Estas son las progres catalanas: La concejala de Igualdad de Vilafranca del Penedès comparte mesa en una mezquita sólo con hombres mientras las mujeres comían en un rincón

En la imagen, el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell y Montse Arroyo concejala para la Igualdad. Detrás de ellos, las mujeres.

En la imagen, el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell y Montse Arroyo concejala para la Igualdad en Vilafranca del Penedès. Detrás de ellos, las mujeres.

Las imágenes son tan patéticas como el propio personaje, un subproducto político de esa Cataluña sucia, enferma, mixta, sectaria y vulgar. Señalaba el maestro Manuel Montes que el refinamiento ideológico de la progresía se acentúa cuando desempolvan las acusaciones de racismo y xenofobia si alguien osa alertar de los peligros del integrismo en templos y oratorios, pero utilizan toda su artillería verbal y demagógica cuando algún sacerdote católico se atreve a expresar alguna orientación moral dirigida a sus fieles. Si un obispo opina sin imponer o recomienda sobre cuestiones morales, parecen reventar, por la reacción de los izquierdistas, las costuras de la sociedad; si un imán aconseja castigar a las mujeres, les dicta la forma de vestir y pretende coartar la libertad de expresión de todos e instaurar el delito de blasfemia, debe ser admitido como muestra de una particularidad cultural y religiosa.

Esta disposición de la izquierda feminista hacia los nuevos usos que traen los fieles musulmanes a lomos de la inmigración, y que nos afectan directamente, son de una imposible comprensión por su irracionalidad. La noticia en cualquier caso sería una nueva crónica de la gran fascinación que el islam ejerce entre los personajes más montaraces e impresentables de la izquierda catalana.

Lo cuenta InfoTalQual: Martes 20 de junio. Es la hora del Iftar (ruptura del ayuno para los musulmanes). Un grupo de mujeres vestidas de negro y sentadas a unos 20 metros de una mesa donde se sientan los hombres, con sus atuendos blancos. Esta imagen no está tomada en Kandahar, ni tampoco en una mezquita radical de los barrios de Raqaa, donde la mujer solo sirve para parir y servir a su amo (esposo). Tuvo lugar en la nueva mezquita de Vilafranca del Penedès, Barcelona. El acto contó con la presencia del cónsul de Marruecos, Fares Yassir, así como de importantes personalidades de la vida política catalana. Entre ellos, el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell y Montse Arroyo, miembro de la Asociación del Observatorio de las Mujeres en los Medios de Comunicación, además de concejala de Igualdad y presidenta del Consejo Municipal de Solidaridad y Cooperación en Vilafranca.

 

 

Enric Vendrell y Montse Arroyo aparecen en las imágenes compartiendo risas y comida con los hombres. Detrás de ellos, a unos veinte metros, arrinconadas, ignoradas, un grupo de mujeres contempla el espectáculo de los risueños dirigentes progresistas catalanes siendo agasajados con toda clase de viandas.

I.M, un activista catalán que prefiere mantenerse en anonimato, explica que “los 20 metros entre hombres y mujeres separan la intolerancia de la convivencia, el estado de derechos del interés, la dignidad de la humillación, lo que refleja la hipocresía política vestida de sus mejores galas y representada por sus falsos demócratas”. El PSC de Vilafranca del Penedès, partido en el que milita Montse Arroyo, no se da por aludido y ha valorado el acto como muy positivo. Eso sí, sin mencionar la segregación por sexo de los comensales.

 

 

No parece que la exclusión de las mujeres de su mesa, por estricta prescripción islámica, incomode lo más mínimo a la ilustre feminista. Tampoco pareció nada contrariada por el hecho de que las mujeres fueran las encargadas de elaborar las nutridas viandas, posiblemente con cargo al presupuesto público, mientras ella se daba la gran bacanal. ¡Qué buena oportunidad perdió la farsante para explicar a sus vecinos de mesa la importancia de compartir las tareas domésticas con sus mujeres!

De no tratarse de un cargo público que debía ser lisonjeado por sus falsos y ladinos anfitriones, a la concejala socialista de Igualdad le habría correspondido el dudoso honor de adobar su feminismo radical entre ollas, perolos y sartenes. Contra más se conoce a estas progres de cartón de ocasión y con la dignidad de un lagarto, más asco nos producen.

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