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El caso Hill y la normalización del antisemitismo

Por Jonathan S. Tobin 

Puede que nunca se haya tropezado con Marc Lamont Hill al ver la CNN. Hill es profesor de estudios mediáticos y educación urbana en la Universidad de Temple (Filadelfia). Pero el telegénico académico presume de ser “una de las voces intelectuales eminentes de la generación hip-hop” y ha presentado magacines en los canales BET y VH1, y aparecido en una de las numerosas tertulias de centro izquierda en la mucho más importante CNN. Ahí, Hill ha hablado contra el racismo y con frecuencia ha afirmado que los negros son señalados por la policía en las calles de las ciudades americanas.

En una muestra de cómo funciona la ideología interseccionalista, Hill ha estado esta semana en la ONU; pronunció un discurso en la ceremonia conmemorativa de la Resolución 181 –de noviembre de 1947– que llamó a la partición del Mandato Británico para Palestina en dos Estados, uno árabe y el otro judío. No fue una celebración de la creación del Estado de Israel, ni se abogó por una solución de dos Estados. Fue el Día Internacional de la ONU en Solidaridad con el Pueblo Palestino. En este encuentro anual, el renacimiento de la soberanía judía en la patria ancestral de los judíos se lamenta como un crimen que resultó en la nakba –o “desastre”– palestina, y se toma como excusa para un recital de horas de duración de ataques al sionismo y a los judíos.

En la edición de este año, Hill dio un discurso en el que justificó y apoyó la violencia palestina contra Israel y los judíos; comparó la guerra palestina contra la existencia de Israel con la lucha por los derechos civiles en EEUU; llamó a la implementación del derecho de retorno, que permitiría el flujo hacia Israel de millones de descendientes de los refugiados árabes de la guerra de 1948 –y pondría así fin a la existencia del Estado judío– y profirió un resonante respaldo a “una Palestina libre desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo]”, evocador de la retórica de Hamás y otros grupos terroristas que no aceptan otra solución al conflicto que no pase por la erradicación de Israel.

Por si no fuera suficiente, Hill incluso bromeó con que estaba sediento porque llegó a Nueva York procedente de “Palestina” y se había negado a beber “agua israelí” durante el vuelo.

Lo esencial de la diatriba de Hill no es que sea antitética con cualquier noción de paz –salvo la de los cementerios para los judíos israelíes–. Por otro lado, no es precisamente inusual que se expresen ese tipo de sentimientos en la ONU. Lo interesante es si un medio que está cubriendo con todo detalle “el estado del odio en América”, y que informa sobre la creciente ola deantisemitismo en Europa –reportada por una nueva encuesta que da cuenta de lo extendidas que están las creencias judeófobas en el Viejo Continente–, piensa si no hay nada de malo enprocurar un altavoz a alguien que promueve el antisemitismo.

Con independencia de si le gusta o no la CNN, lo cierto es que ha hecho lo correcto. En la tarde de este jueves anunció que rompía relaciones con Hill y que éste dejaba de estar en su nómina de comentaristas.

Que se prepare la CNN para las acusaciones de racismo, y los antisemitas de izquierdas y de derechas casi seguro clamarán que este caso prueba que los judíos y los sionistas controlan los medios.

Pero lo que está en juego en esta controversia no es tanto la carrera de una persona como el principio de si el odio a los judíos es el tipo de asunto sobre el que hay que debatir.

Ahora que ha limpiado su casa, y con independencia de si comprende las implicaciones de lo que ha hecho, la CNN ha fijado un patrón que otros habrían de adoptar en lo relacionado con quienes evacuan la misma propaganda que Hill. Esto también vale para los miembros del Congreso que defienden las campañas antisemitas del BDS y se oponen a la existencia de Israel, incluidos los flamantes miembros de la Cámara de Representantes Ilhan Omar y Rashida Tlaib. Y vale también para los académicos y activistas que están en el mismo campo que Hill, como los líderes de la Marcha de las Mujeres que incitan a la resistencia contra el presidente de EEUU, Donald Trump, y que, como Hill, tienen vínculos con el líder de la Nación del Islam, Louis Farrakhan. Ya no es posible pretender que puedes aliarte con antisemitas sin que te manche su odio.

No necesitamos perder el tiempo respondiendo a quienes claman que los que anhelan la destrucción de Israel no están haciendo un alarde de antisemitismo. Basta con decir que si piensas que un solo Estado judío en todo el planeta es demasiado, y estás dispuesto a negar a los judíos lo que no negarías a cualquier otro pueblo –el derecho a vivir en paz y seguridad, y haciendo uso de la autodefensa, en tu propia patria–, estás practicando la discriminación. Y esta tendenciosidad contra los judíos se llama antisemitismo. De hecho, el discurso de Hill demuestra que el antisionismo es indistinguible del odio a los judíos.

Tampoco hemos de tomarnos en serio la hipócrita alegación de Hill de que realmente es partidario de la paz. Un discurso en el que se llama a la aniquilación de Israel vía derecho de retorno y en el que se defiende la violencia palestina y se la compara con los esfuerzos del movimiento pro derechos civiles en EEUU (también se burló de quienes piensan que el movimiento triunfó debido a que abrazó las doctrinas no violentas de Mahatma Gandhi y Martin Luther King) no puede confundirse con una defensa de la paz. Pese a los reclamos en contrario de Hill, hablar del establecimiento de una Palestina que vaya “del río al mar” no es sino apoyar el genocidio, dado que ni la Autoridad Palestina controlada por Fatah ni Hamás creen que los judíos deberían permanecer en el Estado palestino de su futuro pesadillesco.

Por esto es por lo que resulta apropiado que la gente decente demande que a Hill no se le dé la plataforma que procura la CNN a sus expertos.

Aunque los donantes de la Universidad de Temple deberían protestar, no deberían confiar en tener éxito. A Hill se le concedió una plaza de profesor titular, y en el bizarro mundo académico actual este clase de radicales son vistos como estrellas del rock que, lejos de dañarlo, dan lustre al prestigio de un centro. Además, sus puntos de vista no difieren del de muchos de los que dan clases sobre Oriente Medio en los campus norteamericanos.

Pese al paso dado por CNN, es imposible negar que la presencia de Hill en otros medios, así como su posición en una universidad importante, normaliza el odio y transmite el mensaje de que el antisemitismo es una actitud aceptable para las elites. Aquellos que no se desliguen de Hill y de quienes comparten sus nocivas creencias pueden ser tachados de hipócritas mentirosos si dicen oponerse al odio.

© Versión original: JNS
© Versión en español: Revista El Medio

Los actos antisemitas en Francia subieron un 69 % entre enero y septiembre

Los actos antisemitas registraron un aumento del 69 % en los nueve primeros meses del año Francia, alertó el primer ministro, Édouard Philippe, en un artículo en su página de Facebook.

“Estamos muy lejos de haber acabado con el antisemitismo. Acabo de conocer los datos más recientes sobre la evolución de actos antisemitas en nuestro país y son implacables. Tras dos años a la baja, el número de ataques aumentó más de un 69 % en los primeros nueve meses del año”, denunció Philippe.

La publicación del jefe del Gobierno coincidió con el 80 aniversario de la “Noche de los Cristales Rotos”, que tuvo lugar en la Alemania nazi el 9 de noviembre de 1938, con ataques sistemáticos contra los judíos, que en muchos casos fueron violentados y sus negocios y sinagogas vandalizados.

Philippe adelantó algunas de las medidas que prepara su Ejecutivo para luchar contra el racismo, como la experimentación de una red de investigadores y magistrados formados “específicamente en la lucha contra los actos de odio”, y un dispositivo de “predenuncia” en línea, ya en funcionamiento.

“No permanecer indiferentes significa educar a las generaciones jóvenes en el respeto de los demás. A partir de mediados de noviembre, en el Ministerio de Educación un equipo será movilizado permanentemente para intervenir en los centros escolares como apoyo a todo profesor que afronte problemas de antisemitismo”, señaló.

Recordó que en 2019 el Gobierno modificará la ley contra los ataques de odio en la red para que este tipo de contenidos pueda ser retirado rápidamente de portales virtuales y redes sociales.

Philippe dijo que su Gobierno actuará para que esta sea además una prioridad para el Parlamento Europeo y la Comisión Europea tras las elecciones del próximo mes de mayo.

“Cada agresión perpetrada contra uno de nuestros ciudadanos por ser judío resuena como un nuevo cristal roto”, señaló el primer ministro.

Tras alcanzar un pico en 2014 y 2015, con más de 800 actos contra miembros de esa comunicad registrados en cada uno de estos años, la cifra disminuyó un 58 % en 2016 y de nuevo un 7 % en 2017, cuando se denunciaron 311 actos antisemitas. 

Fuente; Aurora

Los actos antisemitas en Francia han subido un 69 % entre enero y septiembre

Los actos antisemitas registraron un aumento del 69 % en los nueve primeros meses del año Francia, alertó el primer ministro, Édouard Philippe, en un artículo en su página de Facebook.

“Estamos muy lejos de haber acabado con el antisemitismo. Acabo de conocer los datos más recientes sobre la evolución de actos antisemitas en nuestro país y son implacables. Tras dos años a la baja, el número de ataques aumentó más de un 69 % en los primeros nueve meses del año”, denunció Philippe.

La publicación del jefe del Gobierno coincidió con el 80 aniversario de la “Noche de los Cristales Rotos”, que tuvo lugar en la Alemania nazi el 9 de noviembre de 1938, con ataques sistemáticos contra los judíos, que en muchos casos fueron violentados y sus negocios y sinagogas vandalizados.

Philippe adelantó algunas de las medidas que prepara su Ejecutivo para luchar contra el racismo, como la experimentación de una red de investigadores y magistrados formados “específicamente en la lucha contra los actos de odio”, y un dispositivo de “predenuncia” en línea, ya en funcionamiento.

“No permanecer indiferentes significa educar a las generaciones jóvenes en el respeto de los demás. A partir de mediados de noviembre, en el Ministerio de Educación un equipo será movilizado permanentemente para intervenir en los centros escolares como apoyo a todo profesor que afronte problemas de antisemitismo”, señaló.

Recordó que en 2019 el Gobierno modificará la ley contra los ataques de odio en la red para que este tipo de contenidos pueda ser retirado rápidamente de portales virtuales y redes sociales.

Philippe dijo que su Gobierno actuará para que esta sea además una prioridad para el Parlamento Europeo y la Comisión Europea tras las elecciones del próximo mes de mayo.

“Cada agresión perpetrada contra uno de nuestros ciudadanos por ser judío resuena como un nuevo cristal roto”, señaló el primer ministro.

Tras alcanzar un pico en 2014 y 2015, con más de 800 actos contra miembros de esa comunicad registrados en cada uno de estos años, la cifra disminuyó un 58 % en 2016 y de nuevo un 7 % en 2017, cuando se denunciaron 311 actos antisemitas. 

Fuente: Aurora

Impactante video: Decenas de mensajes antisemitas extremos publicados en las redes sociales en Chile

Un estremecedor video publicado en las últimas horas por la Comunidad Chilena de Israel muestra decenas de ejemplos de mensajes antisemitas publicados en las redes sociales de Chile solo en el mes de Octubre.  

El video muestra en media pantalla a personas leyendo algunos de los mensajes antisemitas publicados en las redes sociales y en la otra mitad de la pantalla muestra impactantes imágenes de ataques antisemitas. Los mensajes fueron publicados en solo 2 de las muchas páginas antisemitas del país: la de la organización BDS de Chile y la de la Federación Palestina de Chile. Algunos mensajes leídos incluyen apodos como “cucarachas”, “asesinos” o “cáncer” y llamados a desaparecer a Israel del planeta, entre otras cosas. 

Gabriel Colodro, presidente de la Comunidad Chilena de Israel, comentó en una entrevista con Aurora sobre esta iniciativa: “Comenzamos esta campaña para hacer visible y denunciar el volumen del antisemitismo online en Chile”. Sobre la decisión de colocar al lado de los comentarios imágenes de ataques, Colodro explicó que quisieron transmitir el mensaje de que “basta con que solo uno de los antisemitas esté un poco más loco que el resto para que tengamos que lamentar algo peor y eso es lo que queremos evitar – que los judíos estén expuestos a la violencia por ser judíos”.

Sobre el volumen real del antisemitismo online en Chile, comenta que solo se tomaron los comentarios más extremos, solo del mes de octubre y solo de dos de las instituciones que promueven el antisemitismo, lo que muestra la gravedad del tema en el país. “El antisemitismo escrito y verbal es también violencia, debe ser denunciado y debe ser condenado legalmente”, resume Colodro.

Gabriel pide al público que los apoye en esta campaña utilizando el hashtag #ElAntisemitismoMata y así poder “dilucidr los abusos cometidos en redes sociales por los extremistas”.

Su tía fue la anfitriona de una fiesta nazi en la que mataron a 180 judíos y él escribió un libro sobre la masacre

Sacha Batthyany, periodista y autor de “La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia” en su visita a Buenos Aires, invitado por el festival Basado en Hechos Reales. Los pormenores de la fatídica noche en Austria y la dificultad para inmiscuirse en los pasillos de su historia familiar

Margit Batthyány-Thyssen recibe un trofeo de manos de un jerarca nazi en la Hípica de Viena en 1942

Por 

Sacha Batthyany ya estuvo aquí, en Buenos Aires, aunque le resulta inevitable sentirse extranjero. Lo es, sus rasgos lo rectifican: ojos pequeños, mirada clara, nariz fina y pelo lacio. Su apariencia es ineludiblemente europea.

Ahora, en el hall del primer piso del hotel Esplendor, desparramado sobre un sillón de tres cuerpos, habla de su libro: La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia(Seix Barral, 2017). Mientras trata de decodificar las sensaciones que afloraron cuando decidió meterse en uno de los episodios más tristes y trágicos del nazismo, mira por el ventanal que da a la calle San Martín, se despeina con la mano izquierda sobre la nuca y esboza reflexiones. La palabra para definir su viaje literario no es exactamente el de divertido.

Este sociólogo y periodista nacido en Suiza en 1973 —que hoy está en Argentina invitado por el festival Basado en Hechos Reales— descubrió, un día como cualquier otro, que algo en su familia estaba mal. Hace algunos años que se reveló la historia de su tía, Margit Batthyány-Thyssen, dueña del palacio austríaco donde una noche de fiesta mataron a 180 judíos. En su recuerdos de la infancia, Tía Margit —así le dice— es “alta, con un torso robusto sobre piernas delgadas. Cuando habla saca en los intervalos entre las frases la punta de la lengua, como hacen los lagartos. Yo me siento lo más lejos posible de ella”.

¿Alguien podría dormir sabiendo que una de sus tía fue parte victimaria del Holocausto? Emprendió, entonces, una investigación que lo llevó a hablar con toda su familia en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, Buenos Aires, donde vivió hasta hace muy poco su tía, quien se refugió aquí durante la Segunda Guerra Mundial.

“Fue una matanza de ciento ochenta judíos lo que me acercó a mi familia”, escribe Batthyany.

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

“La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia” de Sacha Batthyany

“La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia” de Sacha Batthyany

Cuando el planeta comenzaba a girar más rápido; cuando la tecnología conectaba países, pueblos, personas; cuando las ciudades se subían al pedestal de la Revolución Industrial; cuando la democracia era un sueño que empezaba a cumplirse; cuando la Humanidad creyó que la razón era la mejor forma de crecer… entonces, llegó lo peor.

La historia es conocida: desde las entrañas de lo popular, un movimiento utilizó los prejuicios, los miedos y las inseguridades de una sociedad aturdida y devastada por los desastres de la Primera Guerra Mundial para volverse un imperio construido a base de muerte. El nazismo rompió todas las posibilidades de la imaginación.

El Holocausto, la noche más negra de la historia de la Humanidad, causó once millones de muertes entre judíos, gitanos y otros grupos étnicos, sociales e ideológicos. Nadie creyó que podía suceder algo así. Era impensado. Pero pasó. Y nos pasó a todos.

El castillo de Rechnitz donde ocurrió la matanza

El castillo de Rechnitz donde ocurrió la matanza

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

La noche del 24 de marzo de 1945 no fue una noche más. En Rechnitz, un pequeño pueblo de Austria al límite con Hungría, tranquilo y casi despoblado, hubo una fiesta. Fue en el palacio de la condesa Margit Batthyány-Thyssen, hermana mayor del Barón Thyssen y esposa del conde húngaro Ivan Batthyany. Eran alrededor de cuarenta personas: dirigentes nazis, miembros de la Gestapo, de las SS, de las Juventudes Hitlerianas y jefes de la policía local. Comenzaron a beber a las nueve de la noche y lo hicieron hasta entrada la madrugada. Bebieron y bebieron —la culpa nunca es del alcohol— hasta que alguien que se le ocurrió una idea.

El Ejército Rojo de la Unión Soviética se acercaba. Por eso los jerarcas nazis estaban allí, para frenar ese avance levantando un muro. Desde octubre del año pasado lo venían construyendo. Todos trabajadores judíos esclavizados, sacados de los campos de concentración y puestos a trabajar allí todo el día. Era una línea de defensa enorme que iba desde Polonia, pasaba por Eslovaquia y Hungría, y terminaba en la ciudad italiana de Trieste.

A las ocho de la noche, cuando la fiesta no había empezado, los oficiales obligan a 200 judíos a construir un pozo en forma de L: era su tumba. Estaban débiles y desnutridos, habían contraído tifus y decidieron que había que eliminarlos. ¿Cómo? En medio de la fiesta, el suboficial mayor SS Franz Podezin le encarga a Hildegard Stadler, directora de la Liga de Muchachas Alemanas de la localidad, que agrupe a varios invitados para una nueva tarea. Son las once de la noche. El armero Karl Muhr reparte fusiles y se suben a tres coches que esperan en el patio con el motor en marcha. Algunos tienen tantas ganas de participar que deciden ir a pie.

Desnudan a sus prisioneros frente a la sanja y los matan a todos. No a todos, dejan algunos vivos con palas para sepultarlos, que luego sí, al día siguiente, morirán. Pero esa noche, realizada la matanza, los envalentonados nazis que acaban de cometer lo que se conoce como la Matanza de Rechnitz vuelven al palacio. Ahora son las tres de la mañana y no se irán hasta entrada la madrugada. Siguen de fiesta. Beben y brindan por la impunidad.

Sacha Batthynay (Foyo: Lihue Althabe)

Sacha Batthynay (Foyo: Lihue Althabe)

En su idioma original, el alemán, La matanza de Rechnitz se titula ¿Qué tiene ésto que ver conmigo? Hay un momento en que Batthyany se da cuenta que debe soltar esa imparcialidad histórica para formar parte de la narración, para hacerse personaje, para meterse de lleno en la trama. “No quería escribir un libro histórico, que sólo se situase en el pasado. Quería escribir un libro que llegara hasta el hoy, y en el hoy estaba yo”, le dice a Infobae Cultura.

“De todo el material documental que junté, gente en Buenos Aires, gente en Austria, gente en Rusia, gente en Hungría, todo terminó convergiendo en mí. Yo estaba en el centro. No lo tenía tan claro, y en un momento lo vi. Y entendí, entonces, que eso sería un libro y que no sería puramente periodístico, porque en el centro estaba yo”, agrega.

Entonces con lo que se encuentra el lector que abre sus páginas no es un frío y lejano relato sino un inquietante zigzagueo entre el momento de la masacre y el de la investigación, cuando el autor dialoga con todas las fuentes posibles, cuando reproduce los diarios íntimos de sus tías, cuando conversa con su padre, con su psicoanalista. Incluso hay partes en que se permite la imaginación: “Tenés datos sueltos, sabés que unas personas estuvieron en el mismo lugar, en un día determinado, y bueno… luego te encargás de hacer lo tuyo. Esas partes en que recreé eventos las disfruté mucho”.

Cuando estaba escribiendo la historia, su abuela muere. Batthyany no tenía mucha relación con ella, pero sí su padre. Al morir, ella le pide a su hijo que queme todas las memorias que había escrito. No lo cumplió, por el contrario, cayeron en manos del autor. Así empezó a hacerse de un material valiosísimo en toda esta historia: textos escritos al calor de la época.

“Los diarios no eran parte de los documentos que tenía al principio —cuenta—, me cayeron del cielo. Cuando los tuve en mis manos, además de poder ver cómo alguien escribe en tiempo real su vida, pude observar los paralelos, que no se dan siempre, pero sí en varias partes. Puntos de contacto entre estas mujeres —se refiere a su abuela Agnes y a su tía abuela Margit— que se conocieron, que en un momento casi se cruzan en los diarios y, bueno, no ocurre. Todo eso me parece muy intrigante. Tener todo ese material me resultó crucial y muy interesante”.

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

Heinrich Thyssen, su hija Margit, Ivan von Batthyany y Hans Thyssen-Bornemisza, en el hotel Palace de Davos, Suiza

—¿Cuánto cambió tu percepción sobre la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto desde este libro?

—Antes de empezar, cuando ni siquiera tenía este proyecto, mi comprensión sobre la Segunda Guerra Mundial era la compresión de un libro de texto histórico. Una compresión más bien lejana. Era todo en teoría. Pero cuando empecé a escribir y a trabajar en ésto el proceso se volvió más íntimo, me tocó de otra manera, y eso hizo que lo comprendiera de otra manera también. Me hice periodista porque me gusta entender las cosas. Y para realmente entenderla tenés que estar ahí. Lo de Brasil me tiene sorprendido. ¿Cómo fue que ganó Bolsonaro? Una cosa es leer los diarios o en teoría saber qué está pasando, y otra es cuando vas y mirás: tenés una comprensión distinta de las cosas, más profunda.

—Hablás de refugiados en una época en que ese término no se usaba. Queda clara tu intención de poner en relación el pasado con el presente. En ese sentido, ¿cómo ves las tendencias xenófobas que se dan en Europa?

—Últimamente he trabajado mucho en artículos sobre temas como la inmigración, los refugiados. En abril fueron las elecciones en Hungría donde ganó de nuevo Viktor Orbán. Mi padre ahora vive allí, volvió. Y fui a cubrir las elecciones. Uno de los artículos que escribí fue un diálogo con mi padre, porque quería entender por qué la gente lo votaba masivamente. Mi padre fue inmigrante, vivió mucho tiempo en Suiza, luego volvió. Ahora, con este hombre, Hungría está blindada. ¿Viste las noticias? No recibe a los refugiados, un sentimiento antimusulmán muy grande, que también ocurre en Austria y en cierta medida también en Alemania, y que estos populistas de derecha saben que la carta que juegan es el miedo a los musulmanes. Es el mismo discurso de siempre: los consideran diferentes, que son terroristas y ese tipo de cosas. Ellos juegan esas cartas porque la gente tiene miedo de perder los privilegios que han tenido siempre: el de ser blancos, cristianos y hombres. Y de pronto eso empieza a moverse bajo sus pies y estos gobernantes lo saben y esa es la carta que juegan.”

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

Sacha Batthyany (Foto: Lihue Althabe)

Cuando le preguntó a su padre si sabía que Margit había estado en aquella noche, le dijo que sí. Lo sabía, como todos en su familia, pero nunca preguntó demasiado, nunca hurgó hasta saber cuán implicada estaba con la matanza. Quería creer que no, como le sucede a muchas familias que las tragedias les tocan cerca. Pero prefirió callar: el peor antídoto para la memoria: el olvido. Es por eso que el autor escribe en el libro: “El silencio se ha prolongado hasta hoy”, escribió.

Los Thyssen son una dinastía destacada, fueron una de las más poderosas de la industria europea. El Barón Thyssen, hermano de Margit fallecido en 2002 en España, fue un destacado mecenas, coleccionista de arte —dueño de una de las colecciones más importantes del siglo XX— y magnate de un emporio multinacional con más de 200 empresas.

“Intenté contactar a esa rama familiar para el libro, para seguir investigando, pero no recibí respuesta. No me siento relacionado con ellos. No es un parentesco directo, es más bien un parentesco político. Y aunque lo hubiera, no siento particularmente una relación. Cuando intenté contactarme con fines investigativos no lo conseguí”, cuenta el autor.

Sacha Batthyany y su padre en un viaje a Siberia, siguiendo las pistas de su abuelo, que estuvo 10 años en el gulag

Sacha Batthyany y su padre en un viaje a Siberia, siguiendo las pistas de su abuelo, que estuvo 10 años en el gulag

—¿Creés que podría volver a ocurrir algo como lo que se sucedió en Rechnitz?

—Las matanzas no han dejado de ocurrir aquí y allá. Por supuesto no en la escala de la Segunda Guerra Mundial. No sé si puede volver a ocurrir algo así. Espero que no. Espero que seamos capaces de aprender del pasado. A veces me han preguntado en entrevistas por qué necesitamos otro libro sobre el Holocausto o sobre la Segunda Guerra. ¿Uno más? U otra película, por ejemplo. Incluso miembros de mi familia me han llegado a preguntar si escribí el libro para ganar guita. Aparte de decirle que no hay demasiado dinero en la industria editorial, sí me parece importante que esta historia se siga contando. No dejar de cortarla nunca. Se supone que como humanos, mientras más nos contemos estas historias, menos nos vamos a olvidar, y así quizás evitemos que vuela a pasar.

—¿Es una novela que se puede leer cómo la búsqueda de tu identidad?
—Sí, definitivamente.

—La última pregunta que te hago: ¿has podido encontrar algún tipo de humanidad en Tía Margit?
—No pudo sentir nada que me guste o admire de ella. Pero me dí cuenta que era muy humana. Tenía una cualidad muy humana: que no te importen los demás, por ejemplo. O mirar hacia otro lado cuando alguien la está pasando mal. Eso es muy humano. Podría decir que mi tía es un monstruo, pero llamarla monstruo es demasiado simple, porque hace que te crees unas imágenes en tu cabeza cuando en realidad era humana.

Sacha Batthynay (Foto: Lihue Althabe)

Sacha Batthynay (Foto: Lihue Althabe)

 Testigos asesinados y culpables exiliados fue lo que le siguió a la masacre. Por años todo quedó impune por falta de pruebas. Margit Batthyany-Thyssen se refugió en Suiza con sus caballos purasangre hasta que, en 1989, murió. Nunca dijo nada sobre aquello. Se llevó a la tumba todas las imágenes que sus ojos vieron. Todo había quedado sepultado en el más absoluto olvido. Sacha Batthyany trajo todo de regreso.

“Si lo que sucedió, lo que cuento en el libro, una cosa tan grande y tan violenta, ocurriera otra vez en cualquier sitio, creo que no seríamos distintos como fueron mi tía, mi padre, mi abuelo, los verdugos, las víctimas. No sé si con el paso de los años nuestra generación ha mejorado y, ante una situación así, reaccionaría distinto. Ojalá que sí”, concluye el autor suizo.

¿Para qué sirve la memoria? El futuro sólo es posible si batallamos contra los fantasmas del pasado. “No hay que olvidar que esto es una guerra sin fin”, escribió Primo Levi. No hay que dejar de batallar.

Fuente: Infobae

“Le pregunté: ‘¿Cómo te sientes?'”, Dijo el médico judío al tirador de la sinagoga de Pittsburgh.

Un médico judío, el Dr. Jeff Cohen, que es miembro de la sinagoga del Árbol de la Vida donde se llevó a cabo la masacre, también es presidente del Hospital General de Allegheny, donde fue atendido el tirador en masa de Pittsburgh.

“Le pregunté, ‘¿Cómo te sientes?’ Y él estaba algo aturdido. Y él dijo: ‘Me siento bien’. Y me presenté como el Dr. Cohen. Y luego me fui. “” El agente del FBI a cargo me mira y dice: “No sé cómo lo hiciste porque yo no estaría seguro de poder hacerlo”.

 

11 muertos en tiroteo en una sinagoga de Pennsylvania

Un pistolero abre fuego en la sinagoga y mata al menos a 11. El tirador está bajo custodia.

Al menos 11 personas murieron luego de que un hombre armado abrió fuego en la sinagoga Árbol de la Vida de Pittsburgh. Según el informe, el hombre armado gritó “Todos estos judíos necesitan morir”.

El hombre armado ha sido identificado preliminarmente como Robert Bowers, de 46 años. Según informes, los disparos ocurrieron durante una ceremonia de circuncisión y más de 12 personas fueron fusiladas. 80 personas estuvieron en la sinagoga durante el tiroteo. Bauer también disparó a tres policías.

La Congregación Tree of Life se fundó hace más de 150 años y se unió a la Congregación más nueva, Or L’Simcha, hace aproximadamente 5 años, para formar el Árbol de la Vida * O La Sinagoga L’Simcha afiliada al Movimiento Conservador.

El ataque fue condenado por el presidente Trump, quien tuiteó que está “Observando los acontecimientos que se desarrollan en Pittsburgh, Pensilvania. Las fuerzas de la ley en la escena. La gente en el área de Squirrel Hill debe permanecer protegida. Parece múltiples muertes. Cuidado con el tirador activo. Dios ¡Bendiga a todos!

El asesino Robert Bowers

Más tarde, Trump dijo durante un mitin en Indianápolis que “no debe haber tolerancia por el antisemitismo en Estados Unidos ni por ninguna forma de odio o prejuicio religioso o racial 

“. Estamos orando por las familias de las víctimas y nuestros corazones están a la altura. Oficiales de la ley heridos en Pittsburgh “.

“Estaba desconsolado y horrorizado por el ataque asesino a una sinagoga de Pittsburgh hoy”, dijo el primer ministro Netanyahu.

“Todo el pueblo de Israel se aflige con las familias de los muertos. Estamos junto con la comunidad judía de Pittsburgh. Estamos junto con el pueblo estadounidense ante esta terrible brutalidad antisemita y todos rezamos por la pronta recuperación de los heridos . “

La sinagoga Tree of Life Congregation en la avenida Wilkins de Pittsburgh

El ministro de Asuntos de la Diáspora, Naftali Bennett, condenó el espantoso tiroteo del sábado, y tuiteó que “El Estado de Israel y el gobierno israelí recibieron con conmoción y dolor los informes del terrible ataque a la comunidad judía en Pittsburgh. Seguimos ansiosamente los informes y rezamos para que el evento ocurra”. acaba pronto.”

“Al mismo tiempo, ahora he dado instrucciones al Ministerio de Asuntos de la Diáspora para que se prepare para ayudar a la comunidad de todas las formas posibles. Nuestros corazones están con las familias de los muertos y heridos. Que la memoria de los asesinados sea bendecida”.

Las autoridades israelíes dicen que el primer ministro Netanyahu está siguiendo de cerca la situación en Pittsburgh. El tiroteo también fue condenado por el presidente de la Agencia Judía, Isaac Herzog.

“Una terrible masacre durante el servicio de Shabat en la Sinagoga Etz Hayyim en Pittsburgh”, dijo Herzog. “En la Agencia Judía estamos doloridos y angustiados por el desastre de la cálida comunidad judía de Pittsburgh. La Agencia Judía está lista para ayudar de cualquier manera a la comunidad judía en Pittsburgh y expresa su profundo pesar por la pérdida de vidas y las lesiones. a los heridos “.

Fuente: Arutz Sheva