La guerra ideológica de Irán contra la homosexualidad

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Por Tzvi Kahn 

El mes pasado, la Policía iraní hizo una redada en una fiesta privada y arrestó a más de 30 personas, acusándolas de sodomía y de consumo de alcohol y drogas alucinógenas. Este episodio refleja los peligros diarios a los que se enfrentan los homosexuales en la República Islámica, donde son considerados enemigos del Estado que amenazan los ideales revolucionarios.

El líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, ha dicho que la legalización del matrimonio gay en Occidente y su negativa a criminalizar los actos homosexuales son fruto de la permisividad general que supuestamente impregna su cultura. Irán –dijo Jamenei en un discurso el año pasado– se enfrenta a “una avalancha destructiva de decadencia moral que tuvo su origen en Occidente y está inundando todo el mundo. Hoy, estamos viendo cuáles son las características de esta decadencia moral”.

A Jamenei le preocupa que la presencia de gais y lesbianas en Irán haga el país vulnerable a los esfuerzos occidentales por normalizar la homosexualidad. Para combatir esta “guerra blanda” de “infiltración” cultural –insiste–, la República Islámica debe seguir “la senda de la Revolución” y promover “la autoridad del islam y la religión de Dios”.

En la cabeza del líder supremo, la aceptación occidental de la homosexualidad constituye una forma moderna de yahiliya, el estado de ignorancia religiosa que precedió a la emergencia del islam. “Deberíamos abrir los ojos”, declaró en un discurso de 2015, en el que identificó layahiliya como un tipo de “lujuria imponderable, desenfrenada e irracional” fomentada por los países laicos. Esta voluntad de Occidente –añadió– de tolerar esa permisividad por motivos ideológicos hace que la yahiliya de la era presente sea cientos o miles de veces más peligrosa que su antecesora.

Al mismo tiempo, Teherán considera la homosexualidad un trastorno psicológico, postura que ha defendido citando opiniones occidentales sobre la orientación homosexual de hace décadas. Por temor a que los homosexuales corrompan a otros, el régimen los exime del servicio militar y veta su acceso a las universidades. Un gay recordó que el oficial del Ejército que aprobó su exención le dijo: “Sólo quedas exento porque eres un pervertido.  Todos vosotros sois unos pervertidos, y llevaréis a otros a la perversión”.

En 2007, el entonces presidente Mahmud Ahmadineyad hizo su famoso aserto en la Universidad de Columbia: “En Irán no tenemos homosexuales como en vuestro país”. Pero en una entrevista, un año después, se ofreció a aclararlo señalando que su intención era trazar una distinción entre la cultura iraní y la norteamericana. “No dije que no existan, dije que no de la misma manera que aquí”, sostenía. “En Irán, se considera un acto muy desagradable y aberrante. A la gente no le gusta, simplemente. Nuestros decretos religiosos nos dicen que va contra nuestros valores”.

Washington debería combatir la persecución de Irán contra los homosexuales, no sólo mediante el poder duro, como las sanciones económicas, sino con lo que más teme Jamenei: con un contrarrelato blando dirigido a desacreditar la ideología del régimen. Con ello puede fortalecer a los moderados que en Irán quieren una alternativa al régimen represor de la República Islámica.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

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