LA POLÉMICA.

EN CONTRA DEL TERRORISMO ISLÁMICO

El líder de Hezbollah ratifica las acusaciones de Trump contra el oscuro presidente de EEUU: “Obama es el fundador del ISIS”

El líder del grupo libanés Hezbollah declaró que el candidato republicano Donald Trump tiene razón en cuanto a que el presidente Barack Obama es el fundador del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés).

Hassan Nasrallah dijo en un evento celebrado en el sur de Líbano que “esas son declaraciones de un candidato presidencial estadounidense. Son declaraciones basadas en hechos, en documentos”.

Nasrallah, quien ha enviado miles de combatientes a defender el gobierno de Bashar al Assad en la vecina Siria, siempre ha denunciado que Estados Unidos ha fomentado el radicalismo islámico a propósito para desestabilizar al Medio Oriente.

En los Estados Unidos, las polémicas declaraciones de Trump han sido el tema de la semana y objeto de fuertes críticas, sobre todo por parte del Partido Republicano.

La candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, contestó a las acusaciones del aspirante republicano a la Casa Blanca. “No, Barack Obama no es el fundador del Estado Islámico. A una persona dispuesta a caer tan bajo no puede ser comandante en jefe de Estados Unidos”, afirmó.

El islamismo radical es un movimiento, no una organización

Por: George Friedman *

Los Estados Unidos han estado en guerra durante casi 15 años. El propósito principal de la guerra era poner fin a la amenaza del terrorismo planteada por los yihadistas.

La guerra ha tomado varios giros y vueltas, y muchas de las opciones operativas han sido cuestionadas y son cuestionables. Se puede decir, sin embargo, que independientemente de los puntos de vista sobre Irak o Afganistán, el objetivo estratégico fundamental no se ha logrado. El terrorismo islamista sigue siendo activo en Europa y muestra su mano de vez en cuando en los Estados Unidos. El cambio del cambio de objetivo de Estados Unidos hacia Europa podría haber sido el resultado de las operaciones de Estados Unidos, pero también podría ser un cambio en la estrategia terrorista por el momento.

En el fondo, la estrategia de Estados Unidos fue identificar los grupos terroristas y destruirlos. El supuesto era que el terrorismo requiere una organización. El progreso en esta estrategia pretende identificar una organización o una célula de planificación de operaciones terroristas, abortarla o destruirla. Dado que las organizaciones terroristas son relativamente pequeñas en el nivel operativo, la estrategia se ha parecido al trabajo policial: el primer paso es identificar la persona activa en la organización. Habiéndola identificada, era suficiente con enviar aviones no tripulados o drones para capturarla o matarla.

Operacionalmente, la estrategia funcionó. Se identificaron y mataron a los terroristas. A medida que las organizaciones se degradaron y se destruyeron, el terrorismo declinó, pero luego subió. Tareas de inteligencia sin fin y operaciones de las fuerzas especiales pueden haber sido llevado a cabo con brillantez, pero no han logrado el objetivo estratégico de los Estados Unidos. La guerra no se ganó y un punto muerto es equivalente a una pérdida para los Estados Unidos.

El problema esencial ha sido un malentendido persistente del islamismo radical. Se trata de un movimiento, no de una organización. O para ser más precisos, el islamismo radical es una hebra del Islam. Su tamaño se ha convertido en objeto de un debate bastante inútil. Su tamaño es suficiente para enviar fuerzas estadounidenses a mitad de camino en todo el mundo y es capaz de llevar a cabo ataques en Europa y los EE.UU. Si se trata de una pequeña red o de una red gigante no importa. Lo que importa es que no se la puede suprimir, o al menos no todavía no se ha logrado hacerlo.

Características de las organizaciones terroristas

Uno de los problemas en el pensamiento estadounidense es que todavía se basa en la experiencia del EE.UU. con el terrorismo europeo y palestino de antes de 1991. Estos grupos estaban muy influenciados por el modelo soviético y crearon organizaciones que eran en gran medida herméticamente cerradas. Las organizaciones tenían tres características. En primer lugar, aunque los simpatizantes podrían ser reclutados con un proceso de investigación cuidadosa, la pertenencia a las organizaciones era formal en el sentido de que o bien se era miembro o no se lo era. En segundo lugar, las organizaciones se protegían al mantenerse, en la medida en que sea posible, como el brazo armado de cualquier movimiento. Estaban obsesionados con la prevención de la penetración. Finalmente, fueron fuertemente compartimentados para que los miembros y las operaciones fueran conocidos sólo en base a la necesidad y el momento.

Estas organizaciones fueron pensadas para ser sostenibles durante un período prolongado de tiempo. Pero tenían un defecto. Si eran penetradas (por difícil que sea) por informantes o vigilancia electrónica, toda la organización podía deshacerse. Ya sea que fuera completamente destruida a través de operaciones o a través de la promoción de una pura paranoia que causase un conflicto interno o las lleve a la inercia.

En algunos casos, estas organizaciones no tenían ningún movimiento que las apoye o el movimiento era tan insignificante que no era un problema. Esto fue particularmente cierto con los terroristas europeos. Los palestinos tenían un movimiento sustancial, pero era tan fragmentado y penetrado que las organizaciones se distanciaron de los movimientos. Estas organizaciones fueron con el tiempo quebradas por los servicios de seguridad occidentales y amargamente divididas hasta el punto que las diferentes facciones podían luchar unas contra otras.

Durante 15 años, el enfoque operativo de los EE.UU. ha sido la destrucción de las organizaciones terroristas. La razón de esto es que la destrucción de un grupo particular crea la ilusión de progreso. Sin embargo, luego de destruir un grupo, surge otro en su nombre. Por ejemplo, al-Qaeda está siendo reemplazada por el Estado Islámico. La fuerza real del terrorismo islamista es el movimiento que la organización diseña para sí misma y ésta lo alimenta. En tanto que el movimiento está intacto, el éxito en la destrucción de una organización es, en el mejor de los casos, temporal y, en realidad, una ilusión.

Además, debido a que hay un movimiento, la principal organización puede organizar ataques terroristas mediante el envío de personas que saben poco de los detalles de la organización para llevar a cabo las operaciones. Pero debido a que el movimiento se compone de individuos que entienden lo que hay que hacer, las organizaciones jihadistas no tienen que contratar a personas para llevar a cabo ataques y tampoco les enseñan cómo hacerlo. La complejidad de 9/11 no se repitió y el nivel de simplicidad se ha incrementado con el tiempo. Eso significa que miembros del movimiento que nunca han tenido contacto con la organización puede llevar a cabo los ataques. Desde el punto de vista de la organización, estos son los atacantes ideales. No se puede remontar de nuevo a la organización, que no está bajo vigilancia y hay modelos suficientes sobre los que se basa sin necesidad de pedir consejo.
Un movimiento sin centro y autónomo

En el viejo modelo, todos los ataques fueron coordinados por la organización central. En el nuevo modelo, la mayoría de las organizaciones no tienen ningún contacto con las personas responsables de las operaciones de la organización y concentrar su atención policial en ella no produce la disminución de los ataques. En los últimos tiempos, ha habido discusiones absurdas sobre si determinadas terroristas tenían contacto con otros terroristas, o si se habían “radicalizado”. Asumo que esto significa que la persona fue persuadida para convertirse en un terrorista. En un movimiento, se es consciente que hay otras personas como uno y que piensan como uno. No es necesario presentar papeles formales para responder a la ideología del movimiento.

La idea del yihadismo ha calado en el movimiento y los musulmanes son conscientes de ello. La mayoría puede rechazarlo pero otros lo abrazan. No es necesario un programa de entrenamiento para absorber lo que está a su alrededor. Si un individuo no conoce a otro que es parte de este movimiento, es suficiente Internet para conseguir los insumos ideológicos.

La idea de que si un musulmán dispara 20 personas, pero que no ha tenido contacto con una organización terrorista, no podría haberlo hecho por razones ideológicas podría ser cierta. Pero se olvida de que él no necesita contacto con un mentor para planear un ataque, especialmente uno relativamente sencillo. El movimiento y el ambiente están plagados de la idea yihadista.

El movimiento no es una organización, no más que lo que lo es conservadurismo o el liberalismo. Puede haber organizaciones a las que se le atribuye una u otra ideología, pero no es más que una tendencia social. Sin embargo, sus miembros todavía se comunican entre sí. Hay líderes en todos estos movimientos, aunque puedan no ser administradores.

La tendencia en el Islam hace que el movimiento sea difícil de derrotar. No se puede extirpar quirúrgicamente. Algunos miembros del movimiento no llevan uniforme. También es imposible atacar el movimiento, sin atacar al Islam en su conjunto. Y atacar al Islam en su conjunto es difícil. Hay 1,7 millones de musulmanes en el mundo y cualquiera de ellos puede creer en el yihadismo radical. Y los que creen en el yihadismo son gente seria, movidos por su propio destino. Nos gustaría calificar a ellos como tontos. Pero si lo fueran, serían fáciles de derrotar.

El régimen de operaciones especiales no va más

Es obvio que el régimen de operaciones especiales convencional no ha funcionado y no funcionará. Es también evidente que una guerra general contra el Islam es imposible. Lo que queda es difícil, pero es la única opción. Esto es: presionar a los estados musulmanes a hacer la guerra a los yihadistas. La presión debe ser intensa y las recompensas sustanciales. La probabilidad de que funcione es baja. Pero la única manera de eliminar este movimiento es que los musulmanes lo hagan. Es posible que no lo deseen, y puede fallar. Pero más aviones no tripulados y anuncios que otro líder de algún grupo ha sido exitosamente asesinado, no funcionará. Nuestras opciones se han reducido a tener que “vivir con esto” o fomentar una guerra civil en el mundo islámico. Al final, podríamos de todos modos terminar “viviendo con esto”.

* Fuente: Geopolitical Futures

¿Cuándo se marchará Hezbolá de Siria?

Hasán Nasrala, líder del grupo terrorista libanés Hezbolá.

Por Husein Abdul Husein

Las guerras tienen objetivos, pero, en su intervención en Siria, Hezbolá ha redefinido su misión y movido sus metas una y otra vez. Después de todo lo que se ha dicho y hecho, Siria parece hoy un callejón sin salida que sólo puede resolverse en un marco de cambios globales. Y sin embargo, Hezbolá sigue luchando.

No pretendo vituperar a Hezbolá, o menospreciar su arrojo. Hezbolá ha demostrado una disciplina, resistencia y poderío que la sitúan muy por delante de la mayoría de las fuerzas combatientes de toda la región.

Pero ni siquiera superpotencias como EEUU pueden luchar en guerras indefinidas. En 2006 Estados Unidos se puso en contra del presidente George Bush y la guerra de Irak. Cuando Bush dijo que Washington iba a “mantener el mismo rumbo”, encendió aún más los ánimos de los estadounidenses de ambos partidos. El enardecimiento llegó a tal punto que Bush se vio obligado a pedir consejo a veteranos estadistas, y a continuación dio al Ejército lo que necesitaba para dejar fuera de juego a la insurgencia iraquí y dar a Estados Unidos una salida honrosa.

Beirut no es Washington y los seguidores de Hezbolá no son ciudadanos librepensadores. Los seguidores de Hezbolá, en su mayoría chiíes, van a apoyar a los líderes del partido sean cuales sean las consecuencias, de acuerdo al protocolo tribal que lleva mucho tiempo cumpliéndose. Sin embargo, Hezbolá parece estar abusando de esta lealtad, con unos chiíes libaneses que o son demasiado débiles para decir no a que sus hombres sigan muriendo en Siria, o están demasiado asustados o ambas cosas.

Los líderes de Hezbolá siempre se han servido del sectarismo para contener la ira de sus bases. Tras la guerra de 2006 con Israel, por la que pagó un alto precio en vidas, Hezbolá incitó a sus seguidores contra sus rivales suníes y drusos. Al vilipendiar al ex primer ministro Fuad Siniora y su Gabinete, y al acusar al legislador druso Marwan Hamadeh de actuar de francotirador para las fuerzas aéreas israelíes, el jefe de Hezbolá, Hasan Nasralah, desviaba la rabia chií que se fermentaba contra su partido hacia políticos libaneses indefensos como aquellos.

Nasralah ha venido utilizando el mismo manual de estrategia que en 2006 para desviar la rabia de los chiíes contra la participación indefinida de su partido en la guerra siria. Desde 2011, Nasralah ha tenido que redefinir la misión de sus milicias una y otra vez, desde limitarse a defender a los chiíes libaneses que viven en la frontera con Siria a defender los santuarios chiíes en Damasco o combatir preventivamente el radicalismo suní dentro de Siria antes de que logre llegar al Líbano.

De vez en cuando, Nasralah vitupera a alguien. Un día ataca a la Casa de Saúd, la familia soberana de Arabia Saudí; y al otro le da por Estados Unidos, o por Israel, o por los suníes del Líbano. A pesar de todas sus acrobacias retóricas, Nasralah no ha logrado paliar el desastre que se ha cernido sobre los chiíes libaneses: cientos de ellos están muriendo en el atolladero sirio. Los altos oficiales del Ejército de Hezbolá han ido cayendo de tal modo que Nasralah es, de los que fundaron la milicia en la década de 1980, uno de los pocos que sigue vivo.

El “radicalismo suní” que encarnan el Estado Islámico (ISIS) o el Frente al Nusra es un problema mundial que Hezbolá no puede en modo alguno afrontar. Decenas de los mejores Ejércitos del mundo están golpeando al ISIS día y noche. Decenas de servicios de inteligencia están persiguiendo a los líderes del ISIS. Y, a pesar de toda la sangre derramada, las valoraciones más optimistas sugieren que, una vez que pierda el control sobre sus territorios, el ISIS dejará de ser un Estado para convertirse en un movimiento insurgente, lo que significa que aumentarán sus atentados con terroristas suicidas, repunte del que ya se han visto algunas señales en la serie de atentados que ha perpetrado el ISIS en el Líbano, Irak, Jordania, Turquía o Arabia Saudí.

Hezbolá no tiene un claro objetivo militar en Siria, salvo del de librar una guerra de desgaste para mantener al presidente Bashar al Asad en el poder. Incluso Asad sabe ya que el mundo no le dejará caer, pero también que no le dejará restablecer o recuperar el control sobre el resto del país. Por el momento, el mundo sólo está supervisando el impasse sirio.

Ante la falta de un objetivo en Siria, sería mejor que Hezbolá se retirara inmediatamente y dejara que los chiíes se lamieran las heridas y enterraran a sus muertos. La sombra de la hecatombe siria perseguirá a los chiíes del Líbano durante generaciones.

Hezbolá podrá ser un peso pesado en un país pequeño como el Líbano. Pero en una escala mayor, en países como Siria, su peso queda diluido y su poder, aun siendo importante, puede lograr muy poca cosa.

Tal vez sea esta la razón por la que durante sus años dorados, en los 50 y 60 del siglo pasado, el Líbano se mantuvo al margen en las guerras regionales entre árabes e israelíes. Se podrá decir lo que se quiera de los líderes cristianos del Líbano de aquel entonces, pero eran muchos más inteligentes que sus descendientes. Antes, los cristianos entendían que, cuando luchan los grandes, es mejor que los pequeños se queden fuera. Hoy, ni los líderes cristianos ni sus aliados chiíes parecen comprender esa lección.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio

Ni paz ni territorios

Banderas de Palestina e Israel.

Por Jesús M. Pérez

El pasado día 24 Anwar M. Eshki, general retirado del Ejército saudí y director del Middle East Center for Strategic and Legal Studies, con sede en Yeda, se reunió en Jerusalén con autoridades del Gobierno israelí. Eshki se entrevistó con el director general del Ministerio de Asuntos Exteriores, Dore Gold. La entrevista tuvo lugar en el hotel Rey David debido a su carácter informal. Además, Eshki se reunió con el general Yoav Mordejai, coordinador de las Actividades Gubernamentales en los Territorios.

Eshki encabezaba una delegación de hombres de negocios y académicos saudíes que viajaron a Israel para relanzar la Iniciativa de Paz Árabe, un plan presentado por Arabia Saudita en marzo de 2002 en Beirut, en plena Segunda Intifada, y que consiste en que los países musulmanes, del Magreb al Sudeste Asiático, ofrezcan reconocimiento diplomático a Israel a cambio de que este establezca sus fronteras en las líneas del armisticio de 1949, conocidas como “fronteras de 1967”.

El contenido de la Iniciativa de Paz Árabe ha evolucionado en el tiempo. Por ejemplo, ahora contempla el canje de territorios, una medida que aparecía en el plan Olmert de 2008. Aquel plan israelí proponía la consolidación dentro de las fronteras del país de localidades que albergaban al 75% de la población israelí de Cisjordania a cambio de entregar al futuro Estado palestino territorios israelíes equivalentes en superficie, tanto localidades israelíes de mayoría árabe como tierras de cultivo.

Otros detalles de la Iniciativa de Paz Árabe, como la división de Jerusalén o el retorno de refugiados palestinos y sus descendientes a territorio israelí, son considerados como no negociables por Israel. Sin embargo, los promotores de la iniciativa se han mostrado dispuestos a buscar alternativas, y la postura de Israel también ha variado, del pleno rechazo en el momento de su lanzamiento a una valoración positiva de que exista un acercamiento de los países árabes.

Si la Iniciativa de Paz Árabe, o el proceso de negociación en torno a ella, desembocara en un reconocimiento diplomático por parte de los países musulmanes que no lo han hecho sólo se formalizarían unas relaciones que, en el caso de Egipto y las monarquías árabes, son fluidas en el actual contexto geopolítico del Gran Oriente Medio (véase “Jordania y el ‘espléndido aislamiento’ de Israel”). Egipto y Jordania comparten con Israel la preocupación por la expansión del yihadismo en la región, mientras que los países del Consejo de Cooperación del Golfo tienen en Irán, al igual que Israel, a su principal enemigo.

En mi opinión, el principal problema de la Iniciativa de Paz Árabe es que trata de reeditar el espíritu de los Acuerdos de Camp David de 1979, unas grandes negociaciones entre Estados, cuando el mundo ha cambiado. En aquel entonces, la principal amenaza existencial de Israel eran los ejércitos convencionales de Egipto y Siria en el contexto de la Guerra Fría. Israel hizo la paz con Egipto renunciando a la profundidad estratégica que le proporcionaba la Península del Sinaí, que quedó desmilitarizada y monitorizada por una fuerza internacional de observadores militares.

Hoy, la principal amenaza a la paz en las fronteras de Israel son los ataques terroristas y los ataques con cohetes de grupos islamistas como Hezbolá y Hamás. La existencia de Hezbolá como grupo armado es un reflejo de la debilidad del Líbano como Estado y la falta de voluntad de la comunidad internacional de hacer efectiva la Resolución 1701, aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2006, que establece el desarme de todos los grupos armados del Líbano y que al sur del río Litani no debe haber más fuerza armada que el Ejército libanés y los cascos azules de la Unifil.

La Resolución 1701 establece también que no debe haber fuerza militar extranjera en el país sin consentimiento del Gobierno libanés. Este último mandato hace referencia, obviamente –en el contexto de la guerra del verano de 2006–, a Israel, que tuvo lugar seis años después de laretirada israelí del sur del Líbano (2000). Sobra decir que aquella retirada unilateral, en la que Israel renunció al territorio de la Franja de Seguridad, no trajo la paz.

Israel llevó a cabo otra retirada unilateral en el año 2005, con la Desconexión de Gaza. En un mundo ideal, los líderes palestinos habrían aprovechado tal ocasión histórica para dejar atrás medio siglo de conflicto  y volcarse en el desarrollo económico y social de la Franja. Pero con Israel fuera de la ecuación, las dos principales facciones palestinas se lanzaron a un conflicto fratricida que concluyó con el control de facto de Gaza por parte de Hamás y la suspensión de la democracia palestina. Hoy, Mahmud Abás es presidente de la Autoridad Palestina como Alberto Fujimori lo fue de Perú después del autogolpe de 1992. Desde 2005 no hay elecciones presidenciales y desde 2006 no hay elecciones parlamentarias.

Hamás se niega a cumplir los tres principios del Cuarteto internacional apoyados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su Resolución 1850, de 2008: no reconoce el Estado de Israel, no asume los acuerdos firmados por la Autoridad Palestina y no ha renunciado a la violencia como instrumento político, siguiendo los principios de su Carta Fundacional, que establece como objetivo la destrucción de Israel.

La experiencia histórica de dos retiradas unilaterales que no trajeron la paz está muy marcada en la opinión pública israelí. Cuando allí se debate entregar territorios a cambio de paz, se plantea inmediatamente la pregunta de a quién y se señala la falta de interlocutores para la paz. Ni Hamás ni Hezbolá abogan por la coexistencia pacífica. La Autoridad Palestina es un actor débil (véase “Palestina como Estado fallido”) que no ejerce el monopolio de la violencia legítima en sus dominios y no tiene el control de Gaza, en mano de grupos yihadistas. A lo mejor en Occidente habría que preguntarse a qué actores del conflicto hay que presionar con boicots y sanciones para conseguir que avance la paz.

Nasrallah: Arabia Saudita normaliza las relaciones con Israel de forma gratuita

El secretario general del grupo terrorista islámico chií Hezbollah, Hassan Nasrallah, pronunció un discurso que fue difundido en el sur de Líbano, advirtiendo sobre el deterioro de las relaciones entre los países árabes y saliendo en contra de las crecientes conversaciones con Israel.

“Estamos actualmente en el peor estado oficial de la Liga Árabe que se haya conocido en los últimos cien años. De hecho, no hay naciones, ni países, ni Liga Árabe ni seguridad nacional árabe”.

Nasrallah criticó la postura de ablandamiento de la posición de la Liga Árabe con respecto a Israel, diciendo que: “En base a las reuniones en la cumbre de la Liga Árabe, en estos días Israel [ya] no está oficialmente considerado como un enemigo de la Liga Árabe, mientras que Palestina se ha convertido en una carga forzosa”.

Nasrallah apuntó sus dardos especialmente contra Riad, al afirmar que “el peor y más importante desarrollo en este asunto es Arabia Saudita que convirtiendo su relación con Israel de una conexión clandestina a una pública”.

Nasrallah se refirió la reciente visita del general (retirado) saudita Anwar Eshki a Jerusalén, para promover la Iniciativa Árabe de Paz de 2002, como un ejemplo de estrechamiento de los lazos entre Israel y Arabia Saudita. También aludió a un debate que tuvo lugar, en mayo, en Washington, entre el príncipe saudita Turki al Faisal y el ex director del Consejo de Seguridad Nacional israelí, el general retirado Yaakov Amidror. “Nada de eso hubiera sido posible sin la aprobación del gobierno de Arabia Saudita”, manifestó Nasrallah. “No pueden un príncipe conocido y un funcionario saudita reunirse con israelíes sin el consentimiento de las autoridades de Arabia Saudita. Sabemos cómo se hacen las cosas allí, donde las personas son castigados con latigazos por escribir un mensaje de Twitter”.

Nasrallah destacó que el cambio actual no yace en el comienzo del diálogo

entre Israel y Arabia Saudita, sino en la exposición pública de esas conversaciones. “Los contactos y la cooperación [entre israelíes y sauditas] eran secretos pero ahora ya son públicos. Estamos ante una catástrofe religiosa y cultural”.“Están normalizando las relaciones de forma gratuita, sin pedir un precio”, advirtió el líder de Hezbollah. “Si se allana la vía para una normalización, seremos testigos muy pronto de una catástrofe porque otros países [árabes] harán lo mismo”, agregó.

El cabecilla de Hezbollah apuntó que “Arabia Saudita está dispuesto a reconocer a Israel” y mientras se está posicionando para normalizar sus vínculos con Israel, Riad está fijando condiciones para el Yemen, Bahréin y Siria, antes de hacer lo mismo con ellos. También afirmó que Arabia Saudita tiene un amplio interés en continuar la lucha en los países antes mencionados y por lo tanto está posponiendo cualquier diálogo con los países árabes.

“El ministro saudita de Exteriores [Adel al Jubeir] se ha auto declarado como quien controla a Siria”, expresó Nasrallah. “Su propuesta a Rusia [sugiriendo dividir el control de Siria] es vergonzosa y ridícula. Estamos aquí para decirle a los sauditas que no pueden ganar esta guerra o imponer sus normas sobre nosotros”.

Nasrallah culpó a Arabia Saudita de los recientes ataques terroristas en Europa. “Los que degollaron al cura en la iglesia [en Normandía], Los que llevaron a cabo las masacres en Niza, Alemania, Irak y Kabul, así como aquellos que asesinan a niños palestinos en Alepo fueron todos criados en vuestra cultura wahabí. Vuestro plan para esta región no tiene futuro. Los dirigentes sauditas tienen una oportunidad para negociar”.

Nasrallah instó a Arabia Saudita a reorientar su energía en el trabajo con los países árabes. “No sean arrogantes y ni dejen que el odio les ciegue. Tienen una oportunidad de ser un socio en la región y garantizar vuestra parte. En caso contrario, serán derrocados y vuestro programa fracasará”.

Aurora

 

Brasil: detuvieron a un libanés bajo sospecha de vínculos con Hezbollah

A una semana del inicio de los Juegos Olímpicos de Río, la policía militar de San Pablo detuvo al narco Fadi Hassan Nabha. Era buscado por Interpol desde 2013

El momento de la detención de Fadi Hassan Nabha (TV Record)
El momento de la detención de Fadi Hassan Nabha (TV Record)

La policía militar de San Pablo detuvo, el jueves por la noche, al libanés Fadi Hassan Nabha, sospechoso de tener vínculos con el grupo chiita Hezbollah, informó la institución.

De 42 años de edad, el sospechoso era buscado desde 2013 por Interpol bajo acusación de tráfico internacional de drogas. Fue detenido en el municipio de Caieiras, en el cordón metropolitano de San Pablo, precisó una nota de la Policía Militar divulgada en su sitio web.

En mayo de este año, el Ministerio de Justicia de Brasil había determinado su expulsión del país, por lo que, tras su detención, Hassan Nabha ya fue enviado a la Policía Federal para dar curso a los próximos pasos, confirmó por otro lado a la AFP un vocero de la Policía Militar paulista este viernes.

Material incautado al libanés Fadi Hassan Nabha
Material incautado al libanés Fadi Hassan Nabha

Brasil, un país sin historial de ataques terroristas, se apresta a recibir, a partir de la próxima semana, los primeros Juegos Olímpicos de América del Sur, en Río de Janeiro, en medio de temores a atentados islamistas.

El país ha redoblado la seguridad y desplegará 85.000 policías y militares para garantizar la seguridad en el evento deportivo, que se extenderá entre el 5 y el 21 de agosto, el doble de los efectivos desplegados en Londres 2012.

Blindados y soldados fuertemente armados patrullan los principales puntos turísticos.

La semana pasada, la policía brasileña desarticuló un grupo terrorista que intercambiaba mensajes por WhatsApp y Telegram y que, según la institución, coordinaba preparativos para ejecutar acciones violentas durante los Juegos.

Doce brasileños fueron detenidos y recluidos en una cárcel de máxima seguridad.

Otro sospechoso de terrorismo, un brasileño nacido en Líbano que viajó a Siria recientemente y hacía apología a la organización Estado Islámico en internet, fue detenido el jueves en Río.

El odio a Israel ha contribuido a la ruina de Siria

Bandera de Israel en llamas.

Por Evelyn Gordon 

El odio a Israel no es el único motivo del colapso de Oriente Medio, pero sin ninguna duda ha sido un factor importante. Consideremos, por ejemplo, cómo se reconstruyó el Líbano tras la guerra de Hezbolá con Israel en 2006, y cómo esa reconstrucción acabó posibilitando las matanzas de hoy en Siria.

Se acaban de cumplir diez años del inicio de la Segunda Guerra del Líbano, cuando Hezbolá mató a tres soldados israelíes y secuestró a otros dos en un ataque transfronterizo, a pesar de que Israel se había retirado completamente del país del Cedro seis años antes. A Hezbolá no sólo no le supuso ningún coste público por haber empezado una guerra que asoló el sur del Líbano, sino que se convirtió en la niña mimada del mundo árabe por permanecer invicta (aunque no victoriosa) tras un mes de lucha contra el odiado enemigo sionista y por lograr la insólita hazaña de lanzar unos 4.000 misiles contra la población civil de Israel.

Este efecto halo pudo perdurar tras la euforia inicial porque se puso rápido remedio a la devastación causada por la guerra, lo que mitigó el sufrimiento de las bases chiíes de Hezbolá. Pero Hezbolá no podía hacer esto sola: no tenía el dinero necesario. Y aunque su patrocinador iraní dio dinero a las familias que se habían quedado sin hogar, los fondos de Teherán se destinaban principalmente a la reconstrucción del arsenal de Hezbolá.

Así que, ¿quién se hizo cargo del caos provocado por la guerra de Hezbolá? “Con el debido respeto a Teherán, la mayoría de los esfuerzos de reconstrucción los soportaron los Estados árabes ricos, como Emiratos, Arabia Saudí y Qatar, que han donado cientos de millones de dólares”, escribió el periodista Jack Khoury en Haaretz la semana pasada. “Sólo Qatar donó más de 300 millones, y se ocupó de reconstruir las viviendas en las treinta comunidades más afectadas”. Las viviendas no es que fueran reconstruidas: es que se construyeron unas más grandes y mejores que las anteriores.

Los Estados árabes suníes no desembolsaron esa generosa ayuda a la reconstrucción por cariño a los chiíes de Hezbolá o a su patrocinador chií iraní. En realidad, los saudíes condenaron abiertamente a Hezbolá por haber empezado el conflicto. Tampoco les movía la compasión, como demuestra que hayan dado la espalda a las víctimas de la devastación aún mayor provocada por la guerra civil siria (todo el mundo sabe que los Estados del Golfo se han negado a aceptar refugiados sirios).

La realidad es que, dada la aversión del mundo árabe hacia Israel, esos países juzgaron que no podían permitirse parecer poco solidarios con las “víctimas de Israel”, especialmente cuando Hezbolá –pese a haber empezado una guerra innecesaria que sembró el caos entre su propia población– se había convertido en un héroe árabe por ello. En consecuencia, aunaron esfuerzos para reconstruir el Líbano.

Si esto no hubiese sucedido, los libaneses se podrían haber vuelto contra Hezbolá por haberles causado un gran daño y debilitado de forma irreversible. En cambio, Hezbolá se hizo más fuerte: no sólo era un héroe, sino que logró que los poderes financieros reconstruyeran el país. Al cabo de dos años se había convertido en el gobernante de facto del Líbano, posición que mantiene hasta el día de hoy.

Ahora avancemos rápidamente cinco años, hasta el estallido de la guerra civil siria, en 2011. En el conflicto han muerto más de 400.000 personas, y más de la mitad de la población del país se encuentra desplazada: esto incluye a los 4,8 millones que huyeron a los países colindantes con Siria, desestabilizando Jordania, Turquía y el Líbano.

La guerra también permitió al Estado Islámico crear su primera base territorial en Siria, lugar desde el que después se hizo con varias partes de Irak. Estos éxitos le permitieron ganar afiliados en otros países árabes (Egipto y Libia) y perpetrar o inspirar atentados en todo el mundo. En resumen, la guerra civil no sólo ha destrozado Siria: entre los refugiados y el Estado Islámico también ha desestabilizado gran parte del mundo árabe.

Una de las principales razones de que esta guerra se haya prolongado tanto es Hezbolá. Hace unos años, los rebeldes parecían estar cerca de la victoria. El régimen de Asad fue perdiendo gradualmente territorio por su falta de tropas terrestres fiables (la mayoría de los soldados rasos sirios son suníes, como los rebeldes, así que la secta alauí de Asad no se fía de ellos). Entonces,Hezbolá introdujo miles de soldados en Siria, permitiendo así al régimen ganar batallas cruciales y recuperar parte de su territorio. El resultado es que no se vislumbra un final. Y como los Estados árabes están respaldando a los rebeldes, mientras que Irán respalda al régimen de Damasco, la intervención de Hezbolá también niega a estos Estados una para ellos muy necesitada victoria frente a su principal rival: Irán.

La patología antiisraelí del mundo árabe fue lo que llevó a los Estados suníes a rescatar a Hezbolá de las consecuencias de su insensatez diez años atrás, y lo que aseguró que ésta pudiese dar al régimen de Asad un balón de oxígeno. Una rápida derrota de Asad habría reducido los efectos desestabilizadores del conflicto sirio en otros países, propiciando a la vez un retroceso de la creciente influencia de Irán en la región. Pero todos estos países han dado prioridad a su compromiso antiisraelí frente al debilitamiento del aliado militar más fuerte de Irán. Y ahora están pagando las consecuencias.

Quizá los Estados árabes hayan aprendido la lección. No se han apresurado a rescatar a otra milicia respaldada por Irán –Hamás– de las consecuencias de su insensatez. Por supuesto, han prometido miles de millones de dólares para reparar los destrozos que la guerra de Hamás contra Israel causó en Gaza en 2014. Pero como informó el blog Elder of Ziyon recientemente, en realidad han desembolsado muy poco.

En conjunto, los países musulmanes han abonado sólo el 16% de lo que prometieron, en comparación con el 71% abonado por los no musulmanes. En cuanto a los países del Golfo, las cifras son aún más bajas: 15% Qatar, 10% Arabia Saudí y 0% Kuwait. Presumiblemente, esto no es ajeno a lo que afirmó hace unos días el exjefe de la inteligencia saudí Turki al Faisal, sobre queIrán está “esparciendo el caos” y desestabilizando la región mediante su apoyo a numerosas milicias, entre ellas Hamás y la Yihad Islámica Palestina: si Riad ve a Hamás como un agente iraní de desestabilización, es lógico que no le dé oxígeno financiero.

Haber comprendido que el odio a Israel ha terminado perjudicando a los Estados árabes más que a la pretendida víctima ha contribuido sin duda a impulsar el acercamiento árabe a Israel, como reflejó la última visita del ministro egipcio de Exteriores, Sameh Shukri, a Jerusalén. Por desgracia, esa epifanía ha llegado demasiado tarde para la maltrecha y sangrante Siria, y para todos los demás países que están sufriendo las consecuencias de su guerra civil.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio