Irán: ¿una negociación con rehenes?

Barack Obama y Hasán Ruhaní.

Por Jonathan S. Tobin

La desesperación de la Administración Obama por llegar a un acuerdo con Teherán es obvia. La razón por la que los iraníes han mantenido su posición en los últimos puntos de fricción es que el presidente Obama se retira de la suya en cuanto se le presiona un poco, lo que les lleva a pensar que pueden arrancarle alguna concesión más antes de que concluyan las negociaciones. Ahora bien, de acuerdo con Politico, tienen otro motivo para esperar que Occidente ceda una vez más. Ya no es que puedan sacar provecho del afán de Obama y del secretario de Estado, John Kerry, por llegar a un acuerdo; es que tienen la capacidad de amenazar con sembrar el caos por todo Oriente Medio si no consiguen lo que se proponen. Las hipotéticas amenazas iraníes contra el personal estadounidense en Irak podrían estar convirtiendo las conversaciones nucleares en una negociación con rehenes.

Como han dejado claro las fuentes de Politico en la Administración, los norteamericanos están preocupados por que una ruptura de las negociaciones pueda dar lugar a ataques contra los americanos en Irak por parte de las milicias chiíes o de otros grupos ligados a Irán. Teherán se ha convertido en un aliado de facto de Estados Unidos en la batalla contra el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL). Y no es que sea ya de por sí problemático confiar en un Estado islamista que financia el terrorismo para combatir a terroristas islamistas; es que esto deja a los 3.000 consejeros e instructores enviados a Irak para adiestrar a las fuerzas que combaten al EIIL a merced de la venganza de Teherán si el presidente no hace lo que los iraníes quieren en las negociaciones nucleares.

La razón por la que el presidente Obama ha dado a Irán pocos motivos para la preocupación en lo relacionado con su voluntad de presionar en la negociación nuclear descansa en su frágil estilo de negociación, pero también tiene que ver con sus propios objetivos. Aunque haya reiterado que nunca permitiría que Irán se hiciera con un arma nuclear, ha demostrado que está tanto o más interesado en la distensión con el régimen islamista. Pero mientras Obama concibe esto como una forma de que Irán se entienda con el resto mundo, los iraníes tienen otras intenciones: saludan los esfuerzos del presidente por dar con una excusa para acabar con su aislamiento económico y diplomático, pero tienen la intención de servirse de ello como cobertura para su propio objetivo de alcanzar la primacía regional.

Con sus aliados ganando la guerra civil de Siria y manteniendo a Bashar Asad en el poder, Teherán observa la lucha en Irak como una forma de consolidar su influencia sobre un Gobierno de Bagdad que no va a poder seguir contando con las fuerzas de Estados Unidos. Con los iraníes dirigiendo las operaciones contra el EIIL en Tikrit y en algunos otros lugares del país, se ha fraguado unaalianza tácita de Teherán con Washington. A pesar de que esto ayude en la lucha contra el EIIL, también pone a Irán en disposición de vengarse de Estados Unidos en caso de que la Administración Obama le dé la espalda en las conversaciones nucleares.

Washington podría argüir que la implicación de Irán en Irak y Siria da a la República Islámica un incentivo para implicarse en las conversaciones nucleares, ya que tiene mucho que perder si Occidente intentara derrocar a Asad o expulsarla de Irak. Pero los hechos sobre el terreno van en otra dirección. Es la Administración Obama la que necesita a Irán, o eso piensa. Irán se ha convertido en indispensable para la lucha contra el EIIL y ha generado una situación en la que Estados Unidos puede pensar que no tiene más opción que andarse con cuidado allá donde los intereses de Teherán estén en peligro. No es tanto una consecuencia no deseada del lógico juego diplomático como de hacer tratos con terroristas y con los Estados que los patrocinan.

Al abandonar Irak tras el surge, que hizo posible una victoria que tanto costó conseguir, el presidente Obama provocó una serie de acontecimientos que dieron lugar al auge del EIIL y a la alianza non sancta con Irán. También se ha creado una situación en la que los norteamericanos y sus intereses regionales son rehenes susceptibles de ser amenazados por Irán. Dado el afán del presidente por ser desplumado por los ayatolás en las negociaciones nucleares, puede que no sea necesario. Pero si el régimen islamista hubiera estado alguna vez preocupado por el significado de lo que dice el presidente Obama a propósito de no firmar un mal acuerdo nuclear, su potencial para desatar el caos en Irak hace poco probable que Estados Unidos nos sorprenda y se plante en lo relacionado con las ambiciones nucleares de Teherán.

Fuente: elmedio

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