Archivo de la categoría: AUTORIDAD PALESTINA

Nueve desafíos para Israel

Bandera de Israel.

Por Isi Leibler 

Desde la creación del Estado, no se había encontrado el país en una posición tan ventajosa. Aunque un auténtico acuerdo de paz con los palestinos sigue siendo un milagro lejano y la amenaza iraní está siempre presente, Israel ha emergido como superpotencia regional, tanto en lo militar como en lo económico. Y ahora por fin Estados Unidos parece dispuesto a ejercer su fuerza para neutralizar el flagrante sesgo antiisraelí de la comunidad internacional.

Pero aún nos seguimos enfrentando a importantes desafíos:

1. Debemos cultivar nuestra relación con la Administración Trump mostrando paciencia y cooperando con sus esfuerzos por alcanzar un acuerdo de paz con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Si, como es probable, Abás sigue negándose a hacer concesión significativa alguna, el presidente Donald Trump puede que llegue a un entendimiento con nosotros en los asuntos relacionados con los asentamientos, permitiendo la anexión formal de los grandes bloques y allanando el camino para que se cumpla su promesa electoral de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén.

2. El pueblo israelí debe presionar por un Gobierno de más amplio espectro. No hay razón para que el Yesh Atid de Yair Lapid esté en la oposición, cuando sus políticas son casi idénticas a las del primer ministro, Benjamín Netanyahu. Lapid podría asimismo ser un excelente ministro de Exteriores.

Una coalición más amplia neutralizaría los argumentos de quienes afirman que Netanyahu dirige el Ejecutivo más ultraderechista de la historia de Israel, y mostraría que las políticas gubernamentales cuentan con el respaldo de la gran mayoría de la nación. Con un amplio acuerdo del electorado, el Gobierno estaría en una posición de fuerza, e incluso en ausencia de un Estado palestino sería por fin capaz de determinar nuestras futuras fronteras.

3. Habría que preparar un sucesor para Netanyahu. Existe un consenso, sin duda entre los que le admiran pero también entre los que le aborrecen, de que actualmente es el líder más capacitado para manejarse con éxito ante los complejos retos diplomáticos que enfrenta el Estado judío. A pesar de la agitación doméstica, la Historia le otorgará una respetada fama de líder inteligente que se mantuvo firme bajo enormes presiones externas. Pero es responsabilidad tanto de Netanyahu como nuestra la preparación de un sucesor, y no dejar que sea una rudimentaria votación política lo que determine quién será nuestro futuro líder.

4. Debemos evitar una Kulturkampf sobre la cuestión religiosa, y la estricta interpretación de la Halajá que hacen las actuales instancias rabínicas del Estado. Muchos de estos problemas surgen de la extorsión que imponen los líderes políticos jaredíes, que tienen en sus manos el equilibrio de poder en el Gobierno. Ya se ha producido un cambio apreciable en una sustanciosa parte de los jaredíes, que ahora trabajan y algunos incluso sirven como voluntarios en unidades específicas del Ejército. Las áreas que requieren atención urgente son las relacionadas con conversión y el matrimonio.

5. El Gobierno debería introducir leyes más duras contra quienes participen en actividades sediciosas y promuevan nuestra destrucción. En particular, se debe hacer frente a los partidos árabes. Son antisionistas y buscan generar antagonismo en las relaciones entre el Estado de Israel y el 20% de su población que es árabe.

Al mismo tiempo, muchos ciudadanos árabes están orgullosos de considerarse israelíes leales, y reconocen que disfrutan de muchas más libertades y derechos –y de un mayor nivel de vida– que los ciudadanos de cualquier país árabe. Pero siguen estando en desventaja social y económica frente a los israelíes judíos, y el Gobierno debe hacer todo lo posible por reducir esta brecha.

6. Debemos crear mejores condiciones para los israelíes que viven cerca o por debajo del umbral de la pobreza, y eliminar obstáculos burocráticos para reducir el precio del suelo, lo que permitiría a más israelíes poseer su propia vivienda.

7. La política de Netanyahu de acercarse a otros países, que ya ha generado importantes dividendos, debe consolidarse.

Esto se ha visto enormemente reforzado por el sólido apoyo de Trump a Israel, especialmente en la ONU. La reciente resolución de la Unesco refleja importantes defecciones de varios países europeos y no musulmanes que habían respaldado anteriormente indignantes resoluciones antiisraelíes en la ONU.

Israel ha establecido saludables lazos diplomáticos o fortalecido sus relaciones con grandes potencias como la India, China, Rusia, Japón, el Reino Unido y una serie de países asiáticos, africanos y sudamericanos. Hará falta seguir alentando a muchos de esos países para que expresen abiertamente su amistad con Israel, pero se han logrado avances radicales.

8. Ahora hay una gran oportunidad para colaborar con algunos de los líderes pragmáticos del mundo árabe suní, y con Arabia Saudí y los países del Golfo que están dispuestos a cooperar de forma encubierta y a aliarse con Israel contra los chiíes iraníes que buscan ejercer la hegemonía en toda la región.

Nuestras alianzas con Egipto y Jordania también son de una inmensa importancia.

Sin embargo, no debemos hacernos ilusiones. El antisemitismo está tan profundamente enraizado en la religión y la cultura de esos países que no debemos caer en la tentación de considerarlos aliados convencionales. También existe la preocupación de que el rey de Jordania, Abdulá, quiera apaciguar a los palestinos y refugiados ferozmente antiisraelíes, y el constante temor a que el propio Abdulá o el egipcio Abdel Fatah el Sisi sean asesinados, lo que crearía grandes turbulencias en la región. Deberíamos maximizar todo lo posible nuestra cooperación con estos países árabes, y buscar una amistad de fondo a fin de iniciar un proceso de superación del odio.

9. Aunque las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) son admiradas en todo el mundo por sus logros, no debemos caer en la complacencia. Es sólo nuestra superior fuerza militar lo que en última instancia refrena a nuestros enemigos. Aunque eso suponga sacrificar otros planes económicos importantes, debemos seguir protegiendo la magnífica potencia de las IDF y nuestras industrias militares.

Los bárbaros que están a nuestras puertas –con Irán, una demencial teocracia islámica chií, a la cabeza– siguen obsesionados con nuestra destrucción. En cualquier momento podrían enfrentarse a nosotros el siervo de Irán, Hezbolá, o su aliado, Hamás. Debemos estar preparados para usar todo nuestro poderío si nos vemos abocados a otro conflicto.

Estos son algunos de los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente Israel. Parecen tremendos, pero vistos en el contexto de lo que hemos afrontado en los últimos setenta años, nunca hemos sido tan autosuficientes y poderosos como hoy. Por tanto, estamos en una posición óptima para defendernos, si hiciera falta.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

Por qué siempre fracasa el proceso de paz entre israelíes y palestinos

Banderas de Palestina e Israel.

Por qué siempre fracasa el proceso de paz

Ran Baratz, exresponsable de comunicación del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, desvela las claves de la estrategia negociadora de los palestinos, que hace imposible llegar a un acuerdo definitivo con el Estado judío.

[Las conversaciones] siempre fracasan porque los palestinos no están interesados en negociar un acuerdo permanente. (…) no es una táctica de negociación que fracasa una y otra vez, sino exactamente lo contrario: una exitosa estrategia de abstención. (…) Si esta teoría suena extraña es solo porque nos hemos acostumbrado no solo a la idea de que todo el mundo prefiere un tratado de paz, también al paradigma de las “oportunidades históricas perdidas”.

(…)

Si el presidente Trump [está interesado en retomar el proceso de paz], le pediría que hiciera una prueba sencilla: antes de aceptar las negociaciones debe preguntar a los palestinos por su plan de paz –los israelíes tienen el suyo hace mucho–. Si recibe uno, por supuesto, que intente otra ronda de negociaciones. Pero si los palestinos lo envían –como solía hacer Arafat– “a beber agua del mar de Gaza”, será un signo de que nada ha cambiado y de que el fracaso planea en el horizonte.

Michael Doran fue director del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU durante la presidencia de George W. Bush. En esta colaboración para The New York Times, advierte a Trump sobre los errores de sus antecesores y expone algunos argumentos básicos para una nueva estrategia en Oriente Medio.

Es falso que nuestro apoyo a los amigos de siempre sea una causa de inestabilidad, y que distanciándonos de ellos mientras nos acercamos a nuestros enemigos podamos hacer un mundo más seguro. (Es una falacia todavía mayor imaginar que podemos crear un Oriente Medio sin enemigos). Y es igual de equivocado asumir que podemos arrastrar inteligentemente a Rusia lejos de Irán en Siria. Las tensiones entre ellos son insignificantes, comparadas con su interés compartido en apoyar al régimen de Bashar al Asad y erosionar la influencia americana.  

Además, el conflicto palestino-israelí no es el centro de gravedad en Oriente Medio ni está maduro para una solución. El presidente Obama, como Bush antes que él, invirtió grandes esfuerzos en resolver el conflicto palestino-israelí, una empresa digna pero inútil que le desvió de [la tarea de] abordar el ascenso regional de Irán y, más tarde, de Rusia. (…)

Pero reconocer los errores es sólo el primer paso. El siguiente exige rechazar la tentación, a la que sucumbió el presidente Obama, de definir la derrota del Estado Islámico como el principal objetivo estratégico. Si el presidente Trump [lo] destruye pero fracasa simultáneamente en construir una coalición para la estabilización regional, su victoria tendrá muy corto alcance. El próximo Estado Islámico surgirá de entre los escombros y Rusia e Irán explotarán el caos resultante.

Traducción al español: Revista El Medio

¿Un Estado palestino o una tiranía islamista?

Cuando al novelista palestino Abad Yahiya publicó su cuarto libro, Crimen en Ramala, la Policía de la Autoridad Palestina requisó todos los ejemplares porque “amenazaba la moral”. El editor fue arrestado y se emitió una orden de detención contra el propio Yahiya. (Imagen: Wikimedia Commons).

por : Giulio Meotti

Tanto Naciones Unidas y la Unión Europea como los grandes medios de comunicación dan la impresión de que el principal obstáculo para la coexistencia en Oriente Medio es que vivan judíos en Judea y Samaria. Pero ¿han observado realmente estos conocidos observadores lo que está ocurriendo en las áreas donde gobierna la Autoridad Palestina, que dos tercios de los países del mundo quieren convertir en otro Estado árabe-islámico?

Hace poco, uno de los novelistas palestinos más brillantes, Abad Yahiya, vio cómo su cuarto libro, Crimen en Ramala, era confiscado por la Policía palestina en la Margen Occidental. La orden provino del fiscal general palestino, Ahmed Barak, que sentenció que el libro era “una amenaza contra la moral”. El editor de fue arrestado y se emitió una orden judicial de detener a Yahiya.

La novela gira en torno al asesinato de una joven palestina en Ramala, y sigue las vidas de otros tres jóvenes, entre los que hay un homosexual y un bebedor. La obra aborda tabúes palestinos como el fanatismo, el extremismo islámico y la homosexualidad. El joven gay que la protagoniza acaba yéndose a vivir a Francia.

El presidente de la Unión de Escritores Palestinos, Murad Sudani, atacó a Yahiya y pidió un castigo ejemplar, como el aplicado a Boris Pasternak y otros novelistas soviéticos. Según Sudani, la novela de Yahiya “quebranta los valores nacionales y religiosos”. “Mi libertad como escritor termina donde empieza la libertad del país”, añadió. Así que los escritores palestinos deberían comportarse como los ingenieros de almas soviéticos; éstos estaban al servicio del comunismo; aquéllos deben estarlo del extremismo islámico y la guerra palestina contra Israel.
“No sé qué hacer”, dijo Yahiya, que huyó a Qatar. “Si vuelvo, me arrestarán”.

Yahiya fue amenazado también en las redes sociales. Gasán Jader, usuario de Facebook, escribió en su página que “habría que matar” a Yahiya. Al parecer, Yahiya debería tener el mismo destino que el escritor argelino Tahar Djaut, asesinado por islamistas en 1994. El editor de Yahiya, Fuad Aklik, fue arrestado en una biblioteca “de manera humillante”.Según las informaciones, la Policía ha entrado en quinientas bibliotecas y librerías de la Margen Occidental para incautarse de todos los ejemplares de la novela.

La suerte corrida por Yahiya recuerda a la de muchos otros súbditos de la Autoridad Palestina:

  • Walid al Huseini es un bloguero palestino que pasó diez meses en la cárcel por el mismo delito por el que fueron asesinados los periodistas de la revista Charlie Hebdo: “Blasfemia”. Como el gay de la novela de Yahiya, Walid vive ahora en Francia, protegido y amparado por la libertad europea.
  • Haidar Ganem, activista por los derechos humanos, tuvo menos suerte. Lo mataron a tiros unos extremistas islámicos.
  • Mohamed Dayani, profesor que llevó a sus alumnos de visita educativa a Auschwitz, tuvo que dimitir para salvar la vida tras meses de campaña de amenazas de muerte, disturbios en los campus e intimidaciones. Rompió el tabú de la negación palestina del Holocausto. “Arriesgué mi trabajo para exponer la hipocresía en que vivimos”, declaró a Haaretz. “Decimos que estamos a favor de la democracia, pero ejercemos la autocracia; decimos que estamos a favor de la libertad de expresión y la libertad académica, pero prohibimos a la gente que las ejerza”.
  • Muchos activistas palestinos cristianos también han sido ultimados.

Podríamos seguir con la lista de intelectuales palestinos que han pagado un alto precio por atreverse a decir la verdad a Abás y a su círculo corrupto sobre muchos asuntos: la coexistencia con los judíos, el laicismo, la libertad sexual, la libertad de conciencia, los derechos humanos o contar la verdad sobre el Holocausto.

Famosos escritores israelíes como David Grossman, Amos Oz y Abraham Yehoshua, los peaceniks más mimados por los periódicos occidentales, en vez de culpar a su propio país, deberían preguntarse mismos qué significa el caso de Abad Yahiya para el conflicto árabe-israelí, y si deberían denunciar a la Autoridad Palestina.

Lo que le ha pasado con la novela de Yahiya contiene el verdadero motivo de que hayan fracasado las negociaciones entre israelíes y palestinos. Las negociaciones no tenían que ver con unas pocas viviendas en Judea y Samaria. Su fracaso es consecuencia del abismo entre una sociedad abierta –Israel– y un régimen cerrado –la entidad palestina–; entre una democracia basada en los principios liberales occidentales y una autocracia mafiosa basada en una dictadura islámica resuelta a destruir al Estado judío.

Y ese abismo es de sólo cuatro kilómetros de ancho: la distancia entre la ciudad palestina de Tulkarem y la ciudad israelí de Netanya.

Con la actual Autoridad Palestina, un Estado palestino haría una limpieza étnica de judíos, como hizo Jordania cuando atacó y capturó Jerusalén en 1948. Estaría encabezado por posibilitadores del Holocausto como Hamás, o por negacionistas como Mahmud Abás. Destruiría la libertad de conciencia de periodistas y escritores. Mandaría al exilio a los cristianos y a los homosexuales (cientos de gais palestinos viven dentro de la valla de seguridad de Israel). Torturaría a los presos árabes. Seguiría aceptando financiación de Irán y de extremistas islámicos suníes bajo la premisa de “Califato o muerte”. Impondría la sharia (la ley islámica) como única fuente de Derecho. Condenaría a muerte a la gente por “ateísmo” o “apostasía” (léase conversión al cristianismo). Seguramente, obligaría a las mujeres a llevar burkas o hiyabs como en Arabia Saudí. Homenajearía a los terroristas e infanticidas que asesinaron a 1.500 civiles israelíes en la Segunda Intifada. Aboliría las elecciones democráticas. Llenaría las bibliotecas de libros antisemitas y antioccidentales. Prohibiría beber alcohol en público y mandaría a funcionarios de paisano a parar a parejas jóvenes para pedirles el certificado de matrimonio, como en Irán.

¿Cómo se describiría ese Estado, si no como un régimen nazi? ¿Y cuál es el único país que habría de cargar sobre sus espaldas con la creación de dicho Estado? ¿El único Estado judío? ¡Por supuesto!

Traducción del texto original: Gatestone institute
Traducido por: Revista El Medio

Una isla artificial frente a Gaza, el proyecto que Israel le presentará a Donald Trump

El plan incluye un puerto, un aeropuerto y plantas potabilizadoras de agua para la población palestina. El presidente de Estados Unidos llega este lunes a Israel para reunirse con Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas

Donald Trump, Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas

Donald Trump, Benjamin Netanyahu y Mahmoud Abbas

Fuentes israelíes cercanas al ministro de transporte Israel Katz indicaron que en la visita del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, presentarán una propuesta al mandatario estadounidense en el marco de las nuevas negociaciones de paz con los palestinos que ha solicitado el presidente Trump.

El plan del ministro Katz es la construcción de una isla artificial frente a la costa de Gaza, una medida que contribuiría a la pacificación del conflicto palestino-israelí.

El Canal 2 de Israel informó que la construcción de una isla artificial será una propuesta que Trump apreciaría y que reflejaría el deseo del gobierno israelí de reiniciar un proceso de paz amplio y moderno.

Desde Washington, los asesores presidenciales que están conversando con sus homólogos israelíes sostienen que Trump está focalizado en los medios y la modalidad para impulsar las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos como nunca antes lo hiciera un gobierno estadounidense.

Donald Trump en su llegada este sábado a Arabia Saudita, primer destino de la gira (AP)

Donald Trump en su llegada este sábado a Arabia Saudita, primer destino de la gira (AP)

El diario egipcio Al-Watan publicó que serán tres los temas principales a discutir durante la visita del presidente estadounidense a Israel. Según el diario, ellos serían, “la promoción de las relaciones bilaterales, la lucha contra las amenazas terroristas comunes y el avance real del proceso de paz con el involucramiento de ambas partes”.

El presidente Trump arribará a Israel el lunes 22 de mayo, el mismo día se reunirá con el presidente Reuven Rivlin, depositará una corona en recuerdo del Holocausto y ofrecerá un discurso en el Museo de Israel. Luego mantendrá un encuentro con el primer ministro, Benjamín Netanyahu, el martes se reunirá con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abás, a quienes ya ha recibido por separado en la Casa Blanca, para ratificarles a ambos que cooperará mediando en el conflicto palestino-israelí.

El martes 23 el presidente estadounidense viajará a la ciudad de Belén y luego visitará el Santo Sepulcro. Finalmente estará presente en Cisjordania. Una delegación estadounidense ya ha llegado el pasado viernes a Israel para coordinar con las autoridades locales los arreglos especiales de la visita.

El miércoles 24, Donald Trump continuará su gira en Europa donde será recibido en el Vaticano por el Papa Francisco antes de seguir viaje a Bruselas, donde el 25 será recibido por el rey Felipe de Bélgica y el primer ministro Charles Michel antes de participar en la Cumbre de jefes de Estado de la OTAN.

A principios de esta semana, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, declaró “estar listo para reunirse con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, bajo los auspicios de Trump”.

Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu (AFP)

Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu (AFP)

Abbas señaló que había informado a Trump de su decisión durante el reciente encuentro entre ambos en la Casa Blanca. “Le dijimos que estábamos dispuestos a colaborar con él y encontrarnos con el primer ministro israelí bajo sus auspicios para construir la paz”, dijo Abbas a periodistas durante una conferencia de prensa conjunta con su homólogo alemán Frank-Walter Steinmeier quien visito Ramallah la semana pasada.

“Reafirmamos nuestro compromiso con la paz basada en la justicia, la legitimidad internacional y la solución de dos Estados, búscanos establecer un Estado Palestino independiente y soberano en las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital  conviviendo junto al Estado de Israel en seguridad, paz y relaciones de buena vecindad”, dijo Abbas.

Israel actualmente está buscando socios internacionales para financiar el costo de la construcción de la isla artificial, que ascendería a cinco mil millones de dólares y favorecería tanto a la economía israelí como a la palestina, especialmente a los residentes de Gaza.

El plan de Trump es que la isla estará conectada por un puente con Gaza y dará a los palestinos una salida al mundo sin poner en peligro su seguridad ni la israelí. La isla incluiría un puerto, un aeropuerto, plantas potabilizadoras de agua y centrales eléctricas para proveer de energía a la Franja de Gaza.

El plan de Washington y Jerusalén incluye una invitación a los países árabes sunitas del Consejo de Cooperación del Golfo, lo que resulta innovador y de avanzada con el fin de tejer alianzas regionales para el combate contra el terrorismo radical y como contrapeso a la expansión del chiismo iraní y del grupo terrorista libanés Hezbollah.

Fuente: Infobae

Increíble: ¿Haz escuchado lo que dijo el nuevo presidente de Francia acerca de “Palestina”?

En vista de que no quería correr el riesgo de dañar la buena relación de Francia con Israel, el presidente francés, Emmanuel Macron, declaró que no va a reconocer un estado “palestino” en el corto plazo.

Israel hoy en día  los musulmanes árabes en los últimos años han tratado de conseguir que Francia asuma un papel central en el proceso de paz en Oriente Medio, confían en que la potencia europea liberal estaría entre los primeros en abrazar abiertamente un estado palestino. Sin duda, muchos pensaron, que las credenciales liberales de Macron significaba que iba a saltar a la oportunidad de ayudar a la luz “Palestina”.

Sin embargo, poco antes de asumir el cargo, Macron fue perfectamente claro en que no iba a hacer tal cosa. “El reconocimiento unilateral de Palestina, en este momento, va a socavar la estabilidad”, dijo Macron en una reunión política, añadiendo que no arriesgaría la relación de Francia con Israel para servir a la agenda palestina.

Está bien. El nuevo presidente liberal de Francia prefiere mantener buenas relaciones con Israel antes que reconocer a “Palestina”.

De hecho, Macron tiene aún la constancia de equiparar el antisionismo con el antisemitismo, insistiendo en que el odio al estado judío “conduce directamente al antisemitismo.”  Parece que la lista de aliados de los palestinos se está poniendo mas delgada.

Supongo que no veremos abrazos de oso en el corto plazo entre el líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas y Macron, como lo hizo con Hollande.

Fuente; Israel hoy en día

 

El presidente de Egipto a los israelíes: “Trump es un gran hombre, no desperdicien la oportunidad de paz”

El presidente egipcio, Abdel Fattah al Sisi manifestó en una entrevista ofrecida a los medios árabes de comunicación que tiene mucha fe de que el presidente norteamericano, Donald Trump, pondrá fin al conflicto israelí-palestino, al tiempo que instó a Israel a “no perder la oportunidad de hacer la paz”.

“Los palestinos están abiertos a la paz, los árabes están abiertos a la paz e Israel cree que hay una gran oportunidad. En verdad, hay una oportunidad, y si se la toma podríamos lograr una solución y el conflicto se convertirá en historia”, manifestó al Sisi.

El presidente egipcio se refirió a Trump como el factor decisivo para el éxito o el fracaso de cualquier acuerdo.

“Trump es el factor decisivo en la solución (del conflicto). Mi estimación es que no se necesita mucho tiempo para decidir sobre las cosas”, apuntó al Sisi antes de apelar a los israelíes.

“Ustedes tienen una oportunidad para la paz y hay una oportunidad para que todos nosotros vivamos juntos y permitir un futuro mejor para nuestros pueblos, un futuro sin odio. Sería un grave error desperdiciar esa oportunidad”, dijo el presidente egipcio dirigiéndose a los ciudadanos de Israel.

El mandatario egipcio destacó que es optimista de cara a la cumbre árabe-islámica-estadounidense en Riad, donde Trump participará antes de emprender su viaje a Israel.

“Cuando me encontré con Trump nos focalizamos en la lucha contra el terrorismo y en la resolución de la cuestión palestina. Nuestros intereses están alineados sobre el asunto”, aseveró.

Al Sisi declaró que tiene “mucha confianza en Trump, en sus capacidades y sus promesas. Hay cosas que anunciaremos y cosas que vamos a guardarnos. Las cosas se están moviendo de manera positiva”.

Trump “es un hombre único y grande. Cuando toma una cuestión, no acepta el fracaso y no se conforma con nada menos que el éxito”, apuntó Sisi.

Fuente: Aurora

La “cultura de paz” de Abás

Mahmud Abás

Por Basam Tawil 

El presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abás, podría ser pronto conocido por su sentido del humor. Como muchos palestinos, Abás cree que los occidentales van a tragarse enteras sus mentiras. Así, terminó su reunión del pasado día 3 con el presidente de EEUU, Donald Trump, con la siguiente trola:

Estamos educando a nuestros jóvenes, hijos y nietos en una cultura de paz.

Abás no dio más detalles sobre la “cultura de paz” en la que se está educando a los niños palestinos. Tampoco nadie se molestó en pedir a Abás o a alguien de su entorno que pusiese ejemplos. Sin embargo, los principales medios occidentales corrieron a publicar la inconfundiblementira de Abás.

Parece que Abás –como su predecesor, Yaser Arafat– está convencido de que los palestinos pueden engañar a todo el mundo, todo el tiempo sobre sus verdaderos objetivos e intenciones. Arafat mintió a los presidentes George W. Bush y Bill Clinton cuando les dijo que él y la AP estaban promoviendo la paz y la coexistencia con Israel. Con Arafat, la incitación antiisraelí en los medios, colegios y mezquitas palestinos se intensificó al punto del desencadenamiento de la Segunda Intifada, en septiembre de 2000. Esta intifada fue resultado de los siete años de feroz incitación y adoctrinamiento que siguieron a la fundación de la AP. En un giro verdaderamente irónico de los acontecimientos, los Acuerdos de Oslo, firmados entre Israel y la OLP en 1993, dieron a los palestinos medios de comunicación –televisiones y radios incluidas– que éstos usaron a diario como altavoz del odio hacia Israel y los judíos.

Arafat utilizó esos medios para decirle a su pueblo, cuando el primer ministro israelí Ariel Sharón visitó el Monte del Templo, que Israel estaba planeando destruir la Mezquita de Al Aqsa. Fue precisamente ese tipo de incitación lo que desencadenó la Segunda Intifada, en la que los palestinos llevaron a cabo una campaña masiva y despiadada de atentados suicidas y tiroteos desde coches que causaron la muerte de cientos de israelíes.

Con Arafat, hubo cualquier cosa excepto una “cultura de paz”. Su mensaje a los palestinos fue: “¡Marcharemos hacia Jerusalén y sacrificaremos a millones de mártires por el camino!”.

A diferencia de muchos israelíes que fueron asesinados por los palestinos espoleados por Arafat, ese famoso grito de guerra sigue vivo y coleando. Hoy lo están repitiendo muchos palestinos –niños incluidos– en mítines y manifestaciones en la Margen Occidental y la Franja de Gaza. Esta llamada a las armas alienta abiertamente a los jóvenes palestinos a “marchar hacia Jerusalén” y convertirse en “mártires”.

Solo una semana después de la reunión de Abás con Trump, la facción Fatah –la del propio presidente de la AP– llamó a los palestinos a tomar las calles y enfrentarse a los soldados y colonos israelíes. El llamamiento se hizo en “solidaridad” con los presos palestinos que están en“huelga de hambre” en cárceles israelíes. La huelga de hambre es en realidad una jugada política en la pugna por qué terrorista será el sucesor de Abás. Los presos son terroristas, la mayoría con delitos de sangre; cuanta más sangre, más alto el ascenso.

En la lucha por el liderazgo palestino, haberte licenciado en una cárcel israelí es mucho más importante que haberlo hecho en la Universidad de Texas en Austin. El ex primer ministro de los palestinos Salam Fayad, economista y reformista venerado en Occidente, obtuvo sólo el 2% del voto palestino.

Al llamar al enfrentamiento con los israelíes, Fatah está incitando a los jóvenes palestinos a perpetrar ataques violentos contra soldados y colonos israelíes. Esta Fatah es la misma que dirige Abás; el mismo Abás que profiere embustes sobre la “cultura de paz”. Al expresar solidaridad con asesinos condenados y elogiarlos como referentes y héroes de los palestinos, la Fatah que lidera Abás está empujando a los jóvenes a seguir sus pasos y participar en la violencia.

Un día después de la reunión entre Abás y Trump, el actual primer ministro de la Autoridad Palestina, Rami Hamdala, participó en un acto en Ramala en solidaridad con los terroristas en huelga de hambre. En dicho acto, Hamdala declaró el pleno apoyo de la AP a los terroristasdiciendo que estaba trabajando para llamar la atención de la comunidad internacional sobre su causa.

Como Arafat, Abás sigue utilizando las supuestas pero inexistentes amenazas a la mezquita de Al Aqsa para incitar a los jóvenes palestinos contra Israel. En los últimos cincuenta años, los no musulmanes –incluidos los judíos– han podido visitar el Monte del Templo como turistas. Las visitas se suspendieron cuando empezó la Segunda Intifada, en 2000. Pero desde que se reanudaron las visitas turísticas, hace unos años, los musulmanes han estado tratando de impedir que los judíos se acerquen al lugar sagrado. Los musulmanes afirman que los judíos pretenden “destruir” y “profanar” la mezquita de Al Aqsa (en el Monte del Templo), una falsedad que se suma a la larga lista de mentiras y libelos de sangre difundidos por Abás y muchos musulmanes. Abás hizo sus declaraciones como respuesta no a un incidente en la mezquita de Al Aqsa, como él y otros palestinos dijeron: las visitas de los judíos al Monte del Templo son frecuentes y pacíficas.

En septiembre de 2015, Abás afirmó que celebraba “cada gota de sangre que se derramaba en Jerusalén”.

Poco después de estas declaraciones, los palestinos empezaron a librar una campaña de apuñalamientos y atropellos contra los israelíes, una violenta insurgencia conocida como Intifada de los Cuchillos. “Protegeremos Jerusalén y no les permitiremos [a los judíos] manchar [la mezquita de] Al Aqsa y la Iglesia del Santo Sepulcro con sus sucios pies”, anunciótramposamente Abás.

Aún no está claro por qué decidió involucrar a la iglesia en la polémica que rodea a las visitas de los judíos al Monte del Templo. Lo que sí está claro es que Abás estaba mintiendo: los judíos no habían entrado ni en la iglesia ni en la mezquita de Al Aqsa.

Desde aquellas provocadoras declaraciones de Abás, decenas de jóvenes palestinos han atendido su llamada y salido a llevarse por delante al primer judío que se encuentren. Abad tiene las manos manchadas de esa sangre. Fue él quien mandó a los jóvenes a “proteger” la mezquita de Al Aqsa contra los ficticios “invasores” judíos. Es él quien sigue hablando falsamente de “multitudes de colonos que irrumpen en la mezquita de Al Aqsa”: en realidad, pacíficas visitas rutinarias que hacen los judíos al Monte del Templo. Sin embargo, gracias a las falsedades de Abás, sus medios siguen hasta la fecha de hoy hablando falsariamente de “invasores judíos y colonos que irrumpen” en los lugares sagrados islámicos y cristianos de Jerusalén. Esto, y sólo esto, es la fuente de los apuñalamientos y atropellos contra los israelíes.

Esta es, evidentemente, la “cultura de paz” a la que se refiere Abás. ¿Cómo puede pronunciar una mentira tan flagrante cuando sus medios y altos cargos siguen deslegitimando a Israel y demonizando a los judíos día tras día? ¿Cómo exactamente está Abás promoviendo la paz, cuando su Autoridad Palestina pone a colegios y plazas públicas el nombre de terroristas palestinos con sangre judía en las manos? A principios de este año, por ejemplo, la Fatah de Abás puso a un campamento juvenil de Jericó el nombre Dalal al Mugrabi, terrorista que asesinó en 1978 a 38 civiles (13 de ellos niños) e hirió a más de 70.

Al homenajear a asesinos de judíos, lo único que está haciendo es promover una cultura de odio y violencia. Sin rodeos, su mensaje a los jóvenes palestinos es: cuantos más judíos matéis, más honor y respeto recibiréis de vuestro pueblo.

Abás habla de una “cultura de paz” en un momento en que él y su AP están incluso combatiendo todas las formas de normalización con Israel. Esta campaña contra la normalización, en Ramala y otras ciudades palestinas, pone en la diana a cualquier palestino que se atreva a reunirse con judíos (aunque sean judíos propalestinos). Opera exclusivamente bajo los auspicios del régimen de la AP. Esta campaña también promueve boicots, desinversiones y sanciones contra Israel. Su objetivo es intimidar a los palestinos que trabajan por la paz y la coexistencia con Israel y proscribir cualquier negocio con judíos. ¿Puede cualquier palestino invitar a judíos a reunirse en Ramala sin convertirse en objetivo de los matones antinormalización, de los cuales muchos están afiliados a la Fatah de Abás?

Tal vez por “cultura de paz” Abás se refiera a decir –como él y sus altos cargos dicen a menudo– que Israel es un Estado racista que practica el apartheid. A llamar a todos los judíos “ocupadores” y “colonialistas”, o a denunciar y amenazar a los niños palestinos que juegan al fútbol con críos israelíes. ¿O quizá a poner el nombre de asesinos condenados a colegios y listas electorales? Todo eso parecen maneras cuestionables de promover su “cultura de paz”.

Con Abás, la incitación y el adoctrinamiento antiisraelíes son un negocio que ha crecido exponencialmente. De hecho, ha crecido hasta el punto de que se ha criado a una nueva generación en la glorificación de los yihadistas, una generación impaciente por derramar aún más sangre judía. Si esta es la “cultura de paz” de Abás, uno se pregunta qué considerará una cultura de guerra.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio