¿La guerra del Muro Occidental?

Por: Pablo Sklarevich

Jerusalén es sin dudas uno de los lugares más explosivos y volátiles del planeta. Sobre sus elevaciones se mezcla, como categorías metafísicas el “cielo” con la “tierra”. De allí su carácter sagrado. De la destrucción de la unidad constituida por el Segundo Templo y su pueblo (luego desterrado), surge el Muro o “Kotel”, vestigio del murallón que sostenía el recinto, como representación “metonímica” (es decir la parte por el todo). Pero ese mismo Muro Occidental (conocido en el mundo gentil como el Muro de los Lamentos) también emerge de la catástrofe como “metáfora” de la ancestral unidad metonímica Templo/pueblo, sincronizando a los remanentes dispersos, fragmentados, humillados y miserables de los descendientes de los habitantes del antiguo Israel, en las coordenadas imaginarias el espacio y el tiempo.

La judería norteamericana ya no habla un idioma judío (como el yiddish, ladino, judeoespañol, etc.), tampoco vive en un barrio judío o “gueto”, establece relaciones de parentesco por fuera del judaísmo. Israel, como mito, es prácticamente el referente más potente, sino a veces el único, que les queda a los judíos estadounidenses para definir su identidad hebrea. Es allí donde se ven como en un espejo, en una imagen especular que a veces les gusta más y otras veces menos. Y el

“Muro Occidental” es su símbolo más poderoso. Jerusalén, Sion,  Israel aparecen como símbolos intercambiables, y el “Kotel” como “metáfora” y “metonimia”.
Es precisamente en este territorio minado que el primer ministro, Biniamín Netanyahu,  ha pisado todos los explosivos posibles. Como un elefante en un bazar.
El zigzag político sobre la concesión -y luego negación- de un espacio para el rezo pluralista en el Muro Occidental parece sugerir que, en este caso, el jefe del Ejecutivo no conduce sino que es conducido, socavando su posición de líder.

El primer ministro es un eximio equilibrista, sabe que su supervivencia política está atada al voto de la derecha nacionalista y de los partidos ultra-ortodoxos.
Pero parece haberse internado (tal vez por un error de cálculo) en aguas turbulentas. Y en la agitada y frágil embarcación están ahora no solamente los israelíes sino también toda la Diáspora judía.

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