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Cuando las feministas se unen a los terroristas islamistas

Durante su reciente visita a Irán, la Alta Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad, Federica Mogherini (izquierda) se codeó con hombres que han ordenado la muerte de miles de mujeres (y de hombres). ¿Acaso pensó siquiera en los cientos de personas que han sido ejecutadas, a menudo luego de mascaradas judiciales, de acuerdo con la legislación islamista de ese país? (Foto: Comisión Europea)

por Majid Rafizadeh

Los socialdemócratas y las llamadas feministas han alzado sus voces para que todo el mundo las oiga. Se jactan de abogar por la igualdad de género y los derechos individuales y de promover los derechos de las mujeres. Sostienen que estos valores son universales; que a cada persona, especialmente cada mujer, en todos los lugares del mundo, le pertenecen estos derechos “inalienables”. Se dan discursos, se celebran actos de recaudación de fondos y un ejército de paladines marcha al frente en pro de la causa.

Todos somos iguales, y todos merecemos esos derechos. Consignas, lecturas inspiradoras, una determinación que se repite a través de las entrevistas televisivas y recorre las páginas de las revistas, todo lleno de seguidores entusiastas. Pero ¿cuál es la realidad?

Junto a otros socialdemócratas, Federica Mogherini, la actual alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, visitó recientemente el país islamista de Irán para asistir a la ratificación e investidura del presidente del régimen, Hasán Ruhaní. En lugar de poner en práctica los estándares que ella profesa —como el firme apoyo a las mujeres—, se plegó a los que la rodeaban. Otros que aceptaron la invitación fueron los norcoreanos, miembros de Hezbolá y líderes de Hamás. Estos tres grupos son conocidos por su crueldad, especialmente hacia las mujeres, y por sus crímenes contra la humanidad.

La presencia de estas personas complica más de lo necesario el problema del despotismo. Al asistir a este tipo de actos, los socialdemócratas como ella avalan y dan legitimidad a Estados represores que aplican la ley islámica, la sharia. Cuando Mogherini se codea con hombres que han ordenado la muerte de miles de mujeres (y hombres), está siguiendo a pie juntillas sus expectativas. En lugar de provocar una evolución en su forma de pensar, Mogherini permitió que todas esas mujeres que dice representar sigan oprimidas, como lo han estado durante tantísimo tiempo.

Mogherini agravó un poco más el problema, incluso. En lugar de intentar mantener una actitud de trabajo por el pensamiento progresista entre estos violentos líderes islamistas, actuó como si fuesen amigos. Se la pudo ver tomándose orgullosamente selfies con los representantes de estos regímenes represores. La noticia captó la atención internacional. Algunos de los diputados utilizaron sus selfies con Mogherini para proyectar una imagen de legitimidad en la comunidad internacional, mientras que otros crearon carteles autopromocionales donde aparecían ellos mismos con Mogherini vestida con el hiyab obligatorio. Mogherini, una política socialdemócrata italiana que habla de los derechos de las mujeres y que fue miembro del Partido Comunistaitaliano, accedió gustosamente a acatar la norma islamista de llevar el hiyab obligatorio. Este acto de obediencia lanza un brutal y sólido mensaje. Las mujeres de estas sociedades islamistas están controladas por leyes que proclaman que deben ocultarse o ser tratadas como propiedades de sus maridos. El hiyab se ha convertido en un símbolo de esto. En cambio, cuando los líderes iraníes visitan el país de Mogherini, ellos no siguen las normas de Italia. En su lugar, Italia sigue las normas islamistas del régimen apaciguándolo, ofreciéndose, por ejemplo, a cubrir las estatuas de desnudos y a no servir vino.

Mogherini, que años atrás también accedió a aparecer en una controvertida foto tomada con el difunto presidente de la Autoridad Palestina Yaser Arafat, también tuvo un papel crucial en la promoción del acuerdo nuclear con el régimen iraní y el levantamiento de las sanciones a esos dictadores. En lugar de que se castigara a esos opresores, ella facilitó que tuvieran menos limitaciones, ya que siguen sometiendo a su propio pueblo y siendo la causa de su sufrimiento.

Mogherini tuiteó después sobre su publicación en el blog, que dice: “Era una oportunidad para volver a hablar con Ruhaní, el ministro de Exteriores Javad Zarif y el asesor del líder supremo sobre política exterior, Ali Akbar Velayati”.

¿De verdad es esta una oportunidad de la que estar orgullosa y presumir? ¿Y de qué habló con ellos?

Mientras Mogherini asiste alegremente a actos públicos con estos líderes islamistas y se regocija por tomarse fotos junto a ellos, ¿piensa alguna vez en los millones de mujeres que son brutalmente oprimidas por estos regímenes islamistas? ¿Tiene en cuenta a las mujeres destrozadas que lloran en el suelo después de que sus maridos les hayan dado una paliza? ¿Piensa alguna vez en los cientos de personas —hombres y mujeres— que son ejecutadas, a menudo después de una farsa de juicio, cada año, sobre la base de las leyes islamistas del país?

Cuando estrecha la mano de estos hombres, ¿piensa alguna vez en las niñas de nueve años que son obligadas “por ley” a casarse con el beneplácito del Gobierno?

¿Dónde están todos esos derechos de las mujeres y valores de izquierdas que ella y su partido defienden? No estuvieron en la celebración, y no desde luego representados en esos selfies.

Las mujeres son deshumanizadas, sometidas y tratadas como seres inferiores cada día en el Estado islamista de Irán y también en otros países musulmanes. Muchas personas están luchando allí cada día, a pesar del riesgo que corren, para lograr los pocos derechos que puedan. En general, el testimonio de una mujer en los tribunales vale la mitad que el testimonio de un hombre. Las mujeres necesitan la aprobación de su tutor masculino para salir del país, y en Arabia Saudí, para salir de casa. Las mujeres no pueden sacarse el pasaporte sin el consentimiento de su tutor. En Irán, un hombre puede casarse con cualquier mujer que desee. Los hombres pueden tener cuatro mujeres y un número ilimitado de matrimonios temporales (mut’a), pero las mujeres sólo se pueden casar con un hombre musulmán. Sigue habiendo asesinatos por honor mientras el régimen mira para otro lado.

Según la ley de la tamkin (obediencia), las mujeres deben tener plena disposición y no poner trabas al sexo con su marido. El artículo 1.105 del Código Civil Islamista de Irán estipula que “en las relaciones entre el marido y la mujer, la posición de cabeza de familia pertenece exclusivamente al marido”. El artículo 1.117 del Código Civil Islamista de Irán estipula que:

El marido puede impedir a su mujer que tenga un oficio o profesión técnica que sea incompatible con los intereses de la familia o la dignidad de él o su mujer.

Los hombres pueden iniciar un divorcio unilateral. Las mujeres reciben sólo la mitad de lo que reciben los hombres en las herencias. La mujer recibe únicamente una sexta parte de una herencia si tiene un hijo cuando su marido muere. Si sólo tiene una hija, la herencia no va automáticamente a ellas. La familia del marido difunto —hermanos y padres— también tendría algo que decir. Las mujeres no pueden ser jueces. Y la lista sigue…

Por supuesto, personas como Mogherini son plenamente conocedoras de estas atrocidades y de la discriminación que denuncian sistemáticamente las organizaciones de defensa de los derechos humanos. Estos son posiblemente los mismos maltratos que gente como Mogherini utiliza después para recaudar fondos en sus fiestas y salpicar de imágenes perturbadoras los medios. Ni uno solo de estos líderes europeos puede alegar ignorancia de los actos que estos hombres cometen.

Sin embargo, ahí vemos a personas como Mogherini estrechando las manos que están robando a las mujeres su libertad y su voz.

La cuestión es que estas supuestas feministas no sólo hacen la vista gorda a estas atrocidades, sino que su presencia en estos actos avalan y legitiman activamente el régimen de estos dictadores.

La gente como Mogherini puede pedir la admisión de las mujeres en clubs exclusivos y salarios más altos para ellas, porque esa igualdad es justa. Entonces, ¿por qué, si dicen que defienden a las mujeres y que sacan la cabeza por ellas en todo el mundo, contribuyen y dan facilidades al régimen de dictadores despiadados contra su propio pueblo?

Cuando el problema pasa de casos específicos a los millones de mujeres oprimidas en todo el mundo —como Asia Bibi, una madre cristiana en el corredor de la muerte en Pakistán durante siete años por beber agua; o la de 19 años que, este año, fue violada por su primo a punta de pistola y después sentenciada a muerte por lapidación por haber cometido “adulterio”; o que fueron obligadas a casarse con sus violadores; o los 12.000 matrimonios infantiles al día; o las mujeres cuyos maridos les dan palizas o les echan ácido en la cara; o las mujeres utilizadas como bombas humanas— el silencio es total. No tienen en consideración los derechos de estas mujeres.

Al mostrar su apoyo a estos regímenes y a los hombres que los ejecutan, personas como Mogherini quedan notablemente debilitadas y perjudican los movimientos indígenas que tratan de promover precisamente esos derechos humanos que gente como Mogherini dice defender.

Cuando Mogherini sonríe con su hiyab en Irán, está asestando un duro golpe a los movimientos por los derechos de las mujeres que intentan acabar con el carácter obligatorio del hiyab y dar a las mujeres igualdad de autonomía, educación y libertad. Está reforzando la anulación de la mujer.

Una verdadera defensora de los derechos humanos y la democracia, en su lugar, habría dado una valiente lección. Mujeres como Mogherini están sirviendo de carnaza al sistema, no destruyéndolo. Los que siguen dando legitimidad a los opresores y los islamistas tienen que responder por sus actos.

Por último, mi mensaje a personas como Mogherini y otros como ella es simple: ¿Tenéis conciencia o algún sentido de la decencia? ¿O se trata sencillamente de poder, dinero, narcisismo y manipulación a costa de los oprimidos, incluidas las mujeres? ¿Podéis oír el grito de esa niña pequeña, o sois tan sordas a ella como los hombres que lo provocan?

Traducción del texto original: Gatestone Institute
Traducido por El Revista El Medio

Feministas son apalizadas brutalmente por musulmanes en un acto

El acto tuvo lugar en Francia.

No es habitual ver a feministas protestando contra el Islam y su yugo hacia las mujeres, pero en Francia, tuvo un acto musulmán al que acudieron dos feministas, enseñando los pechos y con pintadas criticando la escasa libertad que tienen las mujeres en los países islamistas.

En el vídeo se ve a las feministas subiendo al escenario y apartando al imán que estaba ofreciendo la conferencia para comenzar a protestar contra el Islam, contra los maltratos que sufren las mujeres musulmanas y en general contra la escasa libertad que tienen las mujeres en países como Marruecos, Arabia Saudí y Emiratos Árabes

Rápidamente, los miembros de seguridad tratan de alejar a las mujeres del micrófono, empujándolas para sacarlas del escenario. Una vez en el suelo, un grupo de musulmanes que estaba en el público, aparece para comenzar a pegarles patadas y apalizar a las feministas, que tratan de protegerse como pueden.

Tras la brutal paliza, las dos feministas fueron trasladadas al hospital con varios traumatismos. No hay ninguna duda que viendo estas imágenes, una vez más podemos afirmar que el Islam está lejos de ser la religión de paz que los propios musulmanes defienden que es una y otra vez.

Fuente: Caso Aislado

 

Feminista italiana trata de demostrar que los italianos también son violadores y finalmente es acosada por inmigrantes

Las cabezas de algunas feministas no están muy cuerdas.

El feminismo tiene sus pros y sus contras, sus gestos inteligentes y sus gestos que pueden ser calificados de estúpidos.

Pues bien, lo que hizo una feminista italiana de Bolonia lo podemos calificar de estúpido y algo que afecta al movimiento feminista, que de normal suele estar inmerso de locuras sin sentido.

Una joven mujer, de 23 años, no dudó en pasearse desnuda por el centro de la ciudad para demostrar que no solamente los inmigrantes cometen agresiones sexuales, sino que también los italianos son protagonistas de esos delitos sexuales.

Pues bien, a esta feminista la jugada le salió fatal, tal y como se puede apreciar en el vídeo. Si su objetivo era ser rodeada de italianos morenos, esbeltos y de ojos azules, todo lo contrario, ya que centró la atención de los numerosos inmigrantes que tienen la gran mayoría de ciudades italianas.

En el vídeo se puede ver como la mujer, totalmente desnuda, debe pedir por favor que la dejen en paz, mientras los inmigrantes le fotografían, le siguen y gritan a su paso por encontrarse a una mujer totalmente desnuda en plena calle.

Posiblemente esta feminista, con pocas luces por cierto, habrá aprendido una gran lección.

Las feministas y el Islam: su perversa alianza

Hace dos años de las agresiones sexuales multitudinarias que ocurrieron en Colonia y en otras ciudades alemanas por obra de inmigrantes y “refugiados” musulmanes durante los festejos de la Nochevieja. Se denunciaron más de mil violaciones y abusos sexuales de todo tipo contra mujeres alemanas durante esa noche.


Por: Yolanda Couceiro Morín

Este brutal episodio, inédito en Europa por su carácter masivo (e impune, ya que apenas unas decenas de personas fueron detenidas por estos hechos), trae a la memoria hechos similares ocurridos en ese país en el fragor de una lucha apocalíptica en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

Estos ataques sexuales contra mujeres han puesto una vez más de relieve las contradicciones que socavan y desacreditan el movimiento feminista, y más allá de él a todos los supuestos humanistas antirracistas, siempre dispuestos a denunciar la xenofobia, el racismo y la islamofobia, siempre con la intención de avanzar en su agenda de acoso y derribo de la sociedad occidental.

El estatus de la mujer en Occidente impone a todos los ciudadanos europeos un deber de solidaridad con las mujeres que padecen en todo el mundo la opresión y la violencia por motivos religiosos que se basan y se confunden a menudo con culturas rancias y costumbres medievales. Cuando esa cultura religiosa/patriarcal/anti-mujeres pretende imponerse en nuestros países, debemos estar vigilantes y oponernos firmemente a todo intento de socavar los derechos y libertades que tan duramente hemos ganado las mujeres europeas en siglos de luchas y sacrificios.

La igualdad entre las mujeres y los hombres es una conquista fundamental de nuestra civilización. Sin esa igualdad, nuestro mundo no sería el mismo, nuestra especificidad dejaría de ser una realidad. El reconocido papel que tenemos las mujeres en nuestra sociedad es un logro de una importancia capital, que define, incluso por encima de otras diferencias con otras culturas, el carácter único de nuestra civilización.

Las feministas han errado el camino. Durante años han minimizado el avance del islam e ignorado su influencia negativa sobre los derechos de las mujeres. Para estas feministas sectarias y cegadas por su particular ideología, el opresor de la mujer no podía ser más que el hombre blanco, heterosexual, necesariamente racista, obviamente fascista, heredero del colonialismo, del comercio de esclavos, de la Inquisición, culpable de todo, hasta de la desaparición de los dinosaurios. Criticar la cultura islámica, que esclaviza a la mujer hasta en los más mínimos detalles de su existencia, convierte a cualquier ciudadano en un horrible nazi, un islamófobo, un racista, un servidor de Satán…

Hoy las feministas, así como toda la fauna progresista, se enfrenta a la realidad, sin que eso signifique que se sometan a ella. Todas las víctimas de Colonia describieron el mismo escenario: fueron rodeadas por grupos de hombres “de aspecto árabe o magrebí”. Éstos se abalanzaban sobre ellas como si fueran fieras de presa, como animales en celo, como depredadores sin escrúpulos, como criminales en acción. Entre los pocos detenidos esa noche y en los días siguientes había una mayoría de “refugiados” sirios e iraquíes de la última ola recién llegada a Alemania, pero también argelinos y marroquíes, que obviamente no podían pretender estar huyendo de ninguna guerra.

En esas fechas y posteriormente, se oyeron voces “autorizadas” negando primero y disculpando después esas odiosas y brutales agresiones sexuales. El menos desafortunado de ellos nos recordó que para estos hombres que han nacido y crecido en una sociedad musulmana de valores arcaicos, el manosear a las mujeres no es motivo de reproche, el tratarnos como trozos de carne es un hecho aceptable: somos seres inferiores, no debemos esperar otra cosa, no merecemos respecto, no tenemos derechos. Para ellos una mujer que sale de noche no puede ser más que una prostituta -así que imaginen lo que podría ser yo misma que practico el nudismo usualmente-. Habría que añadir que la miseria sexual inherente a amplios sectores de cualquier sociedad regida por el islam no puede producir más que esta clase de desequilibrados y obsesos peligrosos. Otras voces han llegado a decir que es mejor que las mujeres europeas seamos violadas por “refugiados” que por nuestros compatriotas. Asistimos a una degradación de la moral y las costumbres sin precedentes, ante la justificación permanente de crímenes y aberraciones, siempre y cuando éstos sean cometidos por determinadas categorías humanas, inocentes por sistema y a perpetuidad.

Las sociedades patriarcales de valores medievales de donde provienen estos inmigrantes y “refugiados” son señalados como la fuente de estas agresiones. La denuncia del carácter oscurantista de esa cultura se convierte en una especie de subterfugio para no tener que llamar a las cosas por su verdadero nombre y señalar a la cultura islámica, que se expresa por boca de esas numerosas organizaciones del islam político que han echado raíces en nuestras sociedades, absurdamente acogedoras con todo aquello que las combaten y buscan destruir desde adentro, con las facilidades que sus propios anfitriones ponen a su disposición.

Ya patrullan en algunos barrios de ciudades europeas grupos de hombres encargados de vigilar las “buenas costumbres” de las mujeres, que obviamente no podemos ir vestidas de manera “indecorosa”, ni entrar a tomar un café en un bar, ni siquiera caminar solas por las calles sin un acompañante masculino. El sistema que rige en Arabia Saudí y en otras comarcas de similar género ya ha puesto el pie en nuestros países.

Ese puritanismo extremo es otra cara de la locura islamista. Para estos fanáticos es la excusa para ejercer su violencia contra las mujeres. Nuestros progresistas en general y nuestras feministas en particular, siempre tan vociferantes contra el “macho blanco heteropatriarcal opresor”, en esta ocasión guardan un silencio cómplice y culpable que sólo favorece el avance de esta intolerancia y oscurantismo medieval que están haciendo retroceder la condición de la mujer al siglo VII de La Meca y Medina.

Las feministas, para no cambiar de costumbre, se han vuelto a equivocar al transformar a los culpables en víctimas y viceversa. Lo vemos continuamente con ocasión de las violaciones que se cometen a diario por parte de agresores musulmanes, un fenómeno masivo que les deja indiferentes y que se las ingenian para invertir sistemáticamente los roles y las culpas. Para ellas, es necesario callar sobre estos hechos y tratar de tergiversar todo lo posible acerca de la identidad de los agresores y sobre los motivos de tanto desprecio y violencia contra las mujeres. Los agresores son inmigrantes y “refugiados”, y esa circunstancia ya los exculpa de todo crimen, así sean violaciones o asesinatos. La culpa siempre será, de alguna manera, del hombre blanco, culpable por definición. Esa inversión perversa de los roles define a la perfección la impostura del discurso feminista y la desfachatez de quienes llegan al extremo de transformar a los culpables en víctimas y despreciar a las víctimas con un cinismo inaudito.

Ya son miles las agresiones sexuales de todo tipo cometidas contra mujeres de toda edad y condición en muchos países de Europa en los últimos meses. Europa se está convirtiendo en un lugar cada vez menos seguro para nosotras. Las feministas callan: la realidad contraría su discurso, sus objetivos y sobre todo su enfermiza ideología que las ha llevado a esa insólita y perversa alianza con el islam expansionista y conquistador.

A este callejón sin salida nos han llevado los desvaríos de estas feministas. Estas militantes izquierdistas, campeonas del relativismo cultural, han traicionado los valores de su propia sociedad y la causa que dicen defender. La causa de la mujer no tiene en las feministas únicamente a unas pésimas abogadas, sino a unas auténticas enemigas. Tarde o temprano, el islam político tendrá que ser puesto en el lugar que le corresponde, y sus colaboradores también. El feminismo degenerado de todas estas personas y organizaciones que se han puesto al servicio de la empresa de la destrucción de nuestros derechos y libertades, tendrá que responder algún día ante la ley, de su condescendencia y complicidad con la invasión islámica que padecemos.

Fuente: La Gaceta Europea