El chantaje de la islamofobia: Una estrategia de expansión y conquista mundial

BD.- Existe en el mundo occidental una larga tradición de crítica a la religión. Esta tradición se encuentra en formas muy variadas que van desde la simple crítica filosófica o sociológica hasta formas de lucha contra toda forma de religión.

Para los defensores de esta tradición, la crítica de la religión es legítima y debe poder efectuarse en un marco legal. Es por ello que el uso del término “islamofobia” conlleva el riesgo de que a través de la condena activa de esta actitud sea instaurada de hecho una censura que tiene por finalidad prohibir toda crítica hacia el islam bajo la pantalla de la lucha contra la discriminación y el racismo. Una censura de esta naturaleza sería contraria a las tradiciones democráticas que autorizan todas las opiniones sobre todos los temas, entre ellos los religiosos.

El término “islamofobia” es el resultado de una campaña islamista que busca en realidad prohibir la crítica al islam y equiparar esta a una forma de delito. Sin embargo, en democracia la crítica de la religión como de cualquier otra convicción es libre y está constitucionalmente garantizada, y forma parte de la libertad de opinión y de expresión, no pudiendo ser asimilada bajo ningún concepto al racismo o la xenofobia.

Los defensores de la naturaleza “racista” de la islamofobia denuncian que esta tiene una serie de puntos que la caracterizan (“Islamophobia: A challenge for us all”, Runnymede Trust, 1999, en el capítulo: “Naturaleza de la islamofobia”). Estos son:

-El islam es visto como un bloque monolítico, estático e incapaz de responder a los cambios.

-El islam es percibido como “separado” y “diferente”, sin valores comunes con las otras culturas, no se ve afectado por estas ni tiene influencias sobre ellas.

-El islam es percibido como inferior a Occidente. Es percibido como bárbaro, irracional, primitivo y sexista.

-El islam es percibido como violento, agresivo, amenazante, que apoya el terrorismo y está embarcado en un choque de civilizaciones.

-El islam es percibido como una ideología política utilizada con metas políticas y militares.

-Las críticas de Occidente formuladas por el islam son rechazadas en bloque.

-La hostilidad contra el islam es utilizada para justificar prácticas discriminatorias contra los musulmanes así como su marginación en la sociedad.

-La hostilidad anti-musulmana es percibida como natural y normal.

Si alguien tiene una visión o concepción del islam en todo o en parte coincidente con estos enunciados, entonces es un islamófobo, es decir un enfermo, pronto un criminal.

El sufijo “fobia” está asociado casi siempre a comportamientos patológicos (claustrofobia, agarofobia, hidrofobia, etc…). Por similitud el islamófobo es asimilado a un enfermo. Un enfermo con una especie de manía obsesiva y persecutoria contra el objeto de esa fobia. La palabra islamófobo es ideal para culpabilizar aquel contra quien el calificativo es dirigido.

Sin embargo, la raíz griega “fobia” no dice tal cosa, sólo es lo contrario de “filia” (como bibliofilia, cinefilia, islamofilia, etc…). Señala una aversión o falta de simpatía hacia personas o cosas, no implica una actitud agresiva o enfermiza en contra de ellas. En sentido propio, la islamofobia designa simple y banalmente el hecho de no amar al islam, rechazarlo. Denunciar la islamofobia equivale a querer hacer del amor al islam un deber que hay que imponer a las personas por las buenas o por las malas.

El empleo de la raíz “fobia”, que posee en siquiatría y sicoanálisis una connotación de miedo paralizante, irracional, de angustia incontrolable acerca de un objeto dado, busca desacreditar el dueño de ese miedo, el portador de esa antipatía “malsana”, el manifestante de ese rechazo “patológico”. ¿Pretendemos prohibir a la gente tener tal o cual miedo, demostrar tal o cual antipatía, sentir tal o cual rechazo? ¿Alguien piensa hacer obligatorio que nos agrade lo que nos repugna, que simpaticemos con lo que nos resulta odioso, que admitamos lo que nos es intolerable, que abracemos lo que detestamos?

La islamofobia es legítima, y además es oportuna. Pero aunque no fuese oportuna y ni siquiera bien fundada, seguiría siendo legítima. No nos gusta el islam. Somos antiislámicos. En ese sentido estricto del término somos islamófobos, y a mucha honra. No pedimos perdón por ello ni nos escondemos. Es nuestro derecho más inalienableser islamofóbos. El derecho a no amar ni aceptar el islam y proclamarlo así está implicitamente inscrito en nuestra Constitución, como lo está el derecho a no amar (e incluso combatir) el cristianismo, el ateísmo, el comunismo, el neo-liberalismo o las corridas de toros. Eso se llama la libertad de pensamiento y de opinión. Y esto no nos ha caído del cielo, sino que es el logro de muchos siglos de progreso y luchas por fin recompensadas.

Se intenta actualmente hacer pasar la islamofobia como un delito, y ya se están haciendo esfuerzos en diferentes países de Europa (e incluso en el Parlamento Europeo) para incluir esta figura en el Código Penal y poner fuera de la ley a los blasfemos del nuevo credo.

En esa visión inquisidora y liberticida, la islamofobia es equiparada al racismo. El islam se vuelve intocable. Críticarlo o ponerlo bajo sospecha es hacer prueba de racismo, todo oponente al islam ha de ser considerado un criminal. Esta es la nueva creencia que trata de imponer una gran parte de los medios de comunicación y de los dirigentes políticos europeos. ¿Qué se busca con ello? Se trata de sustraer la religión coránica a la crítica y al análisis, criminalizar toda oposición a la islamización de Europa.

Contestar un sistema de pensamiento o de creencias, rechazar ideas, convicciones que uno juzga, con razón o no, falsas y peligrosas, está en la base misma de la vida intelectual y de la libre discusión. No son ciertamente temas que les interese lo más mínimo a los islamistas y a sus colaboradores, pero a nosotros si.

Tenemos perfectamente el derecho de vomitar las religiones y las ideologías, las que fueran, y de criticarlas y atacarlas si nos parecen criticables y atacables. Eso es lo que se hace a diario con el cristianismo en general y muy particularmente con el catolicismo, sus jerarquías y sus seguidores, blancos contínuos de ataques, críticas y descalificaciones, no siempre acertadas y menos aún de buen gusto. Las burlas groseras, los escupitajos gratuitos contra los cristianos, sus símbolos y sus creencias están a la orden del día. El Papa, los obispos, la Virgen María, Jesús, la madre Teresa de Calcuta, etc…, nadie se libra de este furioso campeonato de odio anticristiano, llevado a cabo por los mismos que por otra parte se derriten de ternura ante las infinitas lacras del islam.

El invento de la islamofobia cumple dos funciones: negar para mejor legitimarla, la realidad de una ofensiva islámica en Europa, e intimidar a los europeos para que no reaccionen ante esa ofensiva. Se trata de rehabilitar el delito de opinión para cerrarle la boca a los disidentes del pensamiento oficial, a los oponentes a esa cosmovisión de beduinos analfabetos que pretende instalarse en nuestra casa, y desplazar la cuestión del plano intelectual al plano penal. Se busca que toda objeción o reticencia se convierta inmediatamente en objeto de represalias judiciales, establecer la censura y el castigo inherente a su transgresión. Asistimos a la fabricación de un nuevo delito análogo a lo que se hacía antaño en la Unión Soviética contra los “enemigos del pueblo”: tribunal, cárcel, campo de reeducación, asilo siquiátrico…

El chantaje de la islamofobia se inscribe naturalmente en la estrategia de expansión y conquista de Europa por el islam. Criminalizando la crítica y la oposición activa al islam y la denuncia de su objetivo de conquista y dominación, poniendo en la picota el rechazo combativo de su proyecto totalitario, que abarca no sólo
Occidente sino el orbe entero, se intenta abatir un obstáculo más entre los pocos que quedan aún en pie entre el islamismo y su victoria final.

Los gobiernos y los medios de comunicación están de rodillas o directamente a sueldo de los nuevos conquistadores. Ninguna oposición seria y efectiva han de temer los islamistas de ese lado. Falta por ahogar la voces y encerrar los cuerpos de aquellos que se resisten por su cuenta y riesgo a someterse al nuevo orden islámico que busca imperar en Occidente y en el planeta entero. Pero la lucha no ha hecho más que comenzar.

2 pensamientos en “El chantaje de la islamofobia: Una estrategia de expansión y conquista mundial

  1. Pedro Vela Jimenez

    Certero anàlisis de un tema candente, la criminalizaciòn de un pensamiento, de una opiniòn en la sociedad occidental en la que, hasta hace poco por lo vamos viendo, creìamos que era el paradigma de la libertad y la democracia. Si se consigue (y hay interese muy fuertes para que esto sea asì) equiparar a un delincuente a quien ostente y manifieste su aversiòn a una doctrina religioso-polìtica arcaica, agresiva y machista, pues, la verdad, para èste viaje no hacìan falta alforjas y la lucha en Occidente por la libertad de opiniòn y pensamiento que desde antes de Erasmus de Rotterdann ha sido un signo de identidad de nuestra civiliizaciòn ha quedado tocada de muerte. Y por algo se empieza.

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