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Clérigo islamista se mete con las mujeres: “No merecen conducir porque tienen un cuarto de cerebro”

Así fueron las palabras del clérigo.

Un clérigo saudí no ha dudado en meterse con las mujeres, afirmando que no merecen conducir porque solamente tienen un cuarto de cerebro.

El clérigo Saad Al-Hijiri, hizo los comentarios en una conferencia titulada: “Los males de las mujeres que conducen”. No hay que olvidar que en Arabia Saudí las mujeres tienen prohibido conducir en todo el país e incluso muchas acaban en la cárcel por intentarlo.

Según este clérigo, “para empezar, las mujeres tienen medio cerebro, pero cuando se ponen a pensar en las compras con sus mentes débiles, terminan con solamente un cuarto”.

No es la primera vez que Arabia Saudí, una monarquía absolutista en la que el islam es el centro de todo, permite que cargos importantes hablen así de las mujeres.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la Comisión de Derechos de la Mujerhan criticado en numerosas ocasiones el trato que reciben las mujeres en el país árabe, careciendo de apenas derechos y siendo humilladas constantemente.

En más de una ocasión, las autoridades de Arabia Saudí han detenido a mujeres por vestir con faldas o simplemente realizar acciones que supuestamente solamente están permitidas para los hombres.

EUROPA EN EL 2029 O CASI EN EL 2019 CUANDO EL ISLAM Y LOS MUSULMANES DESATEN LA GUERRA TOTAL CONTRA LOS EUROPEOS PARA ARREBATAR EL CONTINENTE Y HACERLO CALIFATO

 

LOS GOBIERNOS NO HICIERON NADA LOS EJERCITOS EUROPEOS TAMPOCO LOS MALDITOS POLITICOS TRAIDORES SE VENDIERON COMO PUTAS BARATAS A LOS PAISES PETROLEROS DEL GOLFO PERSICO MIENTRAS LOS CIUDADANOS ERAN ASESINADOS CADA DIA CADA SEMANA CADA MES CADA AÑO Y NADIE ABSOLUTAMENTE NADIE SE LEVANTO EN ARMAS PARA DESTRUIR AL INVASOR AL VIOLADOR AL TERRORISTA AL YIHADISTA ISLAMISTA MUSULMAN JUNTO A SU MEZQUITA SU IMAN PREDICADOR DE ODIO Y MUERTE ESE SERA EL DESTINO DE EUROPA LLEGAR A SER AL EURABIZTAN EL CALIFATO DONDE LA MUERTE EL TERROR EL HORROR SERA POR SIEMPRE

Gerard Bellalta: “No descarto que Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico estén financiando esta locura independentista”

Gerard Bellalta, rodeado de patriotas catalanes, en la plaza de Cataluña

Gerard Bellalta i German, representante de SOLUCIONA en Cataluña, se ha convertido en una de las principales voces críticas contra el separatismo en aquella comunidad autónoma. Empresario vinculado a organizaciones católicas, Bellalta subraya el fracaso de la manifestación del lunes como un síntoma de la pérdida de credibilidad del referéndum, defiende que Carles Puigdemont sea detenido y reclama a Rajoy “tolerancia cero” con los protagonistas del proceso soberanista. Bellalta habló para AD en su domicilio de Barcelona.

-¿Qué valoración hace de la manifestación independentista de ayer?

Un fracaso sin paliativos. Los separatistas siguen avanzando a paso de cangrejo. De entrada han perdido más de un millón de asistentes con respecto a la de 2015. Las cifras de asistencia dadas por los organizadores no se la creen ni ellos. En una superficie de 110.500 metros cuadrados, el total máximo es de 442.000 personas, suponiendo una concentración de cuatro personas por metro cuadrado y que no haya farolas, bancos…. Si descontamos el mobiliario urbano, al menos un 5%, la superficie se reduce a 105.000 metros cuadrados y 420.000 personas. Y si vemos las imágenes aéreas ofrecidas por TV3 comprobamos que los laterales del Paseo de Gracia estaban vacíos, igual que los amplios bordes de la Plaza Cataluña. Es decir, que ni se lejos se llegó a 3 personas por metro cuadrado. Eso hace unos 315 manifestantes siendo muy generosos. Lo peor es que si nos engañan con los datos de asistencia a una manifestación, ¿qué no serían capaces de hacer con los resultados de un referéndum ilegal?

-¿Qué le pareció la retransmisión de TV3?

En su línea habitual de manipulación. Nada que deba sorprenderme. De la corrupción en Cataluña, la de TV3 es la más grave. Destinar millones de euros al año a una cadena dedicada únicamente al objetivo de adoctrinar a su menguada audiencia debe considerarse como un caso claro de corrupción económica y moral. Los unionistas han sido vetados en el canal autonómico. Los periodistas de la corporación incluso se permiten hacer callar a quien se manifieste contrario al proceso soberanista. Al lado de TV3, Televisión España es un ejemplo de decencia, pluralismo e imparcialidad.

Respecto a la retransmisión del aquelarre de ayer, TV3 no emitió una sola imagen de los cientos de magrebíes que marcharon en apoyo de la independencia. ¿Por qué? ¿Acaso se han dado cuenta de que determinadas compañías, que prefiguran además el futuro étnico y cultural de la región, no son un buen negocio? No es extraño que el referéndum esté perdiendo credibilidad a borbotones?

-¿Cree que esa pérdida de credibilidad es la razón por la que Puigdemont le ha ofrecido hoy a Rajoy una salida negociada?

Bellalta, junto a miembros de SOLUCIONA, minutos antes de irrumpir en el Parlament de Cataluña en diciembre de 2013.

Es indudable que Puigdemont, por muy loco y sectario que sea, sabe que el referéndum no podrá celebrarse. Que Rajoy le brinde la oportunidad de una salida airosa ante los suyos es algo que no contemplamos. El Gobierno tiene ahora la oportunidad de hacer una limpia y poner las cosas en su sitio. Se habla de aplicar el artículo 155. No hace falta. Con encarcelar a algunos dirigentes independentistas, asumir el control de los Mossos y arrebatarles el de TV3, el problema catalán se habrá resuelto en menos de una legislatura. Espero que Rajoy no se trague el anzuelo envenenado del pactismo ni haga lo que hizo Bush con Sadam en 1991: dejarlo al frente de Irak para que, diez años más tarde, los problemas en la región se enquistaran y multiplicaran.

-¿Por qué cree que Carles Puigdemont debe ser detenido?

¿Cuánto tiempo cree que tardarían en detenerme a mí si me dedicara a ir en contra de la ley? Pues eso es lo que está haciendo Carles Puigdemont. La situación recuerda a la del expresidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, quien se mostró contrario a las actuaciones del gobierno español de Lerroux y proclamó, a las ocho de la tarde del 6 de octubre de 1934, el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Y ya sabemos cómo terminó aquello, nada menos que en una guerra civil.

-¿Cree que corremos el riesgo de otra guerra civil?

No, gracias a Dios, hoy ese riesgo no existe. Estoy seguro que España sabrá resolver este asunto pacíficamente y de acuerdo a su importancia histórica.

– Dice usted que el proyecto soberanista está siendo alentado desde fuera. ¿Tiene pruebas?

Bandera española colocada por Gerard Bellalta en el busto de Rafael de Casanova durante la Diada de 2015.

Mire, hay cosas que son muy evidentes. España es una de las tres o cuatro naciones que a lo largo de la historia han tenido una importancia capital. España no ha sido nunca una nación cualquiera. Éste fue el único país que echó al islam de su territorio, que puso freno a las actividades especulativas de los judíos, que expulsó a los turcos del Mediterráneo, que conquistó y evangelizó el Nuevo Mundo y que se enfrentó eficazmente a las nuevas ideologías del siglo XIX y que son la base de los problemas mundiales actuales.

Históricamente, el objetivo de destruir España ha sido compartido por muchas naciones. Estoy convencido de que las organizaciones mundialistas no son ajenas al órdago soberanista lanzado por el nacionalismo catalán. Ya lo dijo Kissinger: “una España fuerte y unida es un país demasiado peligroso”.

-¿Cree que Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico están financiando esta locura independentista?

No lo descarto. Una Cataluña independiente la convertiría en el segundo Estado europeo con un mayor número de musulmanes, después de Holanda.

-¿Y qué debe hacer España?

Aplicar la ley y servirse de los catalanes que nos sentimos profundamente españoles y que estamos dispuestos a dar nuestra vida por la patria. España tiene una ventaja con respecto a los nacionalistas: Puigdemont no tiene apenas apoyos fuera de Cataluña y España cuenta, dentro de esta región, con decenas de miles de catalanes dispuestos a ejercer de quintacolumnistas. Cualquier cosa que se nos pida en nombre de España y en contra del separatismo, la haremos sin pestañear. Por supuesto siempre dentro de la legalidad.

-¿Hay mucho control de la disidencia españolista en Cataluña?

Gerard Bellalta y miembros de su partido se preparan para la ofrenda a Rafael Casanova con flores con los colores de España

Muchísimo. Sobre todo de personas que dicen defender la españolidad de esta región pero que siempre han estado vinculados a los intereses políticos del PP. Eduardo García es una de esas personas. En las manifestaciones a las que ese sujeto estaba presente, antes de que lo echaran de Espanya i Catalans, no quería a nadie de SOLUCIONA. Quizás porque sabe que lo tengo muy calado.

– ¿Qué hacer para combatir el adoctrinamiento que sufren muchos niños catalanes dentro de las escuelas y de muchas familias rabiosamente nacionalistas?

Ese es un problema mayor de lo que creemos. No basta con españolizar las escuelas. De nada sirve que a un niño se le enseñe determinados temas en los colegios si ese mismo niño, al llegar a su casa, recibe una educación restrictiva basada en el odio a España, que es lo que está ocurriendo en muchas familias. Para eso no basta con españolizar a los niños en los colegios. Voy a poner un ejemplo: Si el Estado comprueba que el niño X está recibiendo una educación familiar basada en la defensa del genocidio y el exterminio de otras razas, el Estado, a través de sus servicios sociales, procedería de inmediato a retirarle la custodia de ese niño a sus padres. Bueno, pues eso ocurre en miles de familias de aquí, donde los niños están siendo educados en el odio a todo lo español. En ese sentido, el Estado debería actuar y proceder a retirar la custodia de sus hijos a todas aquellas familias separatistas que les inculquen valores que estén más cerca de la barbarie que de esta civilización.

– Hace pocos años, su domicilio sufrió el ataque de algunos terroristas callejeros. Hay que recordar que usted ya fue objeto de un atentado terrorista hace años. ¿Teme que se reproduzcan estos ataques a raíz de su actividad política?

Bellalta, en el despacho de su domicilio, posa junto a las banderas de España y Cataluña.

 

Uno de los objetivos del separatismo es silenciar cualquier voz disidente. En mi caso no lo han conseguido ni creo que lo consigan. Sólo espero que algún día podamos vivir en una Cataluña donde los que nos sentimos catalanes y españoles disfrutemos de la misma libertad y de los mismos derechos que hoy tienen los que se sienten únicamente catalanes; donde cada uno pueda hablar la lengua que quiera sin temor; donde los comerciantes puedan rotular sus letreros en castellano sin ser sancionados; donde los niños acudan a los colegios para ser educados y no para ser adoctrinados; donde yo pueda defender lo que defiendo con total libertad; donde los medios informativos dejen de estar subvencionados y estén al servicio de todos los catalanes, no sólo los nacionalistas; donde el odio deje paso a la esperanza y donde el valor de lo que nos une sea más importante que lo que nos separe. En definitiva, sueño con una Cataluña donde los separatistas sientan el mismo respeto hacia los que nos sentimos españoles que el que sienten hoy por los que se sienten paquistaníes, argelinos o magrebíes.

Fuente: Alerta Digital

Gobierno saudí acusado de financiar la ejecución en seco de los ataques del 11 de septiembre del 2001.

También parece haber estado involucrado en los ataques de la yihad del 11-S. La sección de 28 páginas del informe del 11 de septiembre que detalla la participación de Arabia Saudí en los ataques de la yihad del 11 de septiembre del 2001 finalmente ha sido liberada (aunque con porciones sustanciales aún expuestas), y ahora está claro por qué un Presidente que se tomó las manos con el Rey Saudí y otro que se inclinó ante él trabajó tan duro todos estos años para mantener estas páginas en secreto: confirman que los asesinos de la jihad del 11-S recibieron una ayuda significativa de personas de los más altos niveles del gobierno saudita.

El informe indica que Omar al-Bayoumi, que “puede ser un oficial de inteligencia saudita”, dio “una ayuda sustancial a los secuestradores Khalid al-Mindhar y Nawaf al-Hamzi después de que llegaran a San Diego en febrero del año 2000. Al-Bayoumi conoció a los secuestradores en un lugar público poco después de su reunión con un individuo en el consulado saudí “. Al mismo tiempo, al-Bayoumi” tenía un contacto extenso con establecimientos del gobierno saudí en los Estados Unidos y recibió el apoyo financiero de una empresa saudita afiliada al Ministerio saudí de la Defensa “. Esa compañía” tenía relación con Osama bin Laden y Al Qaeda “.

Otro posible agente saudita, Osama Bassnan, que “tiene muchos vínculos con el gobierno saudí” y también era partidario de Osama bin Laden, se jactó de haber hecho más por al-Mindhar y al-Hamzi que el al-Bayoumi. Según el informe, “un miembro de la familia real saudita proporcionó a Bassnan una cantidad significativa de dinero en efectivo”, y que “él y su esposa han recibido apoyo financiero del embajador saudí en Estados Unidos y su esposa “. Ese embajador era el príncipe Bandar, de quien el New York Times escribió “Ningún diplomático extranjero ha estado más cerca o tiene más acceso al presidente Bush, su familia y su administración que el magnífico y fabulosamente rico príncipe Bandar bin Sultán de Arabia Saudita”.

Luego estaba Shaykh al-Thumairy “, un diplomático acreditado en el consulado saudita en Los Ángeles y uno de los” imanes “en la mezquita King Fahad en Culver City, California,” quien también “pudo haber estado en contacto” con al- Mindhar y al-Hamzi.

Saleh al-Hussayen “, según se informa un funcionario del Ministerio del Interior saudí, se quedó en el mismo hotel en Herndon, Virginia, donde se alojaba al-Hazmi. Mientras que al-Hussayen afirmó después del 11 de septiembre no conocer a los secuestradores, los agentes del FBI creían que estaba mintiendo. Él pudo salir de los Estados Unidos a pesar de los esfuerzos del FBI para localizarlo y volver a entrevistarlo. “¿Quién lo sacó del país?

Hay mucho más. El informe redacta el nombre de “otro nacional saudí con estrechos vínculos con la familia real saudita”, pero señala que “es objeto de investigaciones del FBI contra el terrorismo y, según los informes, estaba revisando la seguridad en la frontera suroeste de Estados Unidos en 1999 y discutiendo la posibilidad de infiltrar a los individuos en los Estados Unidos. “No se sabe quién podría haber sido, pero el número de teléfono no listado del príncipe Bandar apareció en una guía telefónica de Abu Zubaida”, un agente de Al Qaeda capturado en Pakistán en marzo de 2002 . “Abu Zubaida también tenía el número de” un guardaespaldas en la embajada saudí en Washington, DC “.

El informe también menciona un memorando de la CIA que “discute presuntas conexiones financieras entre los secuestradores del 11 de septiembre, funcionarios del gobierno saudí y miembros de la familia real saudí. Este memorándum fue transmitido a un investigador del FBI; pero “a pesar de las claras implicaciones nacionales del memorándum de la CIA, el agente del FBI incluyó el memorando en un expediente individual y no lo remitió a la sede del FBI”.

Hay todavía más, y con tanto humo, casi seguramente hay fuego: la conexión saudí con el 11 de septiembre va a los niveles más altos del gobierno saudita.

“El gobierno saudita supuestamente financió una ‘carrera en seco’ para el 11 de septiembre”, 

La nueva evidencia presentada en una importante demanda del 11 de septiembre contra el gobierno de Arabia Saudita revela que su embajada en Washington podría haber financiado una “sequía” por los secuestros llevados a cabo por dos empleados sauditas, reforzando aún más la demanda de que empleados y agentes del reino dirigieron y ayudaron a los secuestradores y conspiradores del 11 de septiembre.

Dos años antes de que los aviones de pasajeros atacaran, la embajada saudita pagó a dos ciudadanos saudíes, que vivían encubiertos en Estados Unidos como estudiantes, para volar desde Phoenix a Washington “en un período seco para los ataques del 11 de septiembre”, alega la queja enmendada en nombre de las familias de unas 1.400 víctimas que murieron en los ataques terroristas hace 16 años.

La presentación de la corte proporciona nuevos detalles que pintan “un patrón de apoyo financiero y operacional” para la conspiración del 11-S de fuentes oficiales sauditas, dicen los abogados de los demandantes. De hecho, el gobierno saudita puede haber estado involucrado en la suscripción de los ataques desde las primeras etapas – incluyendo la prueba de la seguridad de la cabina.

“Hemos afirmado durante mucho tiempo que había relaciones duraderas y estrechas entre Al Qaeda y los componentes religiosos del gobierno saudita”, dijo Sean Carter, abogado principal de los demandantes del 11 de septiembre. “Esto es una prueba más de eso”.

Los abogados que representan a Arabia Saudita el mes pasado presentaron una moción para desestimar la demanda, la cual puede finalmente encaminarse hacia el juicio ahora que el Congreso ha eliminado los obstáculos de la inmunidad diplomática. Un juez federal de Manhattan ha pedido a los demandantes del 11 de septiembre, representados por el bufete de abogados Cozen O’Connor, que respondan a la moción en noviembre.

Citando documentos del FBI, la denuncia alega que los estudiantes sauditas – Mohammed al-Qudhaeein y Hamdan al-Shalawi – eran de hecho miembros de “la red de agentes del Reino en Estados Unidos”, y participaron en la conspiración terrorista.

Ellos habían entrenado en los campos de Al Qaeda en Afganistán al mismo tiempo que algunos de los secuestradores estaban allí. Y mientras vivían en Arizona, mantenían contactos regulares con un piloto saudita de los secuestradores y un líder de Al Qaeda de Arabia Saudita ahora encarcelado en Gitmo. Al menos uno trató de volver a entrar en los EE.UU. un mes antes de los ataques como un posible secuestrador, pero se le negó la admisión porque apareció en una lista de vigilancia terrorista.

Qudhaeein y Shalawi trabajaron y recibieron dinero del gobierno saudita, con Qudhaeein empleado en el Ministerio de Asuntos Islámicos. Shalawi también era “un empleado de mucho tiempo del gobierno saudita”. La pareja estaba en “contacto frecuente” con funcionarios sauditas mientras estaba en los Estados Unidos, según las presentaciones.

Durante un vuelo de America West en noviembre de 1999 a Washington, Qudhaeein y Shalawi reportaron haber intentado varias veces obtener acceso a la cabina del avión en un intento de probar la seguridad de la cubierta de vuelo antes de los secuestros.

“Después de abordar el avión en Phoenix, comenzaron a hacer a los asistentes técnicos preguntas sobre el vuelo que los auxiliares de vuelo encontraron sospechosas”, según un resumen de los expedientes del caso del FBI.

“Cuando el avión estaba en vuelo, Al-Qudhaeein preguntó dónde estaba el baño; una de los azafatas le señaló la parte trasera del avión “, agregó. “Sin embargo, Al-Qudhaeein fue al frente del avión e intentó en dos ocasiones entrar en la cabina.”

Los pilotos estaban tan asustados por los pasajeros saudíes y su comportamiento agresivo que hicieron un aterrizaje de emergencia en Ohio. En el terreno allí, la policía los esposó y los tomó bajo custodia. Aunque el FBI más tarde los cuestionó, decidió no perseguir la acusación.

Pero después de que el FBI descubriera que un sospechoso en una investigación antiterrorista en Phoenix estaba conduciendo el coche de Shalawi, la oficina abrió un caso de contraterrorismo contra Shalawi. Luego, en noviembre del 2000, el FBI recibió informes de que Shalawi se entrenó en campos terroristas en Afganistán y había recibido capacitación en explosivos para realizar ataques contra objetivos estadounidenses. La oficina también sospechó que Qudhaeein era un agente de inteligencia saudí, basado en su frecuente contacto con funcionarios sauditas.

Más, los investigadores aprendieron que los dos saudíes viajaron a Washington para asistir a un simposio organizado por la Embajada de Arabia Saudita en colaboración con el Instituto de Ciencias Islámicas y Árabes en América, presidido por el embajador saudí. Antes de ser detenido por lazos terroristas, el IIASA empleó al último clérigo de Al Qaeda, Anwar al-Awlaki, como conferenciante. Awlaki ministró a algunos de los secuestradores y los ayudó a obtener vivienda e identificaciones.

El FBI también confirmó que los boletos aéreos de Qudhaeein y Shalawi para la prueba en seco pre-9/11 fueron pagados por la embajada saudita.

“El recorrido en seco revela más huellas dactilares del gobierno saudita”, dijo Kristen Breitweiser, una de las demandantes de Nueva York, cuyo marido murió en el World Trade Center.

“Estos chicos eran empleados del gobierno saudí durante años y fueron pagados por el gobierno saudí”, agregó. “De hecho, la Embajada de Arabia Saudita pagó por sus boletos de avión para la carrera seca.” …

Fuente:  New York Post

No compartimos valores con Arabia Saudí

Por Christian Bischoff Amy Hawthorne 

En su artículo en Fikra Forum del 13 de julio, “The United States and Arabia Saudi Have More in Common Than Mere Common Interests” (“Estados Unidos y Arabia Saudí tienen más en común que meros intereses comunes”), Fahad Nazer hace la chirriante afirmación de que las relaciones entre los estadounidenses y los saudíes se basan ahora no sólo en muy bien conocidos intereses económicos y de seguridad, sino en “valores fundamentales” de tolerancia religiosa, derechos civiles y derechos de las mujeres. Nazer sostiene que Arabia Saudí ha experimentado un “importante cambio en su cultura política” que la ha hecho más abierta e inclusiva, y alude a los “ambiciosos” planes de reforma del príncipe heredero, Mohamed ben Salman. Todo eso, apunta, es muy halagüeño para el establecimiento de unos lazos duraderos entre Arabia Saudí y Estados Unidos.

En realidad, el reino –una monarquía absoluta y uno de los regímenes más represores del mundo— no se parece absolutamente en nada a EEUU, aunque a la democracia estadounidense la asedien muchos problemas.

Nazer arguye que las instituciones saudíes están difundiendo un relato de “paz, tolerancia y moderación”. Pero la intolerancia está en el núcleo del sistema saudí, el cual se sostiene sobre una alianza entre clérigos musulmanes ultraconservadores y la familia Al Saúd. El sistema legal discrimina duramente a cualquiera que no sea musulmán suní. Como han documentado Human Rights Watch y Amnistía Internacional, el prejuicio sistemático contra la minoría chií se traduce en su discriminación legal y social, con detenciones e incluso ejecuciones bajo el pretexto de la lucha antiterrorista. Clérigos saudíes han pedido que se mate a chiíes. En abril de 2015 salió a la luz un audio donde Abdul Rahmán al Sudais, imán de la Gran Mezquita de La Meca, declaraba la guerra total contra los chiíes.

No hay libertad religiosa en Arabia Saudí: la ley exige que todos los ciudadanos sean musulmanes. A los expatriados no musulmanes se les prohíbe practicar en público su religión. Según el Comité Norteamericano para la Libertad Religiosa en el Mundo, la policía religiosa sigue maltratando y deteniendo a obreros expatriados que profesan credos distintos al islam (hay al menos un millón) por celebrar servicios religiosos privados en sus casas. Pese a lo que dice Nazer, el Gobierno no hace la vista gorda. Los que se atreven a criticar el islam pueden ser castigados con latigazos, la cárcel o la muerte. Como se ha informado ampliamente, el bloguero Raif Badawi está cumpliendo una pena de diez años de cárcel y mil latigazos en público por “insultar al islam por medios electrónicos” por escribir en su web, Free Saudi Liberals. Además, la ley considera que cualquier declaración pública de ateísmo es terrorismo, castigable con hasta veinte años de cárcel.

Construyendo el retrato de ese supuesto y creciente carácter inclusivo, Nazer habla de lo que él denomina “esfuerzo sincero” de las autoridades saudíes por revisar el sistema educativo y el discurso religioso oficial. Pero los libros de texto de secundaria siguen incluyendo una gran cantidad de lenguaje incitador, fomentan la intolerancia, denigran a los musulmanes no suníes (y se hacen eco de la prohibición de hacerse amigo de “infieles”) y chorrean vil antisemitismo. Según el testimonio prestado recientemente en el Congreso de EEUU por un experto, en los libros de texto saudíes hay “directrices para matar a gente como respuesta a sus decisiones vitales personales y no violentas” y contienen “otros pasajes que alientan la violencia”. The New York Times ha informado de que el Estado Islámico usó manuales oficiales saudíes para dar clase a los niños en el territorio que controlaba. Esta es sólo una señal de la convergencia entre algunos aspectos del discurso religioso oficial del reino y la ideología yihadista.

El relato del establishment religioso, dominado por clérigos ultraconservadores que promueven y exportan interpretaciones intolerantes del islam, sigue siendo igualmente muy perturbador. Clérigos agitadores como Mohamed al Arefe, de la Universidad Rey Saúd, y Mohamed al Munayid predican el antisemitismo y la inferioridad de las mujeres. El antiguo imán de la Gran Mezquita Adil al Kalbani declaró en enero de 2016 que el Estado Islámico “extrae sus ideas de nuestros libros, de nuestros principios”.

Nazer afirma igualmente que la condición de las mujeres ha mejorado. Sin duda, han nombrado a unas pocas de la élite para cargos importantes, el número de mujeres en las universidades del reino ya supera al de hombres y las mujeres –y los hombres– pueden votar y ser votadas en las elecciones municipales, si bien los municipios apenas tienen poder. Pero el sistema por el que las mujeres son ciudadanas de segunda clase, seres humanos inferiores, sigue firmemente en pie. La desigualdad entre los sexos está tipificada en la ley. Como explica Human Rights Watch, las mujeres son menores a efectos jurídicos y consideradas dependientes de los hombres en casi todos los aspectos de su vida pública. Según el sistema de tutelaje masculino, todas las mujeres saudíes tienen tutores varones –sus maridos, padres, hermanos o hijos adultos– que toman decisiones por ellas. Una mujer debe tener el permiso de su tutor para casarse, hacerse el pasaporte, viajar, abrir una cuenta bancaria y recibir tratamiento médico, entre otras actividades básicas. En abril, el rey, Salman ben Abdulaziz al Saúd, dictó una orden para que se revisen y posiblemente anulen unas pocas reglas de tutelaje; está por ver si eso conducirá a algún cambio tangible. Las mujeres tienen prohibido conducir y están obligadas por ley a vestir la abaya en público. La estricta aplicación de la segregación por sexos es la norma en la sociedad saudí.

Por último, Nazer alega que el reino “ha tomado medidas concretas para generar conciencia sobre los muchos derechos civiles que están protegidos por las leyes y regulaciones saudíes”. En realidad, hay escasísimas protecciones de los derechos humanos en Arabia Saudí. Las libertades de expresión, asociación y credo simplemente no existen. Criticar al Gobierno es efectivamente ilegal, so pena de cárcel y latigazos. Los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones independientes de defensa de los derechos humanos están rigurosamente prohibidos, y los saudíes que participan en dichas organizaciones no reconocidas son frecuentemente arrestados y procesados. Desde hace poco, los saudíes pueden crear ONG, pero las autoridades puedendisolver cualquier asociación que no cumpla unas pautas excesivamente ambiguas relacionadas con la moral pública o la unidad nacional. El sistema penal del reino carece incluso del proceso debido más elemental y se caracteriza por las detenciones arbitrarias, la inexistencia de juicios justos y el flagrante desprecio de los estándares judiciales internacionales. Según numerosos informes de organizaciones pro derechos humanos, se emplea la tortura para obtenerconfesiones. La pena de muerte se ejecuta mediante decapitaciones públicas. En lo que va de 2017 han sido ejecutadas 44 personas, y 41 de ellas, al parecer, lo fueron por actos no violentos como asistir a una manifestación política. Nazer asevera que en el sistema de gobernanza saudí, de arriba abajo, “los reyes saudíes siempre han tenido afán de construir consenso”. Pero en una monarquía absoluta consenso no significa gran cosa, cuando los ciudadanos no tienen auténticos derechos y son reducidos a meros súbditos de un régimen familiar que no rinde cuentas.

Nazer tiene razón al señalar que Arabia Saudí está experimentando un cambio social y económico en algunos ámbitos. El programa de reformas del príncipe heredero, Visión 2030, prevé reducir la dependencia del petróleo y la ingente burocracia estatal, expandir el sector privado y permitir un poco más de libertad social (por ejemplo, construyendo los primeros parques de ocio del país). Dichas iniciativas sociales parecen ser muy bien recibidas por los jóvenes (el 70% de la población tiene treinta años o menos). Obviamente, Arabia Saudí, como cualquier otro país, cambiará a su propio ritmo y a su propia manera, y es demasiado pronto para valorar qué impacto profundo, positivo o negativo, podrá tener Visión 2030. No obstante, la reputada analista Jane Kinninmontadvierte de que, en vez de traer una apertura, la Familia Real podría reforzar el régimen autoritario para mantener el control mientras evoluciona el sistema económico.

En cualquier caso, es muy probable que Estados Unidos siga teniendo intereses políticos, de seguridad y económicos en Arabia Saudí, un país importante gracias a su inmensa riqueza petrolera (a pesar de que la dependencia de EEUU del petróleo extranjero disminuye), su estatus como cuna del islam y su custodia de los lugares más sagrados de esa religión. Pero Estados Unidos y Arabia Saudí no tienen nada en común en punto a valores. Tras su actual discurso cuasi modernizador, Arabia Saudí es una monarquía profundamente conservadora, a menudo impactantemente represora, que sigue propagando una interpretación peligrosamente intolerante del islam que tiene mucho en común con la ideología salafista-yihadista que las medidas políticas antiterroristas de Occidente tratan ostensiblemente de desacreditar. Decir, como Nazer, que Arabia Saudí comparte nuestros preciados principios de tolerancia religiosa, derechos civiles y derechos de la mujer no sólo induce a error, sino que es un insulto a las sociedades democráticas y a los defensores de la dignidad humana en todas partes. Las relaciones estadounidenses con un país así nunca tendrán las raíces profundas y los beneficios duraderos que tienen nuestros vínculos con nuestros aliados democráticos.

© Versión original (en inglés): Fikra Forum
© Versión en español: Revista El Medio

Arabia Saudita como excusa

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Por Jesús M. Pérez

La semana pasada España sufrió, desgraciadamente, un ataque terrorista, el primero tras trece años en paz, desde los atentados del 11 de marzo de 2004. Hasta este momento no consta que los terroristas dejaran el habitual mensaje de despedida, donde explican sus razones para llevar a cabo el atentado, así que, en medio del dolor y la sensación de absurdo, se multiplican los intentos de dar una explicación a lo sucedido. Y, como ya pasó tras los ataques que golpearon otros países de Europa, Arabia Saudita apareció en el debate público español.

La monarquía saudita es ese villano al que todo el mundo gusta de odiar. Busquen ustedes en las redes sociales y encontrarán siempre en el mundo hispanoparlante a alguien justificando a o simpatizando con los tiranos más abyectos del pasado y del presente, ejecutando para ello las piruetas mentales más inverosímiles. Sin embargo, con sus juicios por brujería, sus ejecuciones por decapitación y la reciente detención de un niño de catorce años por hacer el baile de la Macarena en un paso de peatones, no verán a nadie dedicando una línea a defender a Arabia Saudita.

Atacar a Arabia Saudita es una forma de lograr un aplauso fácil. Pero decir que los ataques terroristas de la semana pasada son responsabilidad de Arabia Saudita es el equivalente a estudiar un accidente aéreo y cerrar el expediente inmediatamente diciendo que fue simplemente un fallo del piloto. Reflexionar sobre los atentados de Cataluña y concluir que fueron culpa de Arabia Saudita es no reflexionar.

Una de las personas que ha planteado la relación entre Arabia Saudita y los atentados en Cataluña ha sido Pablo Iglesias. Sus argumentos apuntan a que el Pacto Antiterrorista, que su partido no firmó, es inútil si la lucha contra el yihadismo no tiene en cuenta el papel global de Arabia Saudita y Qatar. Pablo Iglesias pone como condición para incorporarse al mismo que España reconsidere sus relaciones diplomáticas y comerciales con ambos países. Esto es, pone una condición sobradamente imposible de cumplir para tener la excusa con la que justificar su ausencia. Ausencia que, si ya tuvo un costo político y resultó difícil de explicar cuando se creó el Pacto, más lo tiene ahora, con un atentado yihadista en suelo español.

Así que meter a Arabia Saudita en el discurso no tiene que ver con Arabia Saudita. Es un asunto de política española. Para un partido como Podemos, introducir a Arabia Saudita en el debate forma parte de un socorrida táctica retórica soviética conocida como whataboutism. Ante cualquier crítica, se responde: “¿Y qué me dices de…?”, nombrando cualquier cosa criticable del oponente para no tener que dar explicaciones. Poner sobre la mesa las relaciones con Arabia Saudita es la manera de anular cualquier crítica sobre los vínculos de Podemos con Venezuela.

Es evidente que traer Arabia Saudita a colación no tiene que ver con la lucha contra el terrorismo y que quien haya elaborado el argumentario podemita demuestra tener muy poco conocimiento de las dinámicas del yihadismo europeo. Pablo Iglesias afirma la necesidad de controlar “los flujos financieros y de los paraísos fiscales”, que dice son “claves en la financiación de las redes terroristas”. Considerando que el terrorismo ha pasado a una fase de yihad atomizada con células autosuficientes, hablar de controlar “los flujos financieros y de los paraísos fiscales” tiene más que ver con buscar el aplauso de la opinión pública que pide mano dura con los antipáticos bancos por su papel en la crisis financiera y con los insolidarios evasores, en estos tiempos de crisis y austeridad.

Amedy Coulibaly entró armado con un fusil de asalto comprado en el mercado negro en unsupermercado judío de París en enero de 2015 y mató a cinco personas. Financió su atentado con un préstamo personal de unos pocos de miles de euros concedido por una entidad que se anuncia en televisión. Mohamed Lahouaiej, que mató a 86 personas e hirió a más de cuatrocientas en Nizaen julio de 2014, sólo tuvo que alquilar un camión de 19 toneladas para perpetrar la masacre. Para Anis Amri sólo fue cuestión de robar un camión a punta de pistola y matar a su conductor antes de arrollar a 67 personas –de las que murieron once– en un mercadillo navideño de Berlínen diciembre de 2016. Rakhmat Akilov robó un camión de reparto en el centro de Estocolmo enabril de 2017. Arrolló a 19 personas, de las cuales murieron cinco.

De haber entrado en vigor alguna ley que controlase con más firmeza los flujos de dinero de las petromonarquías del Golfo Pérsico y los paraísos fiscales, no se habría evitado ningún atentado de los registrados en Europa desde 2012. Y es que estamos asistiendo a una ola de atentados low-cost de clara inspiración en la Intifada de los Atropellos y la Intifada de los Cuchillos sufridas por Israel.

El argumento habitual para establecer una conexión entre Arabia Saudita y la yihad global actual es el apoyo a los muyahidines durante los años 80. No fue una experiencia muy positiva para las autoridades saudíes. Una vez liberado el genio de la lámpara, no hubo forma de volver a meterlo dentro. Hoy, Arabia Saudita ni siquiera es aliada de los Hermanos Musulmanes. Cuando fueron derrocados en Egipto, Riad apoyó al general Sisi. En la guerra de Siria, Arabia Saudita se cuidó de apoyar a los grupos más radicales, cosa que hizo Qatar, novata en estas lides.

Otra idea tramposa es confundir el extremismo del islam ultraconservador de Arabia Saudita con el extremismo del Estado Islámico, secta apocalíptica que busca hacer saltar por los aires las fronteras de Oriente Medio, niega legitimidad a los líderes terrenales árabes y ha tratado de instaurar un califato.

Quienes culpan a Arabia Saudita de la amenaza terrorista en Europa convenientemente pasan por alto una dimensión del problema. No dedican mucho tiempo a pensar qué pasa con la población musulmana, que es el público que recibe el adoctrinamiento ultraconservador saudí. Acusan a Arabia Saudita de crear el caldo de cultivo para el extremismo pero sólo prestan atención a los que dan el paso al yihadismo. El resto y los valores que profesan son convenientemente olvidados.

Fuente: Revista El Medio