LA POLÉMICA.

EN CONTRA DEL TERRORISMO ISLÁMICO

La máxima autoridad en el islam dice que se requiere la yihad violenta contra los infieles hasta que el mundo esté gobernado por el islam.

                                  

La escuela más antigua y de mayor prestigio de la jurisprudencia islámica (Al Azhar en Egipto) define la “Yihad” de la misma manera en que Al Qaeda, ISIS, los Hermanos Musulmanes, y todas las demás organizaciones terroristas lo hacen.

Esclavitud moderna en el mundo árabe: Las leyes permiten la posesión de esclavos mientras calla la comunidad internacional

Por: Josephine Bacon

La familia de un trabajador nepalí fallecido en Qatar durante las obras de construcción de un estadio de fútbol se prepara para enterrarlo. En Qatar, los trabajadores extranjeros trabajan en condiciones muy peligrosas; sólo los nepalíes mueren a un ritmo de uno cada dos días. (Imagen: captura de un vídeo del 'Guardian').

La familia de un trabajador nepalí fallecido en Qatar durante las obras de construcción de un estadio de fútbol se prepara para enterrarlo. En Qatar, los trabajadores extranjeros trabajan en condiciones muy peligrosas; sólo los nepalíes mueren a un ritmo de uno cada dos días. (Imagen: captura de un vídeo del ‘Guardian’).

 En un artículo en el Sunday Telegraph del 31 de julio, la nueva primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, afirmaba: “El año pasado presenté la Ley sobre la Esclavitud Moderna, pionera a nivel mundial, para lanzar el mensaje más nítido posible de que las víctimas no están solas y los responsables de esa vil explotación serán llevados ante la justicia”. Sin embargo, estas campañas para combatir la esclavitud moderna soslayan cuidadosamente a los países del mundo árabe, donde las leyes permiten la posesión de esclavos.

En 2015 Gran Bretaña aprobó la Ley sobre la Esclavitud Moderna para hacer frente a los acusados niveles de tráfico de personas (ahora considerado por los criminales como más lucrativo que el contrabando de drogas) y las circunstancias de muchos sirvientes de extranjeros adinerados.

Como sus jefes ricos, estos sirvientes no remunerados son llevados directamente del avión a un coche que les espera en la pista, y no pasan por los controles de inmigración o las aduanas. No son tratados como el resto de nosotros: esas personas sumamente ricas y quienes trabajan para ellas viven bajo leyes distintas. Por lo tanto, es muy raro que los casos de maltrato de sirvientes lleguen alguna vez a los tribunales. Los pocos que llegan a juicio se deben a que los sirvientes han podido escapar de las garras de sus empleadores, y las historias que cuentan son terribles (aunque en su mayoría quedan impunes y pasan inadvertidas por motivos políticos).

El Daily Mail documentó uno de estos casos el 15 de marzo de 2011. Una sirviente africana fue obligada a dormir en el suelo, situación que soportaba al principio por 10 libras de salario mensual, hasta que su empleadora, una médico de origen asiático, decidió no pagarle nada en absoluto.

Una intérprete judicial del Reino Unido que trabaja con la lengua árabe y pidió mantener su anonimato me contó historias aún peores sobre sirvientes que escapan y que logran presentar una denuncia en la comisaría, donde ella les había conocido y les había hecho de intérprete. Los empleadores, en su mayoría de Arabia Saudí y los Estados del Golfo, rara vez son juzgados.

Los sobornos de Qatar

Mientras se acerca la fecha del Mundial de la FIFA de 2022, convendría investigar las prácticas laborales del país anfitrión, Qatar, que vulneran claramente leyes europeas anteriores, y por supuesto la Ley sobre la Esclavitud Moderna. Según Greg Dyke, expresidente de la Asociación de Fútbol Británica (BFA, por sus siglas en inglés), y otros responsables de la BFA, Qatar ofreció sobornos a la FIFA para albergar el campeonato.

Qatar, como el Líbano, Baréin, Irak, Jordania, Kuwait, Omán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (los Estados del Golfo), opera bajo el sistema kafala o kefala (en árabe, نظام الكفالة niẓām al-kafāla). Esto se traduce del árabe como “sistema de patrocinio”, pero en realidad es una manera brutal de controlar la mano de obra extranjera que cubre prácticamente todo el trabajo en los países más ricos del mundo árabe.

Las perversidades del sistema ‘kafala’

Con el sistema kafala, cualquier extranjero que busque o se le ofrezca trabajo en Arabia Saudí o los Estados del Golfo –incluidos Baréin, los Emiratos y Qatar– tiene un patrocinador (un empleador, una agencia o un intermediario, a través de los cuales se les ofrece el trabajo) que les tramita el visado. A cambio, el pasaporte de cada trabajador extranjero es confiscado por el empleador o la agencia. Esto significa que el trabajador no tiene derecho a cambiar de trabajo o abandonar el país sin el permiso de la persona que retiene su pasaporte. Ni que decir tiene que los empleados y agencias rara vez conceden dicho permiso.

Esta explotación de la mano de obra ha sido criticada por muchas organizaciones de derechos humanos. Según The Economist, “el sistema [también] bloquea la competencia interna para los trabajadores extranjeros”.

Explotación en Qatar

En noviembre de 2013, Amnistía Internacional publicó un informe sobre los obreros de la construcción en Qatar. Según Shalil Shetty, entonces secretario general de Amnistía Internacional:

La atención del mundo seguirá puesta en Qatar en el periodo previo a la Copa del Mundo de 2022, lo que ofrece al Gobierno [británico] una oportunidad única para demostrar en la escena mundial que se toma en serio su compromiso con los derechos humanos y actuar como ejemplo para el resto de la región.

Personas que han viajado recientemente a Qatar han fotografiado la terrible miseria en la que viven los obreros de la construcción. Se les obliga a dormir en habitaciones del tamaño de una celda diminuta, donde apenas tienen espacio para tumbarse. No hay baños o cocinas en condiciones.

Según un artículo publicado en el diario británico The Guardian –un periódico que suele defender a los árabes– el 23 de diciembre de 2014, los trabajadores migrantes nepalíes están muriendo a un ritmo de uno cada dos días, por accidentes laborales o puro agotamiento, mientras trabajan para construir las infraestructuras de la Copa Mundial de la FIFA de 2022.

La ‘kafala’ se aplica a los empleados de todos los niveles

A menudo se da por hecho que el sistema kafala sólo afecta a los trabajadores de los países del Tercer Mundo de ámbitos como el servicio doméstico o el sector de la construcción. Esta percepción es falsa: la kafala se aplica a todos los trabajadores, incluidos los de más alto nivel.

Por ejemplo, el 14 de noviembre de 2013, The Guardian publicó la historia de Zahir Belounis, un futbolista francés retenido en Qatar contra su voluntad. Un club de fútbol local le había contratado por cinco años porque quería utilizarlo para subir de categoría. Una vez logró su promoción, el club dejó de pagar el sueldo de Belounis, pero no le dejaba abandonar el país, ya que siguió reteniendo su pasaporte. Se quedó atrapado en su apartamento sin ingresos, con una familia a la que alimentar. Desesperado, Belounis se dirigió al presidente de Francia y a figuras del fútbol de todo el mundo. Al final, después de 19 meses, le permitieron marcharse.

El 30 de septiembre de 2009, el diario en lengua inglesa Flanders Today publicó: “Philippe Bogaert, el empresario flamenco retenido en Qatar desde hace más de un año, vuelve a casa tras escapar en barco amparado por la oscuridad de la noche. Bogaert había ido a Qatar en octubre de 2008 para trabajar en la filial local de una compañía belga. Cuando los socios qataríes rescindieron el contrato, la empresa quebró, y Bogaert dimitió. Según la ley qatarí, sólo podía abandonar el país si su patrocinador –un exsocio comercial– firmaba la autorización. El socio se negó, dejando a Bogaert sin trabajo, sin ingresos y sin poder marcharse”.

El periódico francés L’Express publicó un reportaje el 2 de agosto de 2013 en el que se leía: “Nasr al Awartany, francés de origen jordano, está atrapado en su hotel de Doha. No puede dejar Qatar y volver con su familia porque su socio qatarí, que también es su patrocinador, le niega el visado de salida. Esto no es algo inusual [énfasis de la autora] (…) Un asombroso 80% de la población [de Qatar] es extranjero. (…) El caso ha llegado a los tribunales, pero podría durar años, y mientras, la visa de salida de Nasr ha sido denegada”.

Según un artículo publicado el 25 de diciembre de 2014 en Doha News, está prevista una serie de cambios en la ley catarí de la kafala que entrarán en vigor el 14 de diciembre de 2016. Entre ellos se encuentra la posibilidad de apelar las denegaciones de los permisos de salida y que los expatriados que hayan finalizado su trabajo ya no necesiten una autorización para ejercer otro empleo. Que esto se aplique o no en la práctica ya es otro asunto.

Supuestamente, Baréin abolió el sistema kafala en 2012, pero, según los expertos, entre ellos Andrew Gardner, profesor adjunto de Antropología en la Universidad de Puget Sound, fue sólo un gesto de cara a la galería y el sistema sigue funcionando. En Qatar, la nueva ley sólo se aplicará –si es que se aplica– a los extranjeros que sean contratados después de la aprobación de la misma.

Fuente: Alerta Digital.

Amenaza terrorista: por qué los atentados suicidas van en aumento

Benjamin Acosta, especialista de la Universidad de Louisiana, explicó el fenómeno que existe en torno a esa modalidad de ataques por parte de los grupos extremistas

El brutal atentado contra un hospital de Pakistán dejó 70 muertos (Reuters)
El brutal atentado contra un hospital de Pakistán dejó 70 muertos (Reuters)

La radicalización de diferentes grupos islamistas y el auge del Estado Islámico han desatado una incontrolable ola de atentados en los últimos tiempos. En la gran mayoría de ellos, se empleó una misma metodología: los ataques suicidas.

Sólo en 2016, se ha registrado ese tipo de atentados en países como Afganistán, Bélgica, Francia, Indonesia, Irak, Pakistán, Siria y Turquía, entre otros.

Benjamin Acosta, especialista en la materia y profesor de la Universidad Estatal de Louisiana, en Estados Unidos, explicó en una entrevista con The Washington Post los motivos por los que los atentados suicidas están en aumento.

“Las organizaciones adoptan los ataques suicidas para fortalecer sus estructuras de apoyo, extender su tiempo de vida y aumentar o mantener su estatus”, señaló.

Algunos cuerpos de las 36 víctimas del ataque contra el aeropuerto de Estambul (Reuters)
Algunos cuerpos de las 36 víctimas del ataque contra el aeropuerto de Estambul (Reuters)

Después de más de una década trabajando sobre este tema, el experto sostuvo que no existe un consenso académico fuerte a la hora de explicar por qué los grupos terroristas llevan a cabo ataques suicidas.

Luego de los atentados contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, muchas teorías responsabilizaban a la ocupación occidental en países de Medio Oriente como la gran causal del auge de esos atentados. Pero esa argumentación “tenía poco apoyo empírico”, según Acosta.

“Lo que realmente entra en foco es que el islam y otras culturas del martirio son un componente causal importante del aumento del terrorismo suicida”, indicó.

Sin embargo, en su explicación Acosta cambió el foco de la cuestión y remarcó la importancia de entender por qué las organizaciones extremistas continúan llevando a cabo ataques suicidas.

Un auto arde en llamas tras el ataque contra el hotel Ambassador, en Somalia (AFP)
Un auto arde en llamas tras el ataque contra el hotel Ambassador, en Somalia (AFP)

“Todas las organizaciones tienen dos objetivos principales: objetivos de resultados, que son las metas que se relacionan con el propósito del grupo, y la supervivencia”, explicó.

El profesor de la Universidad de Louisiana aseveró que los ataques suicidas “hacen más difícil que los grupos alcancen sus objetivos de resultado”. “Pero aumentan las probabilidades de supervivencia de la organización”.

El del Estado Islámico es uno de los tantos casos de grupos yihadistas que tienen ambiciosas aspiraciones, como el establecimiento de un califato. Estos objetivos son “difíciles, abstractos, y muy poco probables” de concretar.

Una postal del brutal atentado en el centro de Bagdad que dejó docenas de muertos (AP)
Una postal del brutal atentado en el centro de Bagdad que dejó docenas de muertos (AP)

“Si alguna organización está en busca de esos objetivos, entonces su capacidad de combatir una guerra larga se volverá más importante”, argumentó.

Por su parte, Acosta también resaltó que los grupos extremistas “pasan por diferentes tendencias o modas”, por lo que “deben adaptarse a la moda o volverse irrelevantes”. “A medida que hemos avanzado en la era del terrorismo islamista fundamentalista, (…) la moda clave es la bomba suicida”.

Por ese motivo, muchos grupos pequeños, como el caso de Ansar al Bait Maqdis, buscan llamar la atención de grandes organizaciones, como Al Qaeda o el Estado Islámico.

Después de haber llevado a cabo una serie de ataques suicidas, Ansar al Bait Maqdis fue reconocido por ISIS y comenzó a recibir financiación y colaboración militante, lo que le permitió “mejorar sus posibilidades de supervivencia”.

Con respecto a los objetivos de resultados que mencionó Acosta, el especialista marcó dos formas principales que siguen los grupos terroristas para lograr esas metas: a través de la “coacción” y de la “fuerza bruta”.

¿Permitiría usted ser atendido o atendida por un medico musulmán?

Un doctor musulmán se queja: “Mi paciente se negó a permitirme que la tratara debido a mi religión.” ¿Se le puede culpar? No permita que las enfermeras musulmanas en cualquier lugar del mundo, estén cerca de usted, ya que tienen hábitos sanitarios muy pobres. (Me negué a permitir que una enfermera musulmana me tocara cuando estaba en el hospital recientemente y me mandaron a una enfermera real)

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Washington Post  (Por Jalal Baig)  “Haciendo mis rondas en el hospital durante el día, puse el estetoscopio en el pecho de una paciente mientras mantuve los ojos fijos en la pantalla de la televisión mirando por encima del hombro.

Horas antes, unas bombas habían estallado en un aeropuerto y una estación de tren en Bruselas. Mi paciente de 65 años de edad, observó una ráfaga de imágenes en Fox News que mostraban la carnicería insondable, y en ese momento tuve la esperanza de que los autores no serían identificados como musulmanes y que los miembros de mi fe no serían considerados culpables por asociación inexplicable.

Los sonidos de la voz de mi paciente se levantaron, eclipsando el latido de su corazón, al que estaba cuidadosamente tratando de escuchar.

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Élla sonaba angustiada, incluso, por la pérdida de las vidas inocentes en la pantalla del televisor. “Estas personas extranjeras sólo vienen aquí para matar y para arruinar todas las cosas”, dijo. Luego dijo: “Donald Trump tiene razón: Estados Unidos debería prohibir la entrada de todos los musulmanes aquí”.

Y entonces tal vez se dio cuenta del cambio sutil en la expresión de mi cara. “Lo siento, pero su gente y la gente que practica su fe me hace sentir muy incómoda”, dijo. Fue entonces cuando ella se negó a que la siguiera atendiendo..

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Me quedé horrorizado al lado de la cama, preguntándome cómo mis años de formación médica habían sido negados por los actos de un siniestro que sucedió a un océano de distancia.

Yo había entendido, en abstracto, la amenaza de la demagogia y la petulancia de Trump. Pero hasta ese momento, la bilis que se arrojó parecía confinada a Twitter y a manifestaciones en lugares lejanos. No pensé que llegaría alguna vez a mi, un médico, nacido aquí en los Estados Unidos.  Debería haberlo previsto mejor.

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Un estudio  publicado el año pasado  en ajob empírica de Bioética acerca de los médicos musulmanes, que representan el 5 por ciento de los médicos de EE.UU., encontró que 1 de cada 10 de estos médicos ha tenido un paciente que niegan su atención médica debido a que son musulmanes. Es evidente que mi experiencia no fue aislada. (Hay una gran cantidad de médicos musulmanes aquí, de los países del tercer mundo porque los hospitales les pueden pagar menos que a los médicos americanos)

Me preguntaba por qué mis responsabilidades para con los pacientes estaban en la cara de esta intolerancia. Y cómo he tratado de conciliar mi deseo de preservar mi dignidad personal herida junto con los principios consagrados en el juramento hipocrático, por culpa de mi religión.

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Esta situación me llevó a recordar uno de mis versos favoritos del Corán: “Los creyentes, se mantienen firmes por Dios, ser testigos de la justicia. Nunca permita que el odio de la gente evite que pueda ser justo. Sed justos, pues esto es lo que está más cerca de la justicia”.

Al final, todo esto era parte de mi jihad interior personal, que literalmente significa “una lucha.” Para un musulmán,  la yihad  significa la lucha del alma para derribar las barreras que impiden la realización de una vida de inspiración divina, una vida que promueve las virtudes de la compasión, la comprensión y la justicia. Un enfoque egoísta de mi propio ego dañado restaron valor a este fin.

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Mi decisión de trabajar como médico en el entorno público de un hospital significaba que yo era un embajador de mi fe, si quería serlo o no

Trump y otros de su calaña han tratado de sembrar la división por extracción de grupos como los musulmanes de su humanidad común. Su candidatura ha traído el largo rencor escondido, a la luz, incluso en nuestros hospitales.

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Las tradiciones más finas y más nobles de la medicina, sin embargo, son trascendentes. Mi fe personal subsume el juramento hipocrático y predica el respeto mutuo y la tolerancia. Estas son las fuentes de la continuación de mi dignidad “. (Si este médico musulmán leyera los mas de 50 versos violentos que tiene el Corán, no pensaría igual)

En Francia, algunos médicos no mususlmanes, incluso, se niegan a tratar a las mujeres musulmanas con velo:

A pesar de los uniformes excesivamente holgados y modestos usados por las atletas musulmanas en los Juegos Olímpicos de Río, todavía son condenadas por los hombres musulmanes por sus atuendos.

En respuesta a la presencia de una nadadora del equipo de refugiados de Siria, un periodista musulmán exclamó: “Me gustaría que se ahogara en lugar de aparecer desnuda como esta.”

Islam: “Tolerancia cero”

Polacos contra la islamización del país.

Polacos contra la islamización del país.

LTY/Reproducido.- Los musulmanes residentes en España (extranjeros o “españoles” de papel, más los conversos, que hay que llamar por su verdadero nombre de renegados) pretenden llenar nuestra geografía de MEZQUITAS. No quieren construir fábricas, montar empresas, establecer industrias, edificar centros de estudios. No desean contribuir al progreso de nuestro país, al desarrollo de nuestra comunidad, al mejoramiento de nuestra nación, al elevamiento de nuestro pueblo. No aportan nada al bienestar general de nuestra sociedad, en la que viven sin ofrecer nada positivo a cambio y generando sólo conflictos e inquietud e incluso, como ya se venía anunciando por los más lúcidos, muerte y desolación. No quieren arrimar el hombro, sino meternos la mano en el bolsillo, medrar a la sombra de nuestra suicida tolerancia y arruinarnos la existencia. Quieren algo adecuado a su mentalidad arcaica, algo acorde a su inferioridad cultural, algo consustancial a la vileza moral que impregna el ISLAM y las poblaciones a él sometidas: MEZQUITAS.

MEZQUITAS: templos de oscurantismo y atraso espiritual, escuelas donde se enseña a discriminar a las mujeres y a odiar a Occidente, a sus valores, a sus logros, a sus ideales.

MEZQUITAS: cátedras desde las cuales se fomenta el rechazo a las leyes y las costumbres del país de acogida y donde se conspira contra el orden establecido, la paz y el bienestar de una sociedad en la que los musulmanes no tienen el menor interés en integrarse y si en cambio todas las ganas del mundo de destruir.

MEZQUITAS: lugares donde se predica la intolerancia, el desprecio a los derechos humanos, donde se promueve la negación de toda idea de progreso y se alecciona a los creyentes en el fanatismo más embrutecedor.

MEZQUITAS: centros de conspiración antioccidental y de agitación antieuropea, cuarteles generales de la quintacolunma mahometana, bastiones del islamismo militante, tapaderas de organizaciones integristas, banderines de enganche de terroristas, oficinas recaudatorias del yihadismo.

El ISLAM sólo aporta regresión, miseria, brutalidad, maldad, degradación, suciedad, decadencia, intolerancia y muerte. El ISLAM es la negación de todos los valores e ideales que sustentan la Civilización Occidental: el progreso, la igualdad entre el hombre y la mujer, las libertades individuales y colectivas, los derechos humanos, la democracia, la tolerancia, la solidaridad, la compasión cristiana. Donde llega el ISLAM con sus infinitas lacras morales, culturales, espirituales y sociales, llega el desorden, la discordia, el conflicto, la barbarie: discriminación de la mujer, burkas, miseria, fanatismo, incultura, ayatolás, talibanes, corrupción, oscurantismo, despotismo, terrorismo… Se acabó la tranquilidad, la paz, el bienestar, el progreso, la seguridad. Se acabó el orden, el respeto de la ley, la posibilidad de una existencia digna y decente. Se acabó la vida civilizada y la convivencia pacífica.

El ISLAM es como una plaga de langostas: todo lo arrasa, todo lo destruye, todo lo ensucia, todo lo envilece. El ISLAM lleva consigo una tremenda carga de energía destructiva, toda su historia no nos habla de otra cosa. Tinieblas y pestilencias medievales, odio al progreso, a la modernidad, a la igualdad, a la libertad, a la tolerancia, a la paz. El ISLAM es un mundo retrógrado, un paisaje malvado y corrompido, un tiempo estancado, un universo de oscuridad antigua donde se lapidan a las mujeres, cuando no se las flagela en público, donde se mutila sexualmente a las niñas, donde se vende a las hijas de 12, 10 y hasta 6 años por un rebaño de cabras, media docena de camellos o un puñado de billetes.

El ISLAM es la viva imagen del fracaso: 60 naciones bajo la terrible losa del ISLAM. Marruecos, Afganistán, Arabia Saudí, Sudán, Irán, Somalia…, países estancados, sociedades infames, enfangadas en la miseria y la abyección moral más repulsiva.

ISLAM: territorio de la maldad, universo de la degradación, castigo de la humanidad. El ISLAM no constituye una enfermedad fija, limitada, un pantano más o menos extendido, más o menos fétido; es una especie de fluidez imposible de parar. El gran reservorio del ISLAM, la cloaca musulmana, el Magreb, Oriente Medio, Asia Central y zona adyacentes, derraman incesantemente sus hordas infectas sobre nuestro mundo europeo, nuestro hogar cristiano, nuestro universo occidental: el territorio de la civilización.

En España (y en el resto de Europa) hemos vivido relativamente tranquilos y sin mayores problemas ni amenazas a nuestra paz y nuestra prosperidad hasta que los islamistas llegaron como una marabunta para sembrar la discordia, el conflicto y el temor. Nunca volveremos a vivir en paz y en seguridad mientras estos indeseables pululen por nuestras calles. A medida que crezcan numéricamente (y lo hace aceleradamente), de forma pareja y simultánea aumentará la frecuencia, el tono y el calibre de sus exigencias y pretensiones.

Cuando consideren que tienen el peso demográfico suficiente (la “masa crítica” que les permita desafiarnos con posibilidades de éxito) y los apoyos necesarios entre los “compañeros de viaje” y demás tontos útiles a su servicio, complices de la infiltración incesante de este elemento de descomposición y desorden en el organismo social, su audacia y su agresividad no conocerán entonces límites, y respaldarán sus reclamaciones con la intimidación, las amenazas y la violenca. Debemos tomar conciencia del peligro y actuar en consecuencia.

Estamos ante una plaga de invasores y usurpadores sin escrúpulos, que no satisfechos de hacerse un lugar preponderante en una sociedad que no han creado (sino que han tratado en destruir en épocas pasadas), quieren además modificar las costumbres y todas las leyes conforme a sus intereses y objetivos. Quieren dominarnos y ponernos a su servicio antes de acabar definitivamente con nosotros. El futuro se perfila sombrío y amenazante. Tenemos al enemigo dentro de nuestra casa, y sólo espera el momento oportuno para saltarnos al cuello y devorarnos las entrañas. ISLAM: TOLERANCIA CERO.

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