El Kurdistán prospera pese a la guerra contra el Estado Islámico

Bandera del Estado independiente de los kurdos

Por Michael J. Totten

Un terrorista suicida se hizo saltar por los aires y mató a tres personas (el propio terrorista y dos ciudadanos turcos) en Erbil, capital del Kurdistán iraquí, en una popular cafetería sita en la misma calle que el consulado estadounidense.

El Estado Islámico, naturalmente, ha reivindicado el atentado, y no hay motivos para dudar de que sea cierto, ya que está inmerso en una cruenta guerra contra los kurdos. Y el frente está tan sólo a unos 50 km del centro de Erbil: un corto trayecto en coche.

Pero el atentado tuvo lugar en Ainkawa, un animado y próspero barrio de las afueras de Erbil, antaño separado de la capital pero que en los últimos años ha sido absorbido por ésta debido a un enorme boom en la construcción.

El número de muertos provocado por el atentado es bajo, pero puede considerarse un ataque simultáneo contra los cristianos, los kurdos y los norteamericanos.

Ya sabíamos que los miembros del Estado Islámico tienen intenciones genocidas hacia los cristianos, los chiíes, los yazidíes y los alauitas de la región. A finales del año pasado asesinaron y violaron a miles de miembros de la minoría yazidí de Irak, y el otro día condujeron a un gran grupo de cristianos etíopes hasta una playa de Libia y los decapitaron ante las cámaras. Sin duda, también tratarían de asesinar a todos los judíos si Israel no sacara el mazo.

Mi amigo Asher Abrams está en Erbil ahora mismo, haciendo turismo. Esperaba disfrutar de una interesante pero tranquila visita de un par de semanas, y, de repente, bum. No habían pasado ni 24 horas desde que aterrizó y aún estaba recuperándose del vuelo cuando oyó una gran explosión seguida de lo que parecían estallidos de petardos. Miró por la ventana de su hotel y vio cómo se elevaba una columna de humo.

“La gente, en general, parecía ocuparse de sus asuntos”, escribió en su blog. “Si me esperaba escenas de pánico colectivo, no las hubo”.

Sí, vale, los kurdos son perseverantes. Un coche bomba de vez en cuando no es nada comparado con lo que tuvieron que pasar hace unas décadas, cuando casi 200.000 de ellos fueron asesinados –muchos con armas químicas– durante la genocida campaña Anfal librada por Sadam Husein.

En cualquier caso, Erbil es un escenario difícil para el Estado Islámico. Los kurdos no están más enamorados de la legión de genocidas de Abu Bakr al Bagdadi de lo que lo están los estadounidenses, y ahora mismo están luchando con muchas más fuerzas. Poseen unas redes de inteligencia de vanguardia, y cualquiera que no hable kurdo hauleri con el acento local llama enseguida la atención.

El Ejército más infame del mundo está llamando a su puerta, pero esta gente está haciendo un trabajo tan bueno manteniendo lejos al lobo que, pese a todo, el lugar está prosperando. La construcción destinada a las clases media y alta está aumentando en todas partes, sobre todo en la zona conocida como Dream City (“Ciudad de los Sueños”), en la que hay hasta una réplica de la Casa Blanca.

Kentucky Fried Chicken ya ha llegado al Kurdistán, lo mismo que TGI Fridays. Pizza Hut ya lleva allí algún tiempo. Puede que incluso Starbucks abra un local en uno de los novísimos centros comerciales.

Llámenlo consumismo puro si quieren, pero es algo que resulta extraordinario en Irak. Tras tantos años de estar aislados del resto de la humanidad –primero bajo el yugo de Sadam Husein y luego debido a las sanciones internacionales posteriores a la guerra de Irak–, contar con cadenas internacionales hace que los kurdos se sientan parte de este mundo; es como si ya no vivieran en una dimensión paralela.

La última vez que estuve allí, a finales de la década pasada, ni siquiera tenían bancos internacionales. Las tarjetas de crédito no se aceptaban en todas partes, lo mismo que las tarjetas  para cajeros automáticos. Tuve que llevar un montón de efectivo para no quedarme tirado. Los locales, naturalmente, en general no se veían afectados por todo esto, pero sabían que estaban aislados y querían multinacionales. Me encontraba con una franquicia falsa tras otra: al menos tres copias de McDonald’s con nombres como MaDonal, y un falso Dominoes Pizza que utilizaba la marca tal cual e incluso había colocado su logo de manera ilegal en el cartel de la entrada.

Los kurdos ya no necesitan ese tipo de falsificaciones. Su región autónoma, por desgracia, sigue formando parte de Irak, pero también es parte del mundo. Aún no la llamaría el Dubai de Irak, pero cada día se parece más a Jordania y menos al erial de fosas comunes contaminadas que era.

Uno de estos días los kurdos conseguirán la independencia y no sólo se unirán al resto del mundo, sino a Naciones Unidas, como Estado miembro, y a la lista de sólidos aliados estadounidenses. El Estado Islámico podrá empañar un poco ese progreso con esporádicos atentados, pero no podrá impedir lo que se avecina. Y, si a eso vamos, tampoco podrá hacerlo Bagdad.

Fuente: elmedio


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