Lo que las primarias del Partido Laborista dicen sobre el consenso en Israel

avi-gabai

Por Evelyn Gordon

Tras las primarias del lunes pasado para elegir al líder del principal partido de la izquierda moderada de Israel, se ha escrito mucho sobre el resultado y sus implicaciones para el laborismo. Lo que encontré más interesante, sin embargo, fue la propia campaña y lo que ésta reveló sobre el consenso israelí. Dado que el electorado de las primarias lo conformaban únicamente miembros del Partido Laborista, una habría esperado que los candidatos viraran a la izquierda (y después regresaran al centro en las elecciones generales). En su lugar, ambos candidatos renegaron de varias ideas populares entre los periodistas y activistas de la izquierda, lo que indica que esas ideas son tóxicas incluso en la izquierda moderada.

En principio, el ganador, Avi Gabai, y quien quedó segundo, Amir Peretz, no podrían ser más diferentes. Peretz es un veterano activista de la izquierda dura, pionero del movimiento Peace Now, que defendía la estadidad palestina cuando la mayoría de los israelíes seguían considerándola anatema. Gabai es un moderado que en el pasado apoyó al partido de centroderecha de Benjamín Netanyahu, el Likud, y que más recientemente cofundó el partido centrista Kulanu. Sin embargo, ambos sonaron de manera casi indistinguible al responder a cinco preguntas formuladas por Haaretz antes de la última vuelta del lunes (aquí, hay una versión abreviada en inglés).

Preguntados por una retirada unilateral de partes de la Margen Occidental, ambos se declararon en contra. “No creo en la retirada unilateral”, dijo sin rodeos Gabai. Peretz fue más locuaz, pero igualmente claro: “No seguiremos colonizando los territorios, pero, al mismo tiempo, no debemos olvidar las lecciones de las retiradas unilaterales del Líbano y Gaza (ni las que se han producido en otras zonas disputadas en todo el mundo)”.

Lo que sorprende de esto es que varios exfuncionarios de Defensa metidos a activistas y afiliados al Partido Laborista han estado insistiendo en la retirada unilateral. Entre ellos, el jefe de inteligencia militar Amos Yadlin, que habría sido el ministro de Defensa si el Partido Laborista hubiese ganado las últimas elecciones, y Ami Ayalón, exjefe del servicio de seguridad Shin Bet y exdiputado laborista. Así que una esperaría que la idea atrajera a las bases. Pero Peretz y Gabbay pensaron otra cosa.

La salida unilateral israelí de Gaza en 2005 dio lugar a tres guerras y 16.000 cohetes disparados contra Israel (por ninguno desde la Margen Occidental, controlada por Israel), mientras que su retirada unilateral del Líbano en 2000 permitió que Hezbolá, una molesta organización terrorista, creciera hasta convertirse en una gran amenaza estratégica. Su arsenal, de 150.000 proyectiles, es mucho mayor que el de la mayoría de los ejércitos nacionales. Los candidatos, evidentemente, concluyeron que ni siquiera los israelíes de centroizquierda creen ya a los expertos activistas que insisten en negar que la retirada unilateral pone en peligro la seguridad de Israel.

Además, ambos candidatos prometieron paralizar la construcción en los asentamientos, pero sólo fuera de los grandes bloques. Esto es un claro rechazo de la idea que la Administración Obama se pasó ocho años promocionando: que la construcción en cualquier lugar más allá de las líneas de armisticio de 1949, incluso en áreas que todo el mundo sabe que seguirán siendo israelíes bajo cualquier acuerdo, es un obstáculo para la paz. Resulta que hasta a los israelíes de centroizquierda les parece absurdo que Israel deje de construir en los bloques de asentamientos y en los barrios judíos de la parte oriental de Jerusalén. Simplemente no se tragan que la construcción en esas áreas, que claramente seguirán siendo israelíes, sea una excusa legítima para la constante negativa de los palestinos a negociar.

No menos digna de señalar fue una evidente omisión. Aunque ambos candidatos prometieron unas inmediatas negociaciones con los palestinos sobre el estatus final, y consideraron esencial un acuerdo de paz, la única razón que alegaron para su postura fue evitar que Israel se convirtiera en un Estado binacional. Tampoco mencionaron el temor de que Israel se pudiera enfrentar al aislamiento internacional si no resolvía el conflicto. Ese argumento ha sido defendido como punto fundamental por la izquierda durante años. Fue célebremente expresado por el expresidente del Partido Laborista (y ex primer ministro) Ehud Barak, que en 2011 advirtió de que Israel se enfrentaría a un “tsunami diplomático” si el conflicto continuaba.

Este argumento ha sido cada vez más difícil de sostener en los últimos años, a medida que el alcance diplomático de Israel no ha dejado de ampliarse. Pero habría resultado particularmente fatuo que lo dijeran sólo pocos días después de la histórica visita del primer ministro de la India, Narendra Modi, a Israel, que hizo que muchos que antes habían repetido como loros la advertencia de Barak tiraran la toalla. Algunos de los típicos titulares de los opinadores de centroizquierda fueron: “¿Dónde está el aislamiento diplomático?” y “La visita de Modi demuestra que Israel puede mejorar sus lazos internacionales incluso sin un proceso de paz”. A juzgar por el hecho de que ni Peretz ni Gabai mencionaron este argumento, es obvio que piensan que ni siquiera los miembros del Partido Laborista van a seguir aceptándolo.

Haciendo un aparte, no está ni mucho menos claro que los lazos diplomáticos sigan expandiéndose con un Gobierno laborista, porque los Gobiernos de centroizquierda suelen considerar el asunto palestino como su máxima prioridad, y por lo tanto dedican mucho menos tiempo y energía a estrechar lazos con el resto del mundo. En cambio, como el Gobierno de Netanyahu cree que un acuerdo con los palestinos es actualmente inalcanzable, ha invertido enormes esfuerzos en expandir las otras relaciones diplomáticas de Israel. Y ese esfuerzo es importante.

Como dijo hace dos semanas el embajador de Kenia ante la ONU, sólo en los últimos tiempos “se han encendido las luces” en Israel. Antes, se pasó años preguntando a los israelíes: “¿Por qué no os implicáis? ¿Dónde está Israel?”. Pero la posibilidad de que el Partido Laborista pueda centrarse en los palestinos no cambia el hecho de que Israel puede claramente ampliar su diplomacia incluso sin un proceso de paz.

Por último, Peretz y Gabai rechazaron el argumento cada vez más popular entre los activistas de izquierdas de que integrar plenamente a los árabes israelíes requiere invitar a los partidos árabes a la coalición de gobierno, con independencia de lo extremistas que sean. Cuentan con un diputado que está preso por pasar clandestinamente teléfonos móviles a terroristas encarcelados, con otro que llama a los policías árabes “traidores” y con un tercero que cancelóuna reunión con los líderes estadounidenses judíos porque, “en conciencia”, no podía entrar en un edificio que alberga a una organización sionista. Gabai, que suele hablar sin rodeos, dijo que los partidos árabes de la Lista Conjunta “incluían elementos antisionistas (…) así que no podemos cooperar con esa composición”. Peretz coincidió:

Se han producido incidentes en la Lista Conjunta que sin duda hacen muy difícil sumarla a cualquier futura coalición. Ciertamente, la dificultad es tan grande que se hace imposible.

En resumen, los dos sostuvieron la visión tradicional de que la integración requiere fortalecer a los árabes moderados en vez de reforzar a los políticos radicales que apoyan a los terroristas o quieren abolir el Estado judío. Evidentemente, creen que cualquier otra postura repelería a los votantes laboristas.

La conclusión es que, incluso entre la corriente dominante de votantes de centroizquierda, muchas ideas defendidas por los periodistas y activistas de izquierdas siguen siendo tóxicas. Es algo que vale la pena recordar a todos esos extranjeros que obtienen gran parte de su información de esas mismas fuentes.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

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