Luchando contra las mentiras sobre Al Aqsa

Por: Nadav Shragai

Cuanto más amplia se vuelve, la coalición de Al Aqsa se revela como una asociación de sangre y mentiras, cuyos miembros están constantemente tratando de sumar a los demás en la incitación y el extremismo. El primero de ellos advierte que Al Aqsa está “bajo ataque”, el segundo dice que está siendo “saqueada”, el tercero denunciará su “profanación”, y otros dirán que Al Aqsa está siendo “contaminada” por los judíos.

Pertenecer a esta “coalición” significa tener un sello de legitimidad y confiabilidad a los ojos del público árabe y más allá. Algunos de los que participan en el libelo “Al Aqsa está en peligro” creen de hecho en sus propias mentiras. Algunos han perdido la capacidad de distinguir entre la fantasía y la realidad, mientras que otros mienten conscientemente. El denominador común son los beneficios de liderazgo político-religioso que todos ellos obtienen.

Un miembro de esta coalición es el Movimiento Islámico en Israel, que ahora está reciclando una antigua mentira -esta vez en la forma de materiales químicos corrosivos, supuestamente inyectados por Israel- en las paredes de la mezquita de Al Aqsa.

Un portavoz del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, Tayeb Abdel Rahim, está declarando en nombre de su jefe que las acciones israelíes en el Monte del Templo son “un paso en el camino para resucitar el templo ficticio”. Fatah, la facción política a la que pertenece Abbás, promete que los palestinos sacrificarán sus vidas para impedir que se instalen cámaras de seguridad en el Monte del Templo.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, está pidiendo nuevamente a todos los musulmanes que vayan a Jerusalén y lo protejan de los sucios judíos que contaminan a Al Aqsa. Hamas ha convocado a “días de ira” para “encender las llamas”, y Jordania, también, está hablando a su gente sobre los “colonos que profanaron Al Aqsa”. Los periódicos de Qatar incluyen caricaturas de figuras satánicas y dragones de fuego con Estrellas de David judías, amenazando con tragar y aniquilar a Al Aqsa. Incluso Arabia Saudita y Egipto han sido incapaces de evitar esta “fogata comunitaria”. Y ni siquiera hemos mencionado aún a Irán, Hezbollah, Siria o Indonesia. Todos participan, algunos más prominentemente que otros.

Los ejemplos de incitación severa, que ha transformado Al Aqsa de un sitio religioso a un instrumento para generar terror, son demasiado numerosos para contar. Están presentes en la experiencia religiosa, mediática y política. La naturaleza “viral” de esta incitación masiva es evidente en los cientos y miles de videos y caricaturas online; creadas, escritas y financiadas por el odio lleno de mentes a las que le han lavado de cerebro.

El problema es que estamos en un estado constante de ir a la defensiva, retirada y disculpa. Nadie menciona nunca la enorme, profunda e inimaginable concesión hecha por Israel en 1967 con respecto al Monte del Templo. Nadie menciona el hecho de que Israel, la patria del pueblo judío, tomó el Monte del Templo, el lugar más sagrado para la nación judía, y lo puso en manos de una religión competitiva, el Islam, para la cual el Monte del Templo es sólo el tercer lugar más sagrado –violando allí esencialmente los derechos de los judíos. Este estado de cosas inaceptable ahora se está dando por sentado por alguna razón, aunque realmente no debería serlo. En términos de relaciones religiosas en todo el mundo, esta concesión tiene un alcance sin precedentes, pero Israel lo minimiza, lo oculta, como si nunca hubiera sucedido.

Israel está descuidando lo obvio: no está diciendo al mundo la verdad más elemental y básica: que el Monte del Templo es ante todo un lugar santo para los judíos. El discurso mendaz que se desarrolla rampante hoy en día -con el que Israel coopera involuntariamente- gira constantemente y únicamente en torno a cuán santo es el sitio para los musulmanes. Se está abordando una sola cuestión: ¿Hasta qué punto Israel respeta y toma en consideración esta santidad? ¿Está manteniendo Israel el statu quo? Completamente ausente del discurso está la santidad del lugar para los judíos. También falta completamente en el discurso la cuestión de cómo fue que los musulmanes han alterado maliciosamente el statu quo en detrimento de los judíos.

Existen innumerables fuentes históricas, bíblicas y arqueológicas que demuestran el vínculo de los judíos con Jerusalén y con el Monte del Templo. Hay textos adicionales que no se están utilizando: Hasta hace 50 años, la literatura musulmana religiosa e histórica abundaba en relatos que atestiguaban el vínculo claro entre los judíos, el Monte del Templo y Jerusalén; un vínculo que hoy en día ellos niegan. Todo lo que se necesita para contrarrestar esta mentira es una página de Facebook que muestre varias docenas de estos extractos en árabe (traducidos al inglés), pero incluso este mínimo no se está haciendo.

Esto no es nada menos que debilidad espiritual; un tipo de parálisis y pánico que nos sujeta ante la violencia, el terror, la incitación y la mentira. Ha llegado la hora de librarnos de esta enfermedad y emprender una intifada de relaciones públicas. Es hora de desatar una campaña ofensiva de hechos para contrarrestar el derramamiento de sangre y el asesinato; para oponerse a la letanía de las falsedades dirigidas en contra nuestra por la coalición de Al Aqsa.

Fuente: israelhayom.com

 

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