Los sistemas antiterroristas de toda Europa son deficientes.

Los viajes del terrorista islámico de Manchester al Oriente Medio y Europa, mostraron cómo una figura de una red terrorista como ISIS, fue capaz de burlar el radar de la inteligencia británica en múltiples ocasiones.

Con cada día que pasa desde que sucedió el ataque suicida en Manchester, a medida que han salido a la luz más detalles del terrorista Salman Abedi y sus enlaces con una amplia red de ISIS, cada vez es más claro que el gobierno de la primer ministro británica, Theresa May, así como los servicios secretos británicos , se enfrentan a su mayor crisis de seguridad e inteligencia en la guerra contra el terrorismo.

Sus acciones el jueves, 25 de mayo mostraron que las autoridades políticas y de seguridad británicos estaban haciendo todo lo posible para evitar ser interrogados sobre quién merece la culpa acerca de quién permitió que se llevara a cabo el ataque, que se cobró la vida de 22 personas e hirió a más de 60. Una de esas maniobras fue la de tratar de apuntar con el dedo a la administración del presidente Donald Trump después de que las fotos que muestran los restos de la bomba se filtraron a los medios de comunicación de Estados Unidos a partir de la investigación.

Esto fue seguido por las expresiones de indignación e información de que Gran Bretaña estaba deteniendo su intercambio de inteligencia con los EE.UU.. Posteriormente se explicó que era sólo la policía de Manchester, la que había detenido la transferencia de inteligencia a sus contrapartes en Estados Unidos, mientras que el resto del intercambio continuó. El Presidente Donald Trump dijo más tarde que las filtraciones eran “muy preocupantes” y pidió al Departamento de Justicia de Estados Unidos y a otros organismos poner en marcha una investigación completa.

Estos eventos fueron periféricos a la pregunta real de cómo un hombre de 22 años de edad, Salman Abadi, que había estado en una lista de vigilancia de inteligencia, había sido capaz de operar desapercibido por las autoridades de seguridad, construir varias bombas, traer una de ellas a un concierto de música pop en el Manchester Arena y detonarla sin ser detenido.

La prensa británica reportó el jueves la certeza de que la policía tenía conocimiento de que la red terrorista operaba dentro de Manchester y que Abedi no era nada más que una especie de “mula”, cuya función fue llevar el artefacto explosivo y detonarlo.

Sin embargo, un comunicado del miércoles lanzado por el ministro del Interior francés, Gerard Collomb que decía que Abedi había viajado a Siria para reunirse con figuras de ISIS, y además las fugas de información que se conocieron el día jueves acerca de la inteligencia alemana, que el terrorista viajó en avión de Turquía a la ciudad de Dusseldorf cuatro días antes del ataque, mostró a Abedi en un papel central de una red de terror que se extendió por varios países de Europa y Oriente Medio.

Dusseldorf fue también el hogar del terrorista tunecino Anis Amri, que llevó a cabo el ataque con un camión en diciembre del 2016 en un mercado de Navidad en Berlín, que dejó 12 muertos y 48 heridos.

En ese contexto, la pregunta es: ¿Cómo es que el nombre de este terrorista llega a desaparecer de la lista de terroristas sospechosos, algo que le hubiera impedido embarcarse en vuelos internacionales?

También está la cuestión de cómo los servicios de seguridad no se dieron cuenta de la capacidad del atacante o de su red para construir una nueva generación de explosivos pequeños, pero poderosos, capaces de causar masacre masiva.

Una de las principales razones por las que los británicos estaban tan molestos por las filtraciones, es porque se demostró lo fácil que era construir bombas de ese tipo como la que se utilizó en Manchester, No hay necesidad de fabricarlas en lugares secretos en la lejana Yemen, o traerlas de contrabando en piezas a bordo de los aviones. Pueden ser construidas en las cocinas de los apartamentos de alquiler en las principales ciudades de Europa occidental, como en el caso de la bomba de Manchester.      

Peor aún, si Abadi fue entrenado para construir bombas, muchos otros miembros de su red pueden haber recibido la misma formación.

Los grandes agujeros expuestos en el sistema antiterrorista de Gran Bretaña, sin duda, ponen en tela de juicio a los ​​otros países europeos que trabajan para lidiar con la amenaza terrorista islámica.

La tragedia en el Manchester Arena dominó la cumbre de los 28 miembros de la OTAN que tuvo lugar en Bruselas el jueves. Hubo un minuto de silencio por las víctimas, muchos de ellos niños, y todos los aspectos del ataque fueron condenados por los líderes, que no tienen idea de cuando el terror islamista martillará y descenderá sobre su propia gente.
 

Fuente: Debkafile

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