El reinventado Frente al Nusra podría revertir las victorias de Asad

Muhamad al Yulani, 'emir' del Frente al Nusra.

Por Husein Abdul Husein 

Siria ha visto un rápido desarrollo de los acontecimientos en las últimas semanas que podría presagiar varios cambios en el campo de batalla. El misterioso jefe de la organización terroristaFrente al Nusra, Abu Mohamed al Yulani, ha desvelado su identidad como Ahmed al Shará, de Dará, y ha anunciado la separación de aquél de su organización matriz, Al Qaeda. También ha reinventado el grupo y lo ha renombrado como Frente Fatah al Sham.

La transformación de Yulani llevaba tiempo fraguándose, bajo los auspicios de Ankara, Doha y algunas capitales occidentales. Ya en Ginebra 2, en enero de 2014, el exembajador estadounidense en Siria Robert Ford se reunió con varias facciones de la oposición siria. Ford instruyó a estos grupos rebeldes sobre cómo intervenir en el juego y ser reconocidos como actores legítimos. Para reconocer a estos grupos, Estados Unidos les puso dos condiciones: que condenaran la yihad internacional y que abandonaran la plataforma que pide la creación de un Estado islámico en Siria.

Los grupos rebeldes emitieron finalmente un comunicado respaldando las recomendaciones de Ford y las Conversaciones de Ginebra, que a su vez fracasaron, y con ellas la posibilidad deseparar a los islamistas moderados de los radicales, una política aplicada por EEUU desde al menos 2009.

Los esfuerzos de Ford fueron correspondidos por algunos actores regionales, como Riad, que desplegó a sus diplomáticos para contener a Ahrar al Sham y ganarse el reconocimiento internacional, especialmente el de Washington. El portavoz del grupo, Labib al Nahas, publicó un artículo de opinión en el Washington Post donde sostenía que su organización no era islamista, pero que sus miembros eran orgullosos musulmanes. Después visitó Washington. En julio de 2015, Ford pidió al Gobierno de EEUU en un artículo que dialogara con el grupo.

Entre tanto, a comienzos de 2015 las capitales del mundo intensificaron sus esfuerzos para contener al más fuerte de los grupos islamistas, el Frente al Nusra. En mayo de ese año, Yolani apareció en Al Yazira, en una extraña entrevista, en la que muchos esperaban que anunciara que abandonaba a Al Qaeda. En cambio, redobló su apuesta por Al Qaeda reafirmando su lealtad a su líder, el egipcio Aymán al Zawahiri.

La carrera entre EEUU y Rusia por qué grupos clasificar como terroristas, para ser destruidos, y a cuáles salvar ha ganado intensidad últimamente, especialmente por la creciente seguridad de Washington de que el ISIS podría ser derrotado antes de que el presidente Obama deje la presidencia. Si cae el ISIS, los únicos actores que podrían en este momento llenar el vacío –dada la debilidad de los rebeldes sirios– serían el presidente Bashar al Asad o el Frente al Nusra.

Moscú, en consecuencia, elevó su presión militar en Alepo para acercar a Asad y sus milicias chiíes proiraníes al territorio del ISIS. Esto requiere una operación a gran escala en Alepo, operación que ya está en curso.

La cooperación de Yuani con las capitales mundiales, su arrepentimiento y su distanciamiento de Al Qaeda se han producido por la presión militar de Rusia. Como Asad, Yulani sólo se rinde cuando ve que su derrota está escrita, como dijo en 2012 el secretario de Estado, John Kerry. De ahí que Yolani desvelara a su grupo y presumiblemente lo transforme para que pase del yihadismo global al islamismo sirio. El atuendo que eligió –ropas militares y turbante blanco– recordaba al del fundador de Al Qaeda, Osama ben Laden.

Ahora la pregunta es cómo reaccionará Washington a la transformación de Al Nusra. Si EEUU decide rebajar la categoría del grupo desde el estatus asignado al ISIS a uno tipo Hezbolá, la nueva Al Nusra podría beneficiarse de un torbellino de ayudas económicas y militares que puedan abortar los planes de Rusia y Asad de capturar el territorio sirio fuera del control de Damasco. Si en cambio EEUU considera a Fatah al Sham como una mera continuación de Al Nusra, entonces Asad tendrá más opciones de prevalecer en Alepo, y después en Idlib y en el sur.

A juzgar por la reacción de Rusia ante la noticia, y las acusaciones de Moscú de que EEUU está “haciendo trampas” en el sistema de clasificación terrorista, parece que Washington –junto con Londres, Ankara y Doha– está dispuesto a aceptar a Shará y Fatah al Sham como una facción moderada, y apoyarla en consecuencia, desafiando así a Asad y a Rusia. Ese desafío podría equilibrar el campo de batalla y permitir a la oposición siria, de todas las tendencias, prevalecer frente a Asad y el ISIS. Después, se podrían reanudar las conversaciones entre los dos agentes de poder que quedaran en Siria: Asad y sus rivales.

© Versión original (en inglés): NOW Lebanon
© Versión en español: Revista El Medio


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