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La Marcha del Retorno, la manera “palestina” de hacer la guerra

Por Hillel Frisch 

Desde que Fatah cometió su primer acto de sabotaje contra el Servicio Nacional de Conducción de Aguas de Israel, el 1 de enero de 1965, el movimiento nacional palestino viene librando unapersistente guerra contra el Estado judío. En su nivel más básico, los palestinos –desde la OLP y la Autoridad Palestina (AP) hasta Hamás, la Yihad Islámica y las organizaciones salafistas– llevan décadas urgiendo a matar o herir a judíos israelíes y a dañar o destruir sus propiedades. Las distintas organizaciones sólo difieren en las tácticas para alcanzar esos objetivos.

Mahmud Abás, presidente de la AP (o el Estado Palestino, según se lee en sus distintivos y correspondencias), se ve constreñido por la necesidad de alcanzar esos objetivos mediante la“lucha popular”, es decir, con palos, piedras y bombas incendiarias pero sin armas de fuego, ataques suicidas y misiles. Esas restricciones no rigen para las demás organizaciones, incluida Fatah, que comanda el propio Abás (además de la OLP y la AP). Sus únicas limitaciones las marcan sus capacidades. En la Margen Occidental tienen un perfil bajo gracias a la inteligencia israelí, las detenciones preventivas y la cooperación en materia de seguridad entre Israel y la AP, que comparte con el Estado judío el interés en la destrucción de Hamás, común enemigo.

Como expertos en la producción de violencia, esas entidades y organizaciones palestinas saben que la rutina de la lucha armada y popular es insuficiente; no sólo para el logro de objetivos políticos primordiales como una retirada israelí, sino para el mantenimiento de la atención internacional en su lucha por la deslegitimación del Estado judío.

Para decirlo a quemarropa: asesinar a dos padres de familia numerosa y herir gravemente a otros dos israelíes –los frutos de la violencia palestina en enero y febrero de este 2018– no da titulares fuera de los medios israelíes y palestinos. Ese nivel de impacto no puede alterar el equilibrio de poder entre las partes. Por penosos que sean ese tipo de ataques, pocos israelíes, ya sean de derecha, de izquierda o de centro, van a modificar sus opiniones sobre la cuestión palestina o sobre quienes están en el poder. En cuanto a los palestinos, son dolorosamente conscientes de que desde la denominada Primavera Árabe, con su reguero de sangre y la multiplicación de las guerras por delegación entre Irán y Arabia Saudí y entre chiíes y suníes, el umbral de muerte y destrucción que deben traspasar para llamar la atención se ha elevado sustancialmente. Las organizaciones palestinas han de competir con los bombardeos indiscriminados de Rusia y Siria sobre el bastión rebelde de Guta, al este de Damasco, así como con la violencia en Irak, el Yemen y Libia.

Esta es la razón por la que decenas, si no cientos, de miembros de esas organizaciones tratan consistentemente de llamar la atención de los medios lanzando oleadas de violencia que, con la debida frecuencia, socaven la voluntad israelí de mantener un régimen democrático en una región donde los Estados están al borde de la guerra, como en el Líbano, o metidos hasta las trancas en una, como en Siria.

La más reciente innovación es la idea de una marcha multitudinaria de 100.000 gazatíes para desarbolar la seguridad fronteriza de Israel en torno a la Franja en simbólica representación del regreso de los refugiados de Gaza a sus hogares primigenios. Ni que decir tiene que esos manifestantes difícilmente serán los refugiados originales, que tendrían al menos 69 años, el tiempo que ha pasado desde el establecimiento de Israel, en 1948.

El objetivo inmediato de este desborde fronterizo no es tanto matar israelíes (aunque, si puede conseguirse, tanto mejor) como buscar la propia muerte. Lo que se pretende es que Israel recurra a la fuerza para mantener el orden (como haría cualquier Estado soberano) y pergeñar escenas y funerales que deslegitimen al Estado judío.

El objetivo a largo plazo es, de hecho, matar o dañar israelíes, así como sus propiedades. Hamás y las demás organizaciones anhelan que esto lleve a multitudinarias oleadas de protesta y a actos terroristas suicidas espontáneos en la Margen Occidental y entre los ciudadanos árabes de Israel. Lo ideal, para las organizaciones palestinas, sería el desencadenamiento de una intifada a gran escala.

Incluso en el mejor de los momentos, nadie puede predecir qué ocurrirá. La cuestión de cuándo y cómo alzarse ha sido minuciosamente estudiada por los poderes establecidos, por los rebeldes y por los terroristas, y desde luego por numerosos académicos. Tras centenares de años de análisis, el desencadenamiento de oleadas masivas y sostenidas de violencia sigue siendo un misterio. No encaja en los moldes de las ciencias exactas.

Israel quiere mantener el statu quo, en el que la gente vive con normalidad. Las organizaciones terroristas palestinas quieren alterarlo. Tras once años de gobierno de Hamás, Gaza está en trance de convertirse en otra Guta, otra Bagdad bañada en sangre, o incluso en otro Estado palestino fallido.

El plan tiene sus dificultades porque los palestinos están divididos, aún más desde el reciente intento de asesinato del primer ministro palestino, Rami Hamdalá, en Gaza. Están tan divididos que los actores principales –la AP y Fatah, por un lado, y Hamás y la Yihad Islámica, por el otro– no pueden ponerse de acuerdo siquiera en la fecha de celebración de la marcha multitudinaria contra la frontera. Los seguidores de Fatah quieren que sea el 14 de mayo, día en que Ben Gurión proclamó el Estado de Israel y cinco Estados árabes lo invadieron. Los palestinos se han apropiado de tal fecha para la conmemoración de la Nakba, su fracaso a la hora de destruir el Estado de Israel, y el drama de los refugiados, aunque la salida de estos tiene poco que ver con esa fecha en concreto. Hamás quiere que se celebre el 30 de marzo, en que numerosos árabes palestinos conmemoran el Día de la Tierra.

Es muy probable que las marchas tengan lugar en ambas fechas, e Israel y los palestinos se están preparando para ello. El Ejército israelí hará lo que esté en su mano para desbaratar las protestas de forma que no haya un baño de sangre. Los palestinos, de la OLP y la AP para abajo, querrán que la sangre corra a raudales. Ojalá lo que prevalezca sean las intenciones israelíes.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio

Hamas engaña a todos, incluidos los militares de Israel, con un juego doble

Desde principios de febrero, la mayoría de los expertos calificaron a la organización terrorista Hamas palestina que gobierna la Franja de Gaza como una fuerza declinante, dividida por disputas internas entre sus alas políticas y armadas, perdiendo credibilidad popular por los desastres económicos y humanitarios que afectan al enclave. en resumen, aferrándose con sus uñas al borde de un acantilado. Entonces, de repente, en la última semana de marzo, salió la verdad. Hamás había estado trabajando en su máquinaria de propaganda para generar una imagen falsa de infortunio y miseria y engañó a todas las partes involucradas en los problemas de Gaza, mientras cocinaba un gran plan.

Incluso el presidente egipcio Abdel-Fatteh El-Sisi , que ha trabajado incansablemente para reconciliar al movimiento palestino teniendo en cuenta la disputa de Hamas con el partido rival Fatah y su líder, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas (Abu Mazen), cayó en la trampa. También lo hizo Abu Mazen, quien, a los 83 años, se encontró a sí mismo y a la Autoridad Palestina eclipsados ​​como perdedores corruptos, que ya no hablaban por el pueblo palestino.

Y también lo hicieron los altos mandos de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF); ya que estaban demasiado ocupados desarrollando dos grandes proyectos de seguridad: encontrando y destruyendo los túneles terroristas de Hamas que serpenteaban desde Gaza bajo la frontera hacia Israel; y construyendo la barrera de acero y concreto profundamente hundida alrededor del perímetro del enclave. Esta barrera está diseñada para obstaculizar la construcción de nuevos túneles y contener a los escuadrones terroristas empeñados en atacar a civiles y objetivos militares. El ambiente negativo que la mascarada de Hamas extendió sobre el tema palestino también llevó a la administración Trump a abandonar sus planes de paz.

Después de sacar la alfombra de todas estas partes interesadas, Hamas ha surgido con grandes planes para una campaña de protesta civil de seis semanas, y lleno de dinero en efectivo para derrochar en un evento espectacular, para culminar en aniversarios sensibles en el camino, tales como la dedicación del 14 de mayo de la instalación de la embajada de los Estados Unidos en Jerusalén; y el 15 aniversario el 15 de mayo de la independencia de Israel, que los palestinos conmemoran como el día de la Nakba, el Día del Desastre y cualquier fecha intermedia, como la Pascua de ocho días de Israel que comienza el 30 de marzo.

Precedido por el primer “ejercicio militar” del grupo terrorista, Hamas diseñó una operación de dos pistas. En el frente, la protesta de la Marcha del Retorno iba a seguir adelante como una “protesta pacífica”, mientras que al mismo tiempo, sus escuadrones de “comandos” realizaban infiltraciones a través de la frontera hacia Israel para marcar un camino para futuros ataques terroristas.

Exhibiendo altas habilidades organizativas, Hamas contrató una flota de autobuses para recoger fieles de todas las mezquitas en la Franja de Gaza el viernes 30 de marzo a las 10 am en punto y los llevó a una línea de 500 a 700 metros de la frontera con Israel, donde sus predicadores los guíaron en oración. Los participantes en la Gran Marcha o Retorno se alojan en seis campamentos de tiendas de campaña montados paralelamente a la frontera de 69 km de largo, con todas las comodidades para atraer voluntarios reacios a quedarse para la campaña de seis semanas. tres comidas al día, agua corriente, baños y duchas, instalaciones médicas y conexiones a Internet e incluso senderos lisos con camas de arbustos con flores. Un banco de arena separó a los manifestantes de la frontera.

Estas preparaciones son el lado visible de la campaña de Hamas. El alboroto que rodea a la Marcha de los Millones programada para el viernes llamó la atención de Egipto, Israel y los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina. Gracias a esta distracción, todos pasaron por alto la importancia de las acciones subversivas que Hamas había iniciado sigilosamente mucho antes.

El 13 de marzo, la Autoridad Palestina fue atacada por una pequeña bomba que fue detonada cuando el convoy del primer ministro de la AP, Rami Hamdallah, y el jefe de inteligencia, general Hamad Faraj, ingresaron al norte de la Franja de Gaza. Ninguno de los dos resultó herido, pero si hasta ese momento había alguna posibilidad de una reconciliación entre Fatah y Hamas, se desvaneció en un futuro lejano. Los buenos oficios del presidente El-Sisi fueron enterrados.

El 22 de marzo, las fuerzas de seguridad de Hamas allanaron un edificio en el distrito de Zeitun en la ciudad de Gaza y mataron a cuatro hombres, que según afirmaron eran los posibles asesinos de los dos funcionarios. De hecho, los cuatro hombres eran miembros de una secta salafista extrema que no tenían nada que ver con el ataque con bombas.

El 24 de marzo, un escuadrón de comando de Hamas atravesó la cerca fronteriza israelí y encendió una grúa israelí utilizada en la construcción de la barrera profundamente hundida que subía y bajaba alrededor de la Franja de Gaza. Los cuatro volvieron a Gaza antes de que se realizara un disparo para detenerlos.

El 27 de marzo, otro escuadrón de Hamas, armado con granadas y cuchillos, cortó la valla fronteriza y evadió el aviso de las unidades israelíes apostadas allí el tiempo suficiente para caminar 20km hasta la puerta de la gran base de las FDI en Tzeelim. Fue solo entonces que las FDI y los rastreadores de la policía los alcanzaron.

El miércoles 28 de marzo, unos jóvenes rudos incendiaron una carretilla elevadora militar, que luego dio marcha atrás; luego, una estola palestina desarmada al otro lado de la frontera y fue detenida para ser interrogada.

Estos incidentes muestran que Hamás está probando el agua antes de su plan para usar su espectacular campaña de protesta “pacífica” como otra distracción de su objetivo real, que es lanzar una ola de terror en Israel. Esta ola aumentará a medida que la campaña de protesta gana impulso.

Sorprendentemente, llevó a la FDI y su rama de inteligencia hasta el miércoles para entender el doble juego de Hamas. Pero ni las FDI, ni Hamas pueden estar seguros de controlar a los manifestantes en masa, largamente inflamados contra Israel, durante seis semanas. Pueden ser penetrados por agentes secretos de otros grupos terroristas islamistas, como la Yihad Islámica o los extremistas de la secta Salafi, algunos de los cuales están estrechamente vinculados con el afiliado al Sinaí del Estado Islámico. Estos militantes pueden estar a la espera hasta que sus manejadores les ordenen que salgan y se dirijan a la frontera, dejando atrás a cientos de jóvenes palestinos que se miman por la violencia. Los soldados israelíes en guardia se verían obligados a detener a la horda antes de que surja el “retorno”, primero con medidas de dispersión de muchedumbre y luego fuego vivo.

Fuente: Debkafile

¿Por qué Hamás y Fatah no pueden ofrecer un estado democrático moderno?

Por: Mordechai Kedar

Cuando el “Movimiento de Resistencia Islámica” o Hamás, como es mejor conocido por su acrónimo árabe- se apoderó de Gaza en 2007, los expertos teorizaron que una vez que el grupo se hiciera responsable del agua, la gasolina, la electricidad, el empleo y la comida, no tendría más remedio que volverse más moderado.

Estos comentaristas predijeron que Hamás preferiría pronto controlar y limitar a la jihad, cambiar el terror por el gobierno, desarrollar herramientas políticas en lugar de herramientas de guerra y adoptar una postura política en lugar de un de conflicto armado. No podrían haber estado más equivocados, porque ninguna organización terrorista islámica abandona el terror sin que también se considere que abandona el Islam.

De hecho, lo que sucedió es un proceso de autoinmolación que sólo puede ocurrir en las sociedades islámicas. Este proceso es una función de la creencia colectiva compartida por los líderes islámicos de que es una obligación religiosa atenerse a sus principios políticos y que cualquier desviación de la lealtad total a esos principios resultará en ser víctima ante las críticas de otros cuya imagen religiosa es más viva y basada en la fe.

Hamás quiere ser considerada una organización política, por lo que se presentó en las elecciones parlamentarias de 2006, ganando la mayoría de los escaños. Ahora se está preparando para las elecciones presidenciales en las que espera tomar el asiento del presidente de la Autoridad Palestina.

El problema de Hamás es que está atrapado entre dos roles contradictorios. Como organización política, debe adoptar patrones pragmáticos de comportamiento, incluidas las negociaciones políticas con Israel. Como movimiento religioso, debe adherirse al principio que prohíbe cualquier desviación del camino dictado por Allah, que solo permite a sus representantes terrenales hablar con los infieles sionistas sobre cuestiones técnicas como la transferencia de alimentos, agua, gasolina, electricidad y medicinas.

Desde el punto de vista de Hamás, no es tan malo si los musulmanes de Gaza sufren, porque eso se considera “bla’a”, una de las pruebas que Allah le presenta a los creyentes para determinar si merecen o no un pasaporte al Paraíso.

Esto explica por qué Hamás está tan dispuesto a sacrificar cientos e incluso miles de civiles inocentes en cada encuentro militar con Israel. También explica por qué los medios del mundo árabe presentan, con frecuencia con éxito, eventos como victorias para Hamás y derrotas para Israel.

El precio de este tipo de “victoria” lo pagan los ciudadanos de Gaza, cuyos familiares están muertos o heridos y que tienen que vivir con una infraestructura destrozada. Estas personas no están con Hamás en este tema porque son mucho menos extremas que aquellos que han sacrificado sus vidas.

El marco conceptual religioso impide que Hamás ceda ante los judíos o haga cualquier cosa que pueda interpretarse como una rendición, incluida la liberación de prisioneros o los cuerpos de los soldados israelíes caídos que están en manos de Hamás o incluso la entrega de información sobre ellos. Se entiende que Hadar Goldin y Oron Shaul lamentablemente no están entre los vivos, pero los portavoces de Hamás siguen negándose a divulgar ningún detalle sobre los dos, incluida la confirmación de sus muertes.

Desde un punto de vista religioso, Hamás está atrapado en un pantano oscuro y deprimente. Durante los 1.400 años desde el comienzo de la historia islámica, ha habido regímenes musulmanes que trataron a los extraños con respeto, se abstuvieron de atacar a países más poderosos que ellos y se preocuparon por las condiciones económicas de sus súbditos. Hamás está a años luz de este tipo de regla. No solo no está interesado en mejorar la salud, la educación y el nivel de vida de la población de Gaza, sino que va paso a paso para crear una imagen del sufrimiento y la necesidad a fin de obtener donaciones de la comunidad internacional.

Otro elemento que podría evitarle a Gaza una mayor confrontación armada con Israel -que vendría a expensas de la vida de los ciudadanos comunes, no la de los líderes del Hamás o de sus familias, cuyos búnkeres subterráneos los protegen- es la disposición de Hamás para conducir un intercambio de prisioneros con Israel. Yihya Sinwar, el actual líder de Hamás liberado en el acuerdo de Shalit, sabe que Israel no liberará a más de 1.000 prisioneros a cambio de cadáveres, pero está bajo la presión de los prisioneros de Hamás y sus familias. Le resulta casi imposible llegar a un acuerdo que resulte en la liberación de menos prisioneros que los liberados durante su intercambio.

Hamás está haciendo uso de todo tipo de mantras para justificar su obstinada política: “¡No cederemos a la entidad sionista en nada!” “¡No daremos información libre a los sionistas!” “Seguiremos luchando por una Palestina libre desde ¡el río hasta el mar!” Nadie en la calle de Gaza cree estos mantras. Tampoco confían en quienes los publican en Internet o en las estaciones de satélite.

Hamás hace todo lo posible para publicitar la “catástrofe humanitaria” en Gaza, pero olvida mencionar que la situación allí es un resultado directo de la forma en que ha gobernado en la última década. La organización ha recibido miles de millones de dólares de Qatar, los estados donantes y grupos internacionales que no hacen un seguimiento de lo que sucede con sus donaciones. También es el destinatario de los impuestos retirados de los salarios. ¿Qué hace con el dinero? ¿Ha construido escuelas? ¿Hospitales? ¿Infraestructura? Ninguna de las anteriores.

Parte del dinero llegó a las cuentas bancarias privadas y ocultas de los líderes de Hamás en las Islas Caimán, las Islas Vírgenes u otros paraísos fiscales (como también ha sido el caso del liderazgo de la OLP). Algunos fueron utilizados para comprar casas y apartamentos para esos líderes. Pero la mayor parte de esos fondos, con diferencia, se destinó a la construcción de túneles subterráneos, cohetes y otras armas de destrucción destinadas a ser utilizadas en la guerra para “liberar” a Palestina.

Debido a que el mundo árabe le dio la espalda a Hamás, la organización está cerca de la bancarrota, una crisis que explica su nueva y cálida relación con Irán.

Los líderes de Hamás esperan obtener dinero, armas y cohetes de los mulás (clérigos que ejercen el poder en Irán) en Teherán para ayudarlos a romper el estancamiento con Israel. Es por eso que se volvieron a conectar con Hezbollah y están listos para renovar las relaciones con Irán.

El liderazgo iraní no oculta su alegría por renovar los lazos con Hamás. Los ayatollah ven al grupo como el brazo largo del pulpo iraní extendido hacia el sur de Israel. El objetivo es atraparlo en una pinza entre Hezbollah en el norte y Hamás en el sur. ¿Esta estrategia mejorará la vida en Gaza? ¿Qué hará Hamás para convencer a los desempleados de Gaza que está forjando esta alianza para su beneficio?. El 60% de la persona que cubre el sostén familiar está desocupado.

También existe el fiasco imperecedero de las relaciones de Hamás con la OLP / Autoridad Palestina. Estas organizaciones han estado en desacuerdo desde que Hamás irrumpió en la escena israelí e internacional en 1988 con el estallido de la primera Intifada. La rivalidad, el odio y los celos que corren desenfrenados entre ellos y los insultos que se lanzan el uno al otro expresan mucho más que una división política. Son una prueba de las diferencias culturales básicas entre los árabes de Cisjordania y los de Gaza. Incluso el árabe que se habla en Cisjordania difiere del de Gaza. La cultura de Gaza es la de beduinos que habitan en el desierto, mientras que el árabe hablado por los cisjordanos es más urbano.

El conflicto entre la OLP y Hamás lo abarca todo: se trata de posiciones de liderazgo, las finanzas (el caldo de cultivo de la corrupción), la policía y, lo que es más importante, las fuerzas armadas. A pesar de los acuerdos firmados por ambas partes mientras sonreían a los fotógrafos internacionales, los discursos inspirados de los portavoces elogiaron el concepto de reconciliación sagrada, y a pesar de la demanda pública de que la OLP y Hamás trabajen juntos por su objetivo común de establecer un estado árabe palestino en las ruinas de Israel, las dos organizaciones no han logrado superar sus conflictos y cumplir las promesas que se encuentran en la base de esos acuerdos. Siguen castigando, humillando y burlándose unos a otros mientras el público los observa.

Del otro lado de la ecuación cultural y política están las organizaciones salafistas inspiradas en al-Qaeda e ISIS. Tienen delegaciones activas en Gaza, aunque la mayoría de sus activistas se han mudado al Sinaí. Hamás está comprometido en una lucha a muerte con organizaciones comprometidas a hacer exactamente lo que le hizo a la OLP: la jihad “real” en nombre del Islam. Hamás ha matado a decenas de activistas salafistas, incluidos más de 30 caídos por fuego de ametralladora en una calle de Rafiaj después de que se utilizaron granadas de gas para obligarlos a salir de la mezquita.

Se suponía que Hamás, una rama de la Hermandad Musulmana, creara un ethos nacionalista religioso alternativo en contraste con el nacionalismo secular de varias organizaciones árabes. Fracasó en su intento de presentar un modelo nacionalista árabe de un estado democrático y moderno que proteja a sus ciudadanos y provea para su bienestar, salud y empleo, un estado ordinario y funcional que gane la lealtad de los ciudadanos que previamente se habían adherido a sus tribus, identidades étnicas, religiosas y grupales.

Los movimientos nacionalistas árabes han estado hundidos durante mucho tiempo en un pantano de despotismo. Nadie ha logrado establecer y mantener un Estado-nación democrático en la línea de Israel. Se suponía que el movimiento de Hamás ofrecería un ethos religioso alternativo que podría desplegar su bandera sobre todos los grupos tribales y religiosos que viven en “Falestin”: musulmanes, cristianos, circasianos, ahmadíes.

El fracaso del movimiento religioso se debe en parte a su incapacidad para abandonar el principio de jihad el tiempo suficiente para unirse a la OLP y establecer un estado árabe palestino junto a Israel hasta el momento en que sea posible destruir el Estado judío. Hamás no ve una manera de aceptar la existencia de Israel, incluso de manera temporal, y está obligado a mantener un estado de guerra constante con su vecino. La realización de una guerra activa destruiría Gaza y derrocaría a los líderes de Hamás; por lo que un constante estado de guerra justifica la continuación de la triste situación de Gaza.

La situación en Gaza proporciona una prueba más, para cualquiera que todavía lo necesite, de la incapacidad de un movimiento islámico para establecer y mantener un estado moderno que pueda vivir en paz con sus vecinos y tolerar ideologías diferentes a las suyas.

El cisma que divide a la OLP y Hamás es una división cultural expresada a través del conflicto político. Simplemente no hay forma de que puedan unificar o establecer una reconciliación verdadera y duradera. Cualquiera que cuente con un estado árabe palestino unificado debe alinear mejor sus expectativas con la amarga realidad del Medio Oriente.

La OLP falló porque la ideología nacionalista secular que le va tan bien en Europa no puede triunfar en el Medio Oriente. Ha fallado en todos los países de la región que lo han probado. Irak, Siria, Libia, Yemen y Sudán son los ejemplos.

El movimiento de Hamás fracasó porque el Islam fundamentalista no puede mantener un estado moderno con estándares democráticos occidentales basados en leyes humanas. Turquía, que ha estado regresando al Islam desde la década de 1990, también se está distanciando cada vez más del modelo occidental aceptado de una democracia constitucional.

La conclusión es clara: no hay una base religiosa ni secular para establecer un estado árabe palestino. La única solución es el regreso a la base natural de la sociedad del Medio Oriente: la tribu. Solo nuevos emiratos en Cisjordania basados en clanes locales, como los de los emiratos del Golfo, pueden operar legítimamente en la región.

Fuente: Aurora

Palestinos: ¿Por qué Hamas no se desarmará?

Por: Khaled Abu Toameh

En la imagen: el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, habla con el entonces líder de Hamas, Ismail Haniyeh, el 5 de abril del 2007 en la ciudad de Gaza. Desde 2007, Hamas y la Autoridad Palestina anunciaron al menos cuatro acuerdos de “reconciliación” para poner fin a su rivalidad. (Foto de Mohamed Alostaz / PPM a través de Getty Images)

  • El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, quiere extender su autoridad a la Franja de Gaza, mientras que Hamas está tratando de tomar el control de Cisjordania.
  • Abbas tiene la suerte de tener a Israel sentado con él en Cisjordania. De lo contrario, Hamas habría tenido éxito en su esfuerzo por derrocar a su régimen y “transferir” sus armas a Cisjordania.
  • Mientras tanto, Abbas continuará soñando con regresar a la Franja de Gaza, mientras que Hamas continuará preparándose para la guerra contra Israel y la eliminación de la Autoridad Palestina del poder.

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, vive una ilusión si cree que sus rivales de Hamas alguna vez aceptarían deponer las armas o ceder el control de la Franja de Gaza.

Hamas no tiene intención de desmantelar su aparato militar y de seguridad. Tampoco tiene ninguna intención de permitir que las fuerzas de seguridad de Abbas estén estacionadas en la Franja de Gaza. Esta negativa es la razón por la cual el acuerdo de “reconciliación” que Abbas firmó con Hamas en El Cairo en octubre del 2017 nunca se traducirá en hechos sobre el terreno.

Hamas está dispuesto a darle a Abbas todo lo que quiera en la Franja de Gaza, excepto el control de la seguridad. Hamas no tiene problemas para permitir que Abbas y su gobierno funcionen como una “administración civil” en la Franja de Gaza al proporcionar fondos y diversos servicios a las instituciones gubernamentales allí.

Si Abbas quiere pagar salarios a los funcionarios en la Franja de Gaza, eso está bien para Hamas. Si quiere pagar por el suministro de combustible, agua y electricidad de la Franja de Gaza, eso también está bien para Hamas.

Sin embargo, el control de seguridad es lo último que Hamas quiere de Abbas. Para Hamas, la seguridad es una línea roja que no debe cruzarse.

¿Qué hay detrás de la feroz oposición de Hamas a renunciar al control de seguridad sobre la Franja de Gaza?

Hamas quiere conservar sus armas y el control de seguridad de la Franja de Gaza por dos razones: primero, quiere las armas para poder continuar la “lucha armada” contra Israel; segundo, Hamas sabe que en el momento en que entregue el control de seguridad de la Franja de Gaza a la Autoridad Palestina (AP), muchos de sus líderes y miembros serán asesinados o encarcelados por las fuerzas de seguridad de Abbas.

Ahmed Bahr, alto funcionario de Hamas en la Franja de Gaza, describió la demanda de Abbas de que Hamas desmantele su aparato de seguridad y militar como “idiota”.

En un sermón que pronunció durante las oraciones del viernes en la mezquita Al-Mahata en el centro de la Franja de Gaza el 23 de marzo, Bahr dijo que el tema del desarme de Hamás y otros grupos terroristas palestinos era “no negociable”. Hamas, agregó, que no entregará sus armas al gobierno de la Autoridad Palestina que lleva a cabo la coordinación de seguridad con Israel en Cisjordania. “Las armas de la resistencia palestina son armas legítimas que se utilizarán para restaurar nuestros derechos y liberar nuestras tierras”, dijo el funcionario de Hamas. “La lucha armada [contra Israel] es un derecho garantizado por el derecho internacional .”

Las declaraciones de Bahr muestran que Hamas todavía no confía en Abbas y su Autoridad Palestina, principalmente debido a sus estrechos lazos de seguridad con Israel. Para Hamas, la coordinación de la seguridad con Israel es una forma de traición, y no hay forma de que Hamas acepte cooperar con cualquier partido palestino que trabaje con los israelíes.

Hamas continúa acusando a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina e Israel de tomar medidas enérgicas contra sus miembros en Cisjordania.

En una reciente declaración , Hamas acusó a la Autoridad Palestina de arrestar a 10 de sus miembros allí. Los arrestos se llevaron a cabo en las ciudades cisjordanas de Tulkarem, Nablus, Kalkilya, Hebrón y Ramallah, según Hamas. Entre los detenidos estaba un periodista palestino, Osama Shahin. Hamas dijo que dos de los detenidos se han declarado en huelga de hambre para protestar por su encarcelamiento “ilegal”.

Hamas teme que muchos de sus líderes y miembros enfrentarán el mismo destino si permite que las fuerzas de seguridad de Abbas se desplieguen en la Franja de Gaza. Aquellos que son afortunados solo terminarán tras las rejas. Aquellos que son menos afortunados serán ejecutados en plazas públicas por los leales a Abbas.

Hamas todavía tiene recuerdos agonizantes de los días entre 1993 y 2007, cuando la Autoridad Palestina tenía el control de la Franja de Gaza. Luego, muchos líderes de Hamas y altos funcionarios se encontraron en prisión o bajo arresto domiciliario.

En aquel entonces, uno de los métodos preferidos de la AP para “torturar” y humillar a los líderes de Hamas era afeitar las barbas de los líderes de Hamas. Varios dirigentes de Hamas, incluido Mahmoud Zahar, se vieron afeitados por sus interrogadores palestinos mientras estaban en prisión.

Esta fue la técnica de la Autoridad Palestina para castigar a los líderes de Hamas. Los musulmanes creen que, según las enseñanzas islámicas, es obligatorio que los hombres se dejen crecer la barba. Incluso se citó al profeta Mahoma diciendo: “Sé distinguido de los incrédulos, haz crecer tus barbas y afeitarte el bigote”.

El temor de los líderes de Hamas sobre lo que les espera si ceden el control de la Franja de Gaza no está injustificado.

En un discurso pronunciado el 19 de marzo ante los líderes de la Organización para la Liberación de Palestina en Ramallah, Abbas amenazó con “lanzar zapatos en la cabeza” de los líderes de Hamas. Los zapatos, dijo, golpearán a la cabeza del hombre más veterano y más joven de Hamas.

La amenaza de Abbas se produjo en respuesta al aparente intento de asesinato contra su primer ministro, Rami Hamdallah, y el jefe de inteligencia general Majed Faraj, durante una visita a la Franja de Gaza a principios de este mes. Los dos altos funcionarios palestinos escaparon ilesos cuando una bomba estalló junto a su convoy en el norte de la Franja de Gaza, un área controlada por Hamas. Abbas ha considerado a Hamas “totalmente responsable” del ataque, mientras que Hamas ha negado toda responsabilidad.

El ataque al convoy ha llevado a una grave crisis entre Abbas y Hamas, y ha destruido el acuerdo de “reconciliación” mediado por Egipto entre las dos partes. Bajo las circunstancias actuales, cualquier conversación sobre Hamas renunciando a su control de seguridad en la Franja de Gaza suena más como una broma, especialmente a la luz de la acusación de Abbas de que el grupo terrorista había intentado matar a su primer ministro y jefe de inteligencia.

Además, Hamas tiene miles de oficiales de seguridad y milicianos que nunca aceptarán servir bajo las fuerzas de seguridad de Abbas. Esto no significa, sin embargo, que no aceptarán sueldos del gobierno de Abbas. Hamas ha pasado la última década armándose hasta los dientes. Con la ayuda de Irán y otros grupos terroristas islámicos y árabes, Hamas logró introducir de contrabando grandes cantidades de armas en la Franja de Gaza a través de decenas de túneles a lo largo de su frontera compartida con Egipto. Según algunos informes , muchas de las armas, incluidos misiles y cohetes, fueron contrabandeadas durante el período en que el presidente egipcio Mohamed Morsi de la Hermandad Musulmana estuvo en el poder entre junio del 2012 y julio del 2013. Algunos de los cohetes y misiles fueron utilizados posteriormente por Hamas y otros grupos palestinos para atacar a Israel.

Abbas, por su parte, nunca aceptará incorporar a los hombres de Hamas en sus fuerzas de seguridad. No puede, por un lado, acusar a Hamas de estar detrás del fallido intento de asesinato de Hamdallah y Faraj, y al mismo tiempo incluir a milicianos y policías de Hamas dentro de sus fuerzas de seguridad.

Irónicamente, mientras Abbas está exigiendo que Hamas se desarme y entregue su control de seguridad gubernamental de la Franja de Gaza, Hamas habla de su deseo de “transferir” sus armas a Cisjordania. Abbas quiere extender su autoridad a la Franja de Gaza, mientras que Hamas busca apoderarse de Cisjordania.

Hamas quiere “transferir” sus armas a Cisjordania por dos razones: derrocar el régimen de Abbas y perseguir la “lucha armada” contra Israel.

La lucha contra Israel es el objetivo declarado de Hamas. Derribar el régimen de Abbas es su objetivo no declarado.

Las armas de Hamas son una línea roja que “no se puede cruzar”, dijo Khalil Al Haya , alto funcionario de Hamas.

“Todos deberían dejar de hablar sobre estas armas, porque seguirán luchando contra Israel. Las armas en la Franja de Gaza le dan poder a todos los palestinos, incluido el presidente palestino Mahmoud Abbas. Estas armas serán transferidas a Cisjordania. [a Cisjordania] no será suficiente. Serán usados ​​para luchar contra Israel “.

Abbas tiene la suerte de tener a Israel sentado con él en Cisjordania. De lo contrario, Hamas habría tenido éxito en su esfuerzo por derrocar a su régimen y “transferir” sus armas a Cisjordania.

Afortunadamente para los palestinos, Israel está sentado en el medio entre Cisjordania y la Franja de Gaza. De lo contrario, los partidarios de Hamas y Abbas estarían enviando cohetes y atacantes suicidas entre sí. En lugar de marchar hacia la “reconciliación” y la “unidad”, Abbas y Hamas han traído a su pueblo un nuevo modelo de la “solución de dos estados”: un emirato dirigido por Hamas en la Franja de Gaza y un estado mini PLO en Cisjordania . Mientras tanto, Abbas continuará soñando con regresar a la Franja de Gaza, mientras que Hamas continuará preparándose para la guerra contra Israel y la eliminación de la Autoridad Palestina del poder.

Khaled Abu Toameh, es un periodista galardonado y tiene su base en Jerusalén.

Fuente: Gatestone Institute

¿A un paso de la explosión?

Por: Pablo Sklarevich

La rabieta de Mahmoud Abbás, con Washington, coronada con sus últimos insultos contra el embajador estadounidense en Israel, David Friedman, pone de relieve la enorme frustración del presidente palestino. Siente que podría pasar a la historia como no sólo como quien ha perdido la Franja de Gaza -a manos de Hamás en 2007- sino también Jerusalén, con la declaración del presidente estadounidense, Donald Trump, y la apertura de la embajada norteamericana en el mes de mayo.

Abbás está convencido que todo ha sido una conspiración estadounidense para destruir el “proyecto nacional palestino”. Desde la conquista de Hamás del enclave de Gaza hasta la “Primavera Árabe”.

El reciente ataque con explosivos, en la Franja, al paso de la caravana que trasladaba al primer ministro, Rami Hamdallah, y al jefe de la Inteligencia General palestina Majed Faraj, cuando se dirigían a inaugurar una planta de tratamiento de aguas servidas, no produjo heridos; pero sonó como una advertencia mafiosa y un reflejo de las graves divisiones dentro de la estructura de poder de Hamás.

Abbás acusó a Hamás por el ataque, destacó que es una prueba del fracaso del intento de reconciliación palestino, mediado por Egipto, y prometió nuevas sanciones para Gaza.

El Gobierno de Jerusalén teme que la tensión entre la Autoridad Palestina y Hamás termine desencadenando un nuevo conflicto con Israel. Hamás decidió canalizar la frustración movilizando masivamente a la población de Gaza -con mujeres, niños y ancianos- hacia la frontera. Una movida que podría ser imitada en los asentamientos de Cisjordania.

El Ejército de Defensa de Israel se dispone a cancelar los descansos de la festividad de Pesaj, la pascua judía, para reforzar las defensas en torno a Gaza y Cisjordania.

Los recientes ataques de “lobos solitarios” en Cisjordania y Jerusalén, y la detonación de cargas explosivas en la frontera con Gaza estarían dando cuenta de un estado de ánimo agitado.

En este sentido, los analistas temen que las próximas festividades judías (Pésaj) y musulmanas (Ramadán) y eventos (Día de la Tierra, “Iom Hatzmaut” [Día de la Independencia], Nakba [“catástrofe” en árabe]), junto a la inauguración de la embajada de EE.UU. en Jerusalén, sirvan como catalizadores para una violencia contenida que estaría bajo la superficie y espera solamente una oportunidad para aflorar.

Fuente: Aurora

El primer ministro palestino sobrevive un intento de asesinato en Gaza

Una fuerte explosión se registró al paso del convoy del primer ministro de la Autoridad Palestina (AP) Rami Hamdallah, cuando visitaba la Franja de Gaza, provocando heridas leves a siete guardaespaldas que viajaban en la caravana.

Rami Hamdallah y el jefe de la Inteligencia General de la AP, Majed Faraj, que lo acompañaba, salieron ilesos del atentado.

El primer ministro palestino, Rami Hamdallah (Reuters)

Hamdallah y su delegación había arribado a Gaza para participar en la inauguración de una planta para el tratamiento de aguas. Ellos continuaron con su programa tras el ataque y Hamdallah apareció después de la explosión en la inauguración de la planta, condenando el atentado. “Esto no nos detendrá para continuar nuestra misión de lograr la unidad y terminar con la amarga división. Seguiremos viniendo a Gaza”. Luego, Hamdallah regresó a Ramallah.

El ministro de Asuntos Civiles de la AP, Hussein Al Sheikh, manifestó que Hamas, que controla Gaza con puño de hierro, es completamente responsable de este intento “criminal” de asesinato y advirtió que se trata de un desarrollo peligroso sin precedentes que tendría graves consecuencias para Hamas.

Los tres últimos vehículos del convoy de Hamdallah fueron dañados y sus ventanas estallaron. Uno de ellos tenía rastros de sangre en la puerta. Un video de la escena muestra una gran columna de humo que se eleva al cielo cerca del convoy.

Hamas condenó el ataque y dijo que fue perpetrado por grupos que buscan socavar su intento de reconciliación con la Autoridad Palestina.

Agentes revisan la zona de la explosión (Reuters)

Un oficial de seguridad de Hamas expresó que varios sospechosos fueron arrestados en relación con la explosión. El funcionario no dio detalles, pero dijo que Hamas está investigando las circunstancias y los motivos de la explosión.

Fuente: Aurora e Infobae

EEUU y el ‘juego de tronos’ palestino

El Juego de Tronos palestino está encendido.

El 'Juego de Tronos' palestino está en

Los problemas de liquidación de seguridad de la Casa Blanca en Medio Oriente, Jared Kushner, y la lucha legal del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pueden hacer furor entre los observadores de la región esta semana. Pero se está gestando una jugada de poder en Ramallah, alejada del ojo indiscreto de los medios de comunicación, y la ignoramos bajo nuestro propio riesgo.

Mientras la salud del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, de 83 años de edad, se deteriora, sus aspirantes a sucesores se disputan el puesto.

La semana pasada, Abbas pronunció un discurso ante la ONU con voz temblorosa. Su cara hinchada llevó a muchos a especular que el fumador pesado está muy medicado. Se registró en el Hospital Johns Hopkins de Maryland al día siguiente.

Funcionarios palestinos dijeron que Abbas se sometió a un “chequeo de rutina” no especificado, y que esta semana estaba nuevamente de pie en Ramallah.

Pero su regreso no dio lugar a una campaña de sigilo entre sus posibles herederos.

Los líderes árabes vecinos están comenzando a elegir sus caballos favoritos en la carrera para suceder a Abbas. Un funcionario palestino incluso me predijo la semana pasada que “esta vez no lo decidiremos nosotros, sino los líderes de los estados árabes”.

Uno de esos principales candidatos, el secretario general del partido Fatah, Jibril Rajoub, se lanzó al ataque contra los patrocinadores de su rival esta semana. “No es aceptable que Egipto apoye a Muhammad Dahlan”, dijo Rajoub a la BBC en una rara emisión pública de su rivalidad.

Esa rivalidad comenzó cuando Yasser Arafat, que gobernó la política palestina hasta su muerte en 2004, convirtió a Rajoub en el principal funcionario de seguridad en Cisjordania, mientras que Dahlan tenía esa cartera en Gaza.

Después de que Hamas tomó el poder en Gaza, Dahlan se mudó a Dubai, donde formó poderosos partidarios financieros. Las principales potencias sunitas (Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania, Egipto) ahora respaldan a Dahlan, mientras que Rajoub busca ayuda de Qatar.

Otros contendientes principales incluyen al actual jefe de inteligencia de Abbas, Majid Faraj, que está bien conectado en Jerusalén y Washington; y el ex embajador palestino de la ONU Nasser al Kidwa, que sería favorecido por algunos europeos occidentales y que, como sobrino de Arafat, se considera realeza palestina.

También es posible que los tres títulos de Abbas, el jefe de Fatah, el presidente de la Autoridad Palestina y el presidente de la OLP, se dividan entre tres contendientes, que no son propiedad de una persona, como lo son ahora.

O, como los israelíes temen más, en lugar de una línea clara de sucesión, un baño de sangre palestino determinará el ganador.

Abbas nunca nombró un sucesor. Sí, recientemente coronó a un vicepresidente de Fatah. Pero el hombre, Mahmoud al-Alul, es casi desconocido fuera de Ramallah y, por lo tanto, es un candidato débil: como en gran parte del mundo árabe, los aspirantes a líderes palestinos deben contar con el respaldo de hombres armados. Los apparatchiks grises están en clara desventaja.

Lo que nos lleva a Hamas, el gobernante indiscutido de Gaza. De acuerdo con la constitución palestina, una vez que el actual presidente ya no puede funcionar, el presidente del consejo legislativo se convierte en líder interino. Ese puesto lo ocupa un político de Hamas, Aziz Duwaik. Y, como los 12 años de Abbas como presidente después de haber sido elegido para cuatro espectáculos, los temporales pueden durar para siempre.

Así que Hamas, una organización terrorista designada por los EE. UU., Puede terminar asumiendo la política de Cisjordania, enterrando cualquier esperanza de mejores relaciones israelo-palestinas.

Washington, hasta ahora, ha sido en su mayoría madre, pero si Estados Unidos quiere seguir siendo relevante en el Medio Oriente, debe trazar algunas líneas rojas y aclarar nuestros intereses: evitar una sangrienta batalla por la sucesión; asegurarse de que Hamas se mantenga fuera del poder; garantizar que el próximo líder continúe la coordinación de seguridad con nuestros aliados Jordania, Egipto y, lo más importante, Israel.

Sin embargo, arrojar el peso de Estados Unidos detrás de un candidato palestino no está exento de riesgos. Dahlan, por ejemplo, ahora les dice a todos los que van a escuchar que Estados Unidos lo odia, sabiendo que aumenta el apoyo popular entre los palestinos.

Jonathan Schanzer, el observador palestino de la Fundación para la Defensa de las Democracias, dice que “tenemos que prestar atención”, asegurándonos de que todos los que respaldamos tengan respaldo popular, pero también cuidemos de nuestros intereses principales.

Lograr eso sería un buen truco, quizás más allá de la capacidad de la administración actual o cualquiera. Pero no aclarar nuestras preferencias será peligroso, para nosotros y nuestros aliados.

Fuente: New York Post