‘Wonder Woman’ y la tragedia del Líbano

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Por Eli Cohen 

La Campaña de Boicot a los que apoyan a Israel en el Líbano (CBSI-L, en sus siglas en inglés) ha conseguido que Wonder Woman, película protagonizada por la israelí Gal Gadot, haya sido prohibida en ese país. Las razones, las de siempre: Gal Gadot es israelí, sirvió en el Ejército israelí y además tuvo la osadía de apoyar públicamente a las Fuerzas Armadas israelíes en su conflicto contra Hamás durante el verano de 2014. Gadot es, según los promotores del boicot, “una portavoz de la entidad sionista”.

Este tipo de boicots desde el mundo árabe se solía cursar por medio de la Oficina para el Boicot Árabe a Israel, con sede en Damasco. El boicot de la Liga Árabe fue impuesto en diciembre de 1945 contra la comunidad judía de Palestina, casi tres años antes del establecimiento del Estado de Israel. Hoy se encuentra en horas bajas, pero parece que el Líbano trata de mantenerlo vivo. Así, el pasado mes de octubre prohibió la emisión de Personal Affairs, una película dirigida por la palestina Maha Haj que pecaba de tener financiación israelí.

Más allá de todos los movimientos de boicot a Israel, de los que ya hemos dado cuenta, sorprende que sea el Líbano, precisamente, el país que se disponga a dar lecciones a Israel. El País del Cedro, concebido en el Acuerdo de Sykes-Picott como una nación para los cristianos de la región, no es precisamente un apeadero políticamente aceptable, y mucho menos para los propios palestinos.

De acuerdo con la nada sospechosa de proisraelismo Human Rights Watch, en el Líbano aún se tortura, la libertad de expresión está coartada (criticar al Ejército o al presidente es delito) y las relaciones extramatrimoniales y la homosexualidad están criminalizadas. Transparencia Internacional sitúa al Líbano entre los países más corruptos del mundo (puesto 136 de 176 en 2016, siendo el primero el más transparente y el último el más corrupto), con una puntuación de 28 sobre 100 (siendo 0 lo menos transparente y 100 lo más). En el Índice de Libertad Humana de 2016 elaborado por el Cato Institute, el Líbano ocupaba el puesto 108 de 156 (siendo el 1 el más libre y el último el menos libre), con una puntuación de 6.48 sobre 10 (siendo 0 el más libre y 10 el menos libre).

Estas deficiencias se agravan si hablamos de la población palestina del Líbano, que no tiene la opción de optar a la ciudadanía libanesa (en la décadas de los 50, 60 y 90, el Líbano otorgó la ciudadanía a 100.000 palestinos, la mayoría cristianos; aún hay 300.000 sin derecho a la ciudadanía). Los palestinos han padecido fuertes restricciones al ejercicio del derecho de propiedad (poseer casas, terrenos, etc.) y se les ha prohibido ejercer numerosas profesiones liberales (abogados, ingenieros, médicos, etc.). Sólo a partir de 2010 se les ha empezado a conceder permisos de propiedad y de trabajo en el sector privado. Como han denunciado, entre otros, el académico jordano de origen palestino Mudar Zahran, los medios de comunicación han elegido ignorar deliberadamente las condiciones de los palestinos que viven en los campos de refugiados del país. Ciertamente, el mal trato a los palestinos no es exclusivo de Líbano; en palabras del propio Zahran, la tendencia a culpar a Israel por todo ha proporcionado a los líderes árabes una excusa para “ignorar deliberadamente los derechos humanos de los palestinos en sus respectivos países”.

Los movimientos afiliados al BDS buscan, en teoría, combatir las políticas sionistas de colonización y violación de derechos humanos de los palestinos. No obstante, si fuera coherentes,al primer país que tendrían que boicotear sería el propio Líbano.

Además, y sin querer culpar al propio Líbano de todos sus males, sus guerras civiles, la ocupación siria, la guerra entre Israel y la OLP librada en su territorio en los años 80 del siglo pasado y la penetración iraní en todas sus instituciones -Hezbolá mediante- han hecho que pase de ser uno de los principales centros financieros y turísticos de Oriente Medio a un Estado corrupto y disfuncional, carente de libertades y derechos básicos y tutelado por las fuerzas más desestabilizadoras de la región. El boicot incoherente a Wonder Woman sólo es una muestra del drama libanés, que tiene difícil remedio.

En suma, iremos a ver la nueva película de DC con alegría y júbilo, y cuando salgamos de la sala nos acordaremos también del boicot de Líbano y de lo que encierra: la tragedia un país inestable -otro más- de Oriente Medio.

Fuente: Revista El Medio

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