Ramala, y sigue las vidas de otros tres jóvenes, entre los que hay un homosexual y un bebedor. La obra aborda tabúes palestinos como el fanatismo, el extremismo islámico y la homosexualidad. El joven gay que la protagoniza acaba yéndose a vivir a Francia.

El presidente de la Unión de Escritores Palestinos, Murad Sudani, atacó a Yahiya y pidió un castigo ejemplar, como el aplicado a Boris Pasternak y otros novelistas soviéticos. Según Sudani, la novela de Yahiya “quebranta los valores nacionales y religiosos”. “Mi libertad como escritor termina donde empieza la libertad del país”, añadió. Así que los escritores palestinos deberían comportarse como los ingenieros de almas soviéticos; éstos estaban al servicio del comunismo; aquéllos deben estarlo del extremismo islámico y la guerra palestina contra Israel.
“No sé qué hacer”, dijo Yahiya, que huyó a Qatar. “Si vuelvo, me arrestarán”.

Yahiya fue amenazado también en las redes sociales. Gasán Jader, usuario de Facebook, escribió en su página que “habría que matar” a Yahiya. Al parecer, Yahiya debería tener el mismo destino que el escritor argelino Tahar Djaut, asesinado por islamistas en 1994. El editor de Yahiya, Fuad Aklik, fue arrestado en una biblioteca “de manera humillante”.Según las informaciones, la Policía ha entrado en quinientas bibliotecas y librerías de la Margen Occidental para incautarse de todos los ejemplares de la novela.

La suerte corrida por Yahiya recuerda a la de muchos otros súbditos de la Autoridad Palestina:

  • Walid al Huseini es un bloguero palestino que pasó diez meses en la cárcel por el mismo delito por el que fueron asesinados los periodistas de la revista Charlie Hebdo: “Blasfemia”. Como el gay de la novela de Yahiya, Walid vive ahora en Francia, protegido y amparado por la libertad europea.
  • Haidar Ganem, activista por los derechos humanos, tuvo menos suerte. Lo mataron a tiros unos extremistas islámicos.
  • Mohamed Dayani, profesor que llevó a sus alumnos de visita educativa a Auschwitz, tuvo que dimitir para salvar la vida tras meses de campaña de amenazas de muerte, disturbios en los campus e intimidaciones. Rompió el tabú de la negación palestina del Holocausto. “Arriesgué mi trabajo para exponer la hipocresía en que vivimos”, declaró a Haaretz. “Decimos que estamos a favor de la democracia, pero ejercemos la autocracia; decimos que estamos a favor de la libertad de expresión y la libertad académica, pero prohibimos a la gente que las ejerza”.
  • Muchos activistas palestinos cristianos también han sido ultimados.

Podríamos seguir con la lista de intelectuales palestinos que han pagado un alto precio por atreverse a decir la verdad a Abás y a su círculo corrupto sobre muchos asuntos: la coexistencia con los judíos, el laicismo, la libertad sexual, la libertad de conciencia, los derechos humanos o contar la verdad sobre el Holocausto.

Famosos escritores israelíes como David Grossman, Amos Oz y Abraham Yehoshua, los peaceniks más mimados por los periódicos occidentales, en vez de culpar a su propio país, deberían preguntarse mismos qué significa el caso de Abad Yahiya para el conflicto árabe-israelí, y si deberían denunciar a la Autoridad Palestina.

Lo que le ha pasado con la novela de Yahiya contiene el verdadero motivo de que hayan fracasado las negociaciones entre israelíes y palestinos. Las negociaciones no tenían que ver con unas pocas viviendas en Judea y Samaria. Su fracaso es consecuencia del abismo entre una sociedad abierta –Israel– y un régimen cerrado –la entidad palestina–; entre una democracia basada en los principios liberales occidentales y una autocracia mafiosa basada en una dictadura islámica resuelta a destruir al Estado judío.

Y ese abismo es de sólo cuatro kilómetros de ancho: la distancia entre la ciudad palestina de Tulkarem y la ciudad israelí de Netanya.

Con la actual Autoridad Palestina, un Estado palestino haría una limpieza étnica de judíos, como hizo Jordania cuando atacó y capturó Jerusalén en 1948. Estaría encabezado por posibilitadores del Holocausto como Hamás, o por negacionistas como Mahmud Abás. Destruiría la libertad de conciencia de periodistas y escritores. Mandaría al exilio a los cristianos y a los homosexuales (cientos de gais palestinos viven dentro de la valla de seguridad de Israel). Torturaría a los presos árabes. Seguiría aceptando financiación de Irán y de extremistas islámicos suníes bajo la premisa de “Califato o muerte”. Impondría la sharia (la ley islámica) como única fuente de Derecho. Condenaría a muerte a la gente por “ateísmo” o “apostasía” (léase conversión al cristianismo). Seguramente, obligaría a las mujeres a llevar burkas o hiyabs como en Arabia Saudí. Homenajearía a los terroristas e infanticidas que asesinaron a 1.500 civiles israelíes en la Segunda Intifada. Aboliría las elecciones democráticas. Llenaría las bibliotecas de libros antisemitas y antioccidentales. Prohibiría beber alcohol en público y mandaría a funcionarios de paisano a parar a parejas jóvenes para pedirles el certificado de matrimonio, como en Irán.

¿Cómo se describiría ese Estado, si no como un régimen nazi? ¿Y cuál es el único país que habría de cargar sobre sus espaldas con la creación de dicho Estado? ¿El único Estado judío? ¡Por supuesto!

Traducción del texto original: Gatestone institute
Traducido por: Revista El Medio

Hamas critica la designación que Donald Trump le dio como grupo terrorista semejante a ISIS, Al qaeda y Hezbolla.

El grupo terrorista Hamas acusó al presidente estadounidense Donald Trump de exponer su parcialidad hacia Israel, después de haber incluido a Hamas en una lista de grupos terroristas que, dijo, representa una amenaza mundial de “proporciones épicas”.

UnitedWithIsrael   En un discurso pronunciado a unos 50 líderes de los países árabes y de mayoría musulmana en la capital saudí de Riad el domingo, Trump dijo: “Ahora nos enfrentamos a una catástrofe humanitaria y de seguridad en esta región que se está extendiendo por todo el planeta. Es una tragedia de proporciones épicas “.

“No hay descripción, ni medida del sufrimiento y la depravación que han causado estos grupos. Las cifras reales del daño que han causado ISIS, Al Qaeda, Hezbollah, Hamas, y tantos otros, se debe contar no sólo en el número de muertos. También se contará en generaciones de sueños desvanecidos “, dijo, en su primer discurso entregado al extranjero desde que asumió el cargo.

Imploró a los países de Oriente Medio extinguir lo que llamó “extremismo islámico” que emana de la región, y describió el conflicto como una “batalla entre el bien y el mal.”

Trump también se refirió brevemente a sus próximas reuniones con el primer ministro Benjamin Netanyahu y el jefe de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, quien estuvo presente en la cumbre. “Si estos tres hijos de (Abraham) pueden unirse, la paz en este mundo es posible, incluyendo la paz entre Israel y los palestinos”, dijo Trump.

Hamas reaccionó al discurso afirmando que la designación de Trump hacia Hamas como una organización terrorista “está sesgada” y está en conformidad “con las políticas de la ocupación israelí”.  “Las declaraciones de Trump no frustran nuestro objetivo de liberar a Palestina, ni obstaculizan nuestra firmeza y resistencia “, declaró Hamas.

El portavoz de Hamas Fawzi Barhoum dijo desde la ciudad de Gaza que las declaraciones de Trump son una “tergiversación de los hechos.” Llamó el discurso de una “confirmación” de que Trump está siguiendo la política de las administraciones anteriores.

Hamas ha sido designada como una organización terrorista por Israel, los EE.UU., la Unión Europea (UE), y el Reino Unido, así como por otros países.  Hamas ha declarado en repetidas ocasiones que su objetivo final es destruir el Estado judío y aspira a establecer un estado islámico en su lugar, al describir su estilo como un movimiento nacional palestino.

 Fuente: UnitedWithIsrael

Los saudíes se regocijan por la muerte de las políticas de Barack Hussein Obama.

Israel no es el único país en el Medio Oriente feliz de ver a Barack Obama fuera de la Casa Blanca. La visita del presidente Donald Trump a Arabia Saudita el fin de semana sirvió como una bofetada muy pública en la cara de su predecesor. Y fueron los saudíes, no Trump, los que dieron el golpe.

Israel Hoy   Los periódicos Okaz y Al-Madina de Arabia Saudita observaron que había una gran cantidad de frustración con las políticas derrotistas de Obama con respecto a Irán, y que Arabia Saudita ve a Trump como el anuncio de una nueva era de la fuerza en la cara de tales enemigos.

En los días previos a su viaje, un número de funcionarios regionales, como el Ministro de Asuntos Exteriores de Bahrein, dijeron que Trump entiende el Medio Oriente mucho mejor que Obama y que podrían tener mejores esperanzas.

Al-Sharq al-Awsat , un diario de propiedad saudí que se publica y se vende en Londres, dio un paso más, con la publicación de una caricatura de Donald Trump colocando una corona al lado una lápida que dice “las políticas de Obama.”

 Fuente: Israel Hoy 

Imágenes: La histórica visita de Donald Trump al Muro de los Lamentos

Es el primer presidente de los Estados Unidos en funciones en visitar el sitio ubicado en la Ciudad Vieja de Jerusalén, el más sagrado del judaísmo

El Muro de los Lamentos, ubicado en la Ciudad Vieja de Jerusalén, es uno de los sitios más sagrados del judaísmo (Reuters)

Tras reunirse con el primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente israelí, Reuven Rivlin, el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, visitó el lunes algunos de los sitios más sagrados de Jerusalén.

Junto a su esposa Melania recorrió la Iglesia del Santo Sepulcro, para luego dirigirse al Muro de los Lamentos.

Trump y su familia junto al rabino Shmuel Rabinowitz en la plaza frente al Muro de los Lamentos (Reuters)

Trump y su familia junto al rabino Shmuel Rabinowitz en la plaza frente al Muro de los Lamentos (Reuters)

El presidente de los Estados Unidos fue recibido por el primer ministro y el presidente de Israel, y luego visitó los sitios más importantes de la ciudad santa (Reuters)

El presidente de los Estados Unidos fue recibido por el primer ministro y el presidente de Israel, y luego visitó los sitios más importantes de la ciudad santa (Reuters)

Es la primera visita de un presidente de los Estados Unidos en funciones al Muro de los Lamentos (AFP)

Es la primera visita de un presidente de los Estados Unidos en funciones al Muro de los Lamentos (AFP)

Jared Kushner, yerno de Donald Trump (AP)

Jared Kushner, yerno de Donald Trump (AP)

(AP)

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Trump, el primer presidente de los Estados Unidos en funciones en visitar el sitio, rezó en silencio y se reunió con el rabino Shmuel Rabinowitz, encargado de los sitios sagrados en Jerusalén.

Al finalizar estas visitas el republicano se retirará a su habitación en el hotel Rey David, donde descansará antes de cenar esta noche con Netanyahu.

Trump y su esposa, Melania Trump, visitan la Iglesia del Santo Sepulcro (AFP)

Trump y su esposa, Melania Trump, visitan la Iglesia del Santo Sepulcro (AFP)

(AFP)

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(AP)

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