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Ha llegado la hora de declarar Organización Criminal Transnacional a Hezbolá

Logo de Hezbolá.

Por Emanuele Ottolenghi

Con el fin de combatir el crimen organizado transnacional, las Órdenes Ejecutivas 13.581 y 13.773 establecen una política clara que identifica la convergencia entre las redes de financiación del terrorismo y el crimen organizado transnacional como una amenaza vital a nuestra seguridad nacional. Sin embargo, ni el presidente Trump ni el presidente Obama declararon a HezboláOrganización Criminal Transnacional (OCT).

Hace mucho tiempo que se debería haber designado OCT a Hezbolá, dado el creciente conjunto de pruebas que demuestran su implicación en el crimen transnacional. Hezbolá obtiene cientos de millones de dólares de sus actividades criminales. Especialmente en América Latina, los agentes de Hezbolá han forjado unos amplios y duraderos vínculos con cárteles de la droga. Pero los Gobiernos latinoamericanos son reacios a tratar a Hezbolá –y a sus redes locales– como una organización terrorista. Si la designaran OCT tendrían que tomarse más en serio su amenaza y enfrentarse a su aparato criminal, que tiene un impacto más directo en sus sociedades que su aventurerismo militar en Oriente Medio.

Se calcula que entre un 20 y un 30% de los 1.000 millones de dólares del presupuesto anual de Hezbolá provienen de otras fuentes que no son las contribuciones iraníes. Sobre todo, de actividades ilícitas en las que toma parte para cubrir sus crecientes necesidades económicas, especialmente desde su implicación en la guerra civil siria.

En muchos casos, Hezbolá ha actuado de intermediaria para los cárteles y contribuido a la logística de los cargamentos de droga o al blanqueo de las ganancias mediante su extensa red de negocios en el Hemisferio Occidental, África Occidental y China. Ahí está el caso de la red libanesa-colombiana de Aymán Yumá, que blanqueó dinero de los cárteles mediante empresas fantasma de Hezbolá. Yumá no sólo proporcionó servicios financieros a los cárteles, también coordinó cargamentos de cocaína. Yumá fue finalmente señalado por el Departamento del Tesoro estadounidense en 2011. El caso dio lugar a la imposición de sanciones económicas contra el Banco Libanés Canadiense, así como a confiscaciones de bienes y el señalamiento de empresas del Líbano, África y América Latina. Además, confirmó que Hezbolá ya no sólo se financia por la vía iraní y las remesas procedentes del blanqueo de capitales de pequeñas compañías extranjeras.

Las sanciones estadounidenses, así como varios tribunales de Estados Unidos y el extranjero, tienen en el punto de mira a elementos vinculados a Hezbolá que actúan como proveedores de servicios logísticos y financieros, traficantescapos de la drogadistribuidores y, más recientemente, suministradores de precursores químicos utilizados para refinar cocaína. Los operativos de Hezbolá son participantes activos en todas etapas de la cadena de suministro de la droga, incluyendo, ominosamente, importantes ventas al mercado estadounidense, como revela el caso que se está juzgando en este momento en Miami.

Hezbolá está estrechamente ligada a las organizaciones criminales más peligrosas del mundo, y ayudándolas a ganar más poder. Declararla OCT podría sacar a la luz la letal convergencia entre el crimen organizado y el terrorismo del islam radical, y hacer más eficaz la lucha contra sus redes financieras.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio
   

El gobierno británico no prohibirá el “ala política” de Hezbollah ni parará sus marchas públicas en las calles británicas

Islamic Terror

El gobierno británico está haciendo caso omiso de las llamadas a prohibir el “ala política” del grupo terrorista Hezbolá, lo que significa que las expresiones abiertas de apoyo en forma de marchas y agitando las banderas pueden continuar en las calles públicas.

Esta espantosa negativa del Reino Unido a prohibir el ala política iraní de Hezbolá, que alimenta el ala militar con mensajes de propaganda, llevará a una mayor propagación de la ideología de la jihad en Gran Bretaña.

Esta historia destaca cómo los yihadistas sigilosos trabajan en tándem con los yihadistas violentos en todas partes, no sólo con Hezbolá. Ambos impulsan la causa de la sharia, que exige la supremacía musulmana sobre los infieles.

La única diferencia entre Hezbollah y otros grupos expansionistas de la sharia es que “no hay diferencia entre sus alas políticas y militares”, mientras que otros defensores del Islam político (yihadistas sigilosos) generalmente se distancian públicamente de los yihadistas violentos.

Esto es evidente con Arabia Saudí, que exporta la ideología de la jihad, sirviendo así tanto como ” incendiarios ” como de bomberos. Lo mismo ocurre con los individuos que parecen ser benignos, como el imán de alto perfil Fawaz Damra del área de Cleveland , que apareció públicamente como “moderado y corriente” mientras que él “estaba desacreditando a los judíos en árabe como” cerdos y monos “y recaudando dinero para el asesinato de judíos por parte de la Jihad Islámica Palestina”.

Felicitaciones a los cristianos Unidos por Israel, que han estado solicitando al Reino Unido contra Hezbollah. Otros grupos pro-democracia, pro-derechos humanos e individuos necesitan responsabilizar a los líderes en sus tratos con los yihadistas y los individuos pro-shariah.

“Ninguna prohibición del Reino Unido para el ala política del Grupo del terror de Hezbollah,” 

El gobierno británico está haciendo caso omiso de las llamadas a prohibir el “ala política” del grupo terrorista Hezbolá, lo que significa que las expresiones abiertas de apoyo en forma de marchas y agitando las banderas pueden continuar en las calles públicas.

Gran Bretaña sólo ha prohibido el brazo “militar” de Hezbollah, pero no su ala “política”, lo que significa que hay una laguna jurídica que permite el apoyo a la organización para que florezca. Sin embargo Hezbollah, por su propia admisión, no distingue entre sus alas políticas y militares. La bandera de Hezbollah, que cuenta con un rifle de asalto, se utiliza para ambos.

La secretaria de Interior, Amber Rudd, confirmó el lunes que aún no ha cerrado la laguna y dijo que no haría comentarios sobre el asunto. Esa ambivalencia provocó una respuesta rápida de Jonathan Arkush, presidente de la Junta de Diputados judíos británicos.

La declaración oficial decía:

Si el gobierno toma medidas serias para combatir el extremismo, debe hacerse ilegal exhibir la bandera de una organización terrorista designada en las calles británicas. No hay distinción entre las llamadas alas militares y políticas de Hezbollah y es hora de que el gobierno se asegure de que el apoyo a cualquier parte de cualquier organización terrorista sea tratado como un delito. Vamos a plantear esto con el Ministro del Interior.

Hezbollah es una organización terrorista de base libanesa prohibida en todo el mundo, incluso en la Liga Árabe, Estados Unidos, Francia e Israel. Hace un llamamiento a la revolución islámica mundial, ha llevado a cabo ataques terroristas durante más de 30 años, y exige la “liberación de Jerusalén” y la destrucción de Israel.

Con el respaldo de Irán, tiene decenas de miles de cohetes que pueden llegar a todas las ciudades de Israel.

La bandera de Hezbollah ondeó libremente en las calles de Londres tan recientemente como en agosto pasado, cuando activistas pro-palestinos resultaron festejando el tradicional final del Ramadán con una protesta del Día Al-Quds contra Israel.

La bandera de Hezbollah ondea en Londres durante la marcha del Día Al-Quds en 2017. (Rachel Megawhat / Breitbart Londres)

Mientras tanto, una petición pidiendo al gobierno británico prohibir a Hezbollah en su totalidad ha pasado 12.000 firmas y no muestra señales de desaceleración.

Como Breitbart Jerusalén informó, la petición en línea fue iniciada por cristianos Unidos para Israel en el Reino Unido (CUFI) y fue lanzado a raíz de la marcha del Día Al-Quds de este año.

La directora ejecutiva de la CUFI, Des Starritt, dice que “Hezbolá es una organización anti-Israel, anti-Oeste que no debería permitirse en Gran Bretaña, sin embargo … sus partidarios marcharon a través del centro de Londres ondeando banderas de Hezbolá”.

“Si Gran Bretaña quiere decir” no al terror “entonces todas las organizaciones terroristas deben ser prohibidas sin excepción alguna . Después de que la Liga Árabe y Estados Unidos denominaron a Hezbollah como un grupo terrorista islamista, hay un paso muy simple que el Gobierno del Reino Unido puede tomar para garantizar que el extremismo no será tolerado en este país “.

Fuente: Breitbart

Socialistas, islamistas, narcos y terroristas, aliados en América Latina

Por Clifford D. May 

El presidente Trump habló con dureza en la ONU de la “dictadura socialista” que ha empobrecido Venezuela. Asimismo, arremetió contra el “extremismo islamista” y el “terrorismo del islam radical”, lo primero una ideología supremacista y lo segundo un arma utilizada para asesinar en masa a musulmanes, yazidíes, cristianos, judíos e hindúes. E hizo referencia a la amenaza que representan las “redes criminales internacionales” que “trafican con drogas, armas y personas”.

En lo que quizá no ha reparado Trump ni la mayoría de la comunidad internacional es en hasta qué punto esos males se están combinando.  

Nadie personifica mejor este cóctel tóxico que Tarek el Aisami, el vicepresidente de Venezuela, de 43 años. El Aisami proviene de una familia sirio-libanesa con vínculos a organizaciones yihadistas chiíes en Irak. También se le ha relacionado con una serie de traficantes de droga sudamericanos. A pesar de ello, o quizá por ello, el dictador de Venezuela, presidente Nicolás Maduro, lo nombró número dos de su Gobierno en enero.

Un mes después, el Departamento del Tesoro de EEUU sancionó a El Aisami por “desempeñar un importante papel en el narcotráfico internacional” y se le congeló parte de su patrimonio, calculado en unos 3.000 millones de dólares.

Los investigadores también descubrieron que había expedido cientos de pasaportes venezolanos a miembros de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní y a agentes de Hezbolá, el peón terrorista de Irán en el Líbano. Esa puede ser una de las razones por las que el presidente Trump ha incluido a Venezuela en la lista de países a los que aplicar restricciones de inmigrantes y viajeros.

La penetración en América Latina lleva décadas siendo un proyecto de Irán y de Hezbolá. Han estado reclutando aliados y agentes en las comunidades de la diáspora libanesa chií, abriendocentros culturales y mezquitas, creando medios de comunicación e instituciones educativas, enviando misioneros a predicar y convertir y seleccionando gente para su adoctrinamiento y formación en Irán.

El terrorismo es otro arma en su arsenal. En 1992, la embajada israelí en Buenos Aires fue atacada con una bomba. Dos años después, el objetivo fue la AMIA, una asociación cultural judía.Más de cien personas fueron asesinadas en esos dos atentados.

El fiscal argentino Alberto Nisman se pasó años investigando. En 2013 publicó una acusación formal de 502 páginas contra Irán por la creación de redes terroristas en países de todo el Hemisferio. Presentó pruebas que señalaban a Mohsen Rabani, exagregado cultural de Irán en Argentina, como el cerebro de esas redes y de los atentados de Buenos Aires. Se descubrió que también otros altos funcionarios iraníes estaban tremendamente implicados.

A principios de 2015, Nisman había preparado un segundo informe que involucraba a la entonces presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en un “plan para ayudar ilegalmente y exonerar fraudulentamente a los sospechosos iraníes” de los ataques. Pero el 18 de enero, horas antes de que presentase sus pruebas a los diputados argentinos, Nisman fue asesinado.

Tras una investigación de siete meses, la Policía argentina confirmó que fue asesinado, descartando las afirmaciones (lanzadas por la señora Kirchner, entre otros) de que se había suicidado. Nadie ha sido llevado ante la Justicia, aunque con el Gobierno post-Kirchner no es imposible.

Mi colega Emanuele Ottolenghi, investigador de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), ha investigado la penetración de Irán y Hezbolá en América Latina. En mayo testificó ante el Comité de Relaciones Internacionales del Senado norteamericano y detalló la creciente cooperación entre “redes terroristas islámicas” y “violentos cárteles de la droga”. Dichas alianzas, señaló, son a menudo facilitadas por “élites políticas corruptas” que proporcionan a las redes de Hezbolá un “refugio seguro”.

Ottolenghi dijo a los congresistas que Hezbolá

desempeña un papel central en el nuevo paisaje, donde el tráfico de drogas y de personas, el contrabando de armas, el comercio ilícito de tabaco, el blanqueo de dinero mediante el comercio y la financiación del terrorismo ya no se pueden tratar como fenómenos distintos.

La infraestructura y las actividades de Hezbolá deberían entenderse como “parte integrante” de una extensa estrategia a largo plazo para exportar la revolución islámica iraní al Hemisferio Occidental y establecer nuevas bases operativas para ser utilizadas contra Estados Unidos.

El más notorio refugio latinoamericano para terroristas y figuras del crimen organizado es laTriple Frontera, entre Argentina, Brasil y Paraguay. En la edición del año pasado del informe anual sobre terrorismo del Departamento de Estado de EEUU se señalaba que particularmente la zona paraguaya de la Triple Frontera “seguía atrayendo a individuos interesados en financiar actos terroristas”.

Algo menos conocido: Cuba, bastión del ateísmo comunista que prohíbe el proselitismo cristiano, tiene una actitud más indulgente con la rama iraní del islam. El año pasado, el doctor Ottolenghiidentificó un centro cultural y una mezquita chiíes en La Habana financiados por Irán. Se está enviando conversos cubanos a otros países latinoamericanos para que difundan la teología revolucionaria iraní.

El Gobierno colombiano culminó hace poco un acuerdo de paz que legitima y concede poder político a las FARC, guerrilla de extrema izquierda que estuvo librando una guerra civil desde 1964. A nadie debería sorprender que Hezbolá –con la que las FARC han cooperado mucho tiempo en cuestiones relacionadas con la venta de arma, el tráfico de drogas y el blanqueo de dinero– se beneficie. Irán también, por supuesto.

La creciente alianza entre socialistas, islamistas, narcos y terroristas al sur de su frontera representa un peligro claro y presente para EEUU. Sin embargo, como el doctor Ottolenghi dijo en el Congreso, Washington aún no ha formulado una “política exterior coherente que reconozca la importancia de América Latina como terreno crucial de una pugna con Irán y ponga en práctica los recursos necesarios para mitigar las amenazas de Irán y Hezbolá”.

“Las limitadas capacidades de nuestros servicios de inteligencia hacen que sea difícil evaluar la cuantía de la financiación terrorista generada en América Latina, o entender el alcance de la posible colaboración criminal-terrorista”. Este último comentario lo hizo hace dos años el comandante del Mando Sur de EEUU. Hoy, el general John F. Kelly es el jefe de gabinete del presidente Trump. Así que tal vez tarde o temprano esa amenaza que está madurando obtenga la vasta atención que merece.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

Jordania: una nueva encuesta revela una opinión pública sorprendentemente moderada

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Por David Pollock 

El presidente Trump se ha reunido esta semana con líderes extranjeros en la Asamblea de la ONU, y los datos de una nueva encuesta demuestran que su agenda –combatir el terrorismo yihadista, contrarrestar a Irán y ampliar el diálogo árabe-israelí– tiene un gran atractivo popular en al menos un país árabe clave: Jordania.

Un sondeo fiable realizado en Jordania el mes pasado revela que numerosos jordanos asumen ahora posiciones inesperadamente moderadas sobre todos estos temas y otros más, como la reforma islámica, las relaciones con Estados Unidos e incluso la cooperación con Israel. Los resultados son tan llamativos que ponen patas arriba la creencia general sobre lo que piensa lacalle árabe.

En primer lugar, respecto al terrorismo yihadista, para los jordanos la lucha contra sus integrantes debe ser una de las prioridades de la política estadounidense en la región, a muy poca distancia de los esfuerzos para resolver el conflicto palestino-israelí. La mitad de la opinión pública jordana dice que la primera o la segunda prioridad de Estados Unidos debería ser “aumentar su implicación en la lucha contra Daesh, Al Qaeda y otras organizaciones terroristas similares”. Otra organización clasificada como terrorista por Estados Unidos, el movimiento chií Hezbolá, ahora apenas goza de apoyo popular en Jordania: sólo el 4%; estamos ante una acusada caída en solo unos años, cuando era visto como un activo opositor de Israel.  

De igual manera, los jordanos que están a favor de una reinterpretación del islam, aun siendo una minoría, se han duplicado en los últimos dos años. Hoy, el 39% dice que “deberíamos escuchar a aquellos de entre nosotros que tratan de interpretar el islam de una forma más moderada, tolerante y moderna”. En cambio, la línea dura de los fundamentalistas Hermanos Musulmanes obtiene menos apoyo. Sólo una cuarta parte de los jordanos dice que tiene una opinión “más o menos positiva” de la organización, casi exactamente los mismos que en anteriores sondeos.

Aún más sorprendente, sobre la paz árabe-israelí, un destacable 85% de los jordanos está de acuerdo con esta afirmación: “Los árabes deberían desempeñar un nuevo papel en las conversaciones de paz palestino-israelíes, ofreciendo a ambas partes incentivos para asumir posiciones más moderadas”. Esta es la esencia de las propuestas actuales de EEUU e Israel, y goza de inesperada resonancia en la vecina Jordania.

Igualmente notable es que nada menos que un tercio de los jordanos está a favor de algunas formas de colaboración inmediata con Israel, antes incluso de que haya un acuerdo de paz israelo-palestino. El 33% dice que, “a pesar de sus diferencias, los países árabes deberían cooperar con Israel en otros asuntos, como la tecnología, la lucha antiterrorista y la contención de Irán”. Esto supone un aumento sustancial respecto a las encuestas de 2014 y 2015, cuando los jordanos, al igual que respondían otras comunidades árabes entonces, rechazaban por una abrumadora mayoría la idea de cualquier asociación basada en intereses comunes (o enemigos comunes) con Israel.

Hay que señalar dos salvedades contrarias a esta nueva mentalidad moderada. La primera, que una ajustada mayoría de jordanos (el 55%) expresó una opinión positiva de Hamás, la cual sigue rechazando la paz con Israel; si bien se registra un notable descenso desde el 72% registrado en septiembre de 2014, justo después de la guerra de Gaza. El segundo, a nivel más general, es que a la opinión pública jordana le preocupan más los problemas domésticos que la cuestión árabe-israelí u otros asuntos externos. El 87% dice que, “ahora mismo, las reformas políticas y económicas domésticas son más importantes para nuestro país que cualquier otra cuestión de política exterior”. Este porcentaje incluye a la mitad de todos los jordanos (43%), que están “muy de acuerdo” con esa idea.

En cuanto a Irán y sus aliados regionales, aparte de Hezbolá, los niveles de apoyo son asombrosamente bajos. Tan sólo un 2% expresó una opinión “más o menos positiva” sobre la República Islámica. Los huzis, insurgentes yemeníes respaldados por Irán, obtienen una aprobación aún menor, del 1%. Y dos tercios de los jordanos dicen que en la querella que enfrenta a Qatar con otros países árabes “lo más importante es encontrar el máximo grado de cooperación árabe contra Irán”.

Por último, en relación con Estados Unidos, persiste la opinión generalmente negativa sobre su política exterior en Oriente Medio; sólo un 9% expresó una opinión favorable. Pero la puntuación de Rusia es todavía inferior, con un 1% de aprobación. En marcado contraste, las políticas regionales de Turquía obtuvieron un 59% de consideraciones positivas.

Esta encuesta, en todo caso, formula una pregunta de seguimiento que es fundamental y que otras no hacen: al margen de los porcentajes de acuerdo, ¿qué importancia dan los jordanos buenas relaciones con países extranjeros? Aquí las respuestas son mucho más positivas para Estados Unidos: la mayor parte de la opinión pública jordana (el 58%) piensa que es importante tener unas buenas relaciones bilaterales. Y sólo una minoría muy pequeña (el 9%) dice que “lo más útil que podría hacer Estados Unidos ahora mismo” sería “reducir sus injerencias en la región”.

Esta encuesta, en suma, proporciona datos fehacientes que sirven de base para emitir un juicio inusual: las políticas de Estados Unidos relativas a Oriente Medio podrían obtener un considerable apoyo entre los árabes, no sólo entre sus élites, también en la calle. En particular, el concepto de un frente común regional contra el terrorismo yihadista y las ambiciones hegemónicas de Irán, y a favor de la paz árabe-israelí, cuenta con un apoyo inesperadamente sólido. Y, dentro de ese marco de trabajo, incluso la idea de la cooperación directa con Israel en asuntos de interés común, aun siendo una postura minoritaria, está adquiriendo un insólito atractivo entre la opinión pública árabe.

Nota metodológica: la encuesta consistió en entrevistas personales con una muestra probabilística geográfica y representativa de 1.000 ciudadanos jordanos. La llevó a cabo en agosto una empresa local, como parte de una sondeo de investigación de mercado. El margen de error estadístico es de aproximadamente el 2,9%, con un intervalo de confianza del 95%.

© Versión original (en inglés): Fikra Forum
© Versión en español: Revista El Medio

El nuevo Imperio Persa

Hasán Ruhaní, ante un retrato de Jomeini.

Por Clifford D. May

Hace once años, Henry Kissinger dijo célebremente: los dirigentes de Irán tendrán que decidir si representan “una causa o una nación”. En el segundo caso, los intereses iraníes y estadounidenses podrían serían “compatibles”; pero “si Teherán insiste en combinar la tradición imperialista persa con el fervor islámico contemporáneo”, añadió, “entonces el choque con Estados Unidos es inevitable”.

Desde entonces, los dirigentes de Irán no han dejado lugar a dudas. Han estado esparciendo agresivamente su revolución islámica y construyendo lo que solamente se puede denominar como un nuevo Imperio Persa. Esto no sorprenderá a nadie que haya estudiado a fondo la ideología del ayatolá Ruholá Jomeini, fundador de la República Islámica. Qué increíble: su proyecto está recibiendo un significativo apoyo de EEUU.

No estoy diciendo que esa fuese la intención de los artífices de las políticas estadounidenses. Pero lo cierto es que ese ha sido el resultado. El derrocamiento de Sadam Husein por parte del presidente George W. Bush en 2003 eliminó al archienemigo y rival de Irán. Lo cual podría no haber traído un grave dilema si Teherán se hubiese convertido seguidamente en un aliado fiable de Estados Unidos.

Pero ya saben lo que vino después: una insurgencia comandada por Al Qaeda en Irak y reforzada por elementos sadamistas. Milicias chiíes apoyadas por Irán también fueron a la guerra contra las tropas estadounidenses en Irak. Al final, el presidente Bush ordenó el surge, un aumento significativo de las tropas sobre el terreno. Bajo el mando del general David Petraeus, los soldados estadounidenses lucharon junto a las tribus suníes, brutalmente maltratadas por Al Qaeda y temerosas de Irán. Al final, esa alianza diezmó las fuerzas yihadistas en Irak, tanto suníes como chiíes.

En 2011 Irak era, como declaró el presidente Barack Obama, “soberano” y “estable”. También lo calificó de “autosuficiente”, lo cual era incorrecto. El Ejército y los diplomáticos de EEUU había estado equilibrando los poderes y mediando en entre las comunidades chií, suní y kurda. Una vez Obama hubo retirado las tropas estadounidenses, la erosión de la estabilidad y la soberanía de Irak era inevitable.

Los líderes de Irán empezaron a ejercer presión sobre Bagdad, en particular fomentando el sectarismo chií. Los iraquíes suníes no tenían ya más defensores que Al Qaeda, que, tras marcharse Estados Unidos, resucitó como el Estado Islámico.

Lo que nos lleva al presente. EEUU está desempeñando un papel crucial en la derrota del Estado Islámico en Siria e Irak. Los periodistas lo están reportando como una victoria. Puede que los historiadores del futuro discrepen. Si los territorios capturados al Estado Islámico pasan a manos de la República Islámica, las tropas estadounidenses habrán servido, objetivamente, a las fuerzas expedicionarias de Irán.

Ese no sería el único apoyo fundamental que EEUU ha dado al régimen clerical. En los primeros años de la Administración Obama, las fuertes sanciones truncaban la economía iraní y restringían las capacidades ofensivas de la República Islámica. Pero la presión se redujo significativamente a cambio de un acuerdo provisional sobre el programa de armas nucleares deTeherán.

Después vino el acuerdo, el Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), y el levantamiento de la mayoría de las sanciones, junto a las decenas de miles de millones de dólares en ingresos petroleros que Irán recibió directamente de EEUU y los cientos de miles de millones que recibirá gracias al comercio con y las inversiones de Europa y Asia.

Esta lluvia de ganancias ha permitido a los gobernantes de Irán defender a su sátrapa sirio, Bashar Asad, con sus propias fuerzas de élite y con las de Hezbolá, su peón libanés. También han organizado y financiado milicias chiíes en Siria e Irak.

Se está reclutando a miles de chiíes afganos y pakistaníes para esas milicias. Se ha reportado que reciben salarios de 600 dólares mensuales y la promesa de un futuro empleo en Irán, asumiendo, naturalmente, que sobrevivan. Otros podrían quedarse de forma permanente en Siria. Con otras palabras, el proyecto imperial de Irán se está convirtiendo también en un proyecto colonial.

Soy de los que creen que el presidente Trump hizo lo correcto al no rendirse en Afganistán. Las consecuencias de una derrota a manos de los talibanes y Al Qaeda habrían sido muy graves, si no en el momento, sí a la larga. Sin embargo, el valor estratégico de Afganistán palidece en comparación con el de Siria e Irak, el corazón de Oriente Medio y el mundo árabe-musulmán. Si no podemos ganar en todas partes –aunque espero que, como superpotencia, sí podamos–, no hay duda de dónde deberían estar nuestras prioridades.

Imaginemos qué significaría que Irán lograse convertirse en el poder hegemónico en Irak, Siria y el Líbano; y también en el Yemen, radicado en una de las vías marítimas más estratégicas del mundo. Imaginemos, también, que ese imperio naciente decide adquirir armas nucleares y medios para utilizarlas contra objetivos estadounidenses, un objetivo que el defectuoso PACC retrasa pero no impide.

Jordania, Kuwait, Baréin, Arabia Saudí, Israel y otros países se verían gravemente amenazados.Irán, usando los puertos sirios del Mediterráneo, extendería su influencia también hacia el oeste.

Por motivos maquiavélicos, Vladímir Putin apoya estas ambiciones. Corea del Norte, cliente de China, coopera con los dirigentes de Irán –en el desarrollo de misiles, redes financieras ilegales y tal vez armas nucleares–, mientras perfecciona su capacidad para amenazar a los estadounidenses.

Décadas atrás, el ayatolá Jomeini vislumbró lo que ahora parece estar sucediendo. En su libro de 1970, Velayat-e faqih (también conocido como Gobierno islámico), escribió: “Nos hemos fijado como objetivo la difusión mundial de la influencia del islam”. Jomeini esperaba que, con el tiempo, Irán se volviese tan poderoso que “ninguno de los Gobiernos existentes en el mundo fuera capaz de resistir [y] todos capitularan”.

Es vital que el presidente Trump y sus asesores entiendan lo que muchos aún no han entendido: los líderes de Irán representan una causa, el cumplimiento del “sueño de un régimen imperial”, como lo expresó Kissinger. Si Estados Unidos no los detiene; si, por el contrario, siguen manipulando a los estadounidenses para que les ayuden y faciliten las cosas en Siria y otras partes, nadie más se interpondrá en su camino.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

Cuando los mejores aliados de Hamás son los tribunales de Israel

Hamas

Por Evelyn Gordon 

Cuando el primer ministro Netanyahu se dirija a la Asamblea General de la ONU*, sin duda dedicará parte de su discurso a la necesidad de combatir a las organizaciones terroristas. Lo que probablemente no dirá es que en Israel esa batalla se ve muchas veces obstaculizada por el activismo judicial desatado de la Corte Suprema, como evidenció la semana pasada laestupefaciente sentencia que niega al Gobierno el derecho de revocar el permiso de residencia en Israel a individuos que trabajen en el Legislativo o en el Gabinete palestinos en representación de Hamás.

En 2006, tres residentes palestinos de Jerusalén Este fueron elegidos para el Parlamento palestino en representación del partido Cambio y Reforma, afiliado de Hamás, mientras que un cuarto fue nombrado para el Gabinete palestino en representación de dicha formación. Israel respondió revocándoles sus derechos de residencia.

A la mayoría de la gente esto le parecería de puro sentido común. Trabajar para un Gobierno extranjero justifica la revocación de la ciudadanía en numerosas democracias, pues se considera que para ocupar un puesto de decisión en el Gobierno de un país es necesario un determinado nivel de compromiso con el mismo, lo que entra en conflicto con la lealtad debida al otro país. De hecho, tanto Estados Unidos como Israel tienen normas de este tipo; es por eso que, por ejemplo, Michael Oren tuvo que renunciar a su ciudadanía norteamericana cuando lo nombraron embajador de Israel en EEUU, a pesar de que EEUU e Israel son aliados estrechos.

Esos cuatro palestinos no sólo estaban trabajando para un Gobierno extranjero; lo estaban haciendo en representación de Hamás, una organización terrorista comprometida con la destrucción de Israel. Eso, como el Gobierno israelí alegó correctamente en el tribunal, constituye una enorme “quiebra de la confianza”. Sin embargo, la Corte, en un veredicto de 6 contra 3, decidió otra cosa. Aunque la Ley de Entrada a Israel permite al Gobierno revocar “a discreción” el derecho de residencia a cualquiera, dice también que la norma no se debería usar para revocarlo por “una quiebra de la confianza”. ¿Por qué? Porque la mayoría de los palestinos de Jerusalén Este nacieron en Israel y han vivido allí toda su vida, así que merecen mayor protección que los migrantes, que antes han vivido en otra parte y cuyo arraigo en Israel es por lo tanto más superficial.

Que esos palestinos de Jerusalén Este merecen mayor protección que, pongamos, los obreros migrantes es evidentemente cierto. Israel se anexionó oficialmente Jerusalén Este en 1967, así que lógicamente la mayoría de ellos deberían ser ciudadanos en vez de residentes permanentes. Que no lo sean se debe a un extraordinario dilema sin solución: Israel no puede concederles unilateralmente la ciudadanía sin airar a la comunidad internacional, que quiere que sean ciudadanos de un futuro Estado palestino.

La mayoría de los palestinos de Jerusalén Este es reacia a ejercer su derecho a solicitar la ciudadanía porque otros palestinos lo ven como una traición a la causa palestina. La consecuencia es que hay todo un grupo de residentes permanentes que, como aseveró correctamente la Corte, merecen ser tratados más como ciudadanos que como residentes permanentes en muchos aspectos.

Pero en este caso particular tal distinción –por lo demás válida– es completamente irrelevante. Al fin y al cabo, el caso no tenía que ver con los residentes normales y corrientes de Jerusalén Este, que, a falta de pruebas en contrario, es razonable aceptar que Ia Corte considera Israel como su hogar principal. Atañía específicamente a unos individuos que optaron por servir a un Gobierno extranjero en representación de una organización terrorista, y que por lo tanto declararon que su lealtad a esa entidad extranjera sustituía a su lealtad a Israel.

Si puedes renunciar a la ciudadanía para trabajar para un Gobierno extranjero, puedes desde luego renunciar a la residencia permanente. Después de todo, no hay duda de que los funcionarios de Hamás no merecen más derechos que los israelíes. Sin embargo, eso es exactamente lo que les concedió la Corte: los oficiales de Hamás pueden conservar la doble nacionalidad aunque su otra nacionalidad sea la enemiga más acérrima de Israel, mientras que los oficiales israelíes no pueden hacer lo propio aunque su otro país sea una estrecho aliado de Israel.

Además, es claramente razonable esperar que quien elige trabajar para un Gobierno extranjero se mude a la jurisdicción de ese Gobierno, salvo impedimentos extraordinarios. En este caso no existían dichos impedimentos, como demostró el que dos de ellos se trasladaran de hecho a Ramala tras perder su permiso de residencia israelí (los otros dos fueron detenidos por Israel por motivos ajenos al caso).  

Incluso los jueces de la mayoría parecieron darse cuenta de lo endeble que era su argumento. Uzi Vogelman, que redactó el dictamen, dijo, en unas declaraciones absolutamente asombrosas: “Nuestra decisión interpretativa no se ha centrado específicamente en la parte demandante, sino en una cuestión interpretativa de aplicabilidad general a los residentes de Jerusalén Este”. Cómo un tribunal puede decidir sobre un caso sin centrarse en él es algo que se me escapa.

Presumiblemente, esta sentencia tendrá una aplicación limitada. Al fin y al cabo, ¿cuántos palestinos de Jerusalén Este van a convertirse en miembros del Gobierno palestino en representación de Hamás? Pero, en realidad, las implicaciones son amplias, porque si ni siquiera jurar lealtad a un Gobierno extranjero en representación de una organización terrorista comprometida con la destrucción de Israel basta para hacer que un palestino pierda su permiso de residencia israelí, y sus consiguientes beneficios, ¿qué demonios hace falta? Nada que se me ocurra. Por lo tanto, los defensores de Hamás en Jerusalén se verán ahora alentados a intensificar toda clase de actividades en nombre de su organización, sabedores de que no tendrá por consecuencia su expulsión del país.   

El activismo judicial de la Corte lastra la capacidad del Gobierno en casi todos los ámbitos, como expliqué en Mosaic el año pasado y han demostrado varias sentencias en los últimos meses, que con razón han indignado a numerosos miembros de los partidos gobernantes. Pero la sentencia de la semana pasada podría haber sido un punto de inflexión: como reacción, la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, y su partido, Hogar Judío, propusieron un conjunto de leyes para contrarrestar los excesos de la Corte. Está por ver si se aprueban. Pero esta indignante sentencia en defensa de los legisladores de Hamás demuestra claramente su necesidad.

* Nota del editor: este artículo está fechado el lunes 18, y Netanyahu habló ante la Asamblea General el martes 19. Pinche aquí para leer su discurso (en inglés).

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

¿Me pregunto si el judío que es dueño del Hotel Rosen Center en Orlando, sabrá que su hotel está organizando el banquete anual de tres grupos terroristas islamista como o son CAIR, Hamás y Hezbolla.

Harris Rosen, propietario del hotel, es un abierto partidario de Israel. Sin embargo, la gente que organizó este banquete (CAIR) y los principales oradores (Linda Sarsour) son grandes partidarios de los terroristas islámicos, incluidos los grupos designados como terroristas por el Departamento de Estado de Estados Unidos, Hamas y Hezbollah.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos designa a Hezbollah (alias Hizballah) como organización terrorista

Hezbollah fue designado como una organización terrorista extranjera el 8 de octubre de 1997
Los ataques terroristas de Hezbollah han incluido los atentados con explosivos de camiones suicidas de la Embajada de Estados Unidos y cuarteles de los Estados Unidos en Beirut en 1983; el anexo de la Embajada de los Estados Unidos en Beirut en 1984; y el secuestro en 1985 del vuelo 847 de TWA, durante el cual un buceador de la marina de guerra de los EEUU fue asesinado. Los elementos del grupo fueron responsables del secuestro, detención y asesinato de estadounidenses y otros occidentales en el Líbano en los años ochenta. Hezbollah estuvo implicado en los ataques a la Embajada de Israel en Argentina en 1992 y a la Asociación Mutual Argentino-Israelí en Buenos Aires en 1994. En 2000, los agentes de Hezbollá capturaron a tres soldados israelíes en el área de las Granjas de Sheba’a y secuestraron a un Israelí no combatiente en Dubai.

Después de que le dijeran “No hablamos con ellos, ellos son judíos”, Alan de The United West, quien filmó este video, pregunta a Rasha Mubarak, líder de CAIR, Orlando, ¿por qué llevan la bandera de Hezbollah?