Hamás y Fatah prefieren tener a su pueblo en la miseria antes que firmar la paz con Israel

Kefia palestina.

Por Evelyn Gordon 

Puede que Donald Trump y los grandes medios actúen como enemigos en muchos asuntos, pero son los más estrechos aliados en lo que respecta al proceso de paz israelo-palestino. Trump fantasea con hacer el la paz entre israelíes y palestinos, y los medios occidentales obvian diligentemente cualquier noticia que pueda trastocar esas fantasías, como lo que los dos regímenes rivales palestinos están haciendo a su propio pueblo.

Si los periodistas estuviesen haciendo su trabajo, harían a Trump y a sus asesores una sencilla pregunta: ¿cómo esperan exactamente que los palestinos hagan la paz con Israel, si sus dos regímenes han optado por privar a sus ciudadanos de las necesidades más básicas -electricidad y atención médica incluidas- para financiar el terrorismo antiisraelí?

A principios de este mes, un hospital árabe de Jerusalén que atiende principalmente a palestinos anunció que ya no aceptará pacientes de la Margen Occidental o de Gaza porque la Autoridad Palestina (AP) le debe tanto dinero que ya no le llega para comprar medicinas. El hospital, el Augusta Victoria, dijo que necesitaba urgentemente 23 millones de shékels (6,4 millones de dólares) para reponer existencias. La deuda impagada de la AP asciende a 150 millones (42 millones de dólares).

Las medicinas también escasean en Gaza, porque hace unas semanas la AP de Fatah dejó de pagarlas. Normalmente, la AP envía un cargamento de medicinas a la Franja cada dos meses. Pero el último llegó hace más de tres meses, y se han agotado los suministros de varios medicamentos. El régimen de Hamás en Gaza se niega a tomar cartas en el asunto.

Ambas partes tienen argumentos legítimos para exigir a la otra que pague. Hamás tiene su parte de responsabilidad, porque gobierna Gaza de facto, pero es la AP la que consigue miles de millones al año en ayuda extranjera para financiar las necesidades humanitarias tanto en la Margen Occidental como en la Franja. Sin embargo, las dos se niegan a comprometerse, y los residentes de Gaza están pagando los platos rotos.

Gaza lleva sufriendo graves cortes de luz durante más de un mes porque ni la AP ni Hamás están dispuestas a pagar el combustible para hacer funcionar la central eléctrica local. O, para ser más precisos, Hamás no está dispuesta a pagar la onerosa tasa que exige la AP, y ésta no está dispuesta a rebajarla. Los gazatíes se ven con sólo cuatro o seis horas de luz al día, lo que no sólo es un trastorno, sino que pone en riesgo sus vidas. Durante la última crisis, en enero, tres bebés murieron en sólo dos días a causa de los cortes de luz.

La crisis de enero terminó cuando Turquía y Qatar accedieron a financiar temporalmente el combustible. Pero su ayuda se ha agotado, y ningún país se ha ofrecido a renovarla. La situación ahora es tan mala que incluso la ONU, que suele encontrar el modo de culpar a Israel por todo,acusó a la querella entre Hamás y la AP de haber “agravado significativamente” las penurias de Gaza.

La única razón por la que la Franja tiene suficiente electricidad durante al menos unas pocas horas al día es que Israel ha empezado discretamente a asumir el coste de su otra fuente principal de energía, la electricidad que llega por las alambradas de alto voltaje del propio Israel. Hasta hace poco, la AP pagaba esa electricidad, pero el mes pasado anunció que ya no lo haría y Hamás —ni que decir tiene— se niega a hacerse cargo de ello.

¿Y qué pasa en la Margen Occidental? Sigue teniendo luz sin interrupciones sólo porque Israelacordó el año pasado condonar 130 millones de dólares de la inmensa deuda que tienen las compañías eléctricas palestinas con la Corporación Eléctrica Israelí (CEI). Dicho de otro modo, al igual que en Gaza, el contribuyente israelí asume la factura, porque Israel se preocupa más por la electricidad de los palestinos que la AP o Hamás.

Si todo esto estuviese ocurriendo simplemente porque ambos regímenes estuvieran en bancarrota, sería comprensible. Pero en realidad los dos tienen montones de dinero para su máxima prioridad: incentivar o financiar directamente el terrorismo contra Israel.

Por ejemplo, la AP gastó 129 millones de dólares el año pasado en el pago de unos salarios por encima de mercado para los terroristas presos en cárceles israelíes, y otros 175 millones para las familias de los terroristas que fueron abatidos cuando intentaban atacar a israelíes. Con otras palabras, toda su deuda con el hospital Augusta Victoria supone menos del 15% de lo que gasta en terroristas antiisraelíes cada año, mientras que la parte impagable de su deuda a la CEI ascendía a sólo un poco más del 40% de lo que se gasta en esos terroristas cada año. Así que no es que no pueda permitirse pagar la atención médica o la electricidad para su pueblo; simplemente considera prioritario pagar a los terroristas.

En cuanto a Hamás, recauda impuestos sobre absolutamente todos los bienes que entran en Gaza, lo que le da unos ingresos de cientos de millones de dólares al año. El último presupuesto anual que publicó, el de 2014, ascendía a 350 millones de dólares. Pero de esto gasta una cantidad estimada en 100 millones en dotaciones para atacar a Israel, incluyendo la fabricación y el tráfico de misiles y la excavación de cavar túneles terroristas transfronterizos. En comparación, incluso con el impuesto de la AP, el combustible para su central eléctrica cuestaunos 50 millones de shékels (14 millones de dólares). En otras palabras, su inversión anual en terrorismo antiisraelí cubriría más de siete meses del coste del combustible en Gaza, dando tiempo al menos a encontrar una solución más permanente, pero Hamás considera prioritarios los preparativos para atacar Israel.

Si los regímenes palestinos priorizasen alguna vez el bienestar de su gente por encima del terrorismo contra Israel, sería posible hablar de paz. Pero mientras matar israelíes sea la máxima prioridad para Hamás y Fatah, la idea de que cualquier sector palestino pueda firmar alguna vez un acuerdo de paz con Israel es absurda.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

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