Europa, hacia el suicidio colectivo: No habrá paz para los cobardes

AR.- Tal es el nivel de metástasis colectiva en Europa, y muy especialmente en el Reino Unido, que los atentados terroristas surten en muchos de nosotros el efecto de indignarnos más con las víctimas que con los verdugos. Si alguien mata a uno de los tuyos, la responsabilidad es sólo del que mata. Si ese alguien vuelve a segar la vida de alguien cercano a ti porque no tomaste precauciones, la responsabilidad es compartida. Si lo hace casi a diario y le respondes con velas y ositos de peluche, entonces no eres mucho mejor que el asesino. Se nos han agotado ya las palabras para describir la depravación y deplorable cobardía de muchos europeos. No culpo sólo a los islamistas de matanzas como la de anoche. Ellos hacen lo que siempre han hecho y lo que les enseña su libro sagrado. Nunca nos han engañado. El terror es santificado en el Corán de forma concluyente:

“¡Combatid a quienes no creen en Alá ni en el último día ni prohíben lo que Alá y su enviado prohíben, a quienes no practican la religión de la verdad entre aquellos a quienes fue dado el libro! Combatidlos hasta que paguen la capitación y ellos estén humillados” Azora IX, aleya 29.

“No hay ciudad a la que nosotros no aniquilemos o atormentemos con terrible tormento antes del día de la resurrección” Azora XVII, aleya 60.

“Matadlos hasta que la idolatría no exista y esté en su lugar la religión de Alá”. Azora II, aleya 189.

“Malditos donde quiera que se encuentren, serán cogidos y asesinados sin piedad, según la costumbre de Alá con aquellos que les precedieron”. Azora XXXIII, aleya 61.

“Cuando encontréis a quienes no creen, golpead sus cuellos hasta que les dejéis inermes” Azora XLVII, aleya 4.

“Se os prescribe el combate, aunque os sea odioso”. Azora II, aleya 212.

“¡Profeta! ¡Combate a los infieles y a los hipócritas! Sé duro con ellos”. Azora VIII, aleya 74

“Yo estoy con vosotros. ¡Consolidad en sus puestos a quienes creen! ¡Arrojaré el pánico en el corazón de quienes no creen! ¡Golpeadles encima del cuello! ¡Golpeadles en la yema de los dedos!” Azora VIII, aleya 12.

De hecho, el no musulmán es deshumanizado en El Corán. Puede entenderse, a la vista del siguiente texto coránico, las degollaciones con las que ejecutan los del Daesh a sus víctimas, pues es como el sacrificio de un animal (del cordero, por ejemplo), desangrándolo:

“Las peores bestias, ante Alá, son los infieles” Azora VIII, aleya 57.

Pase que los psicópatas dirigentes europeos no conozcan ninguno de estos versículos coránicos. El problema es que sí los conocen y pese a ello nos siguen cantando la misma palinodia. El problema es que fingen desconocer que el islam es a la violencia lo que el oxígeno a la vida. Fingen desconocer todo esto porque saben que los asesinados siempre serán otros. Lo sorprendente es que estos psicópatas genocidas se sientan en el deber moral de advertir y amenazar al mandatario de Hungría por impedir que sus compatriotas compartan el fúnebre destino de los británicos.

Sobre la malquerida tierra inglesa yacen ya los cadáveres de otras tantas víctimas de la multiculturalidad. El drama hay que verlo con una cierta perspectiva. En plena contienda mundial, el alumbrado de Churchill solía arengar a su pueblo contra la invasión extranjera. Se refería a los alemanes, frenadas sus pretensiones militares por el general más competente y efectivo de las islas británicas: el canal de la Mancha. El drama para los británicos es que ganaron aquella guerra, y con ellos todos los que a partir de entonces pusieron en marcha el plan para la destrucción larvada de los fundamentos naturales y morales de nuestra civilización. La cloaca política británica tiene las manos tan manchadas de sangre como las de los musulmanes asesinos.

¿Cómo es posible que millones de británicos nativos sean incapaces de reconocer al enemigo aunque lo tengan a dos pasos? ¿Tan narcotizado tienen ya el instinto de supervivencia que son incapaces de comprender que están siendo conducidos al suicidio asistido? ¿Qué le está pasando a esta Europa de las catedrales y de los héroes guerreros que sólo unos cuantos, los menos, los mejores, entre ellos los lectores de AD, parecen ser conscientes de este declive histórico, de este sometimiento de la inmunda dirigencia política al criterio de un colectivo enormemente.poderoso, que a través de sus planes eugenésicos hasta ha logrado que aceptemos poner fin a la reproducción biológica de los europeos.

Si estas muestras de lacerante debilidad y cobardía nos tiene imperiosamente que llevar al declive, entonces mejor es que nos apartemos y aceptemos a los que nos han vencido. Podrán representar unas convicciones y unos valores propios de Atapuerca, pero al menos están demostrando tener convicciones y valores, que es mucho más, muchísimo más, de lo que a día de hoy tiene el degenerado Reino Unido.

Tú tiempo se ha acabado, inglés. Tú mismo te pusiste fecha de caducidad al repudiar todo cuanto tuviese un valor no pasajero. Te creíste el primero de la clase por dejar de creer en “amigos imaginarios”. Te creíste el más moderno por incubar en los años 60 todas esas modalidades musicales que han terminado siendo para las élites un eficasísimo sistema de programación mental de masas. Indujiste a muchos europeos a pensar que los valores familiares y patrióticos eran una rémora del pasado. Sembraste nuestras costas de escoria humana a una cerveza pegada. Tu creencia de que la multiculturalidad y la aceptación como buena de cualquier creencia transgresora terminaría iluminando al continente, al final nos ha conducido al infierno.

Pero no sólo gobiernos y pueblos como el inglés están siendo responsables de esta colosal tragedia. Algún día, si sobrevive en ellos un átomo de conciencia, los mandos militares europeos tendrían que preguntarse qué hacían en ignotos países, defendiendo los intereses económicos de la élite mundialista, mientras sus países estaban en guerra. ¿Qué hace el ejército británico participando en operaciones militares ligadas a los dividendos de los filoislamistas y no salvando vidas inglesas en el Reino Unido?

Los traidores al pueblo británico no están a miles de kilómetros. Se encuentran en los grandes centros de decisión de la City de Londres. Los traicioneros se hacen más visibles a medida que tratan de ocultar la siniestra naturaleza de los crímenes que se perpetran casi a diario. Ninguno de ellos parece tener conciencia del gigantesco desafío al que se enfrentan. El Reino Unido está siendo pasto de las llamas y difícilmente un pirómano, y mucho menos un traidor al servicio del mundialismo, puede tener legitimidad moral para imponer su autoridad. Como muestra, el siguiente botón: 24 horas después de la matanza de Londres, los líderes políticos del país siguen rehusando cualquier alusión al terrorismo islámico.

Los políticos globalistas británicos de derecha e izquierda han renunciado a la tarea de proteger a sus compatriotas. Solo alguien consumido por el sectarismo más feroz podría negar que la degradación del Reino Unido no ha hecho sino crecer desde la aceptación institucional de la multiculturalidad como fórmula reglada de vida. La multiculturalidad ha fracasado, el ensayo globalista está regando de víctimas inocentes las calles y los dirigentes europeos, negligentes, lacayunos y traidores, carecen de la suficiente y necesaria talla moral para reconocer sus errores. En un ejercicio máximo de generosidad, podíamos conceder a algunos de sus miembros el beneficio de la bienintencionalidad, pero esas buenas intenciones quedan anuladas a la luz de los sangrientos acontecimientos y del deliberado empeño por encubrir a sus inductores.

Frente al caos que se vive en muchos países europeos, lo que no haremos será mantenernos en el empeño de mantener un sistema institucional que ya ha dejado de estar al servicio de los europeos de origen. Si la mayoría de europeos se inclina ante sus verdugos, nosotros nos inclinamos ante Dios para que nuestros corazones no dejen nunca de latir. Si el destino no está cerrado, al menos recemos para que los que han alimentado a la serpiente sean las siguientes víctimas de su mortal picadura.

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