Ignacio Echeverría o la diferencia entre el valor de un patriota católico y la cólera ciega y sucia de la chusma progresista

Ignacio Echeverría (de la página de Facebook de Joaquín Echeverría).

No hay ejemplo más claro que el de Ignacio Echeverría acerca de cuál es la diferencia entre una sociedad secularizada, aferrada a lo instintivo y a la materia, zafia y fea, carente de valores y principios, y esa otra que antepone el ideal de vida y hace trascender al mismo tiempo la pobre condición humana. Es la diferencia entre unos jóvenes, desarrapados y hueros, que han convertido las calles de España en campos de batalla e improvisados vertederos de basura, y esos otros dispuestos a entregar generosamente sus preciosas vidas para salvar las de otros.

Ignacio representa un porvenir que nos concilia con el optimismo. Su heroico comportamiento al intentar proteger a una joven durante el ataque al Puente de Londres, es sobre todo un canto a la vida, a la justicia real, a la belleza espiritual, a la importancia del valor. Su fe alimentó el arrojo que ni todos los progres juntos alcanzarían a tener nunca.

Ignacio nos traslada a la época de esplendor de nuestra patria, rebosante de héroes que sublimaban el coraje con la convicción de quien sabe, como en el estribillo de la canción religiosa que cantan las Fuerzas Armadas españolas, que “la muerte no es el final”. En los progres, desaliñados, procaces y enervados, no es difícil ver los ojos de la cólera, la cólera ciega y sucia de la chusma.

En la antesala como estamos de un cambio político de ciclo, uno y otro ejemplo debería servir al Gobierno para elegir cuál es el modelo de sociedad por el que merece la pena apostar hoy. De esa elección dependerá el futuro de todos.

Ignacio Echeverría, abogado español de 39 años, se consideraba sobre todo un patriota y un católico convencido.

La historia que protagonizó el sábado 3 de junio por la noche ha conmovido a millones de españoles. Ese día una camioneta que iba a gran velocidad se lanzó sobre los peatones en el Puente de Londres en Inglaterra. Tras atropellar a varias personas, los tres terroristas salieron del vehículo y comenzaron a atacar a las personas que estaban allí.

El ataque, reivindicado por el Estado Islámico, dejó el trágico saldo de 7 muertos y decenas de heridos.

Ignacio iba en bicicleta por el Puente de Londres, tras patinar en el Borough Market con unos amigos y, alrededor de las 10:00 p.m. se enfrentó con los tres atacantes, golpeándolos con su patineta para defender a la mujer que hirieron los terroristas.

En el enfrentamiento los atacantes lo acuchillaron, causándole la muerte.

La familia de Ignacio supo de su muerte varios días después del atentado, luego de una intensa búsqueda liderada por su hermana Isabel, que también vive en Londres. Debido a las normas inglesas, podrán ver el cuerpo el viernes 9 de junio.

Isabel lo recuerda así en su cuenta de Facebook: “Mi hermano Ignacio intentó parar a unos terroristas, y perdió su vida intentando salvar a otros. Igna te queremos y no te olvidaremos”.

Ignacio trabajaba en Londres en el banco HSBC y pertenecía en Madrid a un grupo de jóvenes católicos con el que se reunía semanalmente. “Cuando éramos pequeños, si veía que alguien se estaba metiendo con un niño en un bar, salía en su defensa. Era superior a sus fuerzas quedarse quieto”, comenta uno de sus amigos.

“No era un macarra (agresivo), pero si había que defender algo, se metía siempre”, añade otro.

Todos sus amigos sabían que era católico y que no faltaba a Misa. “Creía mucho, lo sentía mucho”, asegura uno de sus más cercanos.

Su hermano Joaquín lo describe en el diario El Mundo de la siguiente manera: “Era un hombre religioso; todos los domingos iba a Misa. Que era recto; trabajó en prevención de delitos económicos y de lavado de dinero y muchas veces se jugó su trabajo para que se hicieran correctamente las cosas o por dejar por escrito su desacuerdo”.

“Era jovial y le gustaba hacer deporte con gente de todas las edades. Que era capaz de trasnochar para ayudar de país a país a que una sobrina suya pudiera usar la tablet que él le había regalado. Que los bonos de recompensa en el trabajo los gastaba en invitar a amigos, familiares y en regalos para los sobrinos”.

Este abogado, que estaba titulado en La Sorbona de París y en la Complutense de Madrid, explica su hermano Joaquín, “era muy metódico y constante. Que hablaba cuatro idiomas, español, francés, inglés, alemán, y todos con alto nivel; cuando no estaba con amigos o con familia, estudiaba idiomas”.

Rafael Duarte, otro de sus amigos que trabajó con él en el Banco Popular, afirma que Ignacio “era un trabajador infatigable y no dudaba en enfrentarse a los jefes si algo no le gustaba”.

Ignacio era sobrino del fallecido obispo de Chachapoyas, en la selva del Perú, monseñor Antonio Hornedo, quien pastoreó esa diócesis entre 1977 y 1991, cuyo ejemplo era importante para la familia Echeverría.

Un amigo suyo dijo al diario español La Razón que una vez, cuando era más joven, en una playa cantábrica de San Vicente de la Barquera con el mar embravecido, “Ignacio se metió nadando a por su hermano, que no sabía cómo volver a la playa; Ignacio era un nadador excepcional y le sacó, pero después tuvo que reconocer que casi se ahoga durante el rescate”.

Al conocerse la noticia del fallecimiento de Ignacio Echeverría, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció en Twitter que ha solicitado se le conceda la Cruz de Plata de la Orden del Mérito Civil.

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